Los cuervos…
se tiran al bungee.
Picotean la frágil cuerda,
de un pobre imbécil,
que creyó estar viviendo…
…la aventura de su vida.
Entradas escritas en Agosto, 2004 ↓
33
Agosto 28, 2004 — Los cuervos.
Escrito por Agustin Fest.
2
Agosto 27, 2004 — 00 - Acerca del blog....
Escrito por Agustin Fest.
A quien le interese, continúe leyendo.
El weblog y mi vida en esos momentos. Tómate un café, porque lo que sigue está de hueva… pero el segundo año cumplido lo amerita.
Doña Maru me quiere, Doña Maru me alimenta…
Agosto 27, 2004 — Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Todas las tardes y algunos sábados, decidí comer en la cocina económica de Doña Maru que está a una cuadra de este lugar. Por veinticinco pesitos puedo decidir entre consomé o sopa de pasta, entre arroz o spaghetti, entre agua de limón o de jamaica. Y además, hay cuatro guisados después de los cuales yo puedo elegir el que más me plazca. Al finalizar, me preguntan todavía bien chic—: ¿Gusta usted gelatina de postre?
—Encantado —respondo, con una sonrisa de borreguito bien alimentado. Me siento en una película de Pedro Infante cada que entro a la cocina económica de Doña Maru. Todo mundo se dice “Buenas Tardes”, todo mundo se dice “Provecho” y a mi, me reciben con una sonrisa y me saludan cada que paso por ahí. Si, ya soy del barrio, cuando las de la lavandería, el señor de la tiendita y “Doña Maru” conocen tu nombre es que ya empezaron a hablar de ti a los vecinos y conocidos.
Y… ¡ay!, cada vez que como con Doña Maru, lentamente he empezado a generar una responsabilidad con ella. Bien reza el dicho—: Barriga llena, corazón contento. Creo que le ha agregado un poquito de condimento de amor a su comida, cada vez la veo más retebonita y retechula a la condenada. Estoy seguro, que si Doña Maru tuviera una hija, me sentiría moralmente, sexualmente y socialmente obligado a casarme con la nena para que Doña Maru me cocinara. Porque… me ha conquistado, con la comida me ha conquistado. Soy un borreguito tan feliz y tan lleno…
En fin, platicando con ella, me disculpé por ir menos a comer esta semana.
—Es que… he estado yendo a la escuela, como voy en la tarde… pues no he comido aquí…
—¿Si? ¿Y qué estudia joven?
—Literatura.
—Fíjese, yo estudié para dentista… pero mire que estoy haciendo.
Perfecto… mejor me caso con Doña Maru, ya tengo dentista y cocinera en un sólo paquete…
La conquista de Coyoacán
Agosto 26, 2004 — Amigos.
Escrito por Agustin Fest.
—Y fuimos a Coyoacán…
—¿A todas tus conquistas las llevas a Coyoacán, corazón?
—Oh si, y a todas les hago el amor en las noches… así es que en un ratito, le voy a decir: “Lidia, ¡te toca!”.
:T:
Lidia vino de Saltillo, le estoy dando hospedaje en lo que toma su avión mañana, a las seis de la mañana, rumbo a Japón. Allá terminará el 90% de su maestría en Ingeniera Materialista. Hoy estuvimos platicando mucho. Yo de Sol, ella de Rafa. Estuvimos platicando del punketito que tengo como sobrino y cuánto lo extraña. Estuvimos platicando de lo raro que era, que lleváramos cinco años de conocernos y finalmente, estuviéramos platicando frente a frente.
:T:
—¿Sabes cómo se me puso la desgraciada? —Yo.
—¿Cómo? —Ella.
—¡Se puso otra vez de pegajosa, hablando de su novio mientras miraba mis gestos, preguntando de mi novia y haciendo comentarios al respecto! Me preguntó si ella era bonita, porque bueno… podría ser que yo la mirara bonita y ella en realidad era un adefesio.
—Ush, ¿qué le dijiste?
—Le dije… Si, que andaba con ella por lástima, porque me gusta andar con los adefesios por lástima.
—¡Se la volteaste!
—Pues si… y ya ando planeando mi venganza. Estoy esperando el momento justo para que ella me diga que andemos y yo soltarle: ¿Pues sabes qué? Yo estoy muy agusto con mi relación y seamos amigos… carajo… es que ninguna mujer puede ser mi amiga. Así, igualito…
—Agustín, Agustín… ¿para qué?
