Doña Lucha está cansada, porque ella existe desde el inicio de los tiempos, o así lo siente ella con sus setenta y siete años de vida. Se para tempranito cada mañana y como católica, budista, agnocisista, gnóstica, opus dei, rotaria, sajona, anglosajona y atea que es… reza una oración cada mañana porque la noche sea igual de divertida que la anterior. Su desayuno son dos cafés cada mañana y un pan con mermelada. El médico le ha dicho que su diabetes… pero tiene setenta y siete años, y los hijos, y los nietos, y dos bisnietos, que le quedan vivitos y coleando se han olvidado de ella, enterrándola en vida en su casa de paredes grises y puertas de blanco coral.
Doña Lucha conoce al cien vidas, pero nunca se imaginó que ella sería una de tantas de él. Ha tenido sus roces con él, como el simón dor de sevilla o como el pintor vagabundo que siempre deseó ser. También el cien vidas la convirtió al budismo y no sabía, pero ahora era él. Y es que, ¿qué no sabemos de nuestra querida Doña Lucha, que no nos sintamos familiar con ella y la hacemos parte de nuestra familia, cómo si fuera la viejita de aquellos comerciales de banco? “Pero eso… es otra historia”, pensaba Doña Lucha y sonreía su rostro hecho arrugas de gajo de mandarina. Sonreía ampliamente durante el día y atendía su tiendita, donde ganaba modestamente unos pesos y saludaba a sus vecinos, que le querían.
Doña Lucha fue una persona muy costumbrista, muy tradicional y muy rígida en sus enseñanzas. Sin embargo, con el tiempo fue olvidándolo todo y ahora se divierte cada noche… en su armario tiene trajes de cuero y juguetes de plástico, tiene un libro negro de teléfonos donde invita a dos o tres amigos a pasar con ella la noche. En la parte trasera de la casa, tiene un mueble donde hay varios VHS’s y mini-DV’s, que narran sus aventuras y sus gemidos. Fue una consciencia repentina la que adquirió—: No moriré aburriéndome, se dijo aquella vez y desde entonces, reza cada mañana para que la noche sea igual de divertida que la anterior. Desde entonces, pensaba que en su juventu, haber sido puta hubiera sido mejor.
Doña Lucha, también es personaje de varios corridos que se han hecho en su nombre. No sólo eso, también ha adquirido diversos conocimientos de santería y del más allá. Se ha comprado libros de astrología y de magia negra, le ha llamado la atención la religión wicca y también quiere ser de ellas. Los fines de semana se pasea por los mercados y compra dos huevos de gallina negra, para preparar sus omelettes de queso y perejil. Más tarde, hace los ritos necesarios con velas que le compró a un hombre que se decía, buscaba cadáveres de mujeres para hacer un cuerpo. Pero esa… es otra historia, decía la doña sonriendo dulcemente.
Doña Lucha, se acostó con un hombre de lentes negros y redondos, un poco gordo y de piel morena, con una cicatriz en la ceja derecha. Era un hombre maligno, pero no haría daño a la doña, ella lo sabía de corazón. En la cama se acostaron y platicaron del tiempo, y de lo que han vivido, después de horas de sexo.
—Tengo cien vidas, y esta es mi última —dijo aquel hombre—. Nos hemos ido terminando poco a poco, sólo queda el último de nosotros y lo estoy buscando, algún día habré de encontrarlo.
—¿Ah si? —preguntó Doña Lucha—. ¿Y qué harás cuando lo encuentres?
—Matarlo y robarle su palabra —dijo el hombre—. Porque si él termina bien, jamás podré vivir cien vidas más.
—¡Entonces has vivido más de cien!
—Tantas, que es imposible de contar.
Doña Lucha meditó en silencio y buscó en su interior, ella tenía la palabra que aquel hombre quería y asustada, se miró en el espejo al día siguiente… cuando él se había ido. Ella era el cien vidas, ¿cómo lo había logrado? Y pasaría lo mismo que con todas las vidas, lo olvidaría en cuanto quisiera ser alguien más. Olvidaría que aquel hombre le está persiguiendo. Se miraba al espejo y encontró, escondidas detrás de sus arrugas de gajo de mandarina, el deseo de su siguiente vida y no pudo evitarlo.
Siempre quiso ser una puta.
3 comentarios ↓
Esto se está poniendo interesante. Ahora en medio de los sarcasmos e historias has vuelto a incluir el hilo de una historia mayor y la duda del cien vidas de saber si recordará quien es.
Me agrada
Excelente.
Definictivamente esa vida oculta de Doña Lucha es genial. Me encantan los escritores que hilan a los personajes en sus diferentes historias.
Siga así, Mr. Fest…
(Ya quiero leer la siguiente vida)
Muy bueno, la tensión en su punto y dejándonos picados para el próximo capítulo… Arrugas de gajo de mandarina, que bonita imagen
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