Entradas escritas en Marzo, 2004 ↓

El Segundo Sueño, habla de magia oscura…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 2 de 16


Escribió Miriod en su diario mientras observaba la torre desde su ventana. Había llegado a Garalla hacía unos días, arrastrando tras de si una nube de polvo por el encantamiento de velocidad. Era un brujo de artes oscuras y se había educado como tal, durante veintinueve años. No era el mejor, pero tenía el corazón duro y la ambición para lograrlo. Su saya negra portaba orgullosamente tres esquirlas de oro… tres maestros de magia negra a los que había matado a duelos. Podía tener más, y lo sabía, pero no quería arriesgar la suerte y quería mantener un bajo perfil, especialmente ahora que la había descubierto…

En su ventana, se alzaba la Torre de los Sueños. Siguey leyendo →

El honesto

—¿Mi hijo es lindo?
—Está feo.
—Puta madre, ¿siempre tienes que ser tan honesto?
—…a… h…u…e…v…o…


—¿Crees qué me cure, realmente?
—¿Qué dijeron los médicos?
—Que me auguraban buenos meses de vida…
—Pues cuando pasen te mueres y ya, tienes cáncer… ¿en qué cabeza cabe?
—…
—Buenos meses, si. Sin terribles dolores o espasmos que te hagan doblarte en el asiento. Sin contar las veces que estés tociendo sangre frente a tus ojos. ¿Te imaginas? Debe ser horrible.
—…
—Además, tús organos quedarán inservibles. ¿Cómo se le ocurre a tu papá donarlos? ¿Qué no tiene corazón? Si tienes el cáncer en todo el cuerpo, no puedes donarlos para que otro se enferme de lo mismo que tú.
—(sniff, sniff)
—Anda pequeña, no llores. Soy tú amigo y creeme, que de mi nunca escucharás una mentira. ¿Acabas de cumplir 12, dices? ¡12 años félices y qué transcurrieron con salud!


—Eres un amargado.
—No, tan sólo soy honesto.
—¿De qué te sirve la honestidad? ¡Hay mentirillas blancas que podrían salvar una vida!
—¿Mentirillas blancas? ¿Cómo esa donde no le dices a tu mamá que eres homosexual? ¿Tú crees que le estás salvando así una vida? Anda, piénsalo bien. Más bien, la estás dejando vivir una continua mentira y cuando se entere, el golpe no será suave amigo mío. ¿Quieres saber otra cosa? Tú mentira. No puedes hablar libremente con tu madre, porque crees que escondiéndole algo tan básico y elemental como eso, haces bien. Mientes. ¿Desde hace cuándo tienes una plática tranquila con ella, sin estar fingiendo?
—Eres un amargado.
—No… bueno, si… tal vez un poquito. Pero muy honesto.


—Hoy mi horoscopo me dijo que me auguraba fortuna, mucha fortuna.
—¡Ay Memelas! Si nunca has tenido fortuna en tu vida, no la tendrás ahora.


—Me encontré una cartera con 600 pesos, ¿tú crees que deba regresarlos?
—¿Trae identificación?
—Si.
—¿La dirección de la persona, teléfonos?
—Si.
—Muy bien. Entonces vamos a regresarlos, nada como la honestidad.
—Muy bien.
—Pero… seamos honestos con nosotros. ¿Queremos regresarlos?
—Ejem… yo si, ¿y tú?
—Si, claro, yo también. Muy bien…
—Ummm…
—Fiu fiu fiu…
—Son 600 pesos…
—Si, 600 pesos…
—¿Quieres regresarlos?
—Claro, persona más honesta que yo, no existe.
—Bien…
—Bien…
—Antes de regresarlos, podemos ir por una cerveza.
—¿Traes dinero? Yo no tengo ni un quinto.
—Yo tampoco…
—Bien…
—Bien…
—Ay Miguelito, ¿por qué te haces pendejo? Si nunca quisiste regresarlos.
—¿Pus si verdad?, vamos a echarnos unas chelas.
—¿A tú cuenta?
—¡Pues claro! ¡Con estos 600 varos!
—Jaja, cabrón… si fuera yo, si los regresaría.
—Callate pinche amargado o no te invito.
—Lo que usted diga. La honestidad puede esperar… además, los borrachos y los niños, siempre dicen la verdad.


