Día 10. El diario de Simón Dor. Escrito por Heber Dor.
Querido Diario:
Cariotti me dejó cerca de Puerto Octay, tal como prometió y me dediqué a caminar. Pasé el puente donde supuestamente, Madame Giraud pintó al pequeño Benson. Eso lo relaté en mi primer cuento, ¿hace cuánto habrá sido? No lo sé, no tengo a nadie para explicarme si estoy escribiendo ficción, o pedazos del pasado, presente y/o del futuro.
Lamento haber olvidado revisar si existía un “¡Bienvenidos a Jaramillo!”, pero seguramente cuando regrese… estarán ahí las tres tiendas, cerradas y carcomidas por el tiempo.
Cariotti también está ahí, eso me permite pensar que probablemente lo de Benson ya sucedió. ¿En qué lío me has metido, Padre? La enfermedad del Cuenta-Cuentos ya no me está gustando y aún así, debo escribir porque la he aceptado, ya no es libre voluntad. La enfermedad me lo exige y me retuerce al cerebro hasta que tengo la manota en una pluma y me dedique a escribir.
Me ha exigido ya escribir seis cuentos y cinco suceden alrededor de este pueblo en el que me he metido. La excepción es el “Inicio del Mito”.
Aunque ya no sé si creer si es ficción o realidad. Probablemente la Muerte exista como una entidad real y no haya habido un Big-Bang, sino un angel de alas negras que un día abrió los ojos ante una anciana que tranquilamente mecía la mecedora con sus nalgas. ¡Puede ser algo más absurdo que lo que yo escribo?
Y lo peor, es que yo no lo estoy escribiendo… lo escribe alguien más, porque releo los cuentos una y otra vez, y no hay nada que me defina con un estilo propio más que la firma al final de ellos. Soy un mero instrumento, ¿de quién? ¿de mi Padre? No lo creo, mi padre sufrió lo mismo. En algún lugar, deben existir las respuestas.
Respuestas que probablemente el Ángel de Alas Negras tenga.
¡Suficiente verborrea personal!
En Puerto Octay me he dedicado a caminar y a disfrutar de la brisa marítima. Aquí uno puede sentarse y relajarse, dedicarse a que el tiempo suceda. Tal vez pueda vivir aquí, en lo que sepa que demonios sucede. Una vida tranquila, nada más escribiendo un cuento tras otro, de aquí a que me muera y que la tierra se olvide de mí. No suena mal.
Pero primero, encontrar mis respuestas.
Caminé lo que parecieron horas, hasta que encontré una choza humilde. Me acerqué a ella y toqué la puerta. Nadie me respondió. La choza se veía recientemente abandonada. Investigué un poco más, caminando alrededor de ella y entonces, la encontré…
Una carreta de mariposas rojas rayadas, ya caída y un poco vencida.
Si. Levanta-Muertos.
Me acerqué a la carreta y la acaricié con cariño. De alguna manera, yo era el escritor que lo había inventado, ¿no era así? También cabe esa posibilidad: que yo esté inventando las cosas y me haya vuelto parte de mi propia creación en algún momento. Que yo también sea un cuento dentro de este Jaramillo.
Soy el cuento que escribe un cuento que escribe un cuento.
Las posibilidades de eso son infinitas, porque entonces yo también habré inventado a La Muerte. El “Inicio del Mito” soy yo, porque fui yo quien lo escribí. ¿No lo crees posible, mi querido Diario? (Y cabe la absurda posibilidad, que haya sido mi padre el Inicio del Mito, ya que el me dio nacimiento. Sin embargo, ¿quién le dio nacimiento a él? Así podemos regresarnos hasta el pasado y no saber verdaderamente es el iniciador. Me está doliendo la cabeza).
Estaba absorto en mis pensamientos, cuando escuché una voz saludándome, me di la vuelta y un hombre de sotana, ya muy viejo, se acercó caminando.
El Padre Burgos, naturalmente.
Y tengo mucho sueño, mi querido Diario. Mañana te contaré de Padre Burgos y mi encuentro con Guadalupe Espártaco, quien dio información valiosa acerca de lo que puede estar sucediendo.
2 comentarios ↓
te veo !! , me hizo gracia , no crei q funcionase , otras veces lo probe i no vi nada, saludos !!!!!!!!!!!!!
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a veces las formas que uno espera de los sueños ciumplirse nunca se hacen realidad y te has preguntado por que es como creer que los angeles tienen solo alas blancas como saberlo si jamas haberlos visto soy el primero en estar y soy el primero en irse Azrael
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