T-T contra Dostoievski

Si algo he estado leyendo estos días, es a Dostoievski con “Los Hermanos Karamazov”. Si he tenido problemas como lector (educado y analítico, estudiando carrera literaria… eso se supone que estudio) es al momento de tomar un clásico. Y es que, el profesor más sensato que he escuchado nos ha dicho–: ¿Qué hay que decir de los clásicos, si todo está dicho ya? No hay manera de escapar a uno. En el momento que lo lees, puedes observar los rastros que ha dejado o las influencias que han marcado a nuevas generaciones de escritores, quienes a su vez, marcarán a la siguiente generación.

Inclusive, este mismo profesor nos contó que en algunas universidades de Inglaterra, debido a que todo está dicho en literatura y no ha habido algún nuevo impulso (en ese país de niebla)… a los estudiantes aspirantes a literatos, los ponen a construir sillas. El hecho de construir algo fisicamente, debiera implicar un proceso literario. No creo que esté alejado de la verdad o piense que es absurdo–: El mero hecho de leer como Semidios impermeabiliza su techo o como Asakhira mantiene su cabello saludable, es ya de por sí, literatura. El proceso físico los hizo escribir de ello y se vuelven creadores, no imitadores (por más coloquial, bello, indefinido o poco académico que parezca).

Sin embargo, ese es otro tema que aún no me atrevo a desarrollar. Regresando a Dostoievski, el que ya no haya nada nuevo que decir de él explica, en parte, mi temor por leerlo (así como a otros clásicos). Ya todo está dicho o digerido por alguien más, incluso el lector promedio que le ha leído, tiene en su consciencia –tal vez muy enterrado– el título de “Crimen y Castigo”. Y ese es un resumen muy básico del ruso. Por cada crimen que cometas, no importa si ya eres un hombre de bien o si hay una luz de esperanza, pagarás (oh si… inexorablemente) un castigo.

La otra, es la terrible traducción y una pequeña partecita más, es que no fui educado para leer clásicos. Me eduqué para leer historias, cuentos, novelas cortas y digeribles. Leer una novela rusa, de corte psicológico, y además con el nombre de Fedor escrito en algún lado, es como chutarte las otras diez horas que iba a durar la película de “La delgada línea roja”. Tienes que estar preparado para disfrutarlo.

No es como un Bennedetti con el diario de doscientas páginas de un oficinista aburrido; no es como un García Márquez de cien años enmarcados en unas setescientas o tal vez más; no es un Cortázar de lectura salteada donde inventas una novela y te lo imaginas a él –inevitablemente– como al mismo Oliveira; y no es un Borges cuyo número se encuentra en un espejo y caes en un laberinto…

…No señor. Para mi, Dostoievski es un total desconocido.

Así que, mi re-educación como lector (analítico y u-ni-ver-si-ta-rio) de clásicos, la quise iniciar con él. Antes de retomar el Quijote con uno de sus tantos narradores que te cuenta la otra historia, la de fulanita. Antes de retomar Los Miserables y por fin, leer el nombre de Jan Valjean en alguna parte. Antes de retomar “En busca del tiempo perdido” y buscar los otros cinco tomos que me faltan en algún lado, para seguir leyendo los recuerdos disparatados (oh… no, quise decir disparados… si) de alguien que toma té.

Abrí la primera página de los hermanos Karamazov y lentamente, como un espectador desinteresado y muy indiferente, renuente al extremo, como alguien a quien le han puesto “La delgada línea roja” versión de diez horas (dejá vù), sin palomitas y sin refresco, quise visualizar a la Rusia del siglo XIX.

Lo he leído lentamente, creándome un hábito de lectura especial con Dostoievski… si no tenía nada que hacer, tomaba el libro y avanzaba aunque fueran dos páginas. Me lo llevaba en el micro, pecero, metro y taxi. Cuando capturaba material, mientras trabajaba, lo leía en donde me quedaba. E incluso, me lo llevé al baño un par de veces y no, como es Dostoievski, nunca pensé que fuera el papel sanitario de emergencia.

