El señor o señora de la tiendita

Me puse a pensar en ello cuando abrió una tiendita a un lado de un Matador (Cadena De Tiendas De Autoservicio). Y es que, no se comparan. En las tiendas de auto-servicio, el vigilante y el que atiende, cambian constantemente. No puedes entablar un diálogo, no puedes sentirte familiar.

Sin embargo, desde que somos chiquitos, conocemos al señor o señora de la tiendita. Se vuelve alguien familiar, porque de alguna manera, es nuestro vecino, es la persona que pregunta por nuestra familia o cómo va el trabajo, es quien nos presta lo de los cigarros un día o dos. No se comparan. No importa cuantas tiendas de autoservicio abran. No logran la misma sonrisa, el mismo apretón de manos o los mismos consejos.

Hace chistes cuando nos ve de malas y aprovecha para ofrecernos la nueva promoción. Quien tiene a su esposa y a su hijo detrás de la barra y nos dice así, silenciosamente, le presento a mi familia. Tengo una familia como usted y este es nuestro sustento. Se vuelven en sabios y también en analistas políticos, sociológicos y económicos. Puedes discutir con ellos lo que gustes y por la sangre de vendedor, tenderán a darte la razón.

Si necesitas hacer una decisión, el señor o la señora de la tienda sabrán automáticamente que deseas. Te apoyarán de tal manera, que la decisión será para lo que realmente quieres en el momento y no hay marcha atrás… si no necesitas mejor consejo, bastarán unas papitas o una coca cola. Hasta unos chicles.

El señor o señora de la tiendita, siempre estarán ahí.

3 comentarios ↓

#1 Gustavo el 11.17.03 a las 12:08 pm

No hay nada como el trato personalizado de la tiendita de la esquina; yo tengo muy clara la imagen esa de la ventana desde donde se despachaba y yo (y el resto de los niños de la cuadra también) subiéndome en una piedra para alcanzarla, para encontrar del otro lado siempre al alegre tendero.

#2 Anabel el 11.18.03 a las 12:11 am

En la colonia donde vivía antes era “Doña Carmen”. Aun que era tan carera, coda, aprovechada y amargada ¡Oh si, la extraño!

#3 Johny el 11.18.03 a las 11:48 am

Supongo que ese es el valor de las pequeñas cosas.

En este mundo hecho de plástico y neón, donde el estrés se vuelve un compañero, y en el cual las pequeñas partes de la vida se esconden tras fachadas enormes repletas de vidrieras y carteles de ofertas. Algo tan encantador como puede llegar a ser comprar unos alimentos o algunos enseres básicos pierde toda la importancia y se convierte en simple rutina domestica.

Es una lastima que las grandes superficies devoren a estos pequeños establecimientos donde aun existe el contacto humano. Y es que el día en que la economía evolucionó y los papeles sociales tomaron forma, alguien olvido incluir en el paquete la relación entre las personas…

Cuando escucho a mi abuelo hablar del pasado, estas pequeñas tareas domesticas, cobran vida por si mismas; Antes comprar el pan era pasar el rato discutiendo de política. El cartero además de cartas siempre traía historias y rumores. Ir al bar o a la taberna a tomar unos tragos implicaba comunicación con los demás, risas, comentarios y charlas…

En definitiva una gran cantidad de pequeñas experiencias que día a día, hacían que la vida se presentase un poco más amable.

Cosas de la evolución, veremos como acaba esta historia…

Deja un comentario