además de dar para la comida, tengo que ir yo por ella.
Entradas escritas en Enero, 2004 ↓
Ahora resulta…
Enero 11, 2004 — Familia.
Escrito por Agustin Fest.
Serenidad y paciencia
Enero 8, 2004 — Familia.
Escrito por Agustin Fest.
¿Cómo le explicaré a mi madrecita, las palabras en azul que escribí debajo de esa foto? Apenas hoy las vio y están ahí desde hace meses.
¿Por qué?, me preguntó sonriendo… casi riendo… debe ser porque cree que me desespera a veces.
¿Cómo decirle que es todo lo contrario?
El oso y el mal
Enero 7, 2004 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.

Hace muchos años, en aquel pasillo donde se juntan las historias de todo el mundo, erase una vez un oso de felpa quien se encontró al mal. El hombre sin rostro le llamaban o el hombre de todos los rostros también. En la tierra, se llamaba Von Lurendberg y Dios le llamaba Satanás. Nadie había visto su verdadero rostro, excepto un hombre llamado Ezequiel quien viviría el resto de sus días recordándolo, sin embargo esa es otra historia y será contada en otra ocasión.
El oso de felpa le dio los buenos días, puesto era educado. Y Von Lurendberg le correspondió el saludo, puesto era diplomático. Habiendo los dos cumplido con su parte, el oso se dispuso a irse y abandonar a aquel hombre, puesto le habían dicho lo malo que era. Sin embargo, Lurendberg le detuvo del hombro y le dijo que esperara, puesto hacía mucho tiempo no platicaba con alguien.
El oso frunció el entrecejo y suspiró. Lamentó que se sintiera compasivo por la súplica de aquel hombre de maldad y así se quedó un rato a charlar con él.
—Mi querido y buen … —dijo Lurendberg, parpadeó sus centenares de ojos perplejo y después sonrió— osito de felpa, me han contado mucho de usted en estos rumbos. Pensé que caminando por aquí, alguna vez tendría que encontrármelo para charlar y ofrecernos un trato. ¡No se preocupe, señor oso! Se que habrá oído hablar de mi, puesto mi nombre recorre innumerables espacios y tiempos, y debo decir que no hacen justicia a mi reputación. Pido su atención, que se quede conmigo un momento y escuche lo que puedo ofrecerle, después usted decidirá por si mismo. Ya que la decisión individual es muy importante en este universo nuestro.
—Tan sólo soy un oso de felpa…
—¡Eso lo tenemos clarísimo!
El oso toció educadamente por la interrupción.
—Y mi dueña me dijo que no debiera platicar contigo nunca. No creo que esté bien tampoco si escucho un trato o lo que me puedas ofrecer.
—Tan relativo el término dueño, ¿no lo cree usted, mi señor… —Lurendberg lo pensó y sonrió—, oso?
—¿Qué es relativo?
—¡Qué no tiene sentido del todo! Eso es lo que quiere decir, ahora escúcheme… habrá escuchado de sus hermanos de felpa en este universo. A todos les pasa lo mismo, mi querido y buen señor: acaban sin dueño y se hacen viejos en un diván. Llenos de polvo, de telaraña, con las costuras rotas y la media felpa. Llegan a ser alimento de perros y polillas. ¿Usted cree que eso es digno de un destino?
El oso pensó las palabras, sin embargo, apeló a su ingenuidad—: ¿Qué es un destino?
—El destino, es lo que hace diferente a cada uno de nosotros… mi buen señor.
—¿Y cuál es el tuyo?
Lurendberg dio una fumada a su puro y sonrió. Listillo el muchacho.
—Existir, solamente para gente como usted que tiene aspiraciones. Usted sencillamente quiere ver las estrellas, sin depender de una dueña que le mueva la cabeza al cielo. Usted quiere caminar por sí mismo y quiere tener su propia historia, sin depender de los sueños febriles del desdoblamiento de un anciano.
—Entiendo…
Entonces Lurendberg procedió a platicar de las cosas que pudiera hacer si no tuviera un dueño, si tuviera su propio hogar. Tan hábil Lurendberg con las palabras, que las manejaba como cuchillos de cirquero donde el centro era el corazón de algodón. Abrió quinientos ojos de éxtasis y cerró los otros mil para llorar de emoción. La boca más grande, fumaba furiosamente el puro y las otras sonreían y se mordían los labios. La tentación del hombre, la tentación del juguete. Sus manos se movían y tomaban cuadros de las imágenes del pasillo de las historias en donde, con las palabras, creaba las vidas hipotéticas que podría vivir el oso.
A aquel oso de felpa le brillaron los botones que tenía como ojos. Y Lurendberg, por supuesto, sonrió.
Se escuchó un acepto y una risa estruendosa.

