La flojera (el ingenio o la muerte de la dignidad humana)

Salí a prepararme un café. Al entrar a la cocina, vi los tres recipientes de cajeta que trajeron de Celaya (memento de un casting que hicimos allá). Sabía que no había pan integral para ponerle la cajeta. So, la reacción natural es… o una, salir a comprar el pan o dos, olvidar el pan por la pura flojera disfrazada de gula.

Pero el ingenio pudo más. Restaba todavía pan de hot-dog de la semana pasada, so… saqué uno y le puse cajeta. Adiós gula, adiós antojo y adiós necesidad de comerse un pan con cajeta. (Siempre me he preguntado si “Adiós” va acentuado, ahora que lo he escrito tantas veces surge la duda de nuevo. Según la RAE —el pinche obsesionado— si lleva el acento. Ahora que lo pienso, casi nunca he escrito esta palabra… ¿será muy triste o será una negación personal?).

Está cabrón ese paréntesis… ¿qué pedo con el que cambia el tema a lo pendejo?, bue, regresando a lo del título.

Acto seguido, me engullí mi hot-cajeta improvisada. Cuando era chiquito y preparaban hot dogs para toda la familia, me acuerdo que me inventé algo llamado: “Hot-Món” (cuando mi tío Rafael escuchó el nombre de mi invento, se rió como nunca). Es la misma porquería que un hotdog, solo que en vez de usar chalchicha se usaba jamón. Eso me lo inventé porque las salchichas nunca alcanzan. Es el enigma del consumismo: ¿Cuántos paquetes de pan compro para las salchichas? Y si eres un ob-se-sio-na-di-to, comprarás el número de paquetes hasta que se adecúe al número de salchichas.

A lo del café… me di cuenta que no quedaba suficiente para llenar mi vaso. Una de dos, un hombre sensato haría un nuevo café para que todos sus compañeritos lo disfruten o dos de dos, olvidaría el café por la gula o el antojo o la adicción cafeínica. Pues… no, lo que hice fue echar lo que restaba al vaso (alcancé a llenar como un poquito más de 1/3 del vaso) y después ponerle agua.

Bien… la azúcar. Había más que una cucharada en el botecito del azúcar. Un hombre sensato hubiera llenado el botecito, y un huevón se lo hubiera tomado negro. Pero soy ingenioso, ¿recuerdan? muy ingenioso (insertar tono de voz de conquistador mundial aquí)… puse la cucharada de azúcar en mi café y decidí conformarme con ello.

La crema, afortunadamente hubo suficiente.

So, en este instante estoy disfrutando un delicioso café calcetinudo medio desabrido, mientras un hot-cajeta se hace chiquito en mi estómago. Sabe medio mierda, pero este post es para tratar de convecernos, a ustedes y a mi, que hubo practicidad en las herramientas a la mano y que este café, en verdad es delicioso.

¿A quién quiero engañar? Voy a tirar esta porquería. Ahorita vengo, voy a preparar café. Como reza el dicho: “El flojo y el mezquino andan dos veces el camino”.

Actualización: He escrito la palabra adiós, en 11 posts de 1023 que van hasta la fecha. Por supuesto, la he escrito sin el acento. Y Juan Carlos se me adelantó, él preparó el café que me estoy tomando en este instante.

5 comentarios ↓

#1 Anuar el 06.24.04 a las 12:58 am

Jeje, yo tambien a veces disfrazo la hueva de ingenio y practicidad.

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#2 ruru el 06.24.04 a las 7:20 am

me descolocaste… no se, el corazon me hizo un vuelco ,, ahora MIiro porque … no se,,,, pero …. hay …besos

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#3 maur0 el 06.25.04 a las 12:45 pm

Pues buena combinacion cuando hay hambre, pero el cafe debe estar bien preparado, se debe disfrutar.

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#4 shamballa el 06.25.04 a las 7:45 pm

es triste sin duda, no tanto como tener un bote con cajeta y no tener un pan a la mano

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#5 jessica el 06.16.08 a las 12:59 pm

hay si aveces tenemos que utilizar la inteligencia para cubrir nuestras necesidades y no quedarnos con las ganas de algo,

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