Le gustó ser mariposa, aún cuando sólo fue un sueño. ¿Realmente lo había sido? ¿Lo vivió o lo soñó? Era la primera vez en catorce años (¿catorce?) que se sentía tan ligero, como si las alas se le hubieran incrustado en la espalda y hubiera volado toda su vida. Es que él fue la mariposa, estaba casi seguro de ello. Los sueños distintos, fragmentados, llenos de colores que ya no veía porque era ciego. Y su imaginación estaba llena ahora de sonidos, de vidas dispersas. Vidas que le hicieron inventarse un pasado que nunca fué.
Él podía ver antes —No estaba seguro de ello. Pero era, correcto… hasta cierto punto. El problema era que creía tener un pasado… y eso era mentira, cada vida que ha vivido, sólo estuvo compuesta de un presente hasta su siguiente deseo.
Antes fue millonario —Eso probablemente era correcto, pero no cómo él cree. ¿Quién le dijo que sería fácil tener cien vidas distintas? ¿Algunas alegres y llenas de felicidad inmediata, otras tristes y llenas de nostalgia?
Catorce años de inventos y suposiciones, le llevaron a creer que era indigente por la maldad del hombre. Se juntó la malicia del padrote, con el resentimiento de un artista de una película de madrazos. La tristeza de una tina y la soberbia de su vida como argentino. La agilidad mental del poeta y la no aceptación del ermitaño. Todo eso se le confundió en la mente, en su imaginación de ciego, y creó escenarios compuestos de sonidos que nunca existieron.
Por ejemplo, un ninja que padroteó al sindicato de mujeres ninja.
O un ermitaño que hizo de torero en la plaza méxico, con un Rolex en la muñeca.
O la destrucción de Hollywood por un grupo terrorista musulmán: Alli-Queda.
O que era una tina que podía dar los madrazos más espectaculares del mundo. No sabía como, pero es que era LA TINA.
Recuerdos inventados y hasta cierto punto corrrectos, pero ciertamente incompletos.
En medio de sus disertaciones confusas, escuchó un ruido de un objeto al caer sobre una taza de metal. Metió dos dedos y sacó una moneda, la identificó al sentirla. De todas maneras, ya sabía que era dinero y es que hasta los ciegos pueden reconocer su sonido. ¿No era el dinero él que había ocasionado todo esto en un principio, su vida como indigente? ¿No era el dinero el culpable de que estuviera sentado, en medio de su propia mugre durante catorce años? (Debes entender muchachito, ¡qué no tienes pasado! ¿de dónde sacas catorce años?)
Se levantó decidido y extendió sus manos al cielo. Las cosas marchaban muy mal en el mundo y sólo había una forma de arreglarlas. Con sus labios, formuló lo que sería en su siguiente vida.
Iba a ser Dios.
Y sería Dios —para no perder la costumbre—: a huevo.

Un comentario hasta el momento ↓
Eso quiero leerlo. Realmente… (Cada hombre es dios de su propio universo)
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