Entradas escritas en Marzo, 2004 ↓

Status de Mexsa y MT

Mexsa este mes, casi excedió sus 10 gigas de transferencia mensual. (Bueno, todavía puede). Según webaxxs, calculaban que mexsa transfiriera 12 gigas este mes y le daban a mi tío, amo y señor invisible de este changarro, la deliciosa opción de pagar por más transferencia o cortar el sitio al menos hasta el siguiente mes.

Estaba empezando a echarle la culpa a “Big-Blogger”:http://www.big-blogger.net, pero no, je. La tiene en una parte porque los habitantes de la casa, bajan la resolución de las fotos, pero no la calidad. Entonces tengo monstruos de 400k’s o 130k’s, cuando puedo disminuirlos a 20k’s fácilmente, y mejorándole los colores sin perderla del todo. Quien tiene la culpa es precisamente este blog, quien misteriosamente aumentó sus visitas al doble y en algunos días, al triple. No he hecho ninguna tarea publicitaria, ni nada al respecto. La mayor culpa la tiene Google, que está ahí constantemente, agregándome como solución para los padres que le buscan nombres a sus hijos, entre otras porquerías.

En fin. Ese es Mexsa.

MT. Planeaba un cambio de diseño, pero antes de hacerlo, como usualmente hago… quise hacer un backup de todas mis entradas.

No me dejó. Digo, no todas las entradas completas. Cuando hago el export, me permite hasta los días en que termina Simón Dor, a veces uno mas, a veces uno menos. Eso me pone muy nervioso, porque quiere decir que la base de datos o es muy grande y no alcanza a hacer todos los requerimientos necesarios para exportar mis entradas… o probablemente tenga que ver algo con los gigas de transferencia de mexsa y me está limitando.

Intenté transformar la base de datos de Berkeley a MySQL. Todo va muy bien hasta que llega las entradas. Solo me transforma 170 y después se para el procedimiento. Eso no me tiene de ánimos para seguir escribiendo, hasta que resuelva lo uno o lo otro… volveré.

Si alguien tiene alguna sugerencia para solucionar esto, es bienvenida.

El doceavo sueño, son tres caminos inconclusos, cuya conclusión serán el inicio…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 12 de 16


Dom arrastró su rostro por la arena y una línea de polvo le siguió detrás. Volvió a levantarse, con ojos encendidos y la espada grande de su abuelo. Gritó una vez más y corrió a la dama de vestido naranja, quien le esperaba aburrida en la entrada de una torre derruída. A lado de la diosa se encontraban filas de seres, provenientes de todas direcciones. Entraban a la torre, todos con una niña en brazos e ignoraban la lucha de la pequeña contra la diosa, como si ellas fuesen el espejismo.

—¡Me niego a morir! —gritó Dom—. ¡Esto no es lo que se me prometió! Este no es el sueño por el que siempre luché.

—Niños, siempre tan corajudos y berrinchudos —dijo la diosa. Bostezó y lentamente alzó sus manos, con ello Dom voló de nuevo por el aire. Un pez de gran tamaño, quien se sostenía gracias a un tiritero celestial, le evitó y volteó a mirarle enojado. A los peces jamás hay que interrumpirles su vuelo.

—¡Tú voluntad es nada! ¡Entiende ya que a Dolmení no se le puede vencer! —exclamó la mujer de vestido naranja. Con sus dedos siguió manipulando la caída de Dom, hasta que volvió a golpear la arena y volvió a ser arrastrada por los dedos de la diosa, hasta que golpeó una roca.

A pesar de estar peleando en un sueño, el dolor era tan real. Dom se tocó la cabeza y se alivió al descubrir que no sangraba. Todavía mareada, se tambaleó para recoger su espada caída y la alzó vacilante.

La diosa sonrió amorosamente—. Mi querida Domenich, una cosa debes entender: en la Torre, se cumplirán los sueños de todos aquellos que peleen por ellos, excepto los tuyos… porque así debe ser. Has nacido para cumplir una profecía, es tu destino, es lo único para lo que naciste.

—A mi se me prometió otra cosa… esto no debe ser así. ¿Y si no quiero? —preguntó Domenich.

—Entonces nunca se cumplirán los sueños de nadie más —dijo Dolmení, cruzó las piernas y se sentó en uno de los escalones de la torre. A su lado, pasaba un antropogolem con una niña en brazos y después un elfo, y después un hombre rata, y después un…—. Pero ese no es el caso, porque no ha sucedido mi pequeña. No ha habido alguien tan egoísta. Todos estos niños que ves aquí, lo hicieron antes que tú. Debes formar parte de ello, debes ser el sueño puro que lo sostenga todo en esta ocasión.

