Entradas escritas en Marzo, 2004 ↓

El chofer de taxi

En estas circunstancias el patrón me sugirió, prestarme aquel cacharro que en fondo apareció y cuando el Cadillac reparaban yo usaba aquel perol

Pip, pip… ¡Esa cafetera era un perol!

La red era albarada y el arranque era de mano, el freno frenaba un poco retrazado, temblaba como loco atacado del San Vito, Sí señor, bip, pip daba pena ver aquel perol.

Roberto Carlos.
La Carcahita.


Bien, bien, bien… seguramente se preguntaron ¿y ora quí hace el cienvidis de su vidita? Pus el hijazo de mi vidaza, después de vivir una vida plena de rectitud y “honestidad”:http://www.mexsa.com/arboltsef/cibernauta/archivos/el100vidas/003271.php decidió seguir el sueño de toda su vida y aplicó con un don para que le diera un taxi que manejar. Era cierto, toda su vida había soñado con ello desde que era un crío, pero al igual que un crío… no tenía ni la menor idea de como manejar un coche. Así que, bien autodidacta y perfeccionista como es, se subió a una carcacha que un viejo mecánico y amigo suyo tenía… y madres, poste, tras poste, tras poste de luz. Agradezcan que no vivía en Nueva York o el hubiera sido el motivo del Gran Apagón que alguna vez se dio. Entre los postes empezaron a circular noticias de un asesino en serie e inmóviles como eran, sólo rezaban para despertar al día siguiente. Igual, los electricistas ya soñaban al cabrón. Nomás que lo agarraran un día y su carcachita no funcionara…

Eventual y afortunadamente aprendió a manejar. Era el chofer de taxi más chingón jamás existente y como tal, el peor conductor jamás existente. Orate al volante y el tráfico no es un grupo de pendejos, el solito se daba abasto. ¿Qué existe un reglamento de transito? —¡Es qué no me dejan ser!— exclamaba el chofer de taxi y sonreía demencialmente… las reglas se hicieron para romperse. La libertad artística en los volantazos y rehiletes que se creyeron imposibles, sobre viaducto y periférico. ¡Y es qué era eficaz cómo el solo! Prendía el taxímetro, preguntaba a dónde le llevo y tan pronto recibía respuesta, acelerador a fondo. ¡Bienvenido al infierno!

Pero en la Avenida Cienvidis (también conocido como el Eje Central), no se diga… ahí el Chofer de Taxi hacía maravillas. Se conocía las calles como la palma de su mano y anotada en una relación de puntos decía lo siguiente: “Chamaco con diablito 200 puntos”, arriba de “Mujer con Carriola y Bebé baboso 450 puntos” y abajo de “Tragafuegos o Limpiavidrios 150 puntos” (Puntos extras por viejitos en silla de ruedas y parapléjicos. ¡Mal chico! ¡Mal, mal chico!). Como tenía un buen seguro de gastos médicos, el puntaje del chofer era excesivamente demoniaco. Les dije, señores y señoritas, damas y caballeros, que este era el taxista más chingón del mundo.

Oh… pero eso era, cuando no le ponían límite de tiempo… porque ustedes, como yo, alguna vez han tenido prisa y le han dicho al taxista: “Ejem, buenito señor, si es posible llegar en 15 minutos se lo agradecería”. La mayoría de ellos contestan amablemente: “Señor, pero es que mi bocho no tiene alas”. Este en particular, decía: “Si, señorrrrrrrrrr”. Y miren, les juro por esta que si le decías que en cinco minutos debías llegar de poniente a oriente de la ciudad, a las dos de la tarde cuando salen todos los chamacos de la escuela y los profesionistas a comer, parecía cosa de brujería y que su taxi debía tener algún transportador espacio-temporal portatil de iones reforzados con zinc y hierro, para las vitáminas y el buen descenso… porque güey… volaba, el cabrón volaba y se abrían los cielos y los infiernos, se partían los mares ante un Moisés confundido y no me he fumado nada, porque lo que digo es completamente cierto… tan cierto como que yo me subí a su taxi y en el periódico apareció: “Por culpa del chupacabras, o alguna otra manifestación sobrenatural, han explotado veinte coches y el viento se ve allá a lo lejos”.

