Entradas escritas en Julio, 2004 ↓

13

Los cuervos…
se sienten personajes
de un pseudo escritor.
Eso les incomoda.

12

Los cuervos…
no son ingeniosos,
no durarán mucho tiempo.
Es más, han propuesto un suicidio colectivo.
¿Fecha? A tratar aún.

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Los cuervos…
chatean.
Según ellos,
con una rubia de ojos azules
y de 16 años.

Mi tío Daniel

TT dice: Teeeeeeeeeeee amoooooooooooooooooooooooooo

TT dice: Ajem

TT dice: como mi tío que eres

TT dice: jajajajajaja

TT dice: ya me voy, ajem

TT dice: jajajajajajajajaja

Daniel dice: chale guey! no manches, ya no tomes de esas. jajajaja

TT dice: se puede sentir halagado el día de hoy

Daniel dice: puros sustotes contigo

TT dice: su sobrino le dijo que le ama

TT dice: jajajajajaja

Daniel dice: jajaja, halagadisimo estoy, parece estoy en una novela de mujercitas o algo asi, todos nos queremos y amamos

TT dice: ahora tomémonos de la mano y alzemos nuestra mirada al cielo

Daniel dice: jajaja, tu eres mi hermano del alma realmente mi amigo, que en todo camino y jornada estas siempre conmigo

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Los cuervos…
escriben los versos más triste esta noche,
y tiritan de frío, sus alas, por el viento.

9

Los cuervos…
son unos chistocitos de mierda.

Hace calor…

Me vino a la mente aquella vez, cuando probé un cigarrillo en Tamaulipas. El calor estaba de los mil demonios. Estábamos como a cuarenta grados y llevaba la chamarra roja puesta. Llegamos a medio día y caminamos hacia casa de sus tíos. Irwin me miró y me dijo—: No seas mamón, aquí si te quitas la chamarra. Sonreí y le dije, si… aquí si. Y es que, durante mucho tiempo fui conocido por llevar mi chamarra a todas partes. Ya era una costumbre… no estoy seguro si fue cosa de alguna abuela o alguna madre que me dijo: “Y te llevas la chamarra puesta” y el consejo-orden me duró durante tres o cuatro años o sencillamente, creía que mi chamarra era de Kevlar y me protegería contra todo lo maldito de este mundo. El caso es que siempre la llevaba puesta a todas partes.

Esos cuarenta grados de calor, me hicieron quitarme la chamarra y me hicieron sudar todo el cuerpo. Yo soy de esos tipos extraños que no suda a borbotones, mi cuerpo se adapta rápido al clima. Si hace frío, se me quita en unos minutos. Si hace calor, dejo de quejarme a los pocos segundos. Procuro convencerme —el increíble poder de la autosugestión—, para adaptar la experiencia al clima que es inevitable.

El cigarrillo, en Tamaulipas, supo horrible y al mismo tiempo, rico. El calor lo obliga a uno a fumar menos. Recuerdo que se sintió el mareo agradable de las primeras caladas. Un mareo entre especial, relajante… el famoso golpe. Sabe seco el cigarro en tierra de calor, se seca rápidamente, se quema más rápido y después de dos o tres fumadas, uno queda mágicamente satisfecho. Uno se da cuenta de lo horrible que sabe y que tan adicto es al cilindro nicotínico.

Cuando esa cajetilla duró tres días, es de pensarse…