—Dime la verdad, ¿me quieres?
—Ni un poquito.
—La verdad…
—No, no te quiero y las cenas que tenemos, las hago porque quiero tener sexo contigo, es más, desde que te conozco te he dicho textualmente: “Solo quiero sexo”.
—Pero me debes tener un poquito de cariño…
—Nada. Bueno, le tengo cariño a tus pechos. Se duerme riquísimo ahí, nada más me recargo y puff… duermo como un bebé. ¿Han crecido ultimamente? Cómo que los veo más grandes.
—Entonces, creo que nuestra relación no tiene ningún futuro…
—A excepción que sea un futuro de cogidas… no, no lo tiene.
—Yo si te quería, ¿sabes?
—Lo sé nena, lo sé. ¿Cojemos para despedirnos?
—…
—…
—Bueno.


—¡Santa Claus ya viene este diciembre!
—Si, si viene este diciembre…
—… ¿Hoy no me vas a decir que son mis papás?
—… Jaimito, hay algo que tengo que decirte…
—¿Qué?
—Yo soy Santa Claus, yo entro en las noches a tu casa y así, vestido de Santa, le hago el amor a tu mamá cada 25 de diciembre. ¿Y usted creía que sólo iba por la leche y las galletitas? Además, que tiene unos senos a los que le tengo mucho cariño y en ellos siempre caigo dormido…
—…son maravillosos, ¿verdad?
—…¿¡!?


—¿Hay algo que quisiste ser en tú vida?
—Yo fui diferente a todos los niños.
—¿A qué te refieres?
—Nunca quise ser presidente. ¿A joder a todo un país por la lana? ¿Pá qué? Nunca quise ser astronauta. ¿Qué carajos tiene el espacio, qué es tan maravilloso que no tengamos aquí? Nunca quise ser doctor, porque no me gusta salvar vidas. Y nunca quise ser dentista, porque no me gustaría tener pacientes retorciéndose de dolor mientras me enseñan su espantosa higiene bucal. Pero hay algo que siempre quise ser…
—¿Qué?
—Siempre quise ser chofer de taxi.
—…que extraño eres…
—a huevo.

El a-huevo

Despertó de una horrible pesadilla donde creyó que era una hormiga guardiana mutante, del regimiento número 30450. Se puso nervioso y tenso antes de su presentación en el auditorio nacional, y es que nunca había tenido un sueño tan realista. ¡Soñaba que se comía a sus seguidores y que aplastaba edificios!, suspiró y se levantó… se miró al espejo, arregló su maquillaje y se maldijo por quedarse dormido. Su asistente tocó la puerta y dijo que ya estaban en la tercera llamada, que mejor se apresuraba.

—¡A huevo qué estoy listo! —alcanzó a gritar en respuesta. Decían que el número de boletos superaban al señor de las gladiolas en el Estadio Azteca y definitivamente, era más famoso que el Popochas.

—sahuevo… —se dijo, antes de sonreír luces en el espejo—. ¡Cómo debe ser!.

Se puso su capa roja, su sombrero de copa, tomó su bastón de caoba con terminación de plata, se dio de besitos en el espejo y salió a presentarse. Sus brazos se alzaron esplendorosamente con el rugido de las ovaciones y las luces, hicieron brillar las lágrimas ante su público fiel.


Así, el a-huevo, como era conocido, hizo una huevosa referencia y los aplausos tronaron como cascaras de huevo y es que a huevo, que esta noche no habría berrinche porque no habían huevos que comer y huevos al que diga lo contrario, porque a huevo aquí se hace lo que el a-huevo diga. Ni un a huevo triste, ni un a huevo furioso, será ahuevosamente exclamado esta noche. Sólo se escucharan huevos con jamón y con frambuesa, por eso de los huevos franceses que son extraños en las crepas y tampoco nos llenaremos de hueva, porque el venerable a-huevo está con nosotros. ¡Y estoy cansado de escribir tantos a huevos! ¡Tan cansado como alguien que jadea “a huevito, a huevito”, mientras se masturba furtivamente con el sonido de sus pieles chocantes, mano y huevos, admirándose en el espejo! Tampoco habrán enigmas sustanciales, como el de la gallina y el huevo, ¡por qué está clarísimo que primero fue el a-huevo! Esta claro el día de hoy, pero no tan amarillo como la yema del huevo y sabe deliciosa la clara del a huevo, según han dicho sus tres novias y doscientas amantes.