Al final del día, se veía al taxista contento… terminando la jornada, mientras el sol caía y apaciguablemente, conducía a su hogar. Sudor en su frente y lágrima resbalando por su mejilla: Un trabajo muy bien hecho.

—Pues ya no quiero ser taxista —se dijo un día—. Quiero ser actor de teatro del absurdo.

Pus a huevo, nomás pa que conozcan la diferencia de lo aquí escrito y un absurdo de a de veras. Como el cien vidas es machine gun, no habrá absurdo mejor que el que a él se le ocurra.

2 - Afraid of Sadness

It is impossible to count how many children have died of Sadness, of laughters, of cotton candy. Clowns haven’t figured out the pill to fight against Sadness and definitely, they aren’t the best doctors because most children are afraid of them also. And children must be; I mean, clowns are terrible, noisy and uncapable of understanding that laughing is not a medicine, but also a disease whose purpose is to close a complete understanding of Sadness as an evil being. So I propose to kill every children, every clown, every laughter and every cotton candy on the face of earth. (Cotton candy: well, it’s a pro-cancer kind of food… so it is not good, it should be killed).

Unless you are prepared to make your children happy, do not let them live. Kill them all, I say.

:T:

Es imposible contar el número de niños que ha muerto de Tristeza, de risas, de dulce de algodón. Los Payasos no han encontrado la medicina en contra de Tristeza y definitivamente, no son los mejores doctores porque la mayoría de los niños les tienen miedo. Y bien debieran; Digo, los payasos son terribles, ruidosos, e incapaces de comprender que la risa no es una medicina, sino también es una enfermedad cuyo propósito es bloquear el entendimiento de Tristeza como un ser de maldad. Así que propongo matar a todo niño, todo payaso, toda risa y todo dulce de algodón. (Dulce de algodón: bien, es comida que causa cáncer… como eso no es bueno, debe morir).

A menos que estés preparado para hacer felices a tus niños, no les permitas vivir. Matenlos a todos, digo.

El sexto sueño, es de un manco tuerto…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 6 de 16


¡Lo único que quiero es un nombre, carajo, un nombre!

Un Wunden sonrió.

Lo tendrás hermanito… lo tendrás.

Un Wunden rió.

Para ello, uno tiene que morir.

Un Wunden alzó su espada y mató a su hermano Wunden, la gloriosa sangre salpicó su rostro y así, hubo un bautizo prófano.

Y otro más…

Siguey leyendo →

El quinto sueño, son tres knock knock knock…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 5 de 16


Hacía unos días o hacía unos años, pensó Chocolate, estaban ante el portón de madera (porque era de día) que protegía a la Torre de los Sueños. El gigante miró al cielo y escuchaba como a los Wunden se les perdía el aliento, el mago miraba en un silencio respetuoso y la niña parecía haber perdido sus ojos entre las nubes. Pero, para Chocolate no era tan grande y no por su gran tamaño, o su mente descompuesta. Sencillamente, Chocolate no soñaba mucho y sus escasos sueños estaban al alcance de su mano.

Para él, podía ser posible derribar la puerta con sus manos y asomarse. O golpear la estructura de piedra luminosa, con su gran martillo de bronce. O nada más con una patada, estaba seguro que la tiraría. Chocolate trató de mirar como los otros miraban… se la imaginó como una gran barra de chocolate, sonrió y se lamió los labios. Pero sabía que no era cierto… así que olvidó su pequeño experimento de imaginación y decidió esperar a que alguien que no fuera tonto como él, hiciera algo.

Siguey leyendo →

Jorge Carrillo presenta…

El corrido de Rosita Alvirez.

1 - Afraid of Darkness?

Once upon a time, a grinning kid cleaned a knife stained with black blood. The sun shone through his window, while darkness bled… and bled… Then, he procceded to cut off the pieces he wanted. He needed no candy, no pops, no mom, not even a dad… he just got what he always wanted: Darkness’ head in a silver plate.