—Nomás.
—No, no, no… piénsalo bien. ¿Para qué te necesitas vengar? No, todo caerá en su lugar. Así como te veo, así como te has mantenido en una relación tan difícil… lo has logrado, has logrado conectarte con una persona de tal manera, que ambos pueden comunicarse. Agustín, finalmente has hallado la paz que tanto buscabas sentimentalmente. Se te ve, se te nota. Has encontrado la paz que tanto habías buscado.
Y me acordé de aquella plática telefónica… que habíamos tenido hacía unos años. Yo andaba borracho y ella también.
—¿Por qué eres así? ¿Qué es lo que tienes, que nunca me dices?
—Que ya me cansé… que ya me cansé de andar en el mundo solo. Que ya me cansé de siempre andar caminando y siempre, siempre, con una nube gris en la espalda. Que ya me cansé que nada dure, que todas sean iguales, que todas quieran alcanzar algo que es inalcanzable, que algo que ni yo me explico. Estoy ya, tan cansado… tan cansado… y sencillamente, tan cansado… de tener veinte años y todo a mi alrededor se esfume y de…
Acabé chillando esa noche, con un poquito de Vodka. Acababa de morir mi abuela y el mundo se derrumbaba. Mi primer muerto y Cecilia, la muerte mítica. ¿Y las mujeres? De tres días, o de cuatro… y aquellas mujeres de letras, que me consolaban a veces, que me entendían un poco, con las que podía escribirme y platicar la historia de mi vida, que se me queda en labios, en labios. Esa fue mi paz el día de ayer…
Tú eres mi paz, el día de hoy.
Otro concursito literario…
Agosto 24, 2004 — Asceta.
Escrito por Agustin Fest.
Este es de novela, se entrega en dos meses. Concurso La nación
Doscientas cuarenta y cinco hojas, lamentablemente es poco específico… como hoja, yo entiendo que son dos páginas… me supongo que son cuatroscientas noventa páginas escritas.
Es casi el triple de Padre Taxi.
Y para Padre Taxi, tenía cinco meses.
Supongo que este será un buen ejercicio.
Es un concurso de los grandes, la noticia dice:
El certamen está destinado a escritores mayores de edad, de cualquier nacionalidad, que no hayan sido galardonados anteriormente en este mismo concurso.
So, en este concurso puede participar cualquier escritor… por ejemplo, una Elena Poniatowska o un José Saramago (no tengo idea si ellos ya han ganado un “La nación” antes). Así que… esperanzas de ganarlos, no hay muchas. Pero ganas de escribirla…
…serán un par de meses muy difíciles.
La importancia de correr en las mañanas…
Agosto 23, 2004 — Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
…es que uno encuentra una diversidad de seres que corren en las mañanas. ¿De qué hablo? Bue… supongo, que debo explicarles una cosa (y creo que si han leído de vez en cuando este blog, se intuye… creo): Yo soy un fumador empedernido. Me chuto de una cajetilla a una cajetilla y media al día. Cuando no tengo para comprar cigarros, me chuto media cajetilla gorroneando. Llevo, al menos, un año con ese ritmo. Antes, era media cajetilla al día. Antes de ser media cajetilla al día, eran ocho cigarrillos al día. Antes de ser ocho, eran dos cigarritos nomás. Es un patrón. El que empiece a fumar o el que se crea fumador social, no se preocupe, eventualmente será un fumanchú o un chacucaco como yo… podrá tomar años, pero el vicio es fuerte… no hay prisa.
El día de hoy, me levanté temprano y me dije—: ¡Muy bien, Tetecito! ¡Este es uno de esos días en que deberías dejar de fumar! ¿Y sabes qué no has intentado?
—¿¡QUÉ?! —pregunta de los niños.
—¡Correr en las mañanas!
—¡GUORALE! —risa de los niños, entremezclado con aplausos de los papás y exclamaciones de los abuelitos. No, no estamos viendo Chabelo, pero como si fuera.
—¡Así es, amiguitos! ¡Y el método del día de hoy es masoquista! —niños: WOOOOOW—, Dejen traigo al Doctor Pichulita para que les explique la efectividad de este método según la compleja telaraña psicológica que es Teté.