¿Qué si me he cansado del a-huevo? Tal vez me he cansado de la cáscara, ¡pero el centro sigue sustancioso! ¡A huevo! Y si no pregúntenle a la hija del embajador, quien suspiró cuando vio a su amante y un (a.h.u.e.v.o) misterioso se escuchó tanto en la distancia como en el olvido. ¡Probemos a hacerlo sin hache! ¿Pero no creen que un uevo no tiene sabor así? ¡Probemos a hacerlo como suena! Pues qué rico güevo acabo de escribir y como reza el dicho: No me cojo solo porque no me alcanzo. ¡Y si querés hacerle honor a la palabra! Dile huevos a un extraño para que te mire feo o a un amigo para que te regale una sonrisa, ¿no creen qué es extraño como sonríe alguien cuando le dices huevos, con todo y manos? ¡Ah, pero si las mujeres gritaban eufóricas cuando Michael Jackson se los agarraba y gritaba como castrato! Así, así, se agarraba bien los huevitos y pa’dentro… Pues que bueno que lo metieron al bote, no hay excusa para confundir el sano desayuno de unos huevos estrellados que estrellarse los huevos a los ojos de un niño inocente. ¿Qué si queremos huevos cocidos a la bastida? No gracias, eso puede ser muy doloroso y no quiero gritar: ¡A huevo! ¡A huevo qué me duele! Porque no es de caballeros… y nada de agujero aunque sea de caballero, ¡primero me coso los huevos!

He dicho, a huevo, ajem.

Y debo ser honesto… no sé que ser en mi siguiente vida…

¡A huevo que si sé!

El Primer Sueño, es el más confuso de todos…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 1 de 16


Eso decía un gran monolito en Garalla, el pueblo a un lado del bosque. Era un pueblo chico, donde vivían veinte familias y tres tiendas distribuidas en triángulo. Como se originó el pueblo es una historia sencilla y los libros de historia concuerdan con que la culpable fue la Torre de los Sueños. No hace mucho tiempo las primeras cinco familias, quienes escapaban de una guerra, habían encontrado en ese bosque un refugio donde instalarse. La vegetación era abundante, por ende podían comer fruta todos los días y había una cantidad excesiva de jugolares, así que carne no faltaba. También había conejos, ranachas y gunitivas, pero nada era tan delicioso como un jugolar asado y bien condimentado. Los huesos y los cuernos, los guardaban para tallarlos: fabricaban armaduras y tallaban espadas con formas intrigantes, llenas de runas en ambos lados. La difícil costumbre de olvidar el pasado.

Sin embargo, no sólo existen las ganas de estabilizarse… más fuerte era el deseo a la aventura. Las primeras cinco familias, compuestas de padres, hijos, abuelos y bisnietos no sólo se conformaban con la humedad del bosque, los deliciosos jugolares, el jugo de manzana o las nevadas sorpresivas de verano. No. A unos doscientos cincuenta metros, imponente se alzaba una torre de piedra y musgo. Era una torre oscura en el día, y luminosa de noche. Los viejos empezaron a fabricar en sus mentes, al mirar la altura, el mito de que la torre llegaba con su altura a una de las dos lunas (Dolmení y Finerá, las diosas lunares). Y de día no era bueno intentarlo, decían, ya que interrumpirían al sol bebiendo noche para dormir tranquilo.