:T:

Erase una vez, un chico sonriente limpiando su cuchillo manchado de sangre negra. El sol brilló a través de su ventana, mientras oscuridad sangraba… y sangraba… Entonces, procedió a cortar las piezas que él quería. No necesitaría dulces, ni abuelos, ni madre, ni siquiera un padre… acababa de obtener lo que siempre quiso: La cabeza de Oscuridad en una bandeja de plata.

Una noche desconocida

Hoy miraré el cielo de otra manera, el cielo nocturno sobre todo… en una recámara pintada de gris y blanco, un poco más pequeña a la acostumbrada. Puse el colchón donde dormiré al pie de la ventana, porque pensé que sería bueno. Ubicada de manera que pueda ver algunas estrellas, si el cielo me permite. Mi nueva habitación, tiene un suelo feo de madera vieja y una alfombra que estratégicamente bien ubicada, esconderá eso a la vista. Tiene un mueble impersonal, armable, de acero inoxidable o algún otro metal, no lo sé… todos esos muebles los hacen iguales.

Hoy dormiré en otro lugar, un lugar que apenas haré mío. Ya lleva la esencia de mis libros, todavía mal puestos en bolsas y la esencia de mi ropa, aún amarrada en sábanas. En mis manos, el día de hoy, llevo las cobijas y la almohada que usaré esta noche. Me llevo en cierta forma, un pasado durmiente. Porque a mi me gusta dormir, estoy acostumbrado a mis sábanas con olor a cigarrillo, de lectura durante horas, de desvelos mirando películas, de sueño para despegarme de la realidad. Esta noche que empiezan una nueva vida, serán únicamente para dormir, porque seguramente me sentiré muy cansado.

Hoy acoto los pasos finales de mi decisión, descansar un año de la escuela, para no perderla a causa de una depresión, de un cambio duro. Sencillamente estoy cansado de los cambios, en mis veintidós años ya van doce veces que me mudo en esta ciudad. Doce hogares distintos, en doce zonas igual de distintas. Cada vez que escucho mudanza, se me ponen los pelos de punta, siento un dolor en la espalda y me da sueño. En general me adapto rápido a un cambio, excepto cuando involucra una mudanza que yo no he decidido o que ha sido forzada… (doce veces… doce veces). Pero ya es hora, he soñado lo suficiente y he tomado la decisión. No hay marcha atrás, las consecuencias —frutos o fracasos—, se verán mañana y cuando te das cuenta, el mañana es el presente y el presente se vive, no se hunde en el pasado.

Hoy es el resultado de las decisiones de otros, sin culpas ni reproches ni admiraciones ni cariños, que empujaron a la mía. Una decisión egoísta… y sensata. Tal vez me gane unos años de reproches con un hermano, con una madre, con algún tío. Tal vez me gane unos años más de madurez, como si quisiera madurar más, como si quisiera pelear más. Eso es una mentira, yo no quiero ya pelear contigo, vida mía… una tregua para ti y para mi, ¿te parece? Quítame algunos amigos, no importa. Quítame un apellido o un nombre. Pero dame un poco de descanso. Es más, le rezaré a Diosito padre, a ver qué nuevas me cuenta de Gabriel y Miguel, y de la virgen y de Chucho. Neh, no te creas… no necesito un descanso, porque hay gente que sufre más que yo. Más bien debiera darte gracias, porque no estoy tan jodido, porque todavía no me domas y puedo seguir luchando. Porque siempre aspiro a más, ¿lo escuchas?… hay una pulsación latente, la conjunción de la persona no está lista y así, comprendo que esto también sea necesario, a pesar de mis quejas y mis berrinches.

Hoy comprendo y duermo en otro lado… nada más. Dormiré solo, escucharé el ruido de coches en una avenida, miraré una ventana que en cierta forma es mía, y fumaré en silencio. Entre mis libros, mis sábanas y mis cobijas. Se adquiere el aprendizaje, mi pequeño ser latente… pulsa luz, en la oscuridad del nuevo cuarto. Un nuevo descubrimiento.

