Comentario por karoline on “Powerpuff girls”
yo soy bellota! jajajajajaja……neta me parezco mucho a esa monita
— Posted by karoline at Abril 22, 2004 04:55 PM —
:T:
Neeeta.
¿Y a mi qué me importa?
Abril 22, 2004 — Todavía vives... con otro nombre..
Escrito por Agustin Fest.
Comentario por karoline on “Powerpuff girls”
yo soy bellota! jajajajajaja……neta me parezco mucho a esa monita
— Posted by karoline at Abril 22, 2004 04:55 PM —
:T:
Neeeta.
¿Y a mi qué me importa?
Abril 20, 2004 — El 100 Vidas.
Escrito por Agustin Fest.
Doña Lucha está cansada, porque ella existe desde el inicio de los tiempos, o así lo siente ella con sus setenta y siete años de vida. Se para tempranito cada mañana y como católica, budista, agnocisista, gnóstica, opus dei, rotaria, sajona, anglosajona y atea que es… reza una oración cada mañana porque la noche sea igual de divertida que la anterior. Su desayuno son dos cafés cada mañana y un pan con mermelada. El médico le ha dicho que su diabetes… pero tiene setenta y siete años, y los hijos, y los nietos, y dos bisnietos, que le quedan vivitos y coleando se han olvidado de ella, enterrándola en vida en su casa de paredes grises y puertas de blanco coral.
Doña Lucha conoce al cien vidas, pero nunca se imaginó que ella sería una de tantas de él. Ha tenido sus roces con él, como el simón dor de sevilla o como el pintor vagabundo que siempre deseó ser. También el cien vidas la convirtió al budismo y no sabía, pero ahora era él. Y es que, ¿qué no sabemos de nuestra querida Doña Lucha, que no nos sintamos familiar con ella y la hacemos parte de nuestra familia, cómo si fuera la viejita de aquellos comerciales de banco? “Pero eso… es otra historia”, pensaba Doña Lucha y sonreía su rostro hecho arrugas de gajo de mandarina. Sonreía ampliamente durante el día y atendía su tiendita, donde ganaba modestamente unos pesos y saludaba a sus vecinos, que le querían.
Doña Lucha fue una persona muy costumbrista, muy tradicional y muy rígida en sus enseñanzas. Sin embargo, con el tiempo fue olvidándolo todo y ahora se divierte cada noche… en su armario tiene trajes de cuero y juguetes de plástico, tiene un libro negro de teléfonos donde invita a dos o tres amigos a pasar con ella la noche. En la parte trasera de la casa, tiene un mueble donde hay varios VHS’s y mini-DV’s, que narran sus aventuras y sus gemidos. Fue una consciencia repentina la que adquirió—: No moriré aburriéndome, se dijo aquella vez y desde entonces, reza cada mañana para que la noche sea igual de divertida que la anterior. Desde entonces, pensaba que en su juventu, haber sido puta hubiera sido mejor.
Doña Lucha, también es personaje de varios corridos que se han hecho en su nombre. No sólo eso, también ha adquirido diversos conocimientos de santería y del más allá. Se ha comprado libros de astrología y de magia negra, le ha llamado la atención la religión wicca y también quiere ser de ellas. Los fines de semana se pasea por los mercados y compra dos huevos de gallina negra, para preparar sus omelettes de queso y perejil. Más tarde, hace los ritos necesarios con velas que le compró a un hombre que se decía, buscaba cadáveres de mujeres para hacer un cuerpo. Pero esa… es otra historia, decía la doña sonriendo dulcemente.
Doña Lucha, se acostó con un hombre de lentes negros y redondos, un poco gordo y de piel morena, con una cicatriz en la ceja derecha. Era un hombre maligno, pero no haría daño a la doña, ella lo sabía de corazón. En la cama se acostaron y platicaron del tiempo, y de lo que han vivido, después de horas de sexo.
—Tengo cien vidas, y esta es mi última —dijo aquel hombre—. Nos hemos ido terminando poco a poco, sólo queda el último de nosotros y lo estoy buscando, algún día habré de encontrarlo.
—¿Ah si? —preguntó Doña Lucha—. ¿Y qué harás cuando lo encuentres?
—Matarlo y robarle su palabra —dijo el hombre—. Porque si él termina bien, jamás podré vivir cien vidas más.
—¡Entonces has vivido más de cien!
—Tantas, que es imposible de contar.
Doña Lucha meditó en silencio y buscó en su interior, ella tenía la palabra que aquel hombre quería y asustada, se miró en el espejo al día siguiente… cuando él se había ido. Ella era el cien vidas, ¿cómo lo había logrado? Y pasaría lo mismo que con todas las vidas, lo olvidaría en cuanto quisiera ser alguien más. Olvidaría que aquel hombre le está persiguiendo. Se miraba al espejo y encontró, escondidas detrás de sus arrugas de gajo de mandarina, el deseo de su siguiente vida y no pudo evitarlo.