—¡Pero no quiero hacerlo! —gritó Domenich, empuñó la espada quebrada con fuerza y lágrimas se le formaron en el ojo—. ¡No quiero!

La diosa volvió a sonreír.

—No es algo que puedas elegir. No puedo tomarte hasta que lo decidas por tu cuenta, sin embargo… puedo maltratarte un poco, eso ordenará tus ideas.

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El gato de cinco patas

La quinta pata la tenía, absurdamente, bajo la quijada y tenía, por lo menos, novescientos años. No era un gato, no uno verdadero, pero parecía uno. Tenía las orejas de gato, la cola de un gato, las manchas de gato, caía parado igual que un gato, pero esa pata… esa quinta pata, abajo de la quijada, tan larga como las otras cuatro y tan igual de vivita que movía los dedos y sacaba las uñas. Unos decían que era un mutante de chernobyl, otros más decían que su madre fue la esfinge. Nadie sospechaba la verdad: era un cienvidis antropomorfus, igual que otros cien, quien había decidido ser un gato de cinco patas y ya llevaba novescientos años con el teatrito.

Pues es que la vida de un gato de cinco patas dura cien años y pues siendo cien vidas, con nueve vidas gatunas, hagan ustedes cuentas y me platican un número, seguramente les diré que si o que no. Según a mi conveniencia o a la del cien vidas, que él, hace lo que quiera por más que le chillo que no.

Contaba yo la historia del gato de cinco patas, y mi novia me preguntó, con justa razón: “¿Por qué gato? ¿Por qué novescientos añotes? ¡Si se aburre pronto de lo que es!”. Pues a mi también se me hacía raro, pero escuchen la historia, mis buenos señores. Seguramente se estarán diciendo—: Es que el cien vidas todo lo puede y le gusta hacerse experto en todo lo que hace. Eso también es muy cierto, mi novia, quien otra vez alzó la mano, me dijo lo siguiente—: ¡Pero si cachar ratones tiene su chiste!

Pues, yo también lo pensé así. Pero la verdad es que no, al gato de cinco patas le valía un comino y cuando quería, podía alzar la quinta pata para demostrarlo. Se conseguía algún múseo de lo raro, o algún circo de excentricidades, y dejaba que lo alimentaran a base de leche y ratones escurridizos. No tenía tanto chiste, la quinta pata le servía perfectamente para apendejar a los ratones y garra directo al cráneo, comida para el estómago. Cuando no había circos o museos, siempre podía vivir una temporada con alguna viejita amante de los felinos. Siempre tenían mala vista o alta tolerancia a su quinta pata, y le daban de comer y vivía con ellas… hasta que transcurriera el tiempo y ella muriera.

Lo que si tenía prohibidísimo, eran los bosques de cazadores y los científicos genetistas. Era una lata escaparse de ellos. Una vez, un idiota del bosque le confundió con un conejo y enojado, el gato de cinco patas le gritó—: ¡Imbécil! ¡Las recetas están en otra parte!

Sucedieron novecientos años, así, para el gato de cinco patas… hasta que tuvo un dueño peculiar: un hombre de sombrero de fieltro, amplia barba canosa como los pelos rebeldes que no caían de su calva y lentes de fondo de botella. Ese señor le sonreía mucho, con todas las arrugas que eso significaba, y le acariciaba en las noches. Lo menos que hacían eran hablar. Tan sólo se miraban, él sonreía, y el gato maullaba mientras su quinta pata estiraba los dedos. Mañanas, tardes y noches pasaban juntos.

Le acarició la quinta pata, una tarde de cielos naranjas. El viejo cerró sus ojos y se sentó en un columpio. El gato saltó a su regazo y se acurrucó ahí.

—Ya se te olvidó quien eres, cien vidas. Yo también fui uno y esta es mi última. Todo se ha resuelto y lo mío ha terminado, no como debía de ser, pero ha terminado. Torcí tantito el camino, pero al menos pude vivir mi última completa. ¿Por qué te niegas a terminar lo tuyo? —dijo el viejo y acarició el lomo del gato, quien le ignoró—. Te faltan tantas vidas todavía. Tienes que seguir, o se te olvidará.

El gato de cinco patas suspiró, igual que un humano, alzó su rostro para encarar al viejo.

—Tantas vidas todavía y tú ya te cansaste, pobre, pobre gato. Ándale minino, ándale. Que hoy es mi último día y no quieres ver lo que sucede cuando nos morimos: se muere cien veces en un día, por las cien vividas. Pero… pero… me pregunto, ¿tú cómo morirás?

El gato sonrió… cansado no estaba, no señor, demostraría pronto lo que era estar cansado. Saltó del regazo y se fue corriendo, con las cinco patas, sin mirar atrás la sombra del viejo columpiándose en una tarde de cielos naranjas.

