Día 1.
¿Qué hago, acostado mirando el techo… dónde líneas de luces rompen la oscuridad nocturna? El teléfono en mi mano, mirando al techo, al techo. Pensando, casi en silencio, ¿qué sucede?
¿Qué sucede?
No lo sé.
Es el “No lo sé”, más honesto qué me he escuchado.
Recurro a esa frase, para decir: “No lo sé y no me importa saber”. Este fue un “No lo sé, lástima”.
En cierta forma, está evolucionando mi estado anímico. Está adaptándose a su situación, a veces miro adelante y lo veo. Lo encuentro ahí, no es el mismo de hace unos años, aunque esencialmente puede serlo. Tan sólo ha modificado un poco su futuro y en estos momentos, siento que no puedo evitarlo, siento que no puedo evitarte. Es como mirarte a ti mismo, en “Pausa”. Es estar en Pausa” y saber por adelantado como terminará la película, con tú boina y tú séptimo cigarrillo. Estás ahí, sigues vivo, tan sólo has cambiado de nombre y ya te esperaba. No morirás, hasta que yo muera contigo.
¿Ahora qué buscas, viejo idiota?
Estoy solo, como nunca lo había estado. Por eso está ahí, por eso sigue con vida. Y la soledad no es mala, es él quien no debiera existir. Quien no debiera turbar y lo siento, casi puedo verlo sonriendo en este instante. Prendiendo el cigarrillo, en la parte posterior de mi cerebro, cruzando las rodillas en el eter, sentado en el banquito del corazón. Es la espera de aquél que ha triunfado y no dirá nada, tan sólo observará silenciosamente como poco a poco, todo se convierte en él. Desde Dios, hasta Satán. Los íconos, los fráctales. Sueñas en púrpura. Estás ahí y has logrado esconderte, arraigarte para que ya no pueda tocarte. Mi odio, el futuro latente.
Lo terrible de todo esto, mi querido Santiel, mi estimado de los Santos, mi admirable Bohrs… es que las preguntas, las dudas, los miedos. Tus preguntas, tus dudas, tus miedos. Los estoy asimilando, aceptando y resignándome a ellos. Has conseguido cambiar el tablero, para que yo peleara en otro lado mientras… tú obtenías otras cosas. Una lucha silenciosa que estás ganando. Esperaste a que yo pensara que es demasiado tarde. Y tal vez lo es.
Poco a poco, he dejado de escribir gracias a ti. Continuará a su debido momento, todo lo demás. Todo lo comes, lo masticas y lo digieres.
Ya no te aprovechas de los muertos. Te has deshecho de los cuervos. Yo pensaba que seguirías ahí, regocijándote con ellos. Por eso te di una muerte placentera.
Te has adueñado de los vivos. Y poco a poco, te quedarás con mi vida.
Esta vez no hay marcha atrás, te estás adueñando de toda ella y harás lo que sea necesario para quedártelo. Viejo hipócrita, malagradecido, hijo de puta. Y aún así, te quiero. Te quiero más que a nadie y sé que no puedo detenerte, harás lo que deba ser hecho. No te importaría hacerme infeliz y he perdido, no quiero detenerte. ¿Hubo alguna vez manera de hacerlo? Lo intenté, de veras lo intenté… intenté darte un final digno, ¿no es eso lo que buscabas? ¿Qué es lo que buscas hahora? ¿Qué es lo que deseas?
Por ti, estoy enfermo. Estoy enfermo de todo lo imaginable. El cáncer no era tu tristeza, el cáncer eres tú. Y estás creciendo, inevitablemente, inexorablemente.
¡Calla! ¡Calla ya!
Hoy no, hoy has ganado. Ya no sigas. Y ganaste ayer. Ganaste antier. Y has logrado anteponer esas dudas absurdas que quería evitarme, a través de los cambios en mi vida. ¡Calla ya! Dime, dime… ¿cuál es el problema real? ¿Cómo lograste… que me arrodillara ante ti? Al menos respóndeme eso.







2 comentarios ↓
“Habría que bajar a una calle desierta y con las manos en la bolsas, despacio, caminar con mis pies e irles diciendo: uno, dos, tres, cuatro… Este cielo de México es obscuro, lleno de gatos, con estrellas miedosas y con el aire apretado. (Anoche, sin embargo, había llovido y era fresco, amoroso, delgado.) Hoy habría que pasármela llorando en una acera húmeda, al pie de un árbol, o esperar un tranvía escandaloso para gritar con fuerzas, bien alto.” (Tomado de “A estas horas aquí” de Jaime Sabines. La señal. 1951 )
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eres el mejor !!!besos
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