Entradas escritas en Junio, 2004 ↓

Invitaciones de Gmail

Es lo que leo en todas partes…

Leo a gente que pide una historia interesante (tal vez a falta de algo que contar o para garantizarse un par de risas), o hace preguntas, para regalar esas invitaciones.

El viernes tenía tres invitaciones de Gmail. E hice un concurso por MSN para regalarlas.

El día de hoy ya tengo cinco invitaciones más para regalar.

¿Debiera abrir un concurso?

  • Actualizacion: Um, ya solo me quedan 2 invitaciones. Que rápido se terminan después que uno dice que las tiene.

Íconos Gestuales

Ayer, mientras me desvelaba, me perdí en la red buscando íconos gestuales de Messenger… es más correcto decir que no los buscaba, pero los encontraba como por acto de magia (ALAKAzUMBA!). Ya ni recuerdo cual era mi búsqueda original. Me pasé horas, y horas, perdido entre las caritas que hace la gente para mejorar su comunicación emotiva a través de messenger. Bajé varias y las añadí, como buen consumista compulsivo de aquello que es virtualmente grátis.

Se me ocurrió que eventualmente habría caritas para responder todas las preguntas del mundo. Que ya no tendría que escribir respuestas a preguntas insulsas que me hacen las personas que apenas me conocen. E incluso, las preguntas más elaboradas o más inteligentes, tendrían respuesta en una gran bola amarilla. Seguí bajando caritas con gusto, pensando entre sonriente y triste, que mi comunicación lograría prescindir del texto.

So, el día de ayer me di un paseíto…

…por la Avenida de los Insurgentes. Iba con Fanta, porque ella es una buena amiga. Si, una buena amiga de años y como sabe que soy un amargadito, que se la pasa encerradito, me saca a pasear como perrito. ¿Y qué pedo con el diminutivo? En fin, paseamos por la Glorieta de Insurgentes, es más correcto decir.

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Esa es Fanta, ¿a poco no está chula la condenada? Es bien vaciada, porque hace chistes y ríe ruidosamente y a cada rato me muerde el hombro y hace preguntas que no puedo responder y después pregunta por qué muchas veces…… caray, ¡qué horror! Ahora que lo escribo me doy cuenta: ¡ES FASTIDIANTE! (Jaja, no te creas Fanta, I luv u).

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A mi mujer le gusta sentirse deseada…

Esto me lo encontré por ahí, me gustó… sepa por qué. Rara vez me gustan estos. Lo que se encuentra uno curioseando en la red.

En la cama
en el piso
de perrito
con y sin su tal permiso
sin su ropa
en su patio

Gusta sentirse deseada,
cuando le rodeo
las mueve
mueve nalgas y espalda

Si,
quiere que le clave

En mi calle
en su mesa
yo abajo
ella bien puesta
con mi verga entre sus piernas

coge que coge en la fiesta

En su trabajo
en el mío
en el teléfono nos decimos:
“¿Me deseas, señor mío?”

Suyo, arriba o abajo.
Con mano, con pito.
Con lengua, con dígito.
Por detrás
en su coño.

Le gusta sentirse deseada
y yo me consumo
a lamidas
a espasmos
a puro deseo
y su pregunta

en el aire al vuelo.

De las incógnitas que se resuelven

No puedo dormir, el coraje que se ha acumulado en la tarde y ha terminado hoy en la noche por el proyecto de Knorr Suiza (entre otras cosas), me ha dado un dolor de estómago y un dolor de cabeza que no puedo con él. Cosas del trabajo, cosas de la vida. Uno se sienta y espera, pasan las rutinas y cuando crees que el día no va a tener absolutamente nada que decir, se resuelve una incógnita.

Ayer hablamos aquella y yo, como solemos hacer de vez en vez, en las noches. Platicamos de su novio, platicamos de mi novia. Platicamos de mis berrinches y ella tomó el papel de oyente, como suele hacer cuando me tocan los míos. Cuando tocan los suyos, entonces yo hago el papel de oyente. Nos complementamos bien en ese aspecto. So… la plática —y la duda resuelta—, va así.

Ella—: Será que son las 12 de la noche y que ya estoy trabajando con el lado mas irracional del cerebro. Quizás no debería decir lo que estoy a punto de decir. La verdad es que durante mucho tiempo me di de topes en la cabeza por no haber intentado algo contigo. Supongo que todo pasa por algo… y yo ahorita soy extraordinariamente feliz en mi relación, y tú también con la tuya… de haber sido de otra forma tal vez no estaríamos aquí. Ese es un pensamiento muy recurrente. Tal vez tengas respuestas…

Me agarró por sorpresa. Jamás me pasó por la mente. La conozco, sabía que postura debía tomar.

Yo—: Ohhh… ummm, pues respuestas no tengo… si te soy honesto, me hubiera encantado intentar algo contigo, también es algo que me rondó la cabeza a su tiempo.

Ella—: Imaginate, ¿qué habría pasado si hubieramos tenido nuestras ondas? ¿No crees que ahorita las cosas serían diferentes? y no me refiero a que nuestra relación sería diferente, sino que a un nivel mas global (en nuestro círculo “social”) las cosas serían muy distintas.

