Esa frase la escuché el fin de semana y desencadenó una serie de pensamientos cuando logró quedarse por ahí grabada. Es de esas introspecciones, esas voces que no puedes dejar atrás, que se repiten cíclicamente —y redundántemente— hasta que resuelvas el “memory leak” o “resetees el sistema”.
Y ya no lo verían mal —pensé—… ya no lo verían mal. ¿A mi alguna vez me ha importado como me ven otros? ¿Cómo verán otros aquello o esto? ¿Qué dirán de mi o de ella, o de nosotros? ¿Qué tan prisionero soy de lo que ustedes o alguien más, me diga?
La respuesta es que si. Aunque me niego rotúndamente a aceptarlo, continuo siendo un prisionero a la opinión externa. Y lo curioso, es que hay un engaño después… una especie de sutileza que me dice: “Al fin y al cabo, te sometes porque así lo quieres”. Es una consciencia que tengo prendida las veinticuatro horas del día: Qué tanto me someto a lo que dice/pide/desea alguien más y después, ¿por qué me someto? ¿qué sucederá si así lo decido o no? ¿En qué me afecta?
Desde niño, aprendí observando que toda relación, toda comunicación o todo proceso, involucra la fuerza de dos voluntades. Puede ser que en un caso, haya más voluntades presentes o voluntades colectivas. Quienes triunfarán, serán las mas fuertes. Dualidades, puede ser. En el caso del “qué dirán”, es la opinión externa contra un sólo individuo. Y esta es una lucha que se da todos los días, contra ti o contra mi. Hay algo que tenemos todos nosotros, hay algo de lo que somos prisioneros: nuestra ropa, nuestro cabello, nuestra manera de poner la mayonesa en el pan, los trabajos que debemos elegir y la marca que tenemos que comprar. Sea una de las anteriores, sea una totalmente distinta, o sean varias otras menos junto con otras cuantas más… Habrá una de la que seas prisionero y habrá otra de la que seas libre.
De alguna manera u otra, regresé aturdido de Puebla. Pensé la frase durante la noche —cuando rezaba y pedía a mi abuela que me dijera una que otra cosita—, y parte del día de hoy. Después de pensarla, curiosamente, me sentí libre. He pensado en ello desde hace unas dos semanas, y lo pensé más cuando tenía que ver a mi mamá. Cuando niño, me decía que no quería ser un prisionero y si lo hacía, si decidía yo cuartarme la libertad, sería porque así lo quería. Porque era el camino de mis verdaderos deseos quien pedía esa cadena.
Y hoy que regresé a México, en el camino me daba cuenta que era libre. Que me había quitado las cadenas que tenía en mi niñez o que se habían esfumado misteriosamente, y al mismo tiempo, me di cuenta como adquiría nuevas cadenas. Como reforzaba a estas cadenas, engrosándolas con oro y magia, y Fenrir, me está viendo con lástima aquí a ladito. A la mejor es porque se vive agusto así, encadenándose una y otra vez. Es como nos han enseñado a vivir. Es como nos engañamos cuando soñamos. Nos gusta ponernos cadenas cuando somos libres, o al menos, nos gusta darles ese nombre… porque así nos sentimos vivos.
:T:
Cuando era yo un chamaco, hace uuuuuuuuuuuu…… años y años, porque ustedes no saben, yo me hice viejo porque quise… me prometí ser un buen hombre. Prometí que escucharía a muchas otras personas y ayudaría a todo aquel que dijera era mi amigo. Prometí que escucharía todos los secretos del mundo para nunca develarlos. Y prometí jugar con agua, cuando fuera grande y aprendiera a nadar como todo un profesional. Cuando era niño, Simón y yo, soñábamos ser como un Fénix y que unas alas invisibles se alzaran de nuestra espalda. Una proyección de luz, alcanzar el paraíso prometido, renacer cada vez que mueras.
Un comentario hasta el momento ↓
Fenrir??
Si ves a alguna valkyria por allá, ¡me la saludas!
jeje aunque aca, en valhalla esten todas jeje… Casi no las veo por estar redactando. Pero desde aquí, en mi rincon se alcanza a ver el Yggdrassil y eso es genial.
¡Animo! La libertad misma es una cadena… pero pelea por ser más libre cada día.
El chiste es no amarrar a las cadenas a algo más aparte de tí. Si sólo están amarradas a tí, no hay problema; Te puedes mover a donde quieras, dado a que tu le das el peso que quieras a cada cadena.
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