Allá… en algún lugar maldito, nació un niño que caminaba en el mundo. Tratando de recordar su pasado. Allá… en un algún lugar maldito, el niño se dedicaba a caminar e inventaba todas las historias que le habían prometido
Letras que forman palabras
Enero 6, 2004 — 1-2-3.
Escrito por Agustin Fest.
No es fácil escribir. Quien piense así, no está en lo correcto. No es sencillo atrapar el sentimiento y aplastarlo con los puños, como cuando Dios aplasta las estrellas y las hace estelas de luces. Eso no es fácil. Hasta Él se quema las manos y grita de dolor, el ardor es punzante y grita el silencio en el espacio. Se consume e inicia, progresivamente, el Big-Bang de un nuevo universo. No es fácil. Menos para manos humanas como las nuestras, ¿quienes nos creemos, para decirnos que todo podemos ponerlo en palabras e hilar letra tras letra? ¿Quienes somos, para decir que somos unos escritores con un agudísimo sentido del humor? ¿Buenos observadores de la vida, quienes la plasmamos en letras y creemos que lo hemos logrado? ¿Quién dice, que el mensaje es el correcto? ¿Quién se atreverá a desmentirte? ¿Cuántos habrán de no rogar? ¿Han terminado de lapidar?
Los árboles no vuelan, por eso están plantados.
Enero 5, 2004 — 1-2-3, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Sin embargo, siempre hay una excepción a la regla (ella, que lo hizo posible).
Nunca había viajado en avión. Se reservaron y se recogieron los boletos como cinco días antes. Entonces tuve tiempo para asimilarlo: si, me iba a subir a un avión… diablos si. Y sólo podía recordar la película de La Dimensión Desconocida, la historia donde actua John Lithgow: donde un duende hace lo posible por espantarlo… arrancando pedacitos del ala poco a poco. Me acuerdo que en esa película, el avión se movía bastante. Harta turbulencia.
Eso y las historias de los que se han subido a un avión.
Fantazy: “Y la gente se hace como hormiguitas! y sientes que puedes tocar las nubes de algodón! y sientes como sube el avión! y te dan ganas de reír cuando asciende!”
« DuVeth »: “y lo peor es si te toca al lado de una turbina durante todo el viaje,estarás pendiente de ella por la ventana para ver si falla. (Ajem, yo debiera de tranquilizarle verdad?)”
Don Arturo: “Vive tu experiencia, pero no diré lo que siento yo. Yo me aterré, leugo me tranquilicé y luego me volví a aterrar.”
Si… no pude dormir de pensar que me subiría a un avión. Hasta me puse a chatear con el novio de Fantazy. Trabaja en Mexicana y afortunadamente, me hizo sentir mejor.
Lo mejor vino después, al día siguiente, desayunando en el aeropuerto platicamos mis tíos y yo. Si… me platicaron de la turbulencia, que no deja pegar el ojo… me platicaron de las tormentas eléctricas que ves los rayos en las nubes, a unos cuantos metros y no puedes hacer nada… cositas nimias, nada más. Y yo que me estaba espantando…
Me subí al avión temblando. Es más, la azafata me vio con sonrisa de: “Ajá, es tú primera vez… tome su frasquito de vaselina y con la turbulencia, se siente más rico”, la azafata mueve los brazos a la izquierda a la derecha, “Antes de despegar, cierre los ojos, ajústese su cinturón y no batalle. Al que batalla le toca más duro”, sonríe y me enseña el mazo de la verdad, “La máscara de oxígeno bajará en el momento que usted grite desesperadamente, si tiene un niño a un lado, colóquele la máscara primero y recuerde moverlas”, la azafata muestra la máscara de la muerte y sus dientes brillan intensamente, “Usted sonría y muévalas, ¡así así, rico así!. Que tenga buen viaje”.
Después dio el mismo discurso en inglés y los gringos, tan bonitos ellos, nomás se reían. En fin.
Me senté y no me tocó turbina… me tocó ala.
Vi como el ala hacía tantas cosas, se movían los alerones: se alzaban y se bajaban. Pero el avión no se movía. Y los alerones si, oh si, se movían tanto tanto. Arriba y abajo, alerones. Y el avión no se movía. Perfecto, pensé… ahorita nos dicen que el avión no sirven, pero que nos van a meter en un turbo-camión que nos dejará en 1 hora a nuestro destino. Me parece de lo mejor.
Entonces… el avión empezó a moverse.
Se movía despacito… dando vueltas… agarrando pista yo creo, pero se movía despacito… así así, con calmita. Con calmita. Todo con calmita… espera, no…
“Señores pasajeros, vamos a comenzar el despegue”.
¡Cabrón! ¡Se mueve pero en reputachingaloca! ¡CON CALMITA, POR FAVOR, CON CALMITA!
Hijosu…
¡Ay con calmita! ¡Ay con calmita…!
tuve uno de esos orgasmos…
¡Ay mi Mexicana(TM) hermosa!
Ay… ay… ay ¡Dolor de mis amores!
Postdata cursi: Pero así… ¿cómo no voy a volar mil veces, en vez de caminar?

2004
Enero 1, 2004 — Inexistente.
Escrito por Agustin Fest.
2004… se ha parado el tiempo…