—Gracias, gracias. ¡Hola niños!
—¡Hola, Doctor Pichulita!
—¿Cómo dicen?
—¡PI-CHU-LI-TA!
—¡Jojojoy! ¡Niños Saludables! Bien… como Big Sadistic Mudafuque les iba diciendo, el método es masoquista. ¿Por qué? Verán niños, la cosa es que Teté salga a correr en las mañanas y se de cuenta del severo año que le ha hecho a sus pulmones con sus cuatro años de fumador. El propósito es hacerlo dar vueltas por el parque y respire ruidosamente, haciendo notable lo tanto que ha fumado y cuánta condición física ha perdido a través de los años. Demostrémosle que de sus años de defensor delantero y remero ramero, no queda nada. Así le entrarán las ganas de dejarlo. ¿Y saben qué más, niños?
—¿¡QUÉ?!
—¡Es saludable! ¡Así Teté hará otro ejercicio distinto a jalársela en las noches! ¿Qué les parece?
—¡HURRAAAAAAaaaaaa!
—¿Y saben dónde es buen lugar?
—¿¡Dónde!?
Ni puta idea. Salí con eso en mente—: Quiero ir a correr, quiero ir a correr. Y pues, salí a caminar, tratando de recordar donde había un parque por ahí… como no recordaba, estaba dispuesto a ir a C.U. Específicamente, a las Islas. Quería aprovechar que habían pintado un nuevo caminito para las bicicletas y también, quería hacer pose de metrosexual pandroso… demostrando mis piernotas pa correr (¡A huevo!). Bien, ya estaba llegando al metro cuando pensé—: No… ¡qué flojera ir hasta C.U.!
Me regresé y decidí irme hacia la tiendita, a ver si de casualidad estaba abierta. La casualidad se dio y pasé a ver al señor.
—Buenos días.
—¡Buenos días, joven! ¿Qué? ¿Ahora usted, se cayó del escritorio o qué?
—Neh, ya ve que es uno de esos días en que “me levanto temprano”.
—Ya va, ya va.
—Si… este, ¿usted sabe dónde hay un parquecito por aquí?
—¿Para hacer ejercicio?
(¡Ya vamos a saber dónde, niños! ¡YEEEEEEEEEEEEEY!)
—Si.
—Caminando derecho por la diagonal, está el parquecito de Vertiz y Caleta.
—Ahhh, muy bien. ¡Gracias!
—Oiga, oiga… joven, espere.
—¿Si?
—Tómese uno de estos.
Me dio un Yakult. Si, esto parece comercial… pero no es con esa intención. Lo prometo. Y de una vez por todas, aproveché para probar esa madre que siempre me había parecido asquerosa. Cuando me la tomé, no me pareció tan mal… es agua pintada de leche, con harta azúcar. Nada del otro mundo. Caminé, harto jubiloso, zampándome mi Yakult, al parquecito.
Al llegar, vi a mucha gente corriendo y caminando. Me sentí un “invasor”, pues no había nadie de mi edad. Me dediqué a caminar, para familiarizarme con el parque y para ver a la gente que estaba caminando. Gorditos, gorditas, señores de treinta a cuarenta, viejitos, viejitas, extremadamente obesos. Con su permiso, les llegó el fumador que esta reivindicándose. Pues caminando, con calmita, con calmita… si, caminando, admira el paisaje, sonríete, di que no quieres regresar a tu mega-macro-panzota… eso, ahora empieza a trotar. Muy bien, muy bien, todo va bien, ¿ves? No fue tan difícil… ¿por qué respiras así? ¿Los pulmones por la garganta? ¡Nah! ¡Eso es para debiluchos! ¡Respire como todo un corredor! Un, dos, un, dos, un, dos, un, dos, tres, tres, tres, tres… u-tr, dun, esos, uf, uf, uf, ack AGH AGH AGH.
Había planeado cinco vueltecitas.
Sólo hice dos.
El cigarro y años de no hacer ejercicio, realmente me han afectado.
—¡BUUUUUUUUUUUU! —niños.
Ya sé, ya sé… lo haré mañana otra vez. Si no bajo de dos vueltas, en dos semanas… le aumentaré otra, despacito, muy despacito. Ji ji.
(Big Sadistic Mudafuque sonríe).
