Entradas escritas en Febrero, 2004 ↓
Febrero 19, 2004 — El 100 Vidas.
Escrito por Agustin Fest.
Un hombre común, como cualquier otro… ¡Vaya! ¡Hasta podría ser un bloggero como todos nosotros! Imagínense a un burócrata, a un profesor de la escuela, a un señor barrendero o a un ejecutivo de alto grado… cómo quieran, es un hombre común, con una vida común y un coche común. ¿Qué más puedo decirles acerca de él, qué la palabra común no pueda describir? Tal vez… tal vez… si hay una cosita, una cosita pequeñita que se sale del contexto o de la obviedad de la palabra común, no digan a nadie que yo se los conté y préstenme su manita, —les prometo que no pienso menear nada con ella… solo quiero llevarlos de la mano, no sean tímidos… anden, anden chiquitos y chiquitas… acérqueNsen tantito… ¡vamos a jugar a los espías!—. Echemos una miradita en el mundo de este hombre común excepto por una cosita pequeñita…
(asomémonos por la cerradura del baño)
SE CONSIDERABA UN EXPERTO MENEADOR.
(¡Nooooo! ¡No aparte la mirada! Mire usted, ni crea que se me escapa)
Se miraba al espejo y se decía: Ayam Masturbeitor-verber. Le meneaba al tilín tilín con una sonrisota, que ni vean, mientras susurraba a viva voz: a huevito… a huevito… a huevito… así con un ritmo magistral.
(apuesto a que se lo imaginó gráficamente, pues imagínenme a mi, cargando la imagen mental todo el día y silbando en la calle: a huevito, a huevito, a huevito… ser escritor de porquerías no es fácil, ¡ahora sufran conmigo!).
Y con el cuerito, hacía representaciones de todas las obras magistrales hechas por el hombre. Desde la Torre Eiffel, hasta la Esfinge. Desde la sonrisa de la Mona Lisa, hasta el rostro enigmático del Pensador mirando al infinito. Es que era un meneador experto, para él, su piel era como barro. (específicamente la de e-se-pun-to en partícular).
(El arte de la humanidad, en el tilín tilín de un imbécil. Such is life in the fucking tropics, hurray!).
Y lo hacía con un bélico furor, que en cualquier momento parecía que se le rompería. ¡Pero no! Es que el señor ya había agarrado callo (li-te-ral-men-te) y conocía, perfectamente, sus límites y sus estiramientos. Al igual que sus ojitos que se le ponían blancos, blancos… y aullaba como un vaquero, montándose en la taza de porcelana o en la tina turca como alguna vez fue.
(NO APARTE LA VISTA, NI CREA QUE ME VA A DEJAR SOLO CON EL MARTIRIO DE PENSAR COMO ES UN MENEADOR DE SU TILÍN TILÍN. Querido lector, por una vez… sufra conmigo, per piaccere!).
Ya en las últimas, fúricas y bélicas meneadas… nomás se escuchaba el agudo susurro traspasar la noche y eternidad: a huevitooo… aaaa hueeevito… a aa a aa hhhuurgheevitiiiitoooooo……..*****
(Explosión de un volcán. ¡El fuego de Heráclito se queda pendejo!. ¡Qué imagen tan ad hoc la de los cineastas!)
Pues tanto cariño le tenía que se demostraba en el proceso siguiente… lavarlo con el religioso cuidado de una virgen, no es sencillo. Sales aromáticas, toallitas para piel hipersensible, jabones neutros y un moñito rojo para ponérselo todas las noches… así, así… apenas y lo acariciaba, después de haberle puesto semejante maltrato al pobre individuo… y bien, si necesitan saber esto… (yo no, realmente no), la calva le quedaba brillante. PLINK!!!!
(finitum, ya no más tortura… ni para usted, ni para mi… ¿le parece?)
Ahora, imagínense… que no era un hombre del todo común.
Imagínense… que es Batman.
Y toda su vida, quiso ser Batman.
BATMAN! dugururu… BATMAN!
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Febrero 18, 2004 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Su desayuno son dos cafés cada mañana y tres o cuatro cigarrillos. Cuando se levanta, piensa que debiera dejar de fumar y en la noche, el sentimiento es certero. ¿Pero qué importa? Sus pulmones eran jóvenes, o eso pensaba. Y la primera línea, no puede abandonarla. ¿Qué hay de importante en el desayuno? ¿En los dos cafés de cada mañana? Hay un cuento encerrado, piensa, hay un cuento encerrado dentro de esa línea y merece ser escrito. ¿O serán mil cuentitos distintos? No lo sabe, se bebe su café y piensa… ¿por qué dos cada mañana? ¿Qué me encierras, querida línea, qué no me quieres contar?
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Febrero 18, 2004 — El 100 Vidas.
Escrito por Agustin Fest.