Siempre quiso ser una puta.
Abril 19, 2004 — 1-2-3.
Escrito por Agustin Fest.
Eres maravillosa
Abril 18, 2004 — Todavía vives... con otro nombre..
Escrito por Agustin Fest.
Día 1.
¿Qué hago, acostado mirando el techo… dónde líneas de luces rompen la oscuridad nocturna? El teléfono en mi mano, mirando al techo, al techo. Pensando, casi en silencio, ¿qué sucede?
¿Qué sucede?
No lo sé.
Es el “No lo sé”, más honesto qué me he escuchado.
Recurro a esa frase, para decir: “No lo sé y no me importa saber”. Este fue un “No lo sé, lástima”.
En cierta forma, está evolucionando mi estado anímico. Está adaptándose a su situación, a veces miro adelante y lo veo. Lo encuentro ahí, no es el mismo de hace unos años, aunque esencialmente puede serlo. Tan sólo ha modificado un poco su futuro y en estos momentos, siento que no puedo evitarlo, siento que no puedo evitarte. Es como mirarte a ti mismo, en “Pausa”. Es estar en Pausa” y saber por adelantado como terminará la película, con tú boina y tú séptimo cigarrillo. Estás ahí, sigues vivo, tan sólo has cambiado de nombre y ya te esperaba. No morirás, hasta que yo muera contigo.
¿Ahora qué buscas, viejo idiota?
Estoy solo, como nunca lo había estado. Por eso está ahí, por eso sigue con vida. Y la soledad no es mala, es él quien no debiera existir. Quien no debiera turbar y lo siento, casi puedo verlo sonriendo en este instante. Prendiendo el cigarrillo, en la parte posterior de mi cerebro, cruzando las rodillas en el eter, sentado en el banquito del corazón. Es la espera de aquél que ha triunfado y no dirá nada, tan sólo observará silenciosamente como poco a poco, todo se convierte en él. Desde Dios, hasta Satán. Los íconos, los fráctales. Sueñas en púrpura. Estás ahí y has logrado esconderte, arraigarte para que ya no pueda tocarte. Mi odio, el futuro latente.
Lo terrible de todo esto, mi querido Santiel, mi estimado de los Santos, mi admirable Bohrs… es que las preguntas, las dudas, los miedos. Tus preguntas, tus dudas, tus miedos. Los estoy asimilando, aceptando y resignándome a ellos. Has conseguido cambiar el tablero, para que yo peleara en otro lado mientras… tú obtenías otras cosas. Una lucha silenciosa que estás ganando. Esperaste a que yo pensara que es demasiado tarde. Y tal vez lo es.
Poco a poco, he dejado de escribir gracias a ti. Continuará a su debido momento, todo lo demás. Todo lo comes, lo masticas y lo digieres.
Ya no te aprovechas de los muertos. Te has deshecho de los cuervos. Yo pensaba que seguirías ahí, regocijándote con ellos. Por eso te di una muerte placentera.
Te has adueñado de los vivos. Y poco a poco, te quedarás con mi vida.
Esta vez no hay marcha atrás, te estás adueñando de toda ella y harás lo que sea necesario para quedártelo. Viejo hipócrita, malagradecido, hijo de puta. Y aún así, te quiero. Te quiero más que a nadie y sé que no puedo detenerte, harás lo que deba ser hecho. No te importaría hacerme infeliz y he perdido, no quiero detenerte. ¿Hubo alguna vez manera de hacerlo? Lo intenté, de veras lo intenté… intenté darte un final digno, ¿no es eso lo que buscabas? ¿Qué es lo que buscas hahora? ¿Qué es lo que deseas?
Por ti, estoy enfermo. Estoy enfermo de todo lo imaginable. El cáncer no era tu tristeza, el cáncer eres tú. Y estás creciendo, inevitablemente, inexorablemente.
¡Calla! ¡Calla ya!
Hoy no, hoy has ganado. Ya no sigas. Y ganaste ayer. Ganaste antier. Y has logrado anteponer esas dudas absurdas que quería evitarme, a través de los cambios en mi vida. ¡Calla ya! Dime, dime… ¿cuál es el problema real? ¿Cómo lograste… que me arrodillara ante ti? Al menos respóndeme eso.
Abril 17, 2004 — otros blogs.
Escrito por Agustin Fest.

