En las mañanas, una taza de café. ¡Y orale! ¡A despertar a los chimpayates y al marido! ¡Qué se les hace tarde, les digo! Sonreía y se divertía al verlos medio dormidos, ese día en particular.
Ama de casa, madre de familia, y se divertía siéndolo. Para eso, pensaba, había nacido (y con ello, los sueños de juventud al vacío). Con lo que tenía a la mano, preparaba un desayuno rapidito para que estos monitos no se fueran con la panza vacía y le daba a su marido, recién bañadito, el beso de los buenos días. Le arreglaba la corbata y a los niños, el cuello de la camisa. Ya que ellos se iban, prendía la tele y el quehacer en la casa.
Hablaban de Miss Universo (más bien, el reemplazo… ya que nunca se supo que fue de la que originalmente ganó el concurso), ella sonreía y escuchaba, no porque conociera el destino (es más, lo ignoraba), sino que sabía que ella no necesitaba ser una Miss Universo para ser feliz. Alguna vez ella soñó con serlo, así como soñó con ser como su muñeca de ciento veintiocho pesos o tal vez, cuarenta dólares. De piernas largas, cuello largo y pies delicados, como una princesa. Vestida de rosa, con el coche incluido, la casita incluida y el vestido de princesa irlandesa, para las ocasiones especiales.
¡Bah! No vale la pena soñar con ello… aspiradora encendida y adiós a la mugre, adiós a los recuerdos. Para ella, era dulce el sonido del motor empujando a la alfombra y arrastrando las migajas de los niños que comen pan. ¡Una mancha nueva! Ya les había dicho que tuvieran cuidado con el vaso, como ellos no limpian… en cambio, si ella fuera profesionista. ¡Pero si era una profesionista del hogar! ¡En la tele así lo habían dicho! ¡En el radio, decían que era una vocación noble! ¿No?
Claro que si… aunque si hubiera estudiado algo… ¿por qué al salir de la preparatoria, directo al tango del matrimonio? ¿por qué, me puedes decir? ¡Por qué siempre desee ser ama de casa, claro está! Eso exclamaba en sus pensamientos y si seguía aspirando, iba a acabar con la alfombra y abrir el portal de las cosas desconocidas, misteriosamente enterrado debajo de su casa. Detuvo la aspiradora y fue por los líquidos para limpiar la fábrica. Esas manchas, esas manchas… sólo alguien como ella podía quitarlas.
Sentada, con los trapos en sus manos y el olor a pino en su nariz, adelante y atrás, hasta que se borre. Hasta que se vaya la mancha, ¿ves? Poco a poco está desapareciendo, se va la mancha, se va la mancha. ¿De veras soñabas con ser una muñeca? ¿Con ser una profesionista? ¿Qué clase de profesionista? La mancha, la maldita mancha. Soñabas con ser una señorita, de esas que toman café todo el tiempo para relajarse, mientras se acostaban y arrugaban el traje sastre. Soñabas, ¿con qué soñabas mancha? Soñabas, nada más soñabas con ser independiente, tener un trabajo, invitarle a tu hombre de vez en vez la cena, tener un hogar que pudieses llamar propio. ¡Ya, detente! Que la mancha no se va, tendría que intentarlo mañana.
Se sentó un momento y pensó en los trastes, en la ropa, en el baño, en los cuartos. Tenía tiempo para ello, de aquí a que llegaran los niños todavía había rato. Mucho tiempo, y muchas cosas que hacer, sólo otro ratito sentada y empezaría. Si, nada más… otro ratito sentada. ¡Ya! ¡De pie! ¡La ropa a la lavadora (oliendo a perfume de otra) y mientras, el agua en los trastes! (cada vez menos, por que él no llegaba a cenar) ¡Vayanse todas ustedes, manchas de grasa, que les ha llegado su verdugo! Y ahí estaba, con la fibra y con el jabón, sus manos ya marcadas, marcando líneas en los trastos. La lavadora, mientras, haciendo escándalo.
¡Terminan los trastos y medio ciclo de lavado! ¡Vámonos con los cuartos! A tender camas y alzar ropas para juntar otra tanda. Su marido, otra vez, llegó con labial en el cuello de la camisa. ¿No sabía el trabajo que costaba limpiarlo? ¿No le importaba… acaso? Ella pudo ser otra cosa de su vida, lo había pensado y no estaría… no estaría… ¿no estaría qué? Ella siempre quiso ser ama de casa, de otra forma no pudo ser, no debió ser, no estaba destinado. ¡A pensar a otro lado! ¡Queda mucho por hacer! Además, veinte años de casada eran veinte años, muy respetables veinte años.
Nada de llorar jovencita, nada de mirarte al espejo y buscar las arrugas. Eso no vale, porque sos el ama de casa perfecta y ¿qué es eso de soñar que siempre quisiste ser una muñeca? ¡No vale! ¡Queda tanto por hacer!
8 comentarios ↓
Desgraciadamente eso es lo que soñamos algunas con ser cuando éramos niñas. Y al igual que ellas cambiamos nuestros sueños por los de ser profesionista o ya de perdis Miss Universo…
Muy bueno Mr. Arbol. Muy bueno. :sonrisota:
tengo alguien que lleva -de coincidencia- el apellido “mancha”, que vive -de coincidencia- en méxico, que tuvo -de coincidencia- un esposo así, y que pensaba/piensa -de coincidencia- de esa manera.
todo parecido con la realidad es pura coincidencia -de coincidencia-
uy, el espejismo se le convirtó en trampa de arenas movedizas…me pregunto como saldrá la cien vidas de semejante atorón en el realismo cotidiano (muy bién retratado,por cierto):chido:
La pescadilla que se muerde la cola..
Me encantó
Poder transmitir en letras ese sentimiento de sueños perdidos, conformidad, ganas de salir, deseos de terminar con todo y de regreso a la conformidad no es fácil y mire que usted lo logra por completo; mis respetos.
Solo tengo una duda, es duda de ocio y no duda existencial, pero es que me llamó la atención al leer “LA ama de casa”, me suena chistoso me parece haber visto en otras ocasiones “EL ama de casa”; estoy seguro que ambas son válidas solo quería comentarlo :ancioso:
Creo que es más correcto decir el ama de casa, sin embargo, para darle continuidad al papel femenino que está jugando el cien vidas, decidí ponerle la.
Un saludo Yorsh
uff hasta que quedé cansada..
pobre ama de casa.. :ancioso:
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