Comencemos un juego, creemos entre todos una pequeña historia.
Cada uno de nuestros Blogs será un escenario por el que nuestro personaje se moverá. Cada vez que pase por nuestro paraje le moveremos hacia otro, y así irá paseando entre nuestros Blogs abiertamente hacia donde le lleve la historia, sin ningún orden, aunque evitando la repetición de unos mismos escenarios intentando que se mueva entre todos los participantes.
La iniciativa, es de parte de la comunidad de [Trovadores](http://trovadores.org a quienes agradezco la oportunidad de participar.)
Recordaba la historia, el bosque se había alzado por las manos de un escultor, sin motivo coherente registrado. A la gente le gustaba decir que estaba loco. Así es, loco, como tú ¿o cómo tú tío? ¿o cómo yo?. El escultor gastó una herencia en construirlo, en elegir las piedras necesarias y tallar las formas de cada uno de esos árboles gigantescos, en hilera uno tras otro. Marchitos y torcidos. Resignados a matar toda luz de sol y mostrar rostros malignos-malditos-desdichados…-locos en las cortezas de marmol negro.
—¡El bosque petrificado! —gritaba el escultor, cada vez que orgulloso lo enseñaba a alguien (O eso decía el libro). Y después, no se sabía más.
De niño, Roman sencillamente miraba la ilustración y esperaba nunca llegar ahí. Cerraba el libro, suspirando de alivio al no tener que sostener la mirada ante semejante atrocidad y saberse a salvo. Estaba seguro que ese bosque era uno de los tantos lugares donde caminaba su tío cuando miraba fijamente a ningún punto en el espacio.
Sin embargo, aquí estoy ¿O no estoy aquí? ¿O soy alguien más creyendo estar aquí?
Se dedicó a pasear, lentamente, tratando de contener el temor de este nuevo lugar que descubría. Es que el pobre ya no sabía que era realidad y que era ficción. Bendita la mariposa que sueña ser hombre, se dijo en un tono sarcástico e inseguro. Los árboles de piedra movían sus sombras para señalarle y él trataba de alejarse tranquilamente… pero las sombras le seguían, le seguían, le seguían.
Un poquito traviesas, las ramas se extendían para hacerle creer que lo ahorcarían. Que lo ahorcarían a él, Roman. A él… Roman.
Roman.
Tenía un nombre. Curioso.
Se lo repitió de nueva cuenta: Roman.
Roman. Roman. Roman.
Y fue como si un camino se descubriera en el laberinto, ahí, en la geometría del caos. Caminó con más seguridad entre los árboles de piedra, similares los unos a los otros. Miró al suelo y descubrió pisadas pequeñas, decidió seguirlas y descubrir lo que fuera a pesar de las consecuencias. Su nombre le estaba dando un camino. Le estaba dando una distinción en lo qué creía que era real y ficción. ¡Podía creer al menos qué existía! (Y no quería profundizar en ello, ya que su creencia era tan vaga, tan frágil).
Los árboles de piedra se alzaron en caminos, le permitían el acceso. Estaban dispuestos a darle una respuesta, una al menos. El marmol negro, en algunas partes, se convertía en marmol blanco. Roman no le prestó atención a ello. Escuchaba voces a su derecha que le decían que no debía estar ahí, que le lloraban y le gritaban que regresara, que no debía saber. Y las voces a la izquierda, simplemente reían.
Cuando llegó, descubrió a un niño en el centro mismo del bosque.
Sin embargo, no pertenecía ahí. Era como una ventana a otro lugar. ¿Un recuerdo? ¿Más ficción? ¿El pasado? ¿La realidad de alguien más? Y las preguntas no las respondieron los árboles, solo rieron y lloraron. Era un niño en un cuarto de aquel hospital siquiátrico, acostado en una de las camas. Le acompañaba una niña, sentada en una silla. Platicaban o hacían señas de hacerlo, ya que la ventana no ofrecía sonido. El rostro de la niña se le hizo ligeramente familiar. Al niño, sin embargo, no podía reconocerlo… tenía que ser él, era muy posible, ya que la niña en cuestión era…
—¿Laura?
Risas estridentes. Roman había logrado una respuesta del bosque petrificado, ¿pero qué le aseguraba que este recuerdo era cierto? ¿qué le aseguraba que no era inventado? ¿otra jugarreta de su tío?
El bosque se disolvió, esperaba no regresar a él.
Se quedó solo, en la oscuridad de sus pensamientos, tratando de embonar esta pieza en el resto del rompecabezas.
2 comentarios ↓
La verdad es que ya tenia ganas de leer tu aportación a la historia, me resultaba curioso saber como el personaje desarrollaría su excéntrica historia en un lugar tal y como un bosque petrificado…
El resultado ha superado la buena expectativa que ya tenia, me encantó.
Por cierto, agradecidos nosotros por la colaboración de tu pluma en la iniciativa Árbol
PD: El espacio de los comentarios mucho mas cómodo para redactar ahora que lo has ampliado!!
Gracias a ti Johny, por invitarme.
Espero estar a la altura de los demás escritores y conservar el tono en el momento indicado.
Un saludo.
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