
Hace unos días, me encontré en la red a Ezequiel Soto. Un compañero en aquella guerra llamada “Centro Universitario México”. Ezequiel y yo compartimos un año (98-99) en el 106. Lo último que supe de él, antes de encontrármelo, era que seguía estudiando Matemáticas Aplicadas en el ITAM. Ezequiel siempre se me hizo brillante y hasta la fecha, le sigo admirando. Hizo trabajo de misionero durante un año y era quien nos pasaba las respuestas en exámenes de física y matemáticas. Una agilidad mental y comprensión para las fórmulas, casi inmediata.

Con Alfonso compartí dos años, uno en el 214 y otro en el 106. Gracias a Alfonso se me quedó el apodo que habría de llevar durante años: “Árbol”. Eso sucedió un día que regalé manzanas, vestía una chamarra verde que aún conservo y me dejé crecer el cabello demasiado (un poco menos que hoy). Nunca lo peinaba y él se fijó de inmediato en ello. Un hombre bastante parlanchín, muy cómico. Jugábamos ajedrez, en los descansos de diez minutos, o en las clases de inglés. Recuerdo que él se juntaba mucho con Tena… un chavo que se parecía mucho al Conde Pátula. A Pano, por ende, le apodaron La Nana.

Hoy tiene un hijo, se llama Santigo. Yo le digo Panito. Ya amenacé a Alfonso que me lo prestará de vez en cuando, para enseñarle Literatura (aunque se me quede viendo con cara de: “Qué güey tan cagado, de veras parece un árbol”).

Con Alfonso y con Ezequiel, entrené americano y a veces, jugaba dominó con ellos saliendo de la escuela. Me enseñaron a contar a siete (los que se aprenden con los amigos y no con los profesores). Nos gritábamos durante los descansos de diez minutos, de un lado a otro de la escuela… Más de una vez, habrán pensado algunos que eramos un trío de mamones. Incluso, el director una vez me cachó gritando: “Sooooooooootooooooooo” a todo pulmón, respondiendo a Soto su respectivo llamado de guerra: “Áaaaaaaaaarboooooool”.
Llegamos a ser una terna bastante peculiar.
Ayer me encontré a Ezequiel Soto, nos pusimos de acuerdo y nos tomamos un café los tres, el día de hoy. Actualizando nuestras respectivas vidas, más bien la mía con la de ellos… que yo me perdí en algún limbo y hasta ahora, se enteran de mi.
Esencialmente, seguimos siendo los mismos. Aunque ya adoptamos el papel de hombrecitos tratando de platicar los planes futuros, la situación del país, la economía, el trabajo y la seguridad… siempre se nos dio mejor hablar de los viejos tiempos, de aquellos gritos, de los apellidos sin rostro (y que hacen de su vida el día de hoy), de quienes nos hemos encontrado y quienes se han separado completamente de aquella etapa, como si la hubiesen olvidado, como si fueramos una fotografía movida o como si hubieramos compartido un mal sueño.

Como si nuestros nombres para ellos jamás hubiesen valido la pena o serán la charla de un café, como este, en otro espacio, en otro tiempo.

7 comentarios ↓
¿qué generación eras de CUM?
TT: 96-99
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no manches que shido re-encontrarse con Camaradas.
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entretenido eso de encontrar antiguos compañeros y contar y ocntar,, besos
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que suaves los reencuentros… No he podido volver a ver a mis compañeros de la prepa
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me tragiste memorias a la cabeza de amigos que tengo tiempo de no ver, también vino la sensación a mi mente de lo gratificante que es cuando los encuentras, y por una vez, nos vemos en algun lugar a charlar el update, para no verlos en un par de años mas… muy chingón post vato.
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Caray, aquellos amigos que algún día tuve en la primaria, secundaria y parte de la preparatoria, se fueron al olvido. Tal vez porque se volvieron muy mamones ó a la mejor porque a mi me gustó más la compañia de mi soledad. Saludos.
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Estimado Arbol, soy hermano de Moga Soreque, yo soy generación 91-94, porlo que este año cumplo 10 años de haber salido del CUM, es impresionante sentir como después de haber visto a mil weyes durante 12 años de un dia a otro pierdes a 700 y de repente te encuentras a uno o dos que otros, sin embargo siempre los recuerdos de esos tiempos tienen una magia chida no??
TT: Caray, pues mucho gusto y bienvenido. Si, el CUM, a pesar de todo, posee una magia especial. Después de todo, es donde pasamos nuestros años de harta juventud hormonal y de compañerismo a lo macho, jaja. Un saludo.
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