Lloró.
Y lloró.
Y lloró…
Y jadeó…
y gimió…
y balbuceó… (como un loco).
y susurró… (como un amante).
y el vagido se extendió por todo el mundo maldito.
La vieja ciega le acarició el rostro muerto a La Muerte, después le puso de espaldas y le acarició las alas rotas. Sin piedad, acabó el trabajo de los Demonios del Vacío, arrancando los restantes con fuerza y sin duda alguna. Le siguió cantando una canción de cuna, muy vieja, que alguna vez había escuchado…
Cierra tus ojitos, dulce amor,
esta noche haré bien mi labor,
cuidándote a ti, durante años
solo a ti, y a todos tus sueños…
Los demonios aún atormentan,
y los cielos todavía truenan,
pero estaré ahí, velándote,
dormir y despertar, besándote.
—Me duele, cada ciclo nuevo cuando te veo con tus alas rotas y tú hermoso rostro destruido, también me duele. Mi dulce niño, mi venerable Señor.
—Dime, dime quién soy. Si yo no te hice a ti, ¿entonces quién fue? ¿quién me hizo a mi? ¿Por qué no soy el más fuerte? ¿Por qué perdí mis alas y estoy vencido, cómo un angel caído?
La vieja rió dulcemente.
—Usted es el Señor de Todas las Respuestas, mi querido. Usted lo sabe todo. No todavía, pero pronto lo sabrá. O probablemente, se hace pendejo. Yo sólo puedo esperar, que en este ciclo, usted pueda responder todas mis dudas —La vieja ciega sonrió y su rostro se alzó, con la nariz olió sus alrededores y después alzo las palmas de las manos para sentir los vientos, dejando a Aquel que Responde Todo que se colgara de su vientre y buscara refugio en su pecho.
—¿Este es el primer Mundo?
—Si.
—Hay que empezar de nuevo, ¿no crees?
—Tan pronto destruya este…
—¡No! ¡No se le ocurra, mi querido Señor! —exclamó la vieja espantada, abriendo ampliamente la boca y sus párpados, descubrieron ojos grises tan amplios como un universo entero.
—¿Por qué?
—Vamos, quedamos que ya no respondería yo las preguntas. Piénsalo. Piénsalo muy bien.
Ambos se incorporaron, y con lo que restaba todavía de sus ojos… miró. Miró alrededor. Era un mundo horrible, un mundo carcomido por su propia soberbia y construido con su desdicha. El cielo café representaba lo podrido de las alas caídas y la tierra, tan cuarteada como su rostro. Miró a la vieja ciega y fue cuando lo comprendió. Ella tenía razón.
—Un hombre, debe aceptar su oscuridad. Siempre la carga consigo.
La vieja sonrió un poco burlona—. Pero tú eres un dios. ¿No es cierto?
—Y sigo siendo tan sólo un hombre. Al menos, ahora lo soy. Puedo crear lo que quiera, puedo hacer lo que quieran mis puños. Sin embargo, siempre existirá alguien que pueda destruirme como aquellos intentaron. Soy tan vulnerable y a la vez, lo tengo todo en mis manos.
—Eres tan lindo cuando te respondes tú sólo —dijo la vieja ciega.
—Pero es necesaria la creación de algo, de alguien a quien se le pueda tener una fé inquebrantable. Es necesario que exista el mito. Un mito a mi imagen y semejanza.
—Hágase tu voluntad.
—No destruiré este mundo.
—Pero todavía no es tuyo.
—Se llamará Jenué.
—Le has dado un nombre, ahora te pertenece.
Y el mundo, al adquirir su nombre, se hizo más fuerte. Los colores se hicieron más intensos y la tierra más maldita. Fue así que el Señor de Todas las Respuestas, alzó sus manos y flotó en el aire, con la vieja ciega agarrada de su espalda.
Fue así, que el Hombre de Todas las Respuestas habló con aladas palabras cual después se transformó en hermoso canto. Los dioses de todo el universo, nacieron como espigas de trigo que salieron de la tierra no fértil. Y a cada uno le dio nombre, y cada dios que nacía con un nombre, daba nacimiento a otro dios que daba nombre a sus hijos. Todos le pertenecieron y todos le amaron. Bendito aquél, que les había dado nacimiento.
Nacieron Ajysyt, Buga, Ilmater, Jumala, Pinga, Tarqeq o Igaluk, Tulungusaq, Ukko, Yrin-ai-Tojon ó Ulgan.