Gorriones - Sparrows
Agosto 23, 2004 — Dialogo.
Escrito por Agustin Fest.
—Yo siempre creí que eran cuervos —dijo Bruno.
—A mi me pasó igual, la palabra y el mood se prestó a ello. Cuando leí el libro en inglés, visualizaba cuervos… no gorriones. The sparrows are flying —respondí.
Y él continuó hablando, mientras yo le prestaba media atención. Estaba terminando una lectura para mañana.
—Aunque, si lo piensas… ambas imágenes son igual de contemplativas… —me sonreí, tal vez—. A lo que me refiero es que cuando escuchas en tu mente el vuelo de los pájaros y los miras volar, ensombreciendo el cielo, alzándose por encima del bosque… es como si estuvieras ahí. No se como decírtelo. Es… estar presente, mirarlos volar y un recuerdo, que creías enterrado, se te viene a la memoria (como sucede a todos los personajes de ese autor). No sé si me explico bien. Como un aviso, como si el pasado estuviera anunciando una desgracia que esta por venir. Igual que el vuelo de los gorriones que ensombrece el presente.
—Ajá…
—Cuando era niño, me daban miedo los gorriones: serán pequeños, pero no sabes que pueden hacer con ese pico y esos ojos negros y el escándalo que hacen. Ellos me acediaban en mis sueños y despertaba, gritando por mi abuela. Ella me dijo que me sentiría más tranquilo si los ahuyentaba con palitos y piedras. Que viera cuan asustadizos eran, que así me daría cuenta que ellos me tenían más miedo al ser más grande. Pobres criaturas. Le obedecí, se los aventaba de lejitos. Y sólo me sentía tranquilo hasta que ellos hubieran huído… que volaran lejos, muy lejos, donde mis ojos ya no pudieran alcanzarlos. Y… y… cuando leí el libro, me acordé de ellos. Y sentí un miedo terrible al ver en mi mente toda la parvada volando lejos. Empecé a creer que cometí un error al ahuyentarlos, mejor nunca les hubiera hecho nada…
Alcé una ceja y miré a Bruno, él estaba en algún otro lugar. Traté de distraerlo. No me gustan las confesiones.
—¿Y bien, qué hay de nuevo? —No me respondió—, ¿ya entraste a la carrera?
—¿Uh? Ya, arquitectura. Mi “mecenas” me pagará la Ibero. Donde estudia su hija.
Bruno me ha explicado poco de su “mecenas”, como él le llama. Su abuela, única pariente que le quedaba, murió. Su padre se había suicidado cuando él era muy niño. Se que vino de Guadalajara y que estaba aquí para estudiar. En su tierra estaba estudiando Letras Hispánicas, de ahí nos hicimos amigos un día que nos contactamos por MSN. Y bue, yo me ofrecí para ayudarle y para darle un poco de compañía cuando se sintiera solo en esta ciudad llena de gente.
—Muy bien, felicidades —le dije. De Arquitectura a Literatura… hummm, no sé. No quise ahondar más.
—Si. La próxima semana empezaré a vivir con la hija de mi “mecenas”. Dice que es una casa grande y segura. Que está en una zona bien ubicada y él me asignará un chofer. Me tiene confianza para vivir con su hija y pues, no pienso defraudarlo…
—¿Eso crees?
—La verdad es que no, evitaré tentaciones. Mejor checaré si hay departamentos por la Ibero o algún tipo de vivienda.
Me reí.
—Mejor.
Por evidentes razones, me llama mucho la atención lo de su mecenas. Pero no me he animado a preguntar… además, uno debe ser discreto en eso. Al menos así soy yo.
—¿Cómo se llama ella? —pregunté, algo tenía que preguntar.
—Lorena.
—¿Y ella qué?
—Estudia psicología.
—Oh.
Click click click.
—¿En qué semestre?
—Segundo.
—¿Se apellida Salinas?
Bruno se me quedó mirando.
—Así es —murmuró—, ¿cómo supiste?
—Bue, medio la conozco. Platicamos una vez… —medio dije—. De cualquier manera, me gustaría platicar con ella de nuevo, dale mi celular y mis saludos cuando la veas.
—Güey, que pequeño es el mundo.
—Ya lo dije una vez —sonreí—. A menos que esto sea una coincidencia inventada… una de esas coincidencias macabras.






