El piojito tenía un dolor de cabeza, no estaba haciendo ningún teatro o poniéndose algún disfraz para su comunidad piojera (era algo que practicaba a menudo, porque era antisocial con las demás ladillas). Para nada, tenía un terrible dolor de cabeza y eso sucedió la noche de ayer, que se ubicó en una posición poco favorable para su existencia. Y es que, ayer se puso muy romántico porque su “cuerpo-casa” les había llevado a la playa. Había una noche estrellada preciosa y el ambiente estaba húmedo, cálido y rico. Y pues como el piojito era el más cursi de su comunidad, había decidido subirse solito solito, al pelo más alto de todo el barrio, para observar en primera fila la belleza de la noche.
Y pues, todo iba bien… si, todo iba muy bien… cuando…
¡MADRES! ¡Una sombra! ¡Y madres! grito general en la comunidad de ladillas. La sombra parecía acercarse y era como un mundo contra otro mundo y peor todavía… la gravedad que a todos afectaba y los aplastaba a unos contra otros… y era como observar sus casas chocar contra otro planeta, totalmente distinto. Pelos hacia arriba, contra pelos hacia abajo y las ladillas viejas, asentían resignadamente… era algo que estaba destinado a suceder, no había la pena llorar por los hijos, ni por los jóvenes. Tal como estaba escrito en los libros.
La confusión fue tal, entre ladillas que extendían sus patitas para sostener a sus amigos ladillas de toda la vida, o novias o amigos o familiares, porque el otro mundo se los llevaba y se los tragaba. Como en una oscuridad insistente, que se los tragaba y se los llevaba a quien sabe donde… un agujero oscuro y espeso. El horror. La pobre ladilla romántica observaba todo esto desde el pelo más alto, que chocaba contra la piel más baja de aquel otro mundo. Tenía las patas bien aferradas a su espacio, no pensaba soltarlo ni un momento. Y entreabriendo los ojos, mientras miraba desde arriba… y escuchando todos los gritos, que retumbaban en sus antenas… se decía—: ¡oh dioses! ¿Cuándo terminará este sufrimiento? ¿Cuándo terminará mi dolor de cabeza?
Y eventualmente, todo terminó. El piojito romántico, la ladilla alpha, creyó que nunca terminaría. Bajó adolorido del pelo más alto del mundo y observó la destrucción. Las mujeres ya habían tomado partido en la próxima regeneración de la especie, ahora más necesaria que nunca. Los viejos sonreían misteriosamente, como si supieran algo que se negaban a confesar y que, después de todo, no necesitaba confesión alguna. La destrucción de los hogares, de los pelos ergonómicos, de los caminos ya construidos. El piojito romántico… suspiró y sintió una punzada en la nuca, la cabeza le seguía doliendo y caminó a su casa. No pensaba en procreación de especie… en reconstrucciones… no, que le dejaran solo. Le habían quitado su noche estrellada y ahora sólo podía ver estrellas en su jaqueca.
—Me siento… todo ladillado.
—¿Y eso?
—No sé, no sé… ladillado nada más.
—Ummm…
—Ummmmmm…
—Lo que tú necesitas es un remedio.
—¿Un remedio?
—Si, un remedio…
4 comentarios ↓
Y supongo que el remedio consiste en una destruccion de casas de ladillas :O
No entendi mucho pero ¿agarraron a sapes al piojoso? ¿o que les sucedio a la comunidad esa de piojos?
Murieron muchos y aquel en la cima mas alta se salvo ¿eso es necedad?
^____^
Excelente manejo de las historias paralelas.
TT: gracias, muchas gracias.
Me recordó el texto donde tu perra te ve en el baño… supongo que en esa ocasión… se les vino el mundo cual martillo de feria -arriba y abajo.
Deja un comentario