Yo, pensando y carcajeándome—: Creo que si, probablemente nos hubieran dejado de hablar. Yo echaría pestes de tal y tal. Estaría evitando las preguntas libidinosas de mis cuates. O escuchando a otro par que hacemos una pareja di-vi-na. A la más liberal, casi la escucho diciendo que chido y te apuesto que te preguntaría, y en privado porque es de mujeres—: ¿Y es bueno en la cama? A la otra le valdría madre, porque todo mundo le vale. “La que no se cumplió” estaría echando pestes de ti y de mi, y su amiga, quien sabe… a la mejor sería más discreta. Yo creo que nos hubiera ido muy muy bien.

Y luego encontré el punto—: Y si hubiésemos terminado, seguiríamos siendo buenos amigos. Somos demasiado compatibles como para que se pierda por una pelea.

Después procedimos a hablar de la innombrable (Neh, los que piensen Harry Potter y digan: Ay, no le quites el nombre a las cosas porque maximizas el miedo, están muuuuuy equivocados. Más bien es que ni el nombre se merece) y preparar una venganza terrible para cuando retomara mis clases en Agosto.

Tal vez aquella lo dijo porque dejamos de vernos, o porque era algo que tenía que decirse. Me agarró por sorpresa, pero estuvo bien. Finalmente se ha resuelto una incógnita. Otorgándole eso, la hipótesis de lo que jamás sucedió, se que ella estará tranquila y yo, al escribir esto, también lo estaré.

En fin… haciendo cuentas, se acerca el cumpleaños de mi jefecita. Quien guste saludarla (y saludarla con ganas) por procrear tan bello especimen de la raza humana, como es un servidor, cumple el 23 de junio. Sin ella, yo no estaría escribiendo. Ya pensaré como localizarla, a ver si se comunica (mi jefa lentamente se ha convertido en un mito) para festejarle su cumpleaños como es debido el próximo del próximo fin de semana.

4:30 AM, a ver si la panza me deja dormir. Baygón.

Los aviones que pasan

Alzar la vista cuando suenan los motores y ver a través de la ventana, pasan aviones.

Air France acaba de hacer gala. Ayer fueron Aeroméxico y Mexicana de Aviación…

Estaré al pendiente, nada más.

Morbosito

So, estaba en el metro aquella vez… medio dormido, ya era noche y la línea verde, extrañamente estaba casi desierta. Llevaba mi mochila en mis piernas y es de esas veces que no sabes como acomodarte, si poner los brazos encima de la mochila, o si recargar la cabeza contra el cristal, o nada más cerrar los ojos y contar los segundos entre estación y estación (como unas nueve o diez me tocaban esa vez). Había una pareja de novios atrás de mi, hablaban en voz baja, los murmullos eran muy pausados, apostaba que eran universitarios como yo. Al menos los murmullos no se escuchaban como de gente grande. Entre quedarme dormido, ocupar ambos asientos para mi persona y prestar atención a la parejita de atrás, se me fue un tercio de trayecto.

Y después, o empecé a escuchar, o me inventé toda la conversación por el puro gusto de hacerlo…

Ella—: Entonces, ¿no me vas a decir?
Él—: Que no, cuando lleguemos.
Ella—: Anda, dime de una vez. ¿Qué vamos a hacer?
Él—: ¡Qué no, que cuándo lleguemos!
Ella—: Ush —pausa—, ¿y si se fueron?
Él—: Si, tres días.
Ella—: ¿No va a llegar nadie?
Él—: No, hoy tenemos para nosotros y mañana para la peda.
Ella—: Muy bien… ¿y qué me vas a hacer?

Si, ¿qué le vas a hacer?

Él—: Necia.
Ella—: Cuéntame, andale. ¿O qué, quieres que te ayude?

Anda, ayúdalo al pobre.

Ella—: Mira, me puedes tocar acá.

¿Senos? No, de reojo… que ternura, boca. Puagh.

Ella—: Acá, (nuca, frío). Acá, (ambas mejillas, una ternura de escuincla), O acá donde te gusta, (ahí si ya no me pude asomar, apuesto que cuello y otra serie irremediables de “acás”, terriblemente coquetos y rosas).
Él—: Pues si, y aquí, y aquí, y aquí también… es más, aquí me gustaría más.
Ella—: ¿Tan rápido ahí?

Me sonreí de lo cursis, ridículos y pendejos que se oían. Y bien, ahí estaba yo, escuchando. So, ¿quién es más pendejo? Dejé de pensar en ello y acomodé mis orejas para oír mejor, a ver si en algún momento se ponía interesante.

Él—: No te digo nada porque nos van a escuchar.
Ella—: Pues que nos escuchen. Solo estamos tú, yo, y el de atrás. Pero parece que está dormido.

Me dieron ganas de alzar la mano. Jaja.

Ella—: Hasta podríamos hacer “cositas”.

Huy… es de esas ternuras cachondas, perversas perversas.

Él—: ¿Qué haces?
Ella—: ¿Qué parece que estoy haciendo?
Él—: Estate, ya casi llegamos a la siguiente estación.

Ruidito. A ver, pera… ruidito ¿metálico? Um, movimiento. Metro, si, efectivamente, siguiente estación.

Ella—: A ver, pon la mochila y la chamarra.
Él—: ¿Para qué?
Ella—: Para que no vean zonzo.

Este cabrón hace tantas preguntas que hasta dan ganas de madrearlo. ¡Actúa, por el amor infinito de Jesús y todos sus apostoles, actúa! Si preguntas… me volteo y te digo algo…

Él—: ¿Qué vas a hacer… ahhhh………….?

Movimientos y después, un silencio sepulcral. La risita de ella, él tociendo. Se daban un beso de vez en vez y a mi, todavía me faltaban tres estaciones para llegar a la que era mi casa.