Las cinco familias adoptaron a la Torre de los Sueños como parte de su paisaje y en muchos años, no se decidieron a interrumpir su descanso. Los primeros viejos, murieron enfermos de tiempo, exhudando su alma en fantasías y sueños, quienes pasaron a los adultos como agua que se bebe un día templado. El mito se hizo historia y el pueblo prosperó, sin necesidad de averiguar que había en la Torre. Sencillamente soñaban con las posibilidades que les habían heredado los bisabuelos y abuelos, y ahora heredaban a sus nietos y bisnietos. En los años, las familias se mezclaron entre sí y también llegaron nuevas familias, las cuales fueron aceptadas sin ningún problema. El pueblo creció lentamente y la torre se alzaba, admirablemente, contemplando con curiosidad a sus nuevos vecinos.

Los Wunden fueron de los primeros extranjeros y los que decidirían la historia del pueblo. Tres hermanos, cuyas cicatrices en el rostro hablaban de viejas batallas, en las ropas cargaban el grito de enemigos vencidos y en la carne aún mostraban cuadros pintados en sangre seca. Eran trillizos, y no eran diferentes entre sí. Tan así, que los tres se llamaban igual, Vort Wunden. Ni siquiera se distinguían por números o un segundo nombre. Funcionaban como una sola persona. Aunque no deben mal-interpretarlo, solitarios eran igual de letales. Para comprobarlo existen los registros de guerra de cuando los separaron a tres regiones distintas del continente y sonará extraño, pero los tres tenían en su haber el mismo número tachado de cabezas.

Un Wunden fue a Fundan. Un Wunden fue a Gurter. Un Wunden fue a Treno. Un Wunden fue a…

Ahora estaban juntos y los tres, caminaban hombro con hombro hacia Garalla, el pueblo de la torre. Aunque el espíritu guerrero volaba encima de ellos, inolvidable y mortal, deseaban descansar. Estaban interesados por tener una casa, una familia, un lugar donde cada uno pudiese tener un nombre y tal vez… una moneda o dos. Siguey leyendo →

radio.Blog - Simón Dor

Ajusté el radio.blog: con las canciones mencionadas en Simón Dor, algunas fueron una gran inspiración, otras tantas fueron un impulso comercial y las demás… tan sólo sentía que adornaban el paisaje. Así, también me atreví a tomar el micrófono de siete pesos que tengo y con mi voz, definitivamente, no de locutor… traté de interpretar algunos pasajes de Simón. Para no cansarles con ellos, elegí pocos (espero… los veo y aún así se me hacen demasiados, aparte que mi voz no da para el personaje).

La lista de canciones son las siguientes (cada una es una liga al respectivo texto inspirado).

La Balada de José Fors (“Día 13, Lorena Salinas” y “Día 17, gracias Cortázar”).

Smooth Criminal cover de Alien Ant Farm, In the End de Linkin Park y Blink 182 con Stay Together for the Kids. (“Día 27, mundo real… presiones”)

Te Enamoraste de Ti de Ricardo Arjona. (“Día 40, el afán por creer”)

Fugees, Ready or Not. (“Paseando estaba ayer el Señor Dor”)

The Crystal Ship, de The Doors y Pixies, Where is my mind?. (“Primera Parte” y “Segunda Parte”)

Presuntos Implicados - Vereda Tropical (“Simón Dor está loquito y empieza a cantarla en el Cuarto de Trofeos”)

The Coral, Dreaming of you (“La carta para ella, el unicornio negro en sí, fue escrita con esta canción”)

Iva Zanicchi con La riva bianca, la riva nera (Esta canción, también encierra el final de Padre Taxi. Sin embargo, en Simón se utiliza en “Carta para mi muerte”)

Los fabulosos cadillcas con el inolvidable Satánico Dr. Cadillac (La canción que representa el “Duelo entre Simón y el Niño Mago”)

La Castañeda con Cénit (Acústico para empezar) y Carlos Gardel - Por una cabeza (Tango para terminar). (Este par de canciones, encierran una de las escenas más emotivas de Simón Dor… “La tercera parte del Cuarto de Máquinas”)

Los Visconti interpretando el tango “Quiero verte una vez más”. (En esta escena, el Cuarto donde Beatriz y Simón se encuentran… parece que Simón ha tomado una decisión sin saber del súcubo)

Blue de Cowboy Bebop.

Y el viaje termina con el Tango del Cambalache.

No así Simón Dor… quien siempre escuchará el Adagio de Albinoni (Día 18, Polvo de arte y el fin del viaje).