En el cuarto sueño, un corazón tan grande y una mente descompuesta…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 4 de 16


El gigante de dos metros y medio, escuchaba con atención… pero es que era tan tonto, que nada entendía. Fue hacía unos días, que había sido invitado por los Wund y por Miriod a descubrir el misterio de la torre. Él había dicho que sí, porque no sabía decir que no. Le habían preguntado su nombre y el respondió lo primero que se le ocurrió—: Chocolate. Me llamo Chocolate. Y es que el Chocolate le gustaba mucho, porque le dejaba dulce los labios y el sabor le quedaba en la garganta. ¡Era buenísimo el chocolate en barra, y beberlo para que resbalara por la traquea! Sentía calor en el corazón y sonreía, cada que pensaba en Chocolate. Se le hizo un buen nombre y decidió apropiárselo con firmeza, esperaba que mañana no se le olvidara.

Había llegado al pueblo hacía unos días, en el camino se encontró con una niña que se llamaba Dom. Él no pudo evitarlo y cuando escuchó su nombre, se rió tanto. ¡Dom-bi-dom-bi-Dom!, exclamó. Se le hacía un nombre muy bonito y hubiera sido feliz de tenerlo para él. En doscientos años, no había escuchado uno más hermoso y no podía asegurarlo del todo, porque apenas recordaba. Lo que si recordaba, siempre que lo necesitaba, era como usar su martillo de bronce. Un martillo tan grande cómo él y la niña se asombró al ver como lo cargaba con tanta facilidad. Él, de igual manera, se asombró con la espada de la niña y aunque parecía arrastrarla, sabía que tenía la fuerza para alzarla y cortar una cabeza de un tajo.

—¿Puedo llevarte en mi hombro, Dom-bi-dom? —preguntó el gigante. La niña sonrió, sus ojos brillaron.

—Claro que puedes pequeño.

—No soy pequeño, soy gigante y fuerte.

—Lo eres y mucho, pero para mi eres un pequeño.

Chocolate se sonrojó y cargó a la niña para ponerla en el hombro. Juntos entraron al pueblo y gracias a la fortaleza del gigante, y la inteligencia de la niña, pudieron armarse una casa lo suficientemente modesta para vivir en ella. El gigante tuvo problemas para armar muebles para la pequeña, pero con las instrucciones de ella pudieron hacer algo aceptable. Como una cama y una sillita, pero tuvieron que hacer dos mesas y dos ventanas.

El pueblo no tardó en notar la presencia del gigante y después, la de la niña que casi pasó desapercibida. Entre ellos estaba el mago oscuro Miriod y los Wunden, que habían aceptado la propuesta de investigar la torre. La sangre de guerreros, después de todo, corría en los tres. Se presentaron, el mago y los trillizos, unos días después de la boda a la casa del gigante y la niña.


—Pero Dom-bi-Dom viene conmigo —dijo Chocolate.

Miriod observó a la niña, quien limpiaba la espada. Los guerreros le miraron curiosamente, ¿cómo podía cargar una espada tan grande? Debía ser una niña de otro planeta.

—Llevar a una niña, puede ser peligroso —dijeron los Wunden, a pesar de ser testigos de lo que miraban.

—No —dijo Miriod, mirando atentamente a la niña quien le ignoraba—. Creo que no. Creo que nos puede ser igual de útil que el gigante.

La niña sonrió, al escuchar “igual de útil”, supo con quien se estaba midiendo.

—Partiremos hoy en la noche, yo llevaré todo lo necesario para los cinco —dijo Miriod—. No olviden sus armas caballeros y tú no olvides esa espada, niña. Estoy seguro que habremos de ocuparla.

Así… empezó lentamente, a formarse el quinto sueño…

Un comentario hasta el momento ↓

#1 Cecy el 03.17.05 a las 10:38 pm

Me encanta esta historia tiene mucha magia lo que dice. Es la primera ves q dejo un comentario y espero q salga el quinto sueño

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