Hacía unos días o hacía unos años, pensó Chocolate, estaban ante el portón de madera (porque era de día) que protegía a la Torre de los Sueños. El gigante miró al cielo y escuchaba como a los Wunden se les perdía el aliento, el mago miraba en un silencio respetuoso y la niña parecía haber perdido sus ojos entre las nubes. Pero, para Chocolate no era tan grande y no por su gran tamaño, o su mente descompuesta. Sencillamente, Chocolate no soñaba mucho y sus escasos sueños estaban al alcance de su mano.
Para él, podía ser posible derribar la puerta con sus manos y asomarse. O golpear la estructura de piedra luminosa, con su gran martillo de bronce. O nada más con una patada, estaba seguro que la tiraría. Chocolate trató de mirar como los otros miraban… se la imaginó como una gran barra de chocolate, sonrió y se lamió los labios. Pero sabía que no era cierto… así que olvidó su pequeño experimento de imaginación y decidió esperar a que alguien que no fuera tonto como él, hiciera algo.
—Wow… —dijeron los trillizos Wunden al unísono y luego uno de ellos tomó la palabra—: No me imaginé que creciera tanto, a lo lejos en Garalla se ve imponente pero no… no como esto…
—Wow —dijo Chocolate, quiso encojerse de hombros pero lo dejó así.
La niña se abrazó a los hombros de Chocolate y le acarició el cabello raso, sin dejar de observar la Torre. Al gigante se le hizo agradable y sonrió en respuesta. Los Wunden se acercaron al portón de madera (que de día era de acero), tocaron la piedra luminosa de la torre con cuidado… temiendo que pudieran quemarse. Los Wunden buscaron la entrada corriendo y el gigante se acercó a la puerta por órdenes de la niña. Pero no hizo nada, porque la niña se quedó en un trance curioso ante la estructura. Una sonrisa lenta, casi imperceptible se formó en el rostro del mago negro, quien tan sólo se acercó a la puerta , justo a un lado del gigante, y tocó tres veces con su puño.
—¿Tú crees que eso funcione, Miriod? —preguntaron los trillizos, quienes llegaban de recorrer los alrededores de la torre.
La puerta de la Torre de los Sueños se abrió.
—Desenvainen sus espadas caballeros —dijo el mago oscuro—. Y tú, pon a la niña en el suelo… no sabemos lo que nos podemos encontrar.
Chocolate miró arriba y la niña le aprobó con el rostro. La bajó suavemente. Los cinco entraron y el portón, suavemente, se cerró tras de ellos.
4 comentarios ↓
me gusta… besitos
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La verdad es que es un lujo eso de tenir un amigo gigante que se llame Chocolate, muy sugerente
Bonito texto
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nada como las historias epicas, hasta pude sertir ese vendabal desértico de la era oscurantista de un castillo de sueños y magos oscurros, y porsupuesto, el aroma inconfundible de chocolate ja ja ja!!!
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Me dieron ganas de que luego despues de entrar y eso entre todos se comen a chocolate, antes de derretirse por el intenso calor que dentro del sueño donde se estan metiendo existe, ejeje, diGo yo
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