Los enojos de Claudia

He tenido tres amores, medio retorcidos, con tres mujeres distintas llamadas Claudia. De ninguna de ellas fui novio “oficial”.

Mi mejor amigo tenía a su novia llamada Claudia. Era una relación enfermiza la que tenía con ella. Es la mujer que he visto como lo ha puesto a llorar, en medio de un grupo de estudio de cálculo diferencial para un examen al día siguiente.

Y mi amigo, jo, es un tipo duro.

En estos días, he escuchado de Claudias por aquí, Claudias por acá. ¿Será el nombre? ¿Qué es lo que provoca el nombre de Claudia? ¿Será por que es fácil de recordar? ¿Suena musical, mientras uno está acostadito en la cama y piensa, “Ummmmmm”, qué gemiditos hará? ¿O más bien, es porque se presta a utilizar diminutivos cursis para cambiar el nombre que prolifera en todas las morritas de 20-30 años? Que Clo, que Clau, que Claudita, que Panquecito, ¡qué nalguitas!

Algo que me encanta, es ver como reacciona una persona en una discusión. Si me entero que es facilmente molestable o tiene un pequeñito punto débil en un argumento, me dedico a trabajarlo a través de preguntas sencillas que se complican a medida que el otro le pone sabor a sus palabras. En ocasiones, tomo una postura contraria para ver que tan sensible es.

Aquellos tres amores retorcidos que tenía, jo, eran muy vulnerables.

La primera Claudia, fue una estudiante de sistemas que desertó para estudiar psicología. Era alta, de cabello negro, lacio y largo. Tenía muy buen cuerpo, aunque en temporadas era propensa a adquirir una que otra lonjita. Empezamos a ser amigos a través de las confesiones. De las confesiones pasamos a confesar lo que cuenta (¿aspiradora o paletita?). Una mujer de mucho caracter. Actualmente, casi no platicamos ella y yo.

A ella, no recuerdo como la hice enojar… pero su respuesta, esa respuesta la voy a recordar siempre—: ¡Aquí nos vemos y te vas buscando otra para tus masturbaciones! ¡A ver quién te estimula como yo!

Parpadeé—: Caray, si bien sabes que esas me sobran.

Lo siento… no pude evitarlo. Me sentí, genuinamente (en serio [de veritas]), mal. Me pasé marcándole a su casa, para que me colgara a los cinco minutos. Luego le marqué al celular, ella se mantenía en silencio, mientras yo elaboraba una complicada disculpa con una sonrisa re-tor-ci-da en el rostro.

Simón, era medio cabroncito. Hoy, pues soy un borreguito.

La segunda Claudia, estudió mercadotecnia. Alta, de cabello a los hombros, entre bonita. Piel muy clara, piernas fuertes. Le gustaba patinar sobre hielo (ya no lo hace, por culpa de un accidente que tuvo) y era muy sociable en las borracheras. Pero eso si, no prestaba. Siempre fue muy selecta con respecto al hombre al que le iba a dar algo. Pues… como pasa con las Claudias, nos confesamos y después, nos confesamos lo otro. Para mi decepción, no era una mujer a la que le gustara experimentar sexualmente… en fin. Se llamaba Claudia y el nombre siempre me ha dado escalofríos.

Hoy en día, seguimos platicando y somos muy buenos amigos.

Ella tenía una amiga con la que andaba por todas partes y en messenger siempre me mandaba fotos provocativas de mujeres haciendo esto y lo otro. Pues si, me entró lo hombre pendejo y un día mientras caminábamos, le pregunté—: ¿Eres lesbiana?

Se puso roja, roja, roja y su rostro cambió, de una angelical mujer al demonio más terrible.

