En la Torre de los Sueños, Chocolate corrió contra el gigante de chocolate con su martillo de bronce alzado y asestó un golpe certero, con un grito de guerra y furia estruendosa en una de las piernas de su enorme adversario. Más tarde Chocolate recordaría como gotas de cacao le salpicaron el cuerpo y el olor era delicioso, tan delicioso como el olor a sangre cuando se gana una batalla de vida o muerte. El martillo atravesó la pierna marrón y el gigante se disolvió, para convertirse en líquido caliente que atrapó a Chocolate en una burbuja. Se sintió flotando y por la espesura del líquido, no podía mirar sus propias manos. Su martillo de bronce escapó de sus manos, aún así sonrió y abrió la boca, y sacó la lengua para probarlo. Sin embargo, el corazón no se le calentó… no era chocolate de a de veras, tan sólo era un sueño y peor, uno de esos sueños que envenenan.
Escupió lo poco que probó e hizo una mueca de enojo. Que nadie se atreviera a engañarle así… porque cuando Chocolate se enojaba, solían haber muchos muertos.
Miriod, el mago oscuro, observó asombrado la esfera de chocolate líquido en la que se había encerrado el gigante. Sacó su libro de encantamientos y buscó en las páginas algo que pudiera ayudar a su protector. Se mordió los labios, si quedaba solamente él y Vort Wunden, vencido como estaba, no tendría ninguna oportunidad.
En ese momento de tensión, le descubrió.
Estaba buscando en su mente, abriendo los candados mágicos que él había impuesto uno por uno. Lo hacía con deliciosa paciencia… se podía decir que con amor. No podía detenerle y tampoco, quería hacerlo. Porque eso que estuviera buscando en su mente, le estaba presentando los sueños más hermosos encontrando así las llaves. Miriod se observó, como una conciencia aparte, maravillado como cuando se descubre una arruga nueva en el reflejo del espejo. Jamás hubo esperanza, la Torre los tenía desde antes que entraran, inclusive desde que nacieron y soñaron el primer sueño.
Frente a Miriod, apareció un lagarto-hombre de saya negra y diez esquirlas de oro, sobresaliendo sobre la espalda. El primer maestro de magia oscura al que mató en un duelo y bien, era de esperarse que desde el mundo de los muertos deseara vengarse. Cerró su libro de encantamientos, los ojos de Miriod se volvieron purpuras, señal de que miraba con los ojos de la magia. Ese lagarto-hombre no era ningún encantamiento, ninguna ilusión, los ojos purpuras no mentían. Era el maestro Grat en persona.
Miriod sonrió.
—Te maté una vez —dijo decidido—. No tengo ningún inconveniente en volver a hacerlo.
Chocolate nadó en la esfera, buscando la salida. No sentía que se ahogaba, porque no era chocolate de a de veras. Y nadaba porque sólo así su cuerpo le permitía moverse. Todavía no se acostumbraba por completo a que estaba frente a un sueño y que los sueños no existen, y las pesadillas no matan. Pero su cuerpo estaba necio y nadaba en círculos en la esfera de chocolate. Y pronto sus pulmones estarían necios también, si no se apresuraba. De algo estaba seguro, beberse la esfera no le ayudaría porque podría estar envenenada o podría matarle—: si lo hacía, no dejaría de pensar en lo rico que es el chocolate y jamás volvería a disfrutarlo de nuevo. Eso era algo que no podía permitirse.
Pero Chocolate sabe algo, que nadie más sabe y su mente descompuesta encontró la respuesta en tan solo unos segundos—: Se detuvo, dejó de nadar y olvidó la fuerza bruta, el deseo de sobrevivir. Estaba haciendo lo que el monstruo esfera quería que él hiciera, ¿y por qué iba a permitirlo? Si se lo bebía, malo. Si nadaba, malo. Si se quedaba quieto, malo. Malo para él, que no podía hacer lo que quisiera—: Pues no, no iba a dejarlo. Como en un sueño, Chocolate se imaginó un gran tarro y apareció ante sus manos.
—Su lugar es en el tarro —dijo Chocolate.
Y la esfera líquida se juntó en gotas que pronto se acumularon dentro del tarro, liberándolo. Chocolate se lamió los labios, al ver su tarro enorme, pero suspiró y vertió el contenido en el suelo. Oficialmente, había vencido su primera pesadilla y su mamá habría estado orgulloso de él—: Había sacrificado su primer sueño.
El gigante encontró su martillo de bronce y buscó al Señor Miriod. Preocupado, descubrió que había desaparecido y Vort Wunden aún estaba inconsciente donde lo habían dejado.
—Ahora hay que buscar a dos, señor Vort —dijo Chocolate suspirando, alzó a Vort y lo llevó en el hombro—. Escuché a Dom llamando mi nombre, ¿le parece si vamos a buscarla a ella primero? ¡Claro que le parece! Dom-bi-dom-bi-dom.
8 comentarios ↓
buenaas nochecitas , aqui ya son madrugadas , besos
por cierto .. cual es tu nombre ????? besos
la ilusion del chocolate liquido me recuerda al de la esencia de vainilla, huele bien, pero es amarga, almenos asi me imagino al liquido en el que nadaba chocolate.
¿y los mercados? chale
Todavía no se acostumbraba por completo a que estaba frente a un sueño y que los sueños no existen, y las pesadillas no matan.
Tiene pinceladas como esas que me gustaron mucho. Ta bueno arbol como escribe usted, becho:satisfecho:
Buen fin de semana
Parecía imposible (siempre fui una ilusa, a pesar de mi plena confianza en su Arte), pero cada sucesión es si cabe mejor..
raYu3la colándose como intrusa otra vez
no jodan no hacen mejor cosa quiero un nombre para mi hijo y no encuentro
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