En el cuarto sueño, un corazón tan grande y una mente descompuesta…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 4 de 16


El gigante de dos metros y medio, escuchaba con atención… pero es que era tan tonto, que nada entendía. Fue hacía unos días, que había sido invitado por los Wund y por Miriod a descubrir el misterio de la torre. Él había dicho que sí, porque no sabía decir que no. Le habían preguntado su nombre y el respondió lo primero que se le ocurrió—: Chocolate. Me llamo Chocolate. Y es que el Chocolate le gustaba mucho, porque le dejaba dulce los labios y el sabor le quedaba en la garganta. ¡Era buenísimo el chocolate en barra, y beberlo para que resbalara por la traquea! Sentía calor en el corazón y sonreía, cada que pensaba en Chocolate. Se le hizo un buen nombre y decidió apropiárselo con firmeza, esperaba que mañana no se le olvidara.

Siguey leyendo →

En el tercer sueño, una voz angelical y manos letales…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 3 de 16


pensó el viejo Rasnick, al mirar como la Torre se acercaba.

—La Torre, hacía años que no la miraba. Es la Torre de los Sueños y será tan grande como quieres que sea. Como tus sueños sean. Es una Torre amable por fuera, pero cruel por dentro —dijo Rasnick, acariciándose por encima de la camisa una cicatriz del pasado. Puso más tabaco en su pipa y las canas se le mancharon de azul cielo, por una lluvia que apenas empezaba—. ¿No te he contado, mi pequeña Dom?

—Me lo has contado tantas veces —dijo la niña, con los ojos brillando—. ¡Pero cuéntame una vez más, abuelito Ras! Siguey leyendo →

El Segundo Sueño, habla de magia oscura…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 2 de 16


Escribió Miriod en su diario mientras observaba la torre desde su ventana. Había llegado a Garalla hacía unos días, arrastrando tras de si una nube de polvo por el encantamiento de velocidad. Era un brujo de artes oscuras y se había educado como tal, durante veintinueve años. No era el mejor, pero tenía el corazón duro y la ambición para lograrlo. Su saya negra portaba orgullosamente tres esquirlas de oro… tres maestros de magia negra a los que había matado a duelos. Podía tener más, y lo sabía, pero no quería arriesgar la suerte y quería mantener un bajo perfil, especialmente ahora que la había descubierto…

En su ventana, se alzaba la Torre de los Sueños. Siguey leyendo →

El honesto

—¿Mi hijo es lindo?
—Está feo.
—Puta madre, ¿siempre tienes que ser tan honesto?
—…a… h…u…e…v…o…


—¿Crees qué me cure, realmente?
—¿Qué dijeron los médicos?
—Que me auguraban buenos meses de vida…
—Pues cuando pasen te mueres y ya, tienes cáncer… ¿en qué cabeza cabe?
—…
—Buenos meses, si. Sin terribles dolores o espasmos que te hagan doblarte en el asiento. Sin contar las veces que estés tociendo sangre frente a tus ojos. ¿Te imaginas? Debe ser horrible.
—…
—Además, tús organos quedarán inservibles. ¿Cómo se le ocurre a tu papá donarlos? ¿Qué no tiene corazón? Si tienes el cáncer en todo el cuerpo, no puedes donarlos para que otro se enferme de lo mismo que tú.
—(sniff, sniff)
—Anda pequeña, no llores. Soy tú amigo y creeme, que de mi nunca escucharás una mentira. ¿Acabas de cumplir 12, dices? ¡12 años félices y qué transcurrieron con salud!