3 - A friendly curse

When I took the “Book of the Dead Children” and opened it, it was full of white pages, but I could read it clearly… as if it was speaking to me, instead of showing the sentences to be read. They were the voices of the killed children, laughing and telling jokes. I could almost see them with their dismembered jaws and broken eyes. And there, standing behind all of them, was him. A man all dressed in black with a crow standing in his shoulder. I wasn’t afraid, I swear… and I didn’t shiver when he spoke with dark voice the following words: T.F. Hadied, he said, no one else but you shall know the truth behind, will you listen without fearing what might?”.

“Aye.” said I.

“These white pages were meant for you and for your words only. You must not forget to write in them, or ten children will die by disease, hunger, laughter, darkness or sadness… whatever they could encounter with your forgetfulness”.

“Aye.” said I.

“However, for every written page of yours, a child will smile. A child might be born. A child might triumph in life. A child might scape from me, until they grow old and tell the tale of T.F. Hadied. Do you understand?”.

“Aye.” said I, and smiled.

I forget to write, every once in a while, and hear gladly the sweet voices of ten death children, in my dreams.

—T.F. Hadied, September 1909.

:T:

Cuando tomé el “Libro de los Niños Muertos” y lo abrí, estaba lleno de páginas blancas, pero pude leerlo claramente… como si me hablara, en vez de enseñarme las oraciones que debían ser leídas. Eran las voces de los niños asesinados, riendo y bromeando. Casi pude verlos con sus quijadas desmembradas y ojos rotos. Y ahí, de pie detrás de todos ellos, estaba él. Un hombre todo vestido de negro con un cuervo parado en su hombro. No tenía miedo, lo juro… y no tuve un escalofrío cuando me habló con voz oscura, diciendo las siguientes palabras—: T.F. Hadied —dijo—, nadie más que tú sabrá la verdad que hay detrás, ¿escucharás sin temer lo que ocurrirá?

—Ajá —dije.

—Estas páginas blancas esperaban por ti y por tus palabras solamente. No debes olvidar escribir en ellas, o diez niños habrán de morir por enfermedad, hambre, risa, oscuridad o tristeza… cualquier cosa que puedan encontrar si lo olvidas.

—Ajá —dije yo.

—Sin embargo, por cada página que escribas, un niño sonreirá. Un niño podría nacer. Un niño podría triunfar en la vida. Un niño podría escapar de mi, hasta que se haga viejo y cuente la historia de T.F. Hadied. ¿Entiendes?

—Ajá —dije yo, y sonreí.

Me olvido de escribir, de vez en vez, y escucho con agrado las voces dulces de diez niños muertos, en mis sueños.

T.F. Hadied, Septiembre de 1909.

El onceavo sueño, es algo que nunca sucederá y lo que jamás sucedió…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 11 de 16


Mi querida Dom:

Escribo esta carta para decirte cuánto te quiero, como las anteriores también la buscarás al despertar y la verás en esta mesita cuando te levantes muy temprano, antes de entrenar con la espada. Yo como siempre, iré al bazar élfico y venderé nuestras artesanías. ¿Te has dado cuenta que todas nuestras cartas, las inicio así? Es que ya soy viejo y los viejos tenemos afán de contar viejas historias. Gracias a ello, también los elfos me dan un dinero. Eso no lo sabías, ¿verdad? Algún día te enseñaré a los verdaderos elfos, aquellos que protegen los bosques y aún están en contacto con la naturaleza. Estos son más bien citadinos, renegados que han buscado imitar nuestro mundo humano. Se roban mis viejos cuentos y al rato, miro a uno adoptar lo que yo digo como enseñanza, al rato verás a veinte y después cuarenta, aplicando la moda. Pareciera que somos todos iguales, sin importar razas.

Mi querida Dom, esta carta también es diferente porque en ella te digo que iniciaremos nuestro viaje. Finalmente iremos a la Torre de los Sueños y ya ahí, descubrirás que es lo que debes hacer. Proteger la Torre es una de esas cosas que no me escondieron, pero debo serte franco… no quisiera hacerlo, así sea si recibo el castigo por no respetar mi sueño. Si supieras cuanto he sacrificado para tenerte a ti, mi niña. Ha sido extraño envejecer y mirar que no creces, mirar como cantas y tu voz no muere, alzas la espada y miro la fuerza de una mujer… no de una niña. Es extraño y me confunde en ocasiones, aún así te quiero.

Llevándote a la Torre de los sueños, finalmente empezarás a envejecer. Prometí mi último sacrificio, ya te he contado, debo terminar mi vida para que la tuya empieze. Se trata de ciclos, así es la vida y es la muerte, los sueños y las pesadillas, cuando leas esta carta creerás comprenderlo pero no es así, mi niña, porque eso se comprende cuando lo vives. Cuando estás viejo y has visto a tantos muertos, como yo.

