Entradas escritas en Agosto, 2003 ↓

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Disney

Hoy he decidido llorar por medio de ternuras, así que me di a la tarea de buscar mis películas de Disney y ver todas escenas que me provocan querer sacar la lagrimita.

Así que he puesto Blanca Nieves y los Siete Enanos. Ver al malote de Gruñón llorar a moco tendido por la buena de Blanca Nives, me ha retorcido el corazón. Miren, miren, nada más no es posible. Imagínense, un hombre tan gruñón, tan duro, tan elegante con el piano y conservando la mala carota y ponerse a llorar porque la malvada de la bruja se deshizo de Blanca Nieves. Y luego, mirarlo con tal determinación salir con las antorchas y ser el primero en buscar a la pinche bruja… oh Dios… ese Gruñón, es lo máximo.

Está bien, no lloré. El estúpido de Tontón o como se llame… me hizo reír.

Bien, bien… puse a La Cenicienta y me dediqué a ver en slow-motion como la encierran y todo mundo confabula para que el príncipe no descubra que ella existe.

En slow-motion causa demasiada risa. Así que intenté con el Disney un poquito más contemporaneo.

Bien, “La Sirenita”… diablos, en la sirenita no encontré nada. Claro, me quedé encantado cuando el Sebastian decide ayudar a la pobre Ariel, que es una adolescente tonta y el príncipe es un acartonado de mierda. Va por una varita mágica y todo el pantano se pone a cantar. ¡Es sencillamente adorable! Y cuando los faisanes le tapan el pico a la gaviota con pinta de borrachote irlandés, cuando las tortugas y los pequeños peces dan de vueltas, cuando Flaunder se asoma para verlos.

En “La Bella y la Bestia”, es fascinante como el pobre desgarbado y patán intenta conquistar a la dama. Casi te hace llorar el sentirte bestia y después, hermoso a los ojos de la dama que muere por los libros. Te hace pensar: “¡Mi Dios, podría ser un borracho, drogadicto, neurasténico… y si soy lindo, la chica se enamorará de mi!”. Bue, entonces me acordé… como dijeron en Drew Carey: “La bestia tenía un castillo”.

“El Rey León” es más cruel. A Simba le matan el padre y cuando persigue a las oscuras nubes con su figura, allá en el cielo donde descansan los reyes del pasado. Los tambores africanos y el viento silbando, y sólo puedes escuchar: “¡Padre! ¡No te vayas padre!”. Y después, tuvieron que terminar la película en diez minutos porque en ese entonces era mal visto que una película animada durara más de una hora y media.

Ni tiempo de disfrutar la perdición, chingao. Eso me recuerda… tengo que ir a buscar a cierto papaíto (la mitad de mis genes, nomás) que tengo por ahí en Veracruz.

Espero que sea un antiguo rey o algo así, necesito mucho dinero. Bleh, no te creas padre Fest. Si alguna vez llegas a leer esto, hasta eso soy buen muchacho, no te pediré taaanto…

En fin, me quedé con las de Pixar. Miré la primera de Toy Story.

Buzz Lightyear, al infinito y más allá, cuando se entera que es un juguete y pierde la razón. Como se le ve su gran mentón, dibujando un rostro de: “Oh no, en realidad no soy un capitán especial, tan solo soy una mentada figurita de acción”. Y pierde la razón. Se vuelve loco el tipo, a dos pasos de convertirse el nuevo Chucky.

No funcionó. Le tengo cierto cariño a los locos.

Puse Monster’s INC y me reí toda la película. Desde la primera vez que la ví me gustaba demasiado. Nunca le encontré ningún motivo tierno-chillante… hasta que, al final… cuando le guardan a Sullivan el pedacito de la puerta y él lo pone cuidadosamente, con las manos temblando por ver de nuevo a la niña que le hizo ser el nuevo empresario e impulsor capitalista del mundo de los mostros…

Empujando la puerta con el temor de romperla de nuevo y después, vemos de frente al mostrito asomándose desde la oscuridad del closet, sus ojos mirando de un lado a otro, sin saber que se puede encontrar.

