Carlos Padilla (Escrito en el ‘99)

Era un niño llamado Carlos (Uno).

El Nacimiento del niño llamado Carlos Padilla.

—¿Es este el sujeto? —preguntó un ángel de diminuto tamaño.

—Este es el sujeto —contestó un demonio de diminuto tamaño.

Ambas figuras míticas se vieron la una a la otra con la responsabilidad del destino en su mirada, su diferencia ya estaba marcada como la luz y la oscuridad.

El niño recién nacido miraba a ambas figuras como discutían con curiosidad inevitable, balbuceaba despreocupado del destino que le aguardaba. A veces intentaba tomar a una de las figuras… pero su mano las traspasaba como el aire, el niño no se sentía confundido aún por estas pequeñeces, pero le desesperaba el no poder tomar a las figuras como lo hacía con lo demás a su alrededor.

—¿Por qué nos ha tocado hacer sufrir a este pequeño? —preguntó el ángel con compasión en su voz.

—¡Qué débil! ¡Es su destino, el es nuestro triunfo definitivo! Ja, lo verás Anyat…

—No Nikath, el niño será nuestro

El demonio Nikath emitió humaredas de azufre por sus narices y gruñó molesto. Caminó con sus patas de chivo hacia el ángel, sondeando el terreno que proporcionaban los pliegues de la manta del niño, frente a frente contra Anyat escupió hacia un lado y se esfumó.

—Perdóname… —el ángel voló con sus diminutas alas hacia la mejilla del niño y lo besó.

—Abwaaa Gagu, Gugaaa —respondió el niño. El ángel le sonrió a cambio y desapareció también.


Es un hombre llamado Carlos (Uno).

Carlos Padilla accede a la Inmortalidad de la Oscuridad.

—Carlos… ¿Por qué elegiste este camino? ¿Por qué matas a cambio de dinero? —preguntó el ángel Anyat a su protegido Carlos—. Lo único que te mantiene de nuestra parte es el amor que le tienes a esa mujer… ¿Lo sabías?

—Me lo has dicho muchas veces Anyat, déjame vivir mi vida —respondió Carlos, su vestimenta era negra completamente, una gran gabardina y lentes oscuros, si piel era de un blanco pálido en contraste con la negrura que vestía.

—No… no matarás a ese hombre, por favor… a pesar del daño que ha hecho a tantas personas… —rogó el ángel.

—Ahora me has dado un motivo más para matarlo —respondió Carlos.

—Mata al hombre Carlos… a cambio, te daré la vida eterna… para que sigas viviendo tu camino, para que sigas matando hombres malos —susurró el demonio placenteramente— solo tienes que pagar un precio…

—No accedas a la tentación del demonio, ya que así pagarás toda tu vida—, exclamó el ángel rápidamente.

—Es sólo un momento Carlos, te daré la inmortalidad unos segundos y dime si te gusta… dime si pagarás el precio.

Carlos caminó seguro hacia el edificio de corporativos, escuchaba una canción en el camino en algún radio de por ahí, o tal vez un edificio lo tenía en volumen alto. No le importaba. La canción era rápida, repetitiva… pero le gustaba.

Looking for to save my save my soul

—Si, si, si, sigue caminando Carlos…—, el demonio parecía cantar, extasiado, frenético.

Looking into places where no flowers grow.

—No… Carlos, detente… por favor, ¡No sabes el precio hombre!

Looking for to fill that God shaped hole.

Carlos subió al elevador, ya adentro acarició la pistola automática que cargaba con él… la sacó de su gabardina y la besó.

—Madre… —susurró Carlos.

Recorrió largos pasillos y laberintos para confundir a las humildes almas que imploraban perdón a aquellos grandes millonarios, pero Nikath de alguna forma guió a Carlos dentro de ese espacio fuera de toda comprensión. Anyat solo calló y observó la situación con resignación en su mirada.

—Esta es la puerta Carlos… entra —Carlos obedeció al demonio, entró y ahí se encontraba un hombre sentado y fumando un habano. La oficina era amplia y decorada ricamente, alfombra fina, muebles caros, un gran vitral a las espaldas de la gran silla donde se sentaba el hombre robusto.

—¿Quién eres y qué haces aquí? —preguntó el hombre furioso.

—Vengo a matarte —respondió Carlos fríamente.

El hombre sonrió sardónicamente—. ¿Tú y cuál ejército?

—Yo… y Madre —Carlos señaló la pistola con la mirada.

El hombre se escondió debajo de su escritorio, una alarma sonó de la nada, un puñado de hombres llenó la habitación de inmediato.

—¡Lo quiero vivo! ¡Lo quiero vivo! —chilló el hombre de negocios.