—¡No es cierto! ¡No es cier…

(pequeño paréntesis aquí. En esa misma universidad, había una chava que se llamaba Pamela. Una morenaza de fuego, totalmente… al igual que su hermana. Digamos que si Claudia y Pamela se encontraban en la misma fiesta, los hombres no se decidían a donde apuntar su nariz. Recuerdo que Pamela siempre usaba unas falditas para lucir las piernotas que había adquirido por el baile. Además, era una mujer bastante ruidosa. Si, las fiestas en las que me metía en ese tiempo, eran como asistir a algún bar de Garibaldi en días no propensos al turismo. A Pamelita, alguna vez la grabé con la webcam en una fiesta en mi casa, bailando, cabe decir que me gustaba la falda y los muslos).

…to! ¡Es que yo pensé que como siempre andabas con tu amiga! Bueno, perdón Pamela…

Eso fue lo peor.

Hasta que me perdonó, me dediqué a llamarla PANQUECITO. Eso nunca fallaba y además, la hacía reír. Inmediatamente después, se acordaba y me decía—: Si quieres, mejor largate con Pamela… ¿no? Al fin que ella te gusta (insertar método verbal más elaborado para triturar a un hombre aquí)

La tercera Claudia, bueno, pues digamos que es la que me puso en mi lugar y reivindicó a todas las Claudias del mundo. Una mujer high class, que viste ropa de marca y tiene el típico acento. Hermosa la condenada, de piel un poco apiñonada, delgada. Baila flamenco y estudia literatura, aunque… no sé del todo porque estudia literatura. Por supuesto, ella sabe lo bonita que es, cuánto varo tiene… por lo tanto, no cualquiera se le acerca. Le molesta la naquez, la guarrez, pero le gusta reír con un buen chiste bien acomodado.

Después de que hice mi luchita con la tercera Claudia, acabé bien ardilla… la neta. Pero quedamos ella y yo en que seríamos amigos, y no volví a hacer ningún comentario al respecto, porque en ese sentido soy respetuoso. Hago la lucha una vez, no insisto, no me gusta gastar energías. Así que, alguna vez estabamos platicando tres personas. La tercera no importa, en realidad sólo eramos Claudia y yo.

—Pues no vine ayer porque me dolió el vientre… y fui al médico y me dijo que lo que tenía era algo así como una super-mega ovulación que no expulsaba facilmente.

La imagen mental fue demasiado (Claudia, con el vientre abultado, diciendo “MEGA-MECHA-OVULACIÓN, ORIDESKA!”, con los ojos rojos y los cachetes inflados, y después: “PUMMMMMM! Oh mom! Sakura blossoms!”). Nota aparte: Yo se que es una condición médica muy seria, no me lo tomen a mal (Además, estamos hablando de que andaba bien ardido y lo ardido, no distingue géneros). Me eché una carcajada que se escuchó tres salones a la redonda, tuve que salir del salón de clases y regresé después de unos minutos, con mi sonrisa retorcida, por supuesto. Claro, eso me ganó la diplomacia hipócrita de Claudia durante el semestre y un par de comentarios por ahí que rezan: “Es que Gus era muy insistente”, “¡Ay, todo hombre quiere ser mi novio, ninguno puede ser mi amigo!”.

Si, en la escuela creo que ya me conocen como un acosador.

Esas fueron mis tres Claudias. (Hay una cuarta en la mira… se apellida Schiffer… figúrense nada más, nomás que mi novia me de permiso).

3 comentarios ↓

#1 gabo el 08.13.04 a las 3:02 pm

Sí, debe haber algo en el nombre que transporta a la mujer que lo poseé en otra entidad.

Mis Claudias también son tres.

TT: Debe ser… es muy raro.

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#2 MARISOL el 08.13.04 a las 3:04 pm

Se me hace que a alguien le van a dar hasta por debajo de la lengua…..y no hablo en el sentido sexual…jeje

TT: jajajaja, este post lo publiqué con previo consentimiento porque soy bien mandilón y aparte, ya me domaron =D

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#3 Claudia el 09.11.04 a las 10:00 am

Jejeje me ha hecho mucha gracia lo de las Claudias… Un saludo de otra más Clo

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