Hoy en día, nada más escucho: “Gatito” y me sale una lagrimita.

¡Me acordé de ti!

Licha:

Te escribo esa carta, usando ese nombre, porque me imaginé que en tu cielo personal volverías a ser la niña de pueblo, sin hijos de los cuales preocuparse. A menudo recuerdo cuando hablabas de la resurrección: “Humano ya no, es una carga tremenda ser humano. Prefiero ser un perro o un gato, hasta un árbol. Un árbol de mi pueblo, junto a la tumba de mi papá”. Eso decías, algún día buscaré la tumba de tu papá y el primer árbol que me llame, serás tú.

Toda mención esotérica o espiritual que tú decías, de niño la absorbí como verdad y sabiduría, aunque probablemente para ti era mera superstición. Me he vuelto un hombre que consideran “científico”, “racional” y “prudente”. Me sonrío cuando me miran raro cuando son tus enseñanzas las que hablan… me has convertido en un pequeño hombrecito curioso. Ojalá me mires desde el cielo y te rías cuando yo me río. Al fin y al cabo, te me has adelantado y tienes en tus manos la verdad más poderosa: ¿Qué hay después?

Releí mi diario y con sorpresa me re-descubrí a unos días antes de tu muerte y me reconocí a unos días después. Lo que es mejor, me descubrí sonriendo. Claro, también tenía ganas de llorar… pero me ganó la sonrisa. He madurado tu fantasma, lo logré mi querida abuela Licha. Ahora solo me queda uno más por resolver.

Me sentí con la necesidad de hablar contigo anoche y lo hice, sé que lo hice. Sé que me escuchaste y ahora que estoy escribiendo, te siento conmigo. Es como el corazón cuando es acariciado desde mero adentro, como si tu mano estuviera en mi hombro (nunca tuve tu mano en mi hombro, pero si me acuerdo de los besos que me dabas en la cabeza cuando escribía y me decías: Mi niñote). Te he resuelto, mi querida Licha y ahora se que es llevarte conmigo.

Y la razón por la que quiero llevarte conmigo, es porque voy a hacer un viaje. Tu y yo, juntos. Algo de lo que nunca te platiqué fue de las mujeres en mi vida, y la verdad, no consideraba a ninguna digna de presentártela. ¡Te me fuiste antes, tramposa!

Ya te imagino, riéndote como niña y escarbando la tierra, para encontrar caracoles. A la vista de tu madre y de tu padre. En el cielo, esas cosas se merecen.

Te platicaba de lo que escribía, te platicaba de mis amigos… siempre me preguntabas de aquel que no se me hacía tan importante, de Mena: “¿Todavía me sigue pensando que le eché el mal de ojo?” y te morías de la risa. Me acuerdo de Irwin: “Es un hombre muy tranquilo, encuentra un lugar para sentarse y para ocuparse… se siente en su casa cuando llega, me cayó bien”. ¿Y te acuerdas de Mauricio?, cuándo te dije que manejaba muy bien y muy tranquilo… y sabías que no era cierto, siempre me preguntabas que como estaba.

Platicábamos del mercado, de la familia, de mi escuela, de tus dibujos y de las cosas que escribías. Te la pasabas diciéndome que eras una burra, porque nunca aprendiste a escribir como la gente de-cen-te. Sólo quiero decirte, que ojalá la gente aprendiera a escribir como tú, a dibujar como tú, a vivir como tú.

Quiero presentarte a esta mujer maravillosa, cuándo vayamos de viaje este viernes. Vente conmigo, aunque sea un momentito. Te agradará, será la primera mujer que te presente, mi querida Licha. Perdóname por no platicarte antes, tú sabes… solo son puras quejas y contigo, ya no quiero quejarme. Te mereces descansar.

