Entradas escritas en Julio, 2004 ↓

La Mujer Gorda

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No lo pude evitar. Me conmovió el Y entonces, la felicidad de la Mujer Gorda.

Todo el día me tuvo pensando… “El mundo es ese niño y su abuela”…

No lo sé, me conmovió.

Felicidades a Hernán Casciari, por excelente blog. Y me gustaría ver lo que él propone… más blogs de ficción. Hay muchas ideas, mucho potencial… hay buenos y nuevos escritores en todas partes. Para todos gustos, colores, olores y sabores…

¡¡¡Salvemos el futuro editorial de la autoayuda!!! (jajaja)

…Y ya veremos como poner nuestro granito de arena.

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Los cuervos…
leyeron, hace siglos, una profecía:
“Serán mil y mil nada más,
mil como las hojas,
mil como sus ramas,
mil como las cicatrices en su tronco…

mil, como cada uno de los nombres que tiene la sagrada Babilonia”.

A veces, se ríen recordando aquella vieja profecía.
A veces, se miran gravemente…
Mil o Veintiuno.
Números, al fin y al cabo.

Los nombres de Google, atacan de nuevo

allan dice: HOLA ME PUEDES DECIR UN NOMBRE PARA MI TROLL Y COMO CUIDARLO GRACIAS

TT dice: NO NO PUEDO PORQUE NO SE NADA DE TROLLES

TT dice: LO SIENTO

allan dice:
GRACIAS TU PUEDES DECIRME PAGINAS

TT dice: NO, TAMPOCO LAS TENGO

allan dice: BUENO ADIOS

TT dice: ADIOS

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Los cuervos reales…
juegan.

Los cuervos de abajo,
dicen la verdad.

Los cuervos de arriba,
dicen puras mentiras.

Los cuervos, se asienten unos a otros.

Los cuervos de enmedio,
observan el viejo juego…
el viejo enigma…
y se dicen: “¡Qué inteligentes somos!”.

Mientras que los cuervos,
los verdaderos cuervos,
dicen: “Ay no mames”.

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Los cuervos…
son fanáticos de los pechos femeninos.
Dicen que cuando los tocan con sus alas,
les recuerda el sabor del trigo.

La etapa decadente

Dejad que los niños vengan a mi, puesto de ellos será el reino de los cielos

—Jesucristo.

Se aplican restricciones.

—Un ateo divertido que completó la frase de Chucho, en un o de esos foros interneteros ateístas.

Y, supongo, esta es mi etapa decadente. Releo lo que escribo en estos días, desde hace un mes o dos, o tres… y nada me gusta, aún si son notas insulsas, falsas pretensiones o un cuento que me dejó satisfecho al terminarlo. Si quiero medio autoestimarme, entonces reviso el número de comentarios.

Si son muchos, digo: “Muy bien”. Si son pocos, digo: “Es que no entienden el arte”. Si son una dósis moderada de comentarios, pienso: “Very well fandango, no, no eres mediocre. Más bien, son un puñado de conocedores agregando su semillita de sabiduría”. Cuando termino de medirme por los comentarios, me voy a las estadísticas del sitio: “Hoy, solo 200 afortunados me visitaron. Si ayer me visitaron 363…”.

Y me olvido que mi weblog se ha convertido en el recurso desesperado de Google para aquellos padres jóvenes, que buscan nombres para sus hijos. Las estadísticas mienten cuando me enseñan los referrers.

La verdad es que nada de lo escrito en estos días, me ha gustado. Me siento poco satisfecho con los resultados, con el proceso o con el inicio de cada uno. Es la etapa decadente de mi weblog y de aquí, solo queda ir en picada. Beber Vodka en las noches, jalarme los pelos y decirme: “Carajo, ¡es que no me dejan ser!”. Mirar, durante largas horas el cuadrito en blanco de mi monitor titulado: “Entry Body”. Y el horror se apoderará de mi en “Extended Entry” (No habrá ningún Heart of Darkness, será el vacío blanco quien me haga permanecer como un autista). El Excerpt, por lo tanto, se convertirá en el resumen perfecto de lo que escriba… ya que siempre está en blanco.

Mi novia me ha dicho, que probablemente lo que necesito es sufrir un poquito (algo así como un cambio brusco que originan un caudal de escritos), entre sus sugerencias estaba un “Te pongo el cuerno si quieres…” (No, no, no… no gracias, chiquita frapapú).

Ya pasaron aquellos días de gloria donde este blog apenas cumplía un año de vida y los comentarios volaban de aquí, para allá. Las visitas estaban entre 500 y 600. La creatividad se derrochaba, iniciando una historia para rápidamente, iniciar otra al día siguiente y escribir ambas de manera simultánea, día tras día, para goce de unos cuantos lectores que disfrutaban ese formato confuso y caótico.

Esos días, ya pasaron… hoy sólo me queda comprarme una botella de tequila y brindar por la muerte jugosa y lenta del árbol más grande que haya plantado jamás. Entre balbuceos y alientos mata-pasiones, le diré a mi bello azulito, arbolito, chiquitico… “Se te caen las hojitas, mi niño… se te caen, te estás marchitando”. Brindaré por él, brindaré por yo, brindaré con el reflejo del espejo.

¿Cuántos bloggeros no habrán hecho eso antes que yo? ¿Cuántos no habrán llamado a su amigo diseñador, a su amigo de marketing, a su novia fotógrafa para pelear por un segundo aire? ¿Cuántos no habrán dicho: “¡A la mierda, qué se muera!”? ¿Cuántos habrán dejado de engañarse de la seriedad que esto sugiere? ¿Cuántos habrán cavado la tumba con una sonrisa y un frenesí, igualados al del célibe que se le pone una mujer desnuda enfrente y se le promete que Dios no lo verá?

Ohhhh, no lo sé… no lo sé…

Bueno, ya. Tengo muchas cosas que escribir, muchas cosas personales… pero no puedo hacerlo, porque hay candados en todas partes. Y es que, sin querer me lee demasiada gente ya. Y me conozco a la hora de escribir… puedo ser más hiriente, y disfrutarlo. O bien, podría leerlo alguien que no debiera saber. Es en varios aspectos, no es en uno solo. La solución a eso, es buscar la manera de narrarlo, pero aún no la encuentro. Y como no tengo una racha creativa o al menos un poquito artística, me cuesta más trabajo contar lo que no debe ser contado.

Así que, a partir de mañana, el Árbol de los Mil Nombres, será un blog de sexo cochino, perverso y parafílico.

¡Salud!

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Los cuervos…
como todas las mañanas ociosas,
escuchan música:

I’ve got a dream ‘bout a boy in a castle
And he’s dancing like a cat on the stairs
He’s got the fire of a prince in his eyes
And the thunder of a drum in his ears


Modesto, Urbayán y Glumiere
recuerdan los ochentas con particular agrado.

Cuando escuchan la canción
(y la cantan, con mal inglés, por supuesto),
se disfrazan de Michael Paré:

se ponen una gabardina,
sacan las escopetas de sus armarios,
y toman el downtown.

Ninguna nena estará a salvo esta noche.