—Ahora Carlos… eres inmortal… ¡Velo por ti mismo y dime si no lo necesitas!—, gritó el demonio en su mente, Carlos buscó inmediatamente al ángel para respaldar su decisión pero no lo encontró, los hombres empezaron a acercarse hacia Carlos.

Decidió improvisar, escuchando la canción aún en su mente.

Looking for to save my save my soul.

Corrió hacia el escritorio, los guardaespaldas reaccionaron demasiado lento sorprendidos por su acción. Carlos con ayuda de la adrenalina en su sangre alzó el escritorio y lo aventó hacia sus perseguidores.

Looking into places where no flowers grow.

Tomó al hombre de negocios y se lanzó al vitral junto con él cayendo de 20 pisos, sintió como residuos de vidrio se incrustaron en su piel, rasguñándolo impunemente. Escuchó el grito ahogado de su víctima, sintió la presión del aire, observó la noche que le invadía.

Looking for to fill that God shaped hole.

—Bien Carlos… bien, siente la inmortalidad de la oscuridad —susurró el demonio.

Carlos observó como el concreto se acercó a él sin parar, nada más cerrando los ojos para no sentir el impacto.


Carlos se puso de píe, un cuerpo lleno de sangre junto a él, parte de esa sangre manchó su ropa. Se sonrió y caminó hacia la calle principal para dirigirse a casa.

—¿Cuál es el precio? —preguntó Carlos.

El demonio rió en respuesta.

—Ya lo pagaste Carlos, ya lo pagaste.

Era un niño llamado Carlos Padilla (2)

Madre.

—¡Ese niño es un engendro del mal María!—, gritó un hombre furibundo, hacia ruidos con las cosas para enfatizar sus sentencias. Aventaba todo lo que se encontraba a su paso o lo azotaba.

—No lo es… ¿No lo ves? Es un niño… los niños tienen sus amigos imaginarios… —contestó la mujer tranquilamente, tratando de recuperar algo de sentido en su marido.

—Ya tiene 12 años, ¡Yo a los 12 años yo era ya un HOMBRE! ¡Ya trabajaba! Los campos de mi abuelo eran duros, ¡Bah! ¡Ni tiempo para amigos imaginarios, menos para amigos normales!, ¡Es lo que le hace falta a este chamaco!… No… ya no… no lo soporto… ¡Me iré María! Elige, tienes que elegir, el Loco o yo… —La mirada fría de la mujer otorgó una rápida y certera respuesta. El hombre tomó una prenda de vestir y azotó ruidosamente la puerta.

Carlos Padilla vio como se derrumbó su hogar y lo peor de todo es que no era su culpa, si no culpa de un angel y un demonio que reposaban en su hombro y también veían la situación.

—Anyat… dime que hacer… —susurró Carlos.

—Todo estará bien Carlos, sólo no dejes de tener fe en mí —susurró Anyat.

—¿Le tienes fe a una zorra que ha separado a tu madre y a tu padre? — contestó Nikath. Carlos lo miró desconcertado, pero con una chispa de entendimiento en sus ojos.

—Carlos… —susurró su madre— desde ahora sólo somos tú y yo, ¿Qué te parece? ¿Qué…? —la madre de Carlos se rompió y empezó a sollozar, se inclinó en el piso y dejó que su hijo le reconfortara.

El demonio hizo su primer movimiento e hizo que el momento se grabara fuertemente en la mente de Carlos, el sol brillaba intensamente y los rayos de luz entraban por la ventana. Desde ese momento, Carlos sintió un fuerte rechazo hacia el sol y se volvió fotosensible. Su armadura se ha vuelto la oscuridad de su gabardina y vestimenta.

Nikath se adueñó del cuerpo de Carlos.

El angel también actuó sobre su protegido e hizo de este un momento de amor sin medida, Carlos nunca olvidaría a su madre ya que esta nunca dejó de quererlo. Por eso hoy en día, ya hecho un hombre, utiliza como su arma de justicia a su propia Madre…

Anyat se adueñó del alma de Carlos.

Es un hombre llamado Carlos Padilla (2).

Su precio.

Carlos caminaba por la calle principal para llegar a casa con su novia, Gabriela. No tenía otro pensamiento más que verla, extrañamente se había convertido en una necesidad el sentir su tacto, ver sus ojos, ser amado. Pero quedaba una cuestión que sus ropas manchadas de sangre aún no habían resuelto.

—¿Cuál fue el precio Nikath? —preguntó Carlos.