Quisiera no llevarte, mi querida Domenich… quisiera no llevarte porque aunque ya me esté muriendo, te he visto en un futuro: Te he visto en un vestido ceñido, con el viento manejando tu cabello como las notas musicales cuando cantas. Te he visto corriendo en el campo, con algún hombre que seguramente me caerá mal y que a pesar mío, harás tuyo. Te he visto, con tus ojos hermosos de poca edad en el rostro de una mujer y una arruga tras otra, pintándose en tu rostro.

Te mereces esa vida, mi querida Domenich… te mereces aquello que no puedo prometerte. y discúlpame, no se porque escribo esto, esta mañana no recibir ás carta. porque, te amo mi querid a Dom, te a,mo y esto no d e bió ser así.

Rasnick.

El actor de teatro del absurdo

¿Qué la vida no es de por si, un absurdo?
Pero qué tal una vida entera…
perros que maullan
y gatos que mugen
y super-modelos gordas
y taxistas que manejen bien
y que no haya porno que bajar…

pero eso no es un absurdo.

El absurdo existe cual vil mago tejiendo una chambrita para el bebé llorando por su mamila hervida en aceite de oliva para cocinar chuletas de cerdo chillante porque le llevan a mi casa a jugar playstation regalado a mi hermano es mi prójimo según la biblia el libro máximo cayó del estante rojo donde había zapatos de charol y bien boleados los quiero señor que voy a una junta de abogados rateros corriendo en la calle porque les persigue la policia está en su puesto comiendo tacos de chorizo y bisteck con queso es mi preferido aquel que juega honestamente no sé que más escribir es como yo vivo y sobrevivo en el Antártico si me traen una tele para mirar los programas de teatro que avisan de la actuación de un cien vidas no puedo vivir a menos que sueñe y sueñe aquel mexicano de Chava Flores en el jarrón que cae muy lentamente y captúralo al ratón ese que corre y corre atrás del telón que ya empieza la función de cine donde hay mucha cola de gato maullando a la luna de leche con chocolate me gusta el licuado se hacía mientras esperaba Rómulo el fundador es un brandy que anuncia Osborne Corporal con entrenamiento duro se hizo hielo de fuego se queman las enaguas de Doña Lucha de los revolucionarios y Adelita alzó los dados gritando la canción sin notas y volaba y volaba y volaba en el aire…

Esa es una vida. La siguiente…
será igual de absurda, como un gato de cinco patas.

En el décimo sueño, hay pesadillas que si existen…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 10 de 16


Vort Wunden abrió el ojo que le restaba. En su mano, había una pequeña esfera de cristal con un sueño encerrado, la admiró un momento y la guardó en un bolsillo de su pantalón. Miró al gigante, quien yacía a sus pies , a la altura de sus ojos y de su boca emanaba un río de sangre. Tenía los ojos cerrados, sin embargo, no estaba muerto. Podía notar que todavía respiraba debilmente por el movimiento de sus grandes fosas nasales. Vort Wunden se incorporó poco a poco, y con la mano que todavía le quedaba, tomó su espada. Recordaba perfectamente su sueño anterior, el cuál se había hecho realidad. Había asimilado, a manera de matarlos, a sus hermanos y con ello, se acostumbró de inmediato al ojo faltante y al muñón que antes era su mano.

—Estaré maldito por setescientos setentaisiete años —pensó Vort—. Pero será una maldición con un nombre. Con mi nombre.

El gigante movió los dedos y entreabrió los ojos. Vort se acercó para escucharle.

—Muévase despacito señor Vort —dijo Chocolate—. Están volando por todas partes y me pegó uno en la cabeza. El bobo me tiró sin darse cuenta. Pero el más bobo soy yo, tan grande y no pude mirarlo. No tardo en curarme señor Vort, si usted me cuida podré ayudarlo después.

—¿Qué es eso que vuela? —preguntó Vort en susurros, de reojo miró al techo… un techo altísimo. Ya no estaban en el primer piso de la torre o bien, se encontraban en un cuarto totalmente distinto. Las paredes se confundían hasta perderse al cielo en oscuridad angulada, como si fuese una gigántesca cúpula.

—Pesadillas que si matan señor Vort. Serpientes con alas y arcoiris en su boca, pequeñitos, pero cuando son más de uno si matan. Que bobo soy, creí que eran pesadillas… pero estas si existen. Hay que buscar a Dom, señor Wunden… ayúdeme a levantarme.

Vort no comprendía del todo al gigante, tan sólo esperaba que no hablara de quetzalcoatlis… pero por su tono de voz y armando las piezas, sus esperanzas se derrumbaban.

—Tranquilo grandote, primero descansa que yo te cuidaré.

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