Nacieron Amotken, Asgaya Gigagei, Awonawilona, Estsanatlehi, Gitche Manitou, Glooskap, Hahgwehdiyu, Hisakitaimisi, Ictinike, Iyatiku, Kumush, Maheo, Napi, Natos, Nayenezgani y Tobadzistsini, Tirawa, Tonenili, Tsohanoai, Wakan Tanka, Wakonda, Wisakedjak, Wonomi y Yolkai Estan.
Nacieron Brighid, Cernunnos, Daghda, Danaan, Donar, Ler, Lugh, Makosh, Myrddin o Merlin, Nehalennia, Perunu, Rod, Saule, Svantovit, Svarog, Svarozhich, Tiwaz, Tuatha de Danaan, Wodan y Yarilo.
Nacieron Aegir, Balder, Bragi, Fenrir, Frey, Freya, Frigg, Garm, Heimdall, Hel, Hermod, Hoder, Idunn, Kvasir, Loki, Njord, Odin, Sigyn, Thor, Tyr, Vidar.
Nacieron Amma, Eshu, Leza, Nkulunkulu, Nyame, Ogun, Olodumare, Orunmila, Osanyin, Oshossi, Tsui’goab, Umdali y Yemanja.
Nacieron Ahura Mazda y Angra Mainyu, Anat, Anu, Asshur, Astarte, Baal, Ea o Enki, El, Enkidu y Gilgamesh, Enlil, Ereshkigal, Hadad, Innana, Ishtar, Marduk, Mot, Nabu, Nergal, Ninurta, Shamash y Tammuz.
Nacieron Amen-Ra, Anubis, Aten, Atum, Bastet, Bes, Geb, Hapi, Hathor, Horus, Isis, Khensu o Khons, Khnemu or Khnum, Maat, Menthu o Mont, Mertseger, Meshkent, Min, Mut, Neith, Nephtys, Nun, Nut, Osiris, Ptah, Ra, Renenet, Renpet, Seker, Sekhmet, Serapis, Seshat, Seth, Shu, Sobek, Tefnut, Thoth y Upuat.
Nacieron Afrodita, Apolo, Ares, Artemis, Atena, Cairón, Cronos, Demeter, Dionisio, Eos, Eris, Eros, Gaia, Hades, Helio, Hefesto, Hera, Heracles, Hermes, Hestia, Iris, Leda (la creadora de la historia), Nemesis, Poseidón, Urano y Zeus.
Nacieron Aditya, Agni, Brahma, Devi o Durga o Kali o Parvati, Ganesha, Kartikeya, Krishna, Lakshmi, Pushan, Rama, Sarasvati, Sati, Shiva, Surya, Ushas, Varuna, Vishnu y Yama.
Nacieron Dou Mou, Guan Di, Guan Yin, Tsao Wang, Lung Mo, Nu Wa, Pan Ku, Pi Kan, Sakyamuni, Shang Di, Wen Chang y Yen Lo Wang.
Nacieron Amaterasu, Benten, Bishamon, Daikoku, Ebisu, Emma-O, Fukurokuju, Hachiman, Hotei, Inari, Izanagi e Izanami, Jorojin, Kagutsuchi, Kannon, O Kuni Nushi, Raiden, Sengen, Shichi Fukujin, Susanowo, Temmangu, Tsuki Yomi y Uke Mochi.
Nacieron Kadaklan, Lac Long Quan, Naga Padoha, Sanghyang Widi Wasa y Si Deak Parujar.
Nacieron Camazotz, Cinteotl, Coatlicue, Ehecatl, Gucumatz, Huitzilopochtli, Hunhau, Hun-Hunahpu, Huracán, Itzamna, Mayahuel, Michlantecuhtli, Nanautzin, Quetzalcoatl, Tecciztecatl, Tepeu, Gucumatz, Tezcatlipoca, Tlaloc, Tonatiuh, Xipe Totec, Xiuhtecuhtli, Xochiquetzal, Xolotl, Yiacatecuhtli, Teoyaomiqui y los Bacabs.
Y nacieron otros tantos más.
Fue que les dijo: Ustedes existirán para la mente de los hombres y sea así, que cuando les llamen ustedes respondan como sea su voluntad. No estarán presente, hasta que los hombres completen el nombre que les he dado.
Y les dejó la Muerte crecer como espigas de trigo y se retiró a crear el primer mundo: La Tierra.
Heber Dor. Noveno del Cuenta Cuentos de los Muertos.
4 comentarios ↓
Impresionante el matiz épico que gira alrededor del mito, sus dudas, acciones y consecuencias. No se si pretenderás dar vida a una novela con tal derroche de fantasía inteligente o quedará todo en forma de relato o serie de los mismos. Pero en cualquier caso te lo agradeceré, pues está resultando un autentico placer seguir el transcurso mitológico de la historia.
misa like it ::
hola
hola
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