—Eres un amargado.
—No, tan sólo soy honesto.
—¿De qué te sirve la honestidad? ¡Hay mentirillas blancas que podrían salvar una vida!
—¿Mentirillas blancas? ¿Cómo esa donde no le dices a tu mamá que eres homosexual? ¿Tú crees que le estás salvando así una vida? Anda, piénsalo bien. Más bien, la estás dejando vivir una continua mentira y cuando se entere, el golpe no será suave amigo mío. ¿Quieres saber otra cosa? Tú mentira. No puedes hablar libremente con tu madre, porque crees que escondiéndole algo tan básico y elemental como eso, haces bien. Mientes. ¿Desde hace cuándo tienes una plática tranquila con ella, sin estar fingiendo?
—Eres un amargado.
—No… bueno, si… tal vez un poquito. Pero muy honesto.


—Hoy mi horoscopo me dijo que me auguraba fortuna, mucha fortuna.
—¡Ay Memelas! Si nunca has tenido fortuna en tu vida, no la tendrás ahora.


—Me encontré una cartera con 600 pesos, ¿tú crees que deba regresarlos?
—¿Trae identificación?
—Si.
—¿La dirección de la persona, teléfonos?
—Si.
—Muy bien. Entonces vamos a regresarlos, nada como la honestidad.
—Muy bien.
—Pero… seamos honestos con nosotros. ¿Queremos regresarlos?
—Ejem… yo si, ¿y tú?
—Si, claro, yo también. Muy bien…
—Ummm…
—Fiu fiu fiu…
—Son 600 pesos…
—Si, 600 pesos…
—¿Quieres regresarlos?
—Claro, persona más honesta que yo, no existe.
—Bien…
—Bien…
—Antes de regresarlos, podemos ir por una cerveza.
—¿Traes dinero? Yo no tengo ni un quinto.
—Yo tampoco…
—Bien…
—Bien…
—Ay Miguelito, ¿por qué te haces pendejo? Si nunca quisiste regresarlos.
—¿Pus si verdad?, vamos a echarnos unas chelas.
—¿A tú cuenta?
—¡Pues claro! ¡Con estos 600 varos!
—Jaja, cabrón… si fuera yo, si los regresaría.
—Callate pinche amargado o no te invito.
—Lo que usted diga. La honestidad puede esperar… además, los borrachos y los niños, siempre dicen la verdad.


—Dime la verdad, ¿me quieres?
—Ni un poquito.
—La verdad…
—No, no te quiero y las cenas que tenemos, las hago porque quiero tener sexo contigo, es más, desde que te conozco te he dicho textualmente: “Solo quiero sexo”.
—Pero me debes tener un poquito de cariño…
—Nada. Bueno, le tengo cariño a tus pechos. Se duerme riquísimo ahí, nada más me recargo y puff… duermo como un bebé. ¿Han crecido ultimamente? Cómo que los veo más grandes.
—Entonces, creo que nuestra relación no tiene ningún futuro…
—A excepción que sea un futuro de cogidas… no, no lo tiene.
—Yo si te quería, ¿sabes?
—Lo sé nena, lo sé. ¿Cojemos para despedirnos?
—…
—…
—Bueno.


—¡Santa Claus ya viene este diciembre!
—Si, si viene este diciembre…
—… ¿Hoy no me vas a decir que son mis papás?
—… Jaimito, hay algo que tengo que decirte…
—¿Qué?
—Yo soy Santa Claus, yo entro en las noches a tu casa y así, vestido de Santa, le hago el amor a tu mamá cada 25 de diciembre. ¿Y usted creía que sólo iba por la leche y las galletitas? Además, que tiene unos senos a los que le tengo mucho cariño y en ellos siempre caigo dormido…
—…son maravillosos, ¿verdad?
—…¿¡!?


—¿Hay algo que quisiste ser en tú vida?
—Yo fui diferente a todos los niños.
—¿A qué te refieres?
—Nunca quise ser presidente. ¿A joder a todo un país por la lana? ¿Pá qué? Nunca quise ser astronauta. ¿Qué carajos tiene el espacio, qué es tan maravilloso que no tengamos aquí? Nunca quise ser doctor, porque no me gusta salvar vidas. Y nunca quise ser dentista, porque no me gustaría tener pacientes retorciéndose de dolor mientras me enseñan su espantosa higiene bucal. Pero hay algo que siempre quise ser…
—¿Qué?
—Siempre quise ser chofer de taxi.
—…que extraño eres…
—a huevo.