Había una vez… un bloggero (aplausos por favor, se iluminan las luces, nuestro bien amado espectador-escéptico-lector-audiencia-público-ser-humano-común-y-corriente-sin-estilo-y-sin-clase-¿qué-haces-aquí?-largate-ya mamón! desde el mundo de los muertos grita: ¡LO VOY A MADREAR!, pero es callado por la multitud de flores, vitores y lágrimas pubertinas de los observadores). Si, damas y caballeros, un bloggero… como usted, como yo, como el México real. Un bloggero que por un comentario negativo, hubiera madreado al escéptico mamón o de haber sido un escritor de cien vidas lo hubiera matado…
Pero nunca ser escritor, al menos… no un escritor que considerara la literatura en serio, o que la viera como una posibilidad de vida, ni siquiera como una reflexión profunda. ¿La reinvención del lenguaje? ¿Qué es el lenguaje? ¿Existe la sintáxis morfológica? ¿De qué demonios estoy hablando? ¡Pero me gusta mucho leer a Coehlo! y Homero… quiere comer donas. I luv the Simpsons!
Se empieza como todos. Un sistema grátis, sin retroalimentación y una plantilla prediseñada. No tardó en ubicar las herramientas para comentarios, y con un poquito de miedo, le movió al diseño. Añadió como links a los de cajón y… de ahí… ¡Al infinito y a huevo, baby! ¡I’m a blogger!
Decidió hacerse uno de esos misteriosos bloggeros que tenían tiempo para escribir acerca de lo que sucede en su vida, cada veinte minutos o mínimo ocho al día, sin dar muchos rasgos de ella (“Ha muerto un mosquito en mi teclado” o “Cuando se le fue la luz”, por citar unos ejemplos… yo, que soy blogger experto, no sé naya de naya). Rodeado de cotidianidad. No se hizo famoso, por lo mismo. ¿Y a quién le interesa leer a alguien con quién no le es familiar y además, escribe lo mismo que a todo mundo le pasa? ¡Ay! ¡Pero cómo saltaba cuando cada dos semanas… tres meses… o un año… alguien le dejaba un comentario! Saltaba y babeaba como perrito. Lo primero que pensaba, —ya que era güey y no vieja, asno y no burra, abejorro y no abejita— era… ¿será mujer? ¿me lo habrá dejado una mujer guapa e interesante?
Pero si no era mujer, entonces pensaba—: caray, ¿me lo habrá dejado un reportero? ¡Finalmente, saldré de la oscuridad y me verán en la tele! De tantos años de mirar a Joaquín Lopez-Dóriga y postear del color de su traje, religiosamente, todos los días entre-semana, finalmente… ¡Me ha encontrado a través de Google!
No es necesario decir que estaba soñando. Se llevó una dolorosa decepción tras otra. Decidió cambiar la temática del blog, ser más jui-cio-so. Ser más se-lec-ti-vo. Y cambió, para la sorpresa de sus únicos tres lectores. Hizo una página más personal, con un diseño minimalista y elegante. No más de tres colores, y los tres colores llevaban una indudable armonía. Había una foto de él, donde explicaba brevemente su oficio y sus aficiones. Edad y status marital. Estamos listos pa postear.
Y poco a poco… en medio de pings a portales bitacoreros y comentarios, fue ganando fama… poco a poco, le iban conociendo y poco a poco, le dieron una comunidad donde vivir. Ya había traspasado el umbral. Habían de cinco a diez comentarios en su blog y tenía a otros veinte bloggers en su lista de MSN. No había quien le parara. Le invitaron a Orkut, le hicieron promoción nuevas generaciones de blogs, no había límites…
Pero esos blogs mueren, poco a poco. La persona se vuelve predecible. Uno ya sabe como escribirá mañana. Uno ya conoce las preocupaciones y así como lo haces tú amigo, lo haces tú conocido… y poco a poco, igual que hace un ratito, le vas dejando que camine solito. Así lo dejaron caminar.
¡Era hora de cambiar de giro! Se dijo sonriente, mató su blog y se fue al olvido para abrir uno nuevo… ya lo tenía todo medido. Abrió un blog donde supuestamente era una chavita de trece años, cuyas lecturas preferidas eran Anne Rice y Baudelaire. Se consiguió las imágenes de Webcam per-fec-tas y Ohhhh, ¡los posts, deliciosos posts de jovencita hormonal conociéndose así misma! (Ajem, este es un tema recurrente mío… ¿será que es una fantasía mía o de veras lo estoy haciendo? ¡TUN TUN TUN TUN!)
