—¡TSEF THAED! —grité. Ese es el nombre completo, un opuesto a celebrar la muerte. He vivido, y ahora que he vivido, no resta nada más. Dejé de caminar y dejé de sobrevivir, para disfrutar. ¿No es así? Simón Dor me ha olvidado, yo sé que no fue su intención, fue culpa del demonio que está caminando con el cuerpo de Beatriz. No habré de culparle. Es hora ya. La mariposa no tardará en matarme, el viento no tardará en arrastrar lo que quede de mi madera seca.
¡Te estás rindiendo antes de luchar, cabrón!, eso me dijo Simón Dor. Es la verdad, no hay más porque luchar. Mi historia ha terminado y como ha terminado, es como debía ser. El delfín está haciendo ruidos, como esperando a que me niegue a morir. Pero es que yo ya no debo hacer otra cosa más. Simón Dor me ha olvidado y es justo que yo me olvide de él. El niño y la anciana también se olvidaron de él. Todos han olvidado a Simón Dor. Es lo que él quería.
Eres mi amigo y me duele, eso también lo dijo Simón. Es uno de los recuerdo que me llevaré. Me estoy marchitando. Ya no queda más por hacer. El delfín sigue haciendo escándalo… no me importa. Déjenme morir en paz, vamos, no me molesten. Es hora, no saben cuánto he caminado, no podría caminar otro tanto ya. Alzaré más las ramas, para que se vea bonito cuando me quede petrificado y seco. No salieron fuegos artificiales y tampoco murió la mariposa. Tan solo, se le dio un punto final a mi historia.
El Árbol Tsef miró el horizonte y escuchó al delfín saltar. Las pocas hojas que quedaban, se fueron cayendo y los frutos, se habían echado a perder hacía tiempo.
—Árbol Tsef Thaed —susurró. Sonrió, se acordó de la borrachera con Simón y después recordó las clases de pelea. Se rió, no pudo evitarlo, se rió tanto que un pedazo de corteza se quebró y cayó después al suelo. Apretó la boca de dolor, dirigió su vista al pedazo de corteza y se rió aún más.
La mariposa empezó a llover olvido y el Árbol Tsef Thaed se dio cuenta de que no olvidaba nada ya, porque tenía su nombre, lo cual era todo lo que necesitaba. Se puso a pensar en Simón, ¿qué necesitaría él? No tuvo oportunidad de preguntárselo y luego cayó en cuenta, que Simón sabía el destino de todos, pero ninguno habría de conocer el del viejo. Ni Yasmín lo tenía cierto, ¿inmortalidad o muerte? ¿era el viaje por Beatriz? ¿los seres que se habían adueñado del barco, también se habían adueñado del destino del viaje?
—Fuiste muy listo Simón —dijo el Árbol Tsef Thaed. Pensó un rato más y recordó de nuevo el baile, mecer las ramas de un lado para otro. Miró hacia arriba, donde estaba la mariposa y supo lo que debía hacer.
—Si tu puedes escribir tu propia historia Simón, también yo escribiré la mía. Espero que valgas la pena. ¡Escúchame delfín! ¡Salta y traeme a la mariposa! Es muy importante esto que te digo, no te la comas. Hagas lo que hagas, no tragues ni tantito de ella.
El delfín obedeció, saltó y con las aletas empujó la mariposa hacia el Árbol Tsef Thaed quien después, habría de atraparla con las ramas. Cerró los ojos y recitó su nombre en silencio cuantas veces pudo, antes de llevársela a la corteza y comérsela. El efecto fue inmediato, la mitad izquierda del Árbol empezó a convertirse en piedra.
—Debo apresurarme, antes que la mariposa me transforme por completo. Nunca se debe jugar con magia pervertida, o te transforma desde adentro.
Se abrieron las nubes, el sol se asomó y el Árbol pudo reverdecer la otra mitad de su corteza. Debía ser rápido, o la magia podría matarlo. Avanzó con las raíces que le quedaban sanas hacia el Pasillo de los Cuartos, arrastrando la pesadez de la mitad que se convertía lentamente en piedra. Repetía con ahínco su nombre entero, ya que eso le ayudaba a no olvidar y contrarrestar el efecto del veneno de la mariposa.
¡Árbol Tsef Thaed!, camina, vamos… camina un poco más. No es hora de descansar. ¿Dónde estás, Simón? ¿Dónde estás, Simón? El embrujo del súcubo es demasiado fuerte, no puedo contra él. La única que puede es Beatriz y ha desaparecido su Cuarto. ¡Demonios! ¡Piensa rápido Árbol Tsef Thaed! No hay más puerta, porque ya no hay más llaves. Simón solo utilizó dos, ¡eran tres llaves! ¿Dónde diablos quedó la tercera?
Claro, en el Cuarto del Laberinto. ¡Camina, Árbol Tsef Thaed!
El Árbol Tsef Thaed arrastró sus raíces hacia El Cuarto del Laberinto, con las ramas sanas abrió la puerta y se metió. Cerró los ojos y sintió las semillas que había depositado ahí en algún momento. No fueron aplastadas, como había pensado Simón, tan sólo se habían plantado dentro de la niebla. Con ellas podía ver todo el Laberinto y así, encontrar la respuesta. Mentalmente, visualizó todo lo que sus semillas podían alcanzar y descubrió un brillo, era la llave. No estaba lejos.
Nueve días, con sus nueve noches.
Se arrastró lo más rápido que pudo, la mitad que se petrificaba se hacía pesada y difícil de manejar. Caminó entre los muros de niebla, sin dudar el camino. Ahí estaba la llave, extendió sus ramas y la alzó, luego metió esa rama en su boca y buscó un lugar dentro de su corteza para depositarla y estuviera segura. Al terminar, recorrió el camino de regreso.
Ya estaba a unos metros de la puerta, cuando en la oscuridad un par de ojos rojos le bloquearon la salida.
2 comentarios ↓
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:ancioso: Me hizo sentir como si yo fuera el arbol, como si yo tratara de salvar a simon
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