El a-huevo

Despertó de una horrible pesadilla donde creyó que era una hormiga guardiana mutante, del regimiento número 30450. Se puso nervioso y tenso antes de su presentación en el auditorio nacional, y es que nunca había tenido un sueño tan realista. ¡Soñaba que se comía a sus seguidores y que aplastaba edificios!, suspiró y se levantó… se miró al espejo, arregló su maquillaje y se maldijo por quedarse dormido. Su asistente tocó la puerta y dijo que ya estaban en la tercera llamada, que mejor se apresuraba.

—¡A huevo qué estoy listo! —alcanzó a gritar en respuesta. Decían que el número de boletos superaban al señor de las gladiolas en el Estadio Azteca y definitivamente, era más famoso que el Popochas.

—sahuevo… —se dijo, antes de sonreír luces en el espejo—. ¡Cómo debe ser!.

Se puso su capa roja, su sombrero de copa, tomó su bastón de caoba con terminación de plata, se dio de besitos en el espejo y salió a presentarse. Sus brazos se alzaron esplendorosamente con el rugido de las ovaciones y las luces, hicieron brillar las lágrimas ante su público fiel.


Así, el a-huevo, como era conocido, hizo una huevosa referencia y los aplausos tronaron como cascaras de huevo y es que a huevo, que esta noche no habría berrinche porque no habían huevos que comer y huevos al que diga lo contrario, porque a huevo aquí se hace lo que el a-huevo diga. Ni un a huevo triste, ni un a huevo furioso, será ahuevosamente exclamado esta noche. Sólo se escucharan huevos con jamón y con frambuesa, por eso de los huevos franceses que son extraños en las crepas y tampoco nos llenaremos de hueva, porque el venerable a-huevo está con nosotros. ¡Y estoy cansado de escribir tantos a huevos! ¡Tan cansado como alguien que jadea “a huevito, a huevito”, mientras se masturba furtivamente con el sonido de sus pieles chocantes, mano y huevos, admirándose en el espejo! Tampoco habrán enigmas sustanciales, como el de la gallina y el huevo, ¡por qué está clarísimo que primero fue el a-huevo! Esta claro el día de hoy, pero no tan amarillo como la yema del huevo y sabe deliciosa la clara del a huevo, según han dicho sus tres novias y doscientas amantes.

¿Qué si me he cansado del a-huevo? Tal vez me he cansado de la cáscara, ¡pero el centro sigue sustancioso! ¡A huevo! Y si no pregúntenle a la hija del embajador, quien suspiró cuando vio a su amante y un (a.h.u.e.v.o) misterioso se escuchó tanto en la distancia como en el olvido. ¡Probemos a hacerlo sin hache! ¿Pero no creen que un uevo no tiene sabor así? ¡Probemos a hacerlo como suena! Pues qué rico güevo acabo de escribir y como reza el dicho: No me cojo solo porque no me alcanzo. ¡Y si querés hacerle honor a la palabra! Dile huevos a un extraño para que te mire feo o a un amigo para que te regale una sonrisa, ¿no creen qué es extraño como sonríe alguien cuando le dices huevos, con todo y manos? ¡Ah, pero si las mujeres gritaban eufóricas cuando Michael Jackson se los agarraba y gritaba como castrato! Así, así, se agarraba bien los huevitos y pa’dentro… Pues que bueno que lo metieron al bote, no hay excusa para confundir el sano desayuno de unos huevos estrellados que estrellarse los huevos a los ojos de un niño inocente. ¿Qué si queremos huevos cocidos a la bastida? No gracias, eso puede ser muy doloroso y no quiero gritar: ¡A huevo! ¡A huevo qué me duele! Porque no es de caballeros… y nada de agujero aunque sea de caballero, ¡primero me coso los huevos!

He dicho, a huevo, ajem.

Y debo ser honesto… no sé que ser en mi siguiente vida…

¡A huevo que si sé!