—Sabes Carlos… yo te aprecio mucho amigo… en serio, ¿Sabes? He pensado en tí como tres personas distintas… eres como un pastel de tres rebanadas. Cuerpo, Mente y Alma… lamentablemente solo me llevo bien con dos de ellos, Carlos Cuerpo y Carlos Mente… aunque tenemos nuestros roces…

—Deja de balbucear Nikath y dime el precio que pagué —interrumpió Carlos. Buscó a Nikath con la mirada, pero este desapareció.

—Que oportuno —murmuró Carlos, la calle estaba iluminada, pero vacía. Solo había vagabundos que dormían y le daban un alma siniestra a su entorno. Anyat se apareció a su derecha.

—Te compadeces de ellos… por eso te quiero Carlos.

—Anyat… ¿Por qué me abandonaste?

—Tú me abandonaste a mí Carlos… estoy aquí… por que creo que he perdido la batalla, al menos que recuerdes una cosa… una cosa muy importante amor… No Pierdas Tu Alma, es lo único que me aferra a tí todavía.

—¿Qué precio pagué?

—Ay Carlos… ¿aún no lo sabes? —Anyat desapareció al decir esto, Carlos se frustró, sintió como el enojo se apoderaba de él, pero decidió seguir caminando, tenía que ver a Gabriela, tenía que sentirla.

—Una moneda… joven, tú… el de los dos colores… ¿Me regalas una moneda?

Carlos se detuvo inmediatamente y se acercó al tipo que le llamaba, le regaló una moneda en su sombrero y se sentó junto a él.

—¿Cómo lo sabes?

—Soy un ciego —sonrió el hombre—. Y puedo sentir como dos fuerzas pelean en tu interior. Yo antes fui un doctor… muy importante… un cardiólogo… —el hombre balbuceó cosas incomprensibles durante lo que parecieran horas, pero Carlos le escuchó pacientemente. Finalmente decidió retirarse, no sin antes darle otra moneda.

—No me gustaría que perdieras tu alma… —dijo el ciego.

Carlos le sonrió y se dejó llevar por la noche.


Abrió la puerta del departamento de Gabriela. Sintió una fuerte ansiedad que no entendía y temía comprender. La puerta tardó siglos en abrirse, sonrisas del demonio Nikath se dibujaban en su mente.

He pensado en tí como tres personas distintas… eres como un pastel de tres rebanadas. Cuerpo, Mente y Alma…

El olor a sangre penetró sus fosas nasales. La oscuridad no le permitía ver aún, prendió la luz del cuarto con trabajos, sus manos se habían vuelto torpes.

No Pierdas Tu Alma… Ay Carlos, ¿Aún no lo sabes?

—¿Gabriela? —susurró Carlos, incomprensible de que el rojo que cubría el cuarto entero era el bello rojo carmesí de la sangre. Ahí estaba una mano, que solía acariciarle en sus momentos de cariño y por ahí un ojo, que solía verlo a través de la oscuridad mientras hacían el amor. El ojo brillaba aún con intensidad divina… como si siguiera con vida.

No me gustaría que perdieras tu alma… yo era cardiólogo… un hombre muy importante.

—Oh… no… no… no… —sollozó Carlos y se derrumbó, como cuando su madre perdió al hombre que amaba.

5 comentarios ↓

#1 tOnYtO el 09.05.03 a las 12:27 am

:chillon: yo tengo un duendecillo verde en mi hombro…

¿estoy loco?

[Reply]

#2 carlos padilla el 10.30.03 a las 6:02 pm

:coyoacanense: ME LLAMO CARLOS PADILLA Y TENGO EL SUENO DEL MUNDO EN EL CUAL DUERMO DIA A DIA .PENSANDO CUANDO LLEGARA ESE SER QUE ME ILUMINE EL CAMINO DE REGRESO A CASA……POR LAS TARDES.

[Reply]

#3 carlos padilla el 10.30.03 a las 6:02 pm

:coyoacanense: ME LLAMO CARLOS PADILLA Y TENGO EL SUENO DEL MUNDO EN EL CUAL DUERMO DIA A DIA .PENSANDO CUANDO LLEGARA ESE SER QUE ME ILUMINE EL CAMINO DE REGRESO A CASA……POR LAS TARDES.

[Reply]

#4 carlos padilla el 07.12.04 a las 4:48 pm

Leer los escritos te transportan a otra realidad, no sabes si todo lo que haz hecho en toda tu vida ha sido de servicio alguno para tu vida, autoexaminate y recapacita preguntate ¿quien soy? si tienes mas de 10 respuestas te conoces, si no aun te falta mucho por conocerte; Mi sueño es crecer, cual es el tuyo; contacteme

[Reply]

#5 hector el 10.12.07 a las 3:44 pm

hola quiero platicar con tigo de tus sueños y los mios espero llegar a contactarme y espero que lleguemos a hacer amigos

[Reply]

Deja un comentario