Me gustó esta iniciativa, jo… me encanta esa palabra… i-ni-cia-ti-va. La encontré en “La casa en el 115”:http://casa115.typepad.com/blog/
¡Escribamos todos las muecas inimaginables! (“NuEz”:http://www.fulguris.org/blog dixit)
Abril 14, 2004 — Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Despertar aquí, es difícil. Es extraño abrir los ojos y saber que cuando bajas las escaleras, estás directamente en el trabajo. Es como subir y bajar, una tensión constante y que te abraza, es un stress continuo, como agujas que andan picando bajo los párpados y los costados, la pesadumbrez de los hombros, la decaída de los brazos. Si, es difícil. Y me pregunto entonces, esté en el humor en el que esté, ¿cómo vine a dar aquí? ¿realmente era mi única opción? Si, en gran medida, la era. Era una opción para buscar un avance, no un retroceso en mi crecimiento.
Nomás que ahora que lo vivo, hijoesupinchi madre, no veo nada en un principio, no sé si lo veré en un futuro. Espero que si. Hay muchos que dirán que si.
Ayer me quitaron un peso sobre los hombros, mi mamá ya está instalada en algún lado y sus cosas, ya están en la que sería su casa de Toluca. Ya no tengo porque preocuparme por ella, ya tomó el primer paso que era buscar como irse, eso es un gran avance. Ahora buscará como hacerlo, pero si ya encontró lo primero, no me preocuparé por lo segundo. Ha formado una conciencia de que estamos solos y que juntos no funcionábamos, porque ella no se atrevía a caminar sin romper la tierra. Tal vez ahora crezca en ella el resentimiento que estoy esperando en un futuro. Es algo constante que tengo en mente, si formará algún resentimiento contra mi. No lo sé, rara vez somos justos. Yo fui muy injusto con ella, y ella igual conmigo. Así que cuando nos encontremos, espero que ella entienda que estamos de alguna manera a mano. We’re squared, we’re even. Claro… ese es mi temor, tal vez ella entienda mejor las cosas que yo y este sea uno de mis tantos miedos infundados.
Hace poco, cuando platicaba con Jorge… llegamos al tema de hombres que roban mucho dinero y se la pasan yendo de lugar en lugar, empezando de nuevo la vida. Yo le dije que con unos cuantos millones de pesos (no pensé en dolares), ¿por qué no? Se empieza un negocio y vives de él. Jorge se quedó un rato pensando y después hizo ese gesto con los labios: “No, en realidad no lo haría… no me da flojera tener el dinero robado para montar un negocio, lo que me da flojera es volver a empezar. Tal vez si tuviera treinta años”.
Eso me dejó pensando y lo pasé a mi madre. Es cierto, volver a empezar, a la edad de Jorge o a la de mi madre… volver a empezar. Yo pienso en mis doce mudanzas y cada una de ellas es “Volver a empezar”. Aún así, yo tengo más tolerancia a ese evento, porque soy joven. Todavía puedo empezar una vez más, de aquí, a otros veinte o treinta años, incluso tal vez lo adquiera como una habilidad, con tantas veces que lo he hecho. O puede que haya un efecto boomerang y en cuanto me asiente, no quiera volver a levantar el culo jamás. Nada más escuchen el peso de la frase: “Volver a empezar”. ¿Cómo te sientes tú al escucharlo?
Incertidumbre, eso es lo que me sucede a mi y la incertidumbre, a pesar de que es mi miedo más grande, es el impulsor o el catalizador de todas mis decisiones. Al rato me acostumbraré y podré ver eso de buen humor.
Despertar aquí, es difícil. No me gusta. Antes, podía separar el trabajo de mi vida, estirando el tiempo. Ahora, mi vida es el trabajo. Yo me había prometido que no lo permitiría. Era uno de mis principios: “No permitiré que mi trabajo sea mi única vida”, y ahora lo es. Ley de Murphy and Close, but no cigar. Es inevitable, al despertar… me encuentro aquí. Tan siempre lleno de gente y de ruido. De gente que necesita ser escuchada, y a mi me encanta escuchar, pero esta vez son demasiados. Ya no hay manera de separar a estos compañeros de trabajo, porque también ya son compañeros de mi vida. Las preguntas que corresponden a mi trabajo, ahora se han vuelto las preguntas absurdas que debo resolver para seguir viviendo en paz.
Supongo que viene con el paquete, ya me sabré adaptar a la situación.
Me acuerdo entonces de Gustavo, el argentino, y Johnny, el venezolano. Extranjeros ambos, y sin embargo, muy similares en la cuestión del trabajo: De alguna manera se las arreglan para no pensar en las idioteces que yo pienso. Johnny no piensa en lo que quiere tener, piensa en como ganar el dinero, en como ahorrarlo. Le preocupa cuando no lo hace. A mi no me preocupa ahorrar el dinero, le echaré la culpa a que soy Sagitario y todo lo gasto, gracias a las estrellas. Sin embargo, haré el intento.
Algún día me quiero ir de aquí.
Abril 13, 2004 — El 100 Vidas.
Escrito por Agustin Fest.
