Su desayuno son dos cafés cada mañana y miró, desde su penthouse millonario —pinche departamentito de un cuartito en la Narvarte—, el cielo gris de la Ciudad de México, —a la cual llamaba cariñosamente—: “Ciudad Gótica”. En sus casas, seguramente había muchos meneadores de su tilín tilín con bélico furor mientras lo lavaban con el religioso cuidado de una virgen, así como secretarias, amas de casa, policías, juniorsitos y yuppies, entre otros especímenes.
La maldad del ser humano, pensó, inherente a la persona. En cualquier momento, uno o dos podrían enloquecer o cometer su primer crimen y él estaría dispuesto a detenerlos.
Salió apresurado, porque el destino así lo requería. Compró un gancho y lo amarró a una cuerda, con práctica y ya viajaba en el techo de los peceros con asombrosa facilidad. (¡Fíjese nomás! No hay presupuesto para el batimovil). Apresurado, viajó al centro de la Ciudad de México y la luz del sol, proyectó su sombra volatil hacia uno de los locales. “Tienda de disfraces”, decía—: Entró con decisión, saludó al maestro de los disfraces quien misteriosamente parecía esconder algo, como si ya se conocieran —pensó—, se encogió de hombros y pidió el disfraz de Batman que estaba en el escaparate. Pagó, salió y en un callejón se quitó su ropa para ponerse el ropaje indicado.
Digo… no era un pinche chamaco disfrazado de Batman pidiendo dulces en Haaa-lloooo-weeeennnn… no. Era Batman, el mismo que hemos leído, visto, conocido… ¡En cuánto se puso el disfraz le vinieron al cuerpo las enseñanzas de todas las artes marciales posibles! Su mente se hizo consciente de su capacidad disfrazatoria, se le hicieron unos músculos bien marcados y una voz oscura, muy sexy, como pa derretir a las chamaconas dijo—: Soy Batman.
Se acomodó la capa y saltó al Centro de la Ciudad de México, apretó su control remoto para que llegara el batimovil (¡Qué no! ¡Terco! ¡NO HAY PRESUPUESTO!) y como nunca llegó, se fue escalando los edificios para sorpresa de la gente que lo miraba en pleno Eje Central a las dos de la tarde. (Si seguimos así, nombraremos al Eje Central como la Av. Cienvidis). Venía diciendo, si, escalaba los edificios aventando su cuerda de 200 metros hasta arribota, así así y después, subía con sus piernas. De vez en vez, alguien se asomaba por la ventana y alzaba una ceja.
—¡Soy Batman! —decía … el batman pues.
—Mire cabrón ratamán —respondía la señora—, acabo de lavar las ventanas. Donde pongas tus botas cochinas hijoitupinchimadri, te la reparto todititita.
Batman suspiraba, ¡pero eso no le haría rendirse!. Después practicó balancearse con su cuerda de hartos metros, má o meno como el amistoso hombre araña, pero no igual. ¡Y volaba! ¡Yippy! ¡Su capa oscura revoloteando contra el viento y la sombra proyectándose en el suelo de la ciudad! Batman más chingón, jamás. Sus ojos detectaban de inmediato el crimen. Miró a lo lejos a la banda de villanos tamarindos que mordían a los automotores para desangrarles, se lanzó rápidamente y madreaba a todo el que estuviera ahí, no sólo a los tamarindos. Después los amarraba a un poste.
¿Pero saben cuál era el villano más peligroso para Batman?
Los conductores de camiones, ya sea de transporte o de carga, me cae. En esta ciudad, uno no se puede columpiar agusto en una cuerda sin temor a chocar contra uno de esos de frente. ¡Con el sudor en la frente y en el cansancio vibrándole el cuerpo detuvo a cada uno de ellos en toda la Ciudad Gótica de México. Los sacaba del camión ¡y orale! ¡a patadas cabrón, a ver si conduces como se debe! Después, decidido… miró que no sólo ellos eran el problema, también las señoras amas de casa que se maquillaban mientras conducían, los juniors o chavillos estrenando coche y metiéndole pata, y los taxistas… OHhhhh, piedad, nada se compara a los taxistas…
Batman, se convirtió en el policía de tránsito más eficaz existente. Tanto así, que la gente ya temía salir a la calle conduciendo un coche. Y es que ya a todos los agarraba por igual. A Batman le entró un delirio de po-der.
Encerrado en una cueva, que alguna vez perteneció a un ermitaño, meditaba y leía los diarios. “DF: Han dejado de circular aproximadamente medio millón de coches, el cielo misteriosamente se ve azul. Los astrónomos francamente apendejados”, “Volkswagen ha quebrado”, “¡Escazes de patines del diablo en la Merced!”. Hacía sus rondas nocturnas en la noche, y en el día. En la tarde no, porque se dedicaba a comer tacos.
Pues sólo una cosa podía detener a Batman, y no era Blue Demon.
Fue un día, mientras barría su cueva… derecha-izquierda, quitando el polvito, que tuvo noción de su siguiente vida. ¡Y después de la barrida que había hecho en la ciudad, cómo no!
Siempre quiso ser barrendero.
2 comentarios ↓
jajajaa ta bueno este
te la jalaste mi hermano, pero que bueno estuvo.
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