—¿Se la creyeron? —me preguntó el viejo mientras se comía un pan hojaldrado, andábamos perdiendo el tiempo en el centro ese día, lo recuerdo bien—. ¿Tú crees que ya no haya necesidad?
—Pues eso creo —le respondí—, si resulta que eres libre. ¿Qué te hace pensar que estabas restringido a…?
—Por tus hermanos.
—No son mis hermanos.
—Como si lo fueran —su cabello gris y lacio, le caía por los costados de su cabeza. Las entradas grandísimas. Su cuerpo, vestido de ropa vieja, aún se veía entero—. El error de nosotros es que pensamos demasiado.
—No tanto, zen baby… zen.
—Pendejadas de mujeres, igualito que el feng-shuo. Bah. Piensas demasiado, como todos los varones. El destino de la mujer es duro y nosotros, estaremos pensando atrás de ellas.
—Soy libre de no pensar —dije, tratando de ganarme un punto. Saqué un cigarrillo y lo prendí, el viejo hizo un gesto de enojo.
—Apaga esa porquería Agustín.
—Usted siga pensando, yo sigo fumando —miré al viejo un rato, sonreí pensando las palabras, como cuando estoy apunto de hacer una confesión personal y rara vez entenderán su importancia—. Usted toda mi vida fue como un recuerdo inventado, también mi ficción y un poco de mi pasado. Eres el conjunto de todo lo que no quiero ser, y a la vez, tienes una especie de magia que yo quisiera lograr. Eres como místico, como sabio, a pesar de destartalado y viejo. Eres… extraño. Si que eres extraño.
El viejo se acabó su pan hojaldrado tranquilamente, yo le miraba tratando de arrancarle las respuestas.
—Es un mundo loco, lleno de gente que quiere ser cuerda —dije, distraído, divagando—. Lleno de gente como tú y como yo. Ayer cuando caminaba en Puebla, antes de regresar, se me ocurrió que lo que un viejo necesita es juntarse con los niños de su edad. Los niños y los viejos parecen tener todas las respuestas necesarias, pero el puente intermedio, nosotros jóvenes y adultos, nunca entenderemos. Se pavonean enseñándonos nuestros errores y cuando pedimos una respuesta franca, como yo ante ti, pareciera que se ponen en otra frecuencia o hablan en enigmas. O tal vez dicen las cosas de una manera tan simple y estamos tan viciados, mundo loco…
Él se encogió de hombros, se levantó de la banca que habíamos elegido para encontrarnos y se fue. Puso las manos en su bolsillo, hizo los hombros hacia atrás y alzó la cara. Ahí me vi, ¿?. Lo miré alejarse. Era tarde y pronto tendríamos que regresar a casa.
2 comentarios ↓
¿Que es ser libre?
libre,… es una ilusion ,, eso y poca cosa mas , jejejeje buenas noches,,, me sigue guatando leerte,,,,,,,,,,,,,gracias ,,,,
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