El oso y el mal

osol01.jpg

Hace muchos años, en aquel pasillo donde se juntan las historias de todo el mundo, erase una vez un oso de felpa quien se encontró al mal. El hombre sin rostro le llamaban o el hombre de todos los rostros también. En la tierra, se llamaba Von Lurendberg y Dios le llamaba Satanás. Nadie había visto su verdadero rostro, excepto un hombre llamado Ezequiel quien viviría el resto de sus días recordándolo, sin embargo esa es otra historia y será contada en otra ocasión.

El oso de felpa le dio los buenos días, puesto era educado. Y Von Lurendberg le correspondió el saludo, puesto era diplomático. Habiendo los dos cumplido con su parte, el oso se dispuso a irse y abandonar a aquel hombre, puesto le habían dicho lo malo que era. Sin embargo, Lurendberg le detuvo del hombro y le dijo que esperara, puesto hacía mucho tiempo no platicaba con alguien.

El oso frunció el entrecejo y suspiró. Lamentó que se sintiera compasivo por la súplica de aquel hombre de maldad y así se quedó un rato a charlar con él.

—Mi querido y buen … —dijo Lurendberg, parpadeó sus centenares de ojos perplejo y después sonrió— osito de felpa, me han contado mucho de usted en estos rumbos. Pensé que caminando por aquí, alguna vez tendría que encontrármelo para charlar y ofrecernos un trato. ¡No se preocupe, señor oso! Se que habrá oído hablar de mi, puesto mi nombre recorre innumerables espacios y tiempos, y debo decir que no hacen justicia a mi reputación. Pido su atención, que se quede conmigo un momento y escuche lo que puedo ofrecerle, después usted decidirá por si mismo. Ya que la decisión individual es muy importante en este universo nuestro.

—Tan sólo soy un oso de felpa…

—¡Eso lo tenemos clarísimo!

El oso toció educadamente por la interrupción.

—Y mi dueña me dijo que no debiera platicar contigo nunca. No creo que esté bien tampoco si escucho un trato o lo que me puedas ofrecer.

—Tan relativo el término dueño, ¿no lo cree usted, mi señor… —Lurendberg lo pensó y sonrió—, oso?

—¿Qué es relativo?

—¡Qué no tiene sentido del todo! Eso es lo que quiere decir, ahora escúcheme… habrá escuchado de sus hermanos de felpa en este universo. A todos les pasa lo mismo, mi querido y buen señor: acaban sin dueño y se hacen viejos en un diván. Llenos de polvo, de telaraña, con las costuras rotas y la media felpa. Llegan a ser alimento de perros y polillas. ¿Usted cree que eso es digno de un destino?

El oso pensó las palabras, sin embargo, apeló a su ingenuidad—: ¿Qué es un destino?

—El destino, es lo que hace diferente a cada uno de nosotros… mi buen señor.

—¿Y cuál es el tuyo?

Lurendberg dio una fumada a su puro y sonrió. Listillo el muchacho.

—Existir, solamente para gente como usted que tiene aspiraciones. Usted sencillamente quiere ver las estrellas, sin depender de una dueña que le mueva la cabeza al cielo. Usted quiere caminar por sí mismo y quiere tener su propia historia, sin depender de los sueños febriles del desdoblamiento de un anciano.

—Entiendo…

Entonces Lurendberg procedió a platicar de las cosas que pudiera hacer si no tuviera un dueño, si tuviera su propio hogar. Tan hábil Lurendberg con las palabras, que las manejaba como cuchillos de cirquero donde el centro era el corazón de algodón. Abrió quinientos ojos de éxtasis y cerró los otros mil para llorar de emoción. La boca más grande, fumaba furiosamente el puro y las otras sonreían y se mordían los labios. La tentación del hombre, la tentación del juguete. Sus manos se movían y tomaban cuadros de las imágenes del pasillo de las historias en donde, con las palabras, creaba las vidas hipotéticas que podría vivir el oso.

A aquel oso de felpa le brillaron los botones que tenía como ojos. Y Lurendberg, por supuesto, sonrió.

Se escuchó un acepto y una risa estruendosa.

osol01.jpg

Allá… en algún lugar maldito, nació un niño que caminaba en el mundo. Tratando de recordar su pasado. Allá… en un algún lugar maldito, el niño se dedicaba a caminar e inventaba todas las historias que le habían prometido

3 comentarios ↓

#1 NuEz el 01.07.04 a las 10:40 pm

el viejo maestro reclutando osos de felPa :chillon:

#2 DonArturo el 01.08.04 a las 12:48 pm

¿El niño mago?

#3 Johny el 01.09.04 a las 11:50 am

Que curiosa historia. Desde luego entiendo porque el mundo anda tan escaso de imaginación, andas tú que la tienes toda :coyoacanense:

Me ha gustado mucho ese carácter señorial y retorcido del diablo, tan cercano a muchos de los hombres, pero sobre todo me ha llamado la atención el epílogo que acompaña a la historia, que tengo la impresión que mientras escribo este comentario aun da vueltas en mi cabeza:

“el niño se dedicaba a caminar e inventaba todas las historias que le habían prometido”

Deja un comentario