No saben… veintitrés-cuarentaiocho mil ocho mil comentarios al día. ¡YACCS odiaba al cabrón como no tenían una idea! Pero uno se aburre de esas cosas (me imagino, ¿yo qué se?) y cerró ese blog. Ahora necesitaba un enfoque se-rie-ci-to. Pensó y pensó, ¿de qué podría hablar? ¡Con su permisito qué se Linux, uso Mac and I’m a born to be geek! Tiembla Mini-D, de veritas tiembla…
Gadgets; scripts en PHP, ASP, C++, MDM, OGT, AHV!; tenía un Wiki-pedia para cada ocasión; ¡Hacks del MT para todos nosotros!; Sindicaba en RSS, XML y en sus codecs de audio, como bien diría alguien por ahí, estaba el Vorbis que nadie usaba y esperaba, ciertamente, que iTunes agregara soporte para él pronto (“peeero mamáaaaa… es que yo si lo uso!!!! ¡Abriré una página para recaudar firmas y que lo agreguen en su lista de códecs!”).
Pues nomás faltaba formar parte de una comunidad de escritores observadores de la blogósfera. ¿Pues no lo invitaron al cabrón? ¡Claro que si! Y ahora, observaba… ese fenómeno vivo, ese fenómeno latente, esa gran herramienta social llamada blogósfera mientras se rascaba el tilín, tilín…
Y de alguna manera, rascarse el tilín tilín era más divertido.
…
Es que… lo comprendió… olvídense de la blogósfera, olviden de que existió aquella bitácora, porque…
¡Siempre deseó ser un meneador de su tilín tilín con bélico furor mientras lo lavaba con el religioso cuidado de una virgen!
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Febrero 17, 2004 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Hace unos cuatro o cinco diez de mayos, día de las madres en México, compró dos tarjetas que nunca regaló. Con uno de sus primeros sueldos, se dio una vuelta a Sanborn’s y se dedicó a escojerlas. Nunca había regalado algo a su madre, y a su abuela, puesto consideraban esas fechas sin importancia. Y él había aprendido a considerarlas de igual manera.
Pero compró esas tarjetas, hace cuatro o cinco diez de mayos, pensando en que debiera regalarles algo de una vez por todas. Escogió una de dos rosas para su abuela, una juvenil y llena de colores para su madre. No le prestó atención a las leyendas de ambas tarjetas, pensó que podría escribirles algo bonito… después de todo, para eso vivía, para escribir. Ya se las ingeniaría para escribir los agradecimientos, los buenos recuerdos, el amor y el cariño.
Compró las tarjetas, hace cuatro diez de mayos y se olvidó de escribir en ellas, lo postergó y lo postergó. Su abuela murió y su madre, está en algún lugar… el recuerdo de esas tarjetas pudo haber sido distinto, pero ahí queda.
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Febrero 17, 2004 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Ríe, ríe con el cuerpo. Llorá, llorá por dentro.
No preguntes por qué, no preguntes por qué.
¿Antibiótico y aspirina?
Salta, salta, salta… jump! jump! jump matey!
Observa la ventana, el cielo ha estado extrañamente despejado estos días… extrañamente despejado. Se pueden mirar las estrellas en el cielo, unas cuantas, no precisamente todas. Las suficientes para intentar contarlas. Son un pasatiempo saludable: no hay necesidad de buscar neón o alcohol, nada más hay que saber contar y tirarse en algún lugar. Le pides perdón a tu madre, la cual ahora si puede verte sin tanta contaminación en el cielo y saludas a Dios, mientras come sus palomitas.
En cambio… la juventud…
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Febrero 17, 2004 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Su desayuno son dos cafés cada mañana y cuando se los termina observa sus manos tan grandes… sus manos fuertes, que han dejado escapar tantas cosas. Y dice que no se arrepiente, pero en el estómago siente el vacío: Si, al menos su cuerpo lo hace, si se arrepiente y mucho. La necedad es suficiente.
Su desayuno son dos cafés cada mañana y al bebérselos, observa sin ganas de observar. Se entrenó desde niño, de haber sabido… tal vez hubiera preferido no hacerlo. Tal vez hubiera querido andar a la deriva y evitarse vivir tantas cosas. No hubiera destacado, ni hubiera dado oportunidad de que le dijeran mediocre.
Su desayuno son dos cafés cada mañana y observa el agua hervirse, las burbujas y el oxígeno liberado. Que sólo quede hidrógeno para el malestar estomacal. No importa que el agua se consuma, la vida no es tan importante. Después de todo, no se arrepiente. Nunca lo ha hecho.
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Febrero 17, 2004 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
The Doors cantan y se enciende un cigarrillo. Se consume, extrañando los labios del verdugo. El café ya se encuentra distribuyendo la cafeína en el cuerpo, una taza entera buscando despertar los músculos adormecidos. ¿Y la mente? Bien, gracias, bien, volando, bien, estática. Se escucha un débil susurro: “No quiero pensar” y hay una voz, contundente, afirmativa e inevitable que dice: “Pero tienes que hacerlo”. Así se desata, poco a poco, el proceso mental. Aquel se pregunta quien es la voz y la voz, divertida, le observa pensar… lo ha logrado. Ha logrado matar la pasividad, pero no ayuda en mucho. Ahora él está sentado, prendiendo el enésimo cigarrillo, admirando el humo que vuela, que gracias, que estática y piensa: “¿Quién es? ¿Quién soy?”
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