Ya tus hijos te dimos mucha lata en vida.

Te presentaré a alguien en este viaje… y te agradará, lo sé en el corazón. Y así me sonreirás allá arriba y sabrás con toda certeza, que tu séptimo hijo, se encuentra bien. Se encuentra MUY bien.

Ya no hay ningún crucero espacial que me quiera llevar a ti, en muchos años más. Pero en la noche, antes de dormir, seguiré platicándote… estate al pendiente mi querida Licha.

Te quiero, te mando un beso. Agustín.

¡Qué todo termine ya!

Es uno de esos días.
Maaaalos… maaaalos….
si, tan sólo es uno de esos días.
Muy malo.

Mi símbolo más antiguo,
es Tsef Thaed.
Es el símbolo del Ávatar.
La conciencia de que Dios no existe
y soy su hijo caminando en la tierra
para alcanzar la perfección.

Un Ávatar, contrario a lo que se piensa…
no sólo es el concepto/personaje/ícono que eliges,
para representarte en la red.
Aunque todos lo usamos así, y si le buscamos
el meollo filosófico: “Nosotros somos Dios
y creamos a alguien, a nuestra imagen y semejanza
para caminar con nuestro nombre en este
vasto medio”.

Claro que lo es.
Unos elegimos un personaje tranquilo,
otros elegimos un personaje distinto a nosotros…
(moldeable en cada aspecto), y sin embargo,
sigue
siendo
el
mismo.

Yo, mi avatar.
Mi primer Avatar: Tsef Thaed,
lo hice tan yo, como fue posible.
Un hombre complejo.
Un hombre imperfecto.
Un hombre, amante de los laberintos.
Un hombre, amante de la vida y que se ríe de la muerte.
Un hombre, que odia la vida y abraza la muerte.

Una contradicción.

Bienvenido, Tsef Thaed.

Regresando al meollo del Ávatar:
El Ávatar es la reencarnación de Dios
en la tierra. Según los hindús.
Pienso que todo inició con Vishnú.
Si, fue Vishnú… y si no, Khali.

Después, el concepto se extendió.
Mucha gente lo utilizó para su imaginación,
entre ellos… un tal Ultima (de Origin),
¿no sé si recuerden el video-juego?
Yo era un jovencito influenciable.

Necesitaba aferrarme a algo.
Me aferré a tantas cosas que hice mil laberintos

El Avatar de Ultima, tenía un concepto interesante:
Y creo que celta, o tal vez, nórdico.
La gente juega con la mitología, para crear nuevas.
Y es que el Avatar debía ser un guerrero que
profesara las siete virtudes.

Siete virtudes que ya no recuerdo.
Honestidad, Compasión, Valor, Justicia, Sacrificio, Honor, Espiritualidad, Humildad.

Elegir el nombre de mi Avatar fue sencillo.
Había muerte por todas partes y un deseo de resurrección.

(el símbolo del fénix).
(el símbolo de los cuervos, mensajeros de la muerte, en la edad media).
(y después, el señor de todas las respuestas. El hombre que habría de responder y juzgar cada paso).

La primera palabra, obligada… fue Death.
Invirtámosla: Thaed.

La segunda palabra, Fest.
Yo he tenido problemas con mi apellido.
Los psicólogos Freudianos dicen: “No has resuelto tu Edipo”.
Eso dicen, yo no sé.

La gente era más tranquila antes de saber del psi-co-a-ná-li-sis.

Tsef. Fest. Reflejo - Contrarreflejo.

Tsef Thaed. Celebración de la muerte en el espejo.
Y bien…
No-celebración de la vida tal como está.

Ese fue mi primer Avatar.

