Cuando dijo que sí a Von Lurendberg, había soñado con un árbol de los mil nombres. En el “sueño”:http://www.mexsa.com/arboltsef/cibernauta/archivos/garabatos/002508.php era un niño, de carne y hueso. Estaba sentado al pie del árbol y éste le platicaba de Fafjel. ¿O había sucedido realmente? El árbol quería salvarlo, ¿de qué? Ya no recordaba, ahora estaba caminando entre las máquinas oscuras y los eclipses. El mundo maldito al que se había condenado. Sabía que las cosas no serían fáciles, ¿pero tenían que ser dolorosas? Extrañaba su felpa, extrañaba a su dueña.
Extrañaba ser nadie.
Y ahora era alguien, quien caminaba. En aquel mundo maldito, con el aire alzándose para tirarlo y el cielo oscuro para matar sus ojos. Un pie tras otro y se hundía en la tierra sin textura. Se miraba las manos y no creía que las tuviera todavía. Cinco dedos, mira… uno, dos, tres, cuatro y cinco. Cinco deditos dijo el cerdito. Pensó en los cerdos, pensó en como se revolcaban tan fácilmente en su lodo. Él no era diferente a los cerdos ahora, él también se estaba revolcando en la inmundicia de su decisión. La diferencia entre los cerdos y él…
Es que no lo estaba disfrutando.
A lo lejos, un árbol de raíces fuertes y tronco petrificado, estaba caminando. Los cuervos lo habían abandonado desde que Simón había muerto. Podía ver al niño, quien portaba una extraña luz oscura y creaba un camino en el mundo este, en el que se habían perdido. Extendió sus ramas desesperadamente y gritó el nombre del niño contra el viento, pero le fue regresado.
El niño jamás escuchó y su próximo sueño, lo llevó a otro lugar. El Árbol de los Mil Nombres le gritó y no obtuvo respuesta. Ninguna respuesta… debía detenerlo, debía enseñarle antes que todo saliera de control. Debía buscarlo de nuevo, debía caminar mucho antes de encontrarlo y rezó que el próximo sueño, lo llevara ante él.
Sólo esperaba que Von Lurendberg no interviniera.
En Fafjel, nacieron unos hermosos cerdos con alas quienes volaban de un lado para otro. Les encantaba caer en picada en los charcos de lodo, después de una buena lluvia y formaron una gran comunidad en una de las montañas más altas. La montaña de los mil nombres, así le llamaban. Alzaban copas y comían deliciosa porquería. Cerdos con alas, rosas y azules… que se divertían espantando a los granjeros.
3 comentarios ↓
arboles arboles,,, como te gustan !! como me gustan tengo 10 en casa, miosssss. perdon once, creo ,,, y justo detrasd emi terraza hay muchos arboles de un garden , q los dejaro alli y han cerecio , estan haciendo pisos.. espero qesos no los corten , pues por suerte, no les queda suficinete terreno para hacer mas piso ,,, arbolito!!! besos
hya !!! olvidaba decir q el perrito estaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. ohhhh!!!! precios ,, como me gustaria q me besase ,,, mperrito es tuyo ‘??? es unnbebe perrito ????
No, es Nicodemo (En realidad se llama Nicolás, pero yo le llamo Nicodemo). El perrito de un compañero de trabajo.
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