¡No puedes tener todas las historias del mundo!

—Es imposible, porque todas las historias del mundo ya están dichas —me dijo Gabriela mientras prendía un cigarrillo y yo miraba, a un lado, a un otro. Pretendiendo que no prestaba atención, pero no importaba ya que cuando ella empezaba, no había marcha atrás—. Si no has escrito historias ultimamente ya, quiere decir que te las has acabado todas. Has encontrado de alguna manera, expresar todo lo que hay en tu manera particular de hacerlo. Ya no tienes más historias Gus, punto fin se acabó.

—¿De plano?

—De plano. Si no has hecho nada nuevo en tu página, quiere decir que no hay nada nuevo que decir ya.

—Es que no la has visitado, que es distinto —dije, tratando de defenderme.

—Nah, yo creo que ya te acabaste, ya te consumiste o peor aún, estás madurando a uno de esos escritorsuchos que creen tener la verdad en sus manos y se la pasarán escribiendo su constante lucha por su lenguaje ya maduro, utilizando palabras que nadie entiende, abusando de su manera bella de hacer sonar las oraciones y que repitan estas mismas sentencias algún puñado de fanáticos, que nunca conocerán o apenas conocieron por estar ensimismados.

—Puafft, ¿y eso es malo?

—Muy malo Gus, estás muriendo en vida, te estas marchitando, ya diste todo lo que puedes dar y te estas negando a aceptarlo —le dio un sorbo a su café y cuando ella apagó su cigarro, yo prendí el mío. Hizo un gesto melodramático y me dijo—: Muere, muere ya, ¡dulce capitán! ¡Jamás habrá otro viaje de cuarenta días y cuarenta noches y no habrá otra tierra, bañada de sal!

—Es el problema de ustedes actores de teatro —le dije yo, señalándola con mi cigarrote—. También creen tener la verdad en sus puños, usan todo de su escenario, se crean situaciones y tú estás creando una conmigo, estás alimentándote de mi para una de tus tantas actuaciones. No gracias, me niego a morir por el bien de tu arte. Prefiero el mío de letras, quédate con el tuyo de gestos. Tú y yo somos demasiado jóvenes para saber en qué nos estamos convirtiendo, no me vengas con ese diálogo absurdo.

—¡Mírate como pataleas en aguas donde te ahogas!

—Y el ahogado está invitándole el café —dije sonriendo—. Así es que calladita se ve más bonita.

Gabriela se rió—. Usted tiene el mando, monsieur capitán —Gabriela se quedó callada, pensativa. Me dediqué a observarla unos instantes. Era bonita y rara. Si tan sólo se bañara, estoy seguro que hubiéramos tenido algo—. No estas acabado —pinche Gabriela titubeando, no evité sonreír—. Voy a creer que no estás acabado y te seguiré visitando, a ver que nuevas luces ofreces. No puedes tener todas las historias del mundo, soberbio… pero a veces me haces creer como si pudieras escribirlas todas.

—Para estar en las grandes ligas por lo menos tienes que creértela, eso me dice mi jefe.

—Si, si… claro —dijo ella y nos terminamos el café, en silencio.

2 comentarios ↓

#1 DuVeth el 06.07.04 a las 8:19 am

Créela…. No sé si tengas todas las historias del mundo, ni siquiera sé si puedas escribir todas las que debas inventar, pero el sólo hecho de intentarlo me da satisfacción… tan sólo porque puedo intentar leer todas las historias que alimentas en tu cabeza.

[Responder]

#2 maur0 el 06.07.04 a las 5:05 pm

patrañas ud. aun no esta acabo tiene una vida por delante, sigale escribiendo. Yo podria prestarle lo que me pasa a mi para que lo relate si es que no tiene historia, pero no se rinda ahora que apenas lo conozco y su trabajo me gusta. Adelante T-T Rules

[Responder]

Deja un comentario