Segundo día

Creí que el más difícil sería el trabajo, pero fue pan comido ¿a quien quieres engañar, Tsef Thaed?. Nadie me ofreció un cigarro, ni Josefa, ni Carrillo. Los olí demasiadas veces, vi prenderse un par, pero pude evitarlos. Fuerza de voluntad muchachito, me dije a mi mismo, ¡y salí todo un triunfador! Anda, anda, confiésalesssss… te mueres por uno. Ni siquiera se me antojó, ni tantito. Mi cigarrillo de mi cajetilla de reserva se quedó quieto en su lugar. ¡Mira nada más! Eres como que un poquito masoquista: sonríes al pensar que si lo fumas… no podrás parar ya. ¡Y tenés razón!.

Me descubrí un hábito. Suelo/quiero llevar un cigarrillo mientras edito rápido. Ahora sé que conociéndome es como podré pelearle al cigarrillo mas fácilmente. Tsk tsk tsk, no vas a triunfar… mañana mismo te comprarás una cajetilla nueva. ¡Mañana mismo! ¡Andá Tsef Thaed! So, acabé mi día en el trabajo. Nada pesado, sólo hice un stock para video interno de una compañía de camiones y hoy hice la edición final del comercial de pastelitos. ¿Cuántos pastelitos te comiste hoy para no pensar en el cigarrito de la editada, eh?

Me comí un pastelito nada más… Ohhh. Pero vas a engordar bien y bonito muchachito… si de por sí, sos un cerdo. Para tranquilizar las ansias de cigarro y después, me fui a la escuela.

Un hábito descubierto: El cigarro que me llevo prendido de la oficina al metro. ¿Te acuerdassss cuándo pasabas del lado de la gasolinera con tu cigarrote prendido y luego los mirabas sonriendo, moviendo tu manita con el cigarro esparciendo ceniza caliente de un lado a otro? Jajaja, lo bueno es que ya cambiaron al personal. Ahora no prendí ninguno, me sentí bien. Me sentí re-la-ja-do y tran-qui-lo.

En la escuela fue un poquito más difícil. Descubrí que utilizaba el cigarrillo para que se me fuera más rápido el tiempo a la hora de empezar una clase ¡Y cómo lo descubriste, eh! ¡Vaya que lo descubriste, Tsef Thaed! Ahora… préndeme, chiquito, préndeme. ¡¡jajajaja!!. So, lo que hice fue caminar. Hice la anotación mental de SIEMPRE llevar un libro, los poemas/ensayos/novelas pendientes. Debo comprarme una antología que cuesta unos seiscientos varos en American Bookstore.

Si, el dinero me tiene mal. Estoy a punto de darle a mi mamá su ultimatum. Todavía no me pide dinero para apoyar en la casa, pero estoy seguro de algo: Ella no está buscando trabajo. Eso, eso, piensa en tus problemas… así necesitarás un cigarrillo… piensa en la presión, la deliciosa presión… ¿la sientes? ¡Vamos! ¡Nada más uno! y mañana regresarás a la normalidad…. Ya le dije que no podía mantenernos a los dos a menos que dejara la escuela y trabajara de tiempo completo y como no quiero sacrificar ni uno, ni lo otro. Es una historia compleja, mi mamá ya lleva un historial de dos tíos que si tuvieron que salirse de estudiar para pagar las deudas de crédito de ella, malos tiempos, fueron malos tiempos. Afortunadamente, esta vez no hay deudas de tarjeta de crédito y yo, no quiero repetir ninguna historia.

Le diré que se busque un trabajo para al menos pagar la renta del departamento. Yo pagaré lo demás luz, teléfono, gas, comida. Yo creo que los gastos se equilibran bastante bien haciéndolo de esa forma.

Claro, mi mamá cuando trabajaba tenía contemplados otros gastos estaba pagando mensualmente un par de casas, hasta donde yo sé. Una en Toluca, otra en Colima. Pero no estoy dispuesto a pagar nada de eso, no me alcanza el dinero. ¿Una fumadita?. Y aquí es cuando comprendo la importancia de tener un lugar donde vivir, sin gastos de renta. Yo creo que será lo primero a lo que me enfoque cuando ahorre un dinero y gane más.

