Gorriones - Sparrows

—Yo siempre creí que eran cuervos —dijo Bruno.

—A mi me pasó igual, la palabra y el mood se prestó a ello. Cuando leí el libro en inglés, visualizaba cuervos… no gorriones. The sparrows are flying —respondí.

Y él continuó hablando, mientras yo le prestaba media atención. Estaba terminando una lectura para mañana.

—Aunque, si lo piensas… ambas imágenes son igual de contemplativas… —me sonreí, tal vez—. A lo que me refiero es que cuando escuchas en tu mente el vuelo de los pájaros y los miras volar, ensombreciendo el cielo, alzándose por encima del bosque… es como si estuvieras ahí. No se como decírtelo. Es… estar presente, mirarlos volar y un recuerdo, que creías enterrado, se te viene a la memoria (como sucede a todos los personajes de ese autor). No sé si me explico bien. Como un aviso, como si el pasado estuviera anunciando una desgracia que esta por venir. Igual que el vuelo de los gorriones que ensombrece el presente.

—Ajá…

—Cuando era niño, me daban miedo los gorriones: serán pequeños, pero no sabes que pueden hacer con ese pico y esos ojos negros y el escándalo que hacen. Ellos me acediaban en mis sueños y despertaba, gritando por mi abuela. Ella me dijo que me sentiría más tranquilo si los ahuyentaba con palitos y piedras. Que viera cuan asustadizos eran, que así me daría cuenta que ellos me tenían más miedo al ser más grande. Pobres criaturas. Le obedecí, se los aventaba de lejitos. Y sólo me sentía tranquilo hasta que ellos hubieran huído… que volaran lejos, muy lejos, donde mis ojos ya no pudieran alcanzarlos. Y… y… cuando leí el libro, me acordé de ellos. Y sentí un miedo terrible al ver en mi mente toda la parvada volando lejos. Empecé a creer que cometí un error al ahuyentarlos, mejor nunca les hubiera hecho nada…

Alcé una ceja y miré a Bruno, él estaba en algún otro lugar. Traté de distraerlo. No me gustan las confesiones.

—¿Y bien, qué hay de nuevo? —No me respondió—, ¿ya entraste a la carrera?

—¿Uh? Ya, arquitectura. Mi “mecenas” me pagará la Ibero. Donde estudia su hija.

Bruno me ha explicado poco de su “mecenas”, como él le llama. Su abuela, única pariente que le quedaba, murió. Su padre se había suicidado cuando él era muy niño. Se que vino de Guadalajara y que estaba aquí para estudiar. En su tierra estaba estudiando Letras Hispánicas, de ahí nos hicimos amigos un día que nos contactamos por MSN. Y bue, yo me ofrecí para ayudarle y para darle un poco de compañía cuando se sintiera solo en esta ciudad llena de gente.

—Muy bien, felicidades —le dije. De Arquitectura a Literatura… hummm, no sé. No quise ahondar más.

—Si. La próxima semana empezaré a vivir con la hija de mi “mecenas”. Dice que es una casa grande y segura. Que está en una zona bien ubicada y él me asignará un chofer. Me tiene confianza para vivir con su hija y pues, no pienso defraudarlo…

—¿Eso crees?

—La verdad es que no, evitaré tentaciones. Mejor checaré si hay departamentos por la Ibero o algún tipo de vivienda.

Me reí.

—Mejor.

Por evidentes razones, me llama mucho la atención lo de su mecenas. Pero no me he animado a preguntar… además, uno debe ser discreto en eso. Al menos así soy yo.

—¿Cómo se llama ella? —pregunté, algo tenía que preguntar.

—Lorena.

—¿Y ella qué?

—Estudia psicología.

—Oh.

Click click click.

—¿En qué semestre?

—Segundo.

—¿Se apellida Salinas?

Bruno se me quedó mirando.

—Así es —murmuró—, ¿cómo supiste?

—Bue, medio la conozco. Platicamos una vez… —medio dije—. De cualquier manera, me gustaría platicar con ella de nuevo, dale mi celular y mis saludos cuando la veas.

—Güey, que pequeño es el mundo.

—Ya lo dije una vez —sonreí—. A menos que esto sea una coincidencia inventada… una de esas coincidencias macabras.

Un comentario hasta el momento ↓

#1 Mané el 08.26.04 a las 12:38 am

Esperemos q no sea macabra.

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