Cuando pienso en un hombre cansado, se me vienen a la mente dos imágenes. Una es de un “gato de cinco patas”:http://www.mexsa.com/arboltsef/cibernauta/archivos/el100vidas/003385.php, no sé por qué exáctamente. Debe ser que la quinta es una papada super-desarrollada que ha mutado para imitar a una quinta pata. En serio que no lo sé, es uno de esas quimeras que tiene uno como ser humano o tal vez, es una trampa (¿de qué? Si adivinan, les regalo un dulce).
Pero dejando eso de lado, dejenme platicarles de la segunda imagen. Era un hombre tan cansado —y no parecía un gato de cinco patas—, que tenía una barriga del tamaño de tres barriles vikingos de vino tinto y se levantaba de la cama, solamente para ir al baño. Nomás porque era una necesidad. A mi —y a un grupo de amigos— me tocó la penosa situación de ayudarlo un par de veces a levantarse y dirigirlo correctamente al baño.
Y lo teníamos que esperar afuera, en cuanto escuchábamos ronquidos, teníamos que tocar la puerta para despertarlo porque se quedaba continuamente dormido. Primero nos dijo que tenía narcolepsia, luego, nos dijo que su sistema digestivo estaba realmente mal, después, arguyó que sus problemas eran hormonales. Nadie podía entender a ese hombre, tan cansado. A menudo nos preguntábamos como lo conocimos, como lo hicimos nuestro amigo, ¿era de la infancia o sencillamente había llegado como un extraño a instalarse en nuestras vidas? Ese tipo de amistades, en mi experiencia personal, suelen ser muy placenteras.
Sin embargo, era cansado cuidar al cansado y más cansado aún, no saber como llegó su cansado ser a nuestras cansadas vidas del cansancio máximo.
Nos acercábamos tantito y su aura de desgane se nos pegaba. Le imitábamos y nos sentábamos en el porche de su casa. Mirábamos el paisaje —otras casas similares, con porches similares—, y a olvidar el frío con un cigarrillo y a combatir el calor con una cerveza. Él contaba, pausadamente y cuando no dormía, de todos los amaneceres —solía decir que el cuarentaitrés era el más hermoso— que había visto y enumeraba las cosas que le habían llamado la atención, después sonreía cansinamente y decía—: Eso es todo, tengo mucho sueño el día de hoy y me iré a dormir.
Realmente estaba cansado. Le miraba los ojos, me acuerdo bien, ojos encerrados en una cara de piel arrugada y cejas gigantes, y descubría que detrás de todo ese cansancio había muchas vidas sin contar. No puedo explicar el sentimiento que me dio, entre lástima y sorpresa. De alguna manera, le estaba doliendo vivir, pero le dolía más, no saber que seguía después de la vida. ¿Se entiende lo qué intento decirles? No, me parece que no. Ni yo lo entiendo.
Cuando pienso en el cansado, me acuerdo de sus manos lentas, gordas y rechonchas. Manos grandes y a veces, parecía que tan vacías. Como el desayuno de dos cafés cada mañana —y dos cigarrillos—, que se hace sin razón aparente. Y dentro del cansado, existía el silencio más grande del mundo en esas palabras que se decían entre comas y comas, oscuras y mal puestas. Era curioso, pero el cansado no sólo nos pegaba su aura de agotamiento… también nos otorgaba una vitalidad que no creíamos que existiera. ¿Me explico? Gracias a que él estaba cansado todo el tiempo, podía ver cosas que no mirábamos. Nos señalaba desde grupos de grillos, hasta los hormigueros escondidos. Nos decía de las constelaciones, con una asombrosa exactitud y cuando habría luna nueva, sin necesidad de reloj o calendario.
Me intrigaba, porque dentro de todo su cansancio, parecía ser el mejor en todo lo que se propusiera. Es más, podría apostar que si el tipo negaba la incapacidad de sus piernas gordas, correría los cien metros batiendo cualquier record mundial. Ya que el cansado era el más chingón de todos, a excepción de cuando lo ayudábamos a ir al baño cuando estaba sin ganas de levantarse. Aún en eso… admitíamos que en eso era muy bueno: quedarse jetón en el baño.
Así como llegó a nuestra vida, a nuestro barrio tranquilo… se fue. Yo fui el único que lo miré partir, sus ojos de regalo le brillaban y movió sus manos regordetas en señal de travesura.
—¿Alguna vez has soñado con ser Doña Lucha?
Parpadée perplejo.
—Yo si, el día de hoy… y mañana temprano lo seré.
Alzó su gran cuerpo y caminó, alejándose en el pavimento. Sonreí confundido y me acaricié el cabello—: Buena suerte con tu cambio de sexo, ojalá tuvieras cien vidas para arrepentirte de uno u otro.
Creo que me alcanzó a escuchar, porque se fue riendo… mientras se acariciaba la barriga…
Mientras se acariciaba la barriga…