Primero es: un lugar donde caerse muerto. Un lugar donde fumar tranquilamente. Ya después, hasta te compras una mona inflable si quieres.

¿En qué iba? Ah, si, en la escuela. Me encontré con Ariadna y conocí al novio de Astrid, Nicolás. Bien, tranquilo, normal. Ariadna se compró un cigarro, se lo fumó. No quiero ser de esos tipos mamones que digan: “Oh, ya dejé de fumar” y luego se la pasen tociendo como en seña de que les molesta, porque ellos ya lo dejaron. Si, te lo aguantaste bien… debo admitirlo, Tsef Thaed.

Y el penúltimo hábito que descubrí el día de hoy fue cuando estuve socializando con un grupo de compañeros… tenía el impulso de sacar un cigarrillo y prenderlo. ¡Dios mío! Jajaja, ahora si que me estoy conociendo. Casi le robaste una fumadita, pero te aguantaste. No me llamó tantito la atención el cigarro de la chava… ¿cuál me chupo? bueno, si, casi le pido que me diera una fumada.

Pero me aguanté. Divertido, caminé de regreso a casa pensando: “Ummm, lo más seguro es que en una peda voy a querer fumarme un cigarro también y entonces viviré otra vez mi vida de fumador. Oh no. No, no, no. Todo lo que lograste hoy, perdido por una peda. Eso sería lo más patético”.

Luego saqué mi último cigarrillo de mi cajetilla de reserva y me lo puse en los labios sin prenderlo. Sonreí y me puse a tararear. Cuando sentí que ya había sido lo suficientemente patético, me lo quité de los labios y lo volví a guardar en su cajetilla.

Y luego, llegué a casa. Leí algo que me enojó.

Casi prendo el cigarrillo. Todavía no es tarde. Si, cuando estoy nervioso, enojado y estresado, fumo bastante. Ya estaba fumando de a cajetilla y media diaria, por eso lo estoy dejando. ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Préndelo! ¡Prendelo ya Tsef Thaed!. Pero sería idiota si prendiera el cigarrillo por leer algo tan trivial que sencillamente, me enojó porque me siento con ganas de enojarme con alguien y desquitarme.

Así que esperaré algo más sútil y elegante como el final del mundo para prender mi cigarrillo de reserva. Tal vez en unos treinta años, ya que esté bastante añejado Wacala.

Además… ahora tengo una razón de peso por la que no me quiero morir mañana, ni pasado, ni en dos, ni en diez…

Pruebas de fuego

Ayer, terminando de comer, se me antojó el cigarrillo “para la digestión”.

Dormí mal. No fue por el cigarrillo, de por sí, no sé dormir como la gente decente (eso y un par de pensamientos me asaltaron la cabeza, pensamientos malos…). Me desperté, me dormí, pensamientos malos, me desperté, me dormí, pensamientos malos. Tengo un par de demonios nuevos, hermoso, sencillamente hermoso.

Ayer me sentí orgulloso, no había tenido que prender ningún cigarrillo.

La primera prueba de fuego fue cuando mi mamá compró sus cigarros, los abrió y se fumó uno. Ohhh, el delicioso aroma del tabaco quemado penetrando en mis fosas nasales. Suspiré, no me dejaré vencer.

no-fumaras.jpg

Al despertar, puse agua para el café y mi primer impulso fue prender un cigarrillo para esperar a que el agua calentara.

Cuando me hice mi café, mi segundo impulso fue buscar un cigarro para acompañarlo.

Y por supuesto, el cigarro para terminar el café.

El cigarrillo antes de dormir. El cigarrillo mientras uno se baña. El cigarrillo antes de salir. El cigarrillo cuando uno espera el transporte público.

Y ese único cigarro que me queda, me mira con una sonrisa maligna… Oh si, esta será mi mejor batalla.

Día 1

Cierto… dejé de fumar.