Este será un tip muy útil para los que quieran estudiar letras: Aunque no te guste, sea el texto que sea, sea el género que sea, sea el autor cual sea, sean los prejuicios que tengas y sea una edición de veinte varitos o la de cuatroscientos, tienes que leerlo y tienes que hacerlo hasta el final. (Y si quiero parecer profesor, aquí les diría: Así como todo lo que hacen en su vida, lo que inician deben terminarlo, ¡Te amo México!). Nunca menosprecies un libro y atrévete a leerlo. Ya al final, si el libro no fue de tu agrado, bien puedes mentarme la madre por mi tip y estudiar, no sé… secretariado bilingüe o bien… carpintería (lo siento, he estado pensando en ser carpintero desde que escuché a aquel profesor).

Pero si te sucedió como a mi… que de repente te miras en el espejo y te das cuenta que ya no eres tan mamón e indiferente con Fedor (¡mi cuate! ¡mi compadre!), y estás imaginándote a México como la nueva Rusia de aquel entonces… puedes cobrarle a mi jefa la visita al psicólogo (dudo que la quiera pagar, pero hey… ya estoy obsesionado con él, medio loquito, así que puedo decir lo que quiera).

He llegado a adentrarme tanto en la lectura, que lamenté haber terminado la parte de Alejo para conocer a Demetrio (a quien aborrecía y me aburría en extremo). Ahora que he terminado a Demetrio, no puedo esperar a conocer a Juan en detalle (mi preferido de inicio, pero Demetrio… vaya que a Demetrio como lo quiero).

Estoy comprobando en mi lectura el método de Dostoievski–: Una resolución simple, se torna complicada con sucesos secundarios o apariciones de otros personajes que contribuyen al meollo (los chismosos que se vieron involucrados, algo así como el que dicen que mató a Kennedy)…

Es una progresión. Ahora me está gustando el libro porque me ha atrapado de una manera suave. Sin prometerme algo así como–: Hey, hey… voy a hacer que me leas y te voy a gustar. Es inevitable, ¿eh? All your base belong to us. (No sé porque presiento que es la manera de promocionar un libro, hoy en día, según mi adorada publicidad).

En fin, les recomiendo a Dostoievski ampliamente. Encontrarán sus huellas en un par de latinoamericanos (JC Onetti), o sudafricanos (JM Coetzee). Hey… creo que haciendo rememoria de mis lecturas, ¡siempre lo he leído! (No creo que mi jefa me quiera pagar ni a mi el psicólogo). Y estoy seguro de que si presentara este escrito como un reporte de lectura a mi buen profesor Argel… después de escuchar sus regaños y soportar su mirada escrutadora, le diría–: Ajá… bueno, este… pues… dame madera y un par de clavos…

…Mi castigo será construir la silla.

Más para leer:

  1. Contra-Manifiesto ARS

6 respuestas to “T-T contra Dostoievski”

  1. Sikanda says:

    Como diria su protagonista de “La Mansa”: que de dos males, hay que escoger el peor ;) Besos TT, excelente tu lectura ;)

  2. Latro says:

    Cuando quiera y para no perder el ambiente ruso, le regalo el “sepulcro de los vivos” o la “casa de los muertos”. Es el mismo, solo que se vende con los dos nombres. Los rusos son mis favoritos.

  3. Latro says:

    Claro, si no le ofende una edicion de 20 varitos de Porrua.

  4. Semidios says:

    Los libros que me han atrapado son pocos, pero los he disfrutado como nadie, me inclino por novelas intensas de suspenso, misterio, horror y ficción. Tu post se me hizo muy interesante de “Pe a pa”, cool su referencia, thx. Pase buen finde.

  5. Carlos says:

    Cometiste un pecado al pensar que dostoyevski no te gustaria, pues debes saber que es el mejor escritor que ha existido asi que de ahora en adelante muestra respeto por el gran ruso

  6. Héctor says:

    Dostoievsky es un asco. Sólo lo siguen los que creen ser sabios, el era un escritor con muchos resentimientos y ala ves homosexual. Lo demuestra en La mansa con su psicologia entre la primera y segunda parte :colgado:

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