No suelo pedir mucho.
No, la verdad es que no.
¿Me deben unas cuantas, no crees?
Sobre todo las que te debes a ti mismo.
He callado a mis demonios inseguros.
Te conozco, los harás crecer. Pero no te preocupes… esta vez, estoy dispuesto a defenderte
Si una mano, con sus delicados dedos, me enseña el camino y después toma la realidad como si fuera una tela y la rasga. Si dos manos, se dedican a juntar los pedazos de tela real y pegan una sobre otra como un collage inmenso, que engaña a la percepción de los sentidos. Si una voz, entra como una suave melodia inconsciente que te vibra el yo-interno, después el corazón y hace rugir a tu estómago de hambre como un niño que ríe. Si la proximidad de la persona, combina el karma con el karma y transforma la mirada en rojos y azules. ¿Qué quiere decir?
La vida no es un cuento de hadas.
Nah, no lo es.
¡Pero mira, tengo armadura de caballero andante!
Y un rimbombante jamelgo
¿Por qué no te niegas, cómo has hecho en ocasiones anteriores?
Oh… yo no te niego nada, yo sólo te advierto. Aquella mujer, ¡mira a dónde nos llevó! Ahora me tienes que escribir un Cuenta-Cuentos
Pero primero debo ser el caballero andante.
Claro, yo puedo esperar. No tengo nada que refutar en esta ocasión.
Gracias.
¿Entiendes qué significa eso?
Que ahora el peor enemigo soy yo mismo.
Cliché, touché, ché.
Si pudiera resbalar en las nubes y vestir un traje de astronauta para protegerme del calor del sol. Si pudiera andar de bosque en bosque, buscando al Árbol de los Mil Nombres que ha caminado durante siglos y siglos, para pedirle una disculpa. ¡Tomaré mi lanza y mi escudo! ¡Es hora de matar unos cuantos molinos de viento! El sagrado bosque de Fafjel me espera, en un claro de luna, para velar mis armas y rezar una oración a mi dama. Pero esto no es un cuento de hadas, ¡se ha convertido en una leyenda de caballería!
Joel
¿Si, Rafael?
Dame la mano y yo te doy la trás
¡Tutiritutara pirrompompán!
Ummm, ¿Cómo se escribe un cuento de hadas?
Empieza con la frase: “Erase una vez”… para hacerte sentir que la historia viene de tiempos remotos.
Erase una vez…
Muy bien.
Ahora escríbela tú.
Erase una vez, en un bosque mágico enterrado en las profundidades para jamás ser encontrado, los elfos del viento cantaban y las hadas volaban creando las más hermosas estelas de luz que el hombre viera en su vida. Se alzaban los árboles multicolores y los quetzalcoatlis volaban, dejando a su paso hojas mágicas que los fénix envidiaban. Negras brujas, en la parte oscura, echaban ranas completas, :1:y ¡niños perdidos también!:1:, en su caldera. Zapatos mágicos que lo hacen a uno bailarín, jugaban a correr en una gran pradera, a la par que los dinosaurios les miraban tranquilos, comiendo de grandes árboles frutales.
Erase una vez, en ese bosque mágico, que un hombre con armadura de caballero se arrodilló y rezó por su dama.
Estoy aterrado.
Se te ve.
Podría alejarme, todavía es tiempo.
Si, todavía hay tiempo
Así no le haría daño.
Claro está, según tú.
¿Qué quieres decir?
Vamos, sabes bien de lo que estoy hablando.
No, dímelo.
El peor enemigo eres tú mismo. ¿Por qué te iba a estar yo arreglando tu vida?
Ella podría hartarse de mí. Lo ha dicho. Pongo el dedo en el mismo renglón.
Y también, si no mal recuerdo, dijo que era parte de tí y lo tenía que aceptar.
Podría hacerle daño.
Y qué si el daño se lo haces alejándote. ¿Has pensado en ello?.
No… yo no sería capaz. Es lo que menos quisiera.
Bien… ¡Alce su lanza, súbase en su rimbombante jamelgo y siga escribiendo un cuento de hadas!
El caballero, un avatar de un Dios Antiguo llamado Argarath, alzó su lanza y se subió a su caballo. Terminó la última libación y miró el cielo estrellado. Subió a su corcel y lo hizo correr lo más rápido que pudiera, como alma que se la lleva el diablo. Las hadas le persiguieron en risas y los dragones de la suerte volaron en el cielo, cantándole canciones de guerra. Marchó durante muchos días, casi una eternidad, y le faltaban dos eternidades más para llegar al castillo negro donde se encontraba la princesa encantada. Una vieja ciega le aconsejó aceptar su oscuridad en el camino y el marinero del río del Infierno, le dio dos monedas de plata que utilizó como amuletos. Habría de recorrer desiertos y montañas, habría de conocer a mucha gente, habría de llegar, fuera como fuera.
Soy otro.
Si, lo eres. Mi viaje de cuarenta días y cuarenta noches funcionó.
Y también funcionó el mío.
¿A qué le tienes miedo ahora?
Siempre tengo miedo en diciembre.
Un hombre condicionado, claro está
A ella no le gustará eso.
Siempre queda el último recurso
¿Ummm? ¿Ese cuál es?
Pon un árbol de navidad, vístete de Santa Claus y divierte a la gente
Bleh.
Jajaja, no te lo tomes tan en serio, vamos… ¿en qué ibas del cuento?
Luchó contra siete gigantes, cada uno de ellos, representaba el opuesto de una virtud del Avatar. Su caballo murió en la cruenta y sangrienta batalla, cuando uno de los gigantes lo alzó con la mano y se lo llevó a su boca. El caballero rezó una oración esa noche por su caballo y juró vengarse de la bruja siniestra que tenía prisionera a su princesa encantada. Andó a pie, durante una de las eternidades que le bastaban, donde conoció a un duende de los sueños que le platicó de unos animales llamados elefantes y también llegó, sin querer, al fin del mundo. Se asomó y con gran asombro descubrió que esos animales existían. Con sus propios ojos, observó durante horas a cuatro elefantes descansando en la coraza de una gran tortuga.








5 comentarios ↓
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Me encantan los cuentos de hadas. gracias por continuar escribiendo.
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Los cuentos de hadas son facinantes, no deberian dejar de escribirlos nunca.
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que bueno loco
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Está muy chévere el cuento y todo pero que es quetzalcoatlis? Gracias.
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