Cuarto de Máquinas III.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 33 de 48


Simón salió del Cuarto de Fest y se dirigió al Cuarto de Trofeos, en él, depositó el reflejo en el espejo del súcubo Zalic Luia y también sacó de sus bolsillos las tres semillas que pudo recuperar del Cuarto del Laberinto. Se acercó al mueble donde estaban las llaves y la pistola de McGonnagal, y sin perderse en decisiones, sacó una de las llaves del llavero y la mantuvo firme en sus manos. Esta vez, no se perdería.

Salió del Cuarto de Trofeos y se dirigió a la puerta del Cuarto de Máquinas. Cerró los ojos y la mano que sostenía la llave se sabía el camino de memoria para entrar a la cerradura.

CLICK.

La puerta se abrió, Simón Dor empujó la puerta y entró. No había marcha atrás, en el amanecer número veintiuno.


Arbol Tsef:

Creí cuando dijeron
que la luna se dormía
cuando salía el sol
creí cuando dijeron
que el diablo se escondía
husmeando en las esquinas
de la habitación
creí además porque dijeron
las maestras miopes
que el sol no se veia de frente
y yo me creí porque dijeron
que la vida no existía
en la muerte.

Niño mago:

no, no quiero ser una sombra en el suelo
quiero verme reflejado transparente
en los espacios y los cielos
a la orilla de tus senos
colgado como cuadro
en las paredes de tu vientre
perdido en tus paisajes
Creí cuando dijeron
que otros mundos no vivían
y todo era lo que ves
pensé que tu sonrisa
era inagotable como el agua
hasta que casí se fué

Árbol Tsef: Inagotable como el agua…
Niño mago: Hasta que casi se fué.

Árbol Tsef: Como gotas de agua…
Niño mago: su sonrisa, se fué.

(Canción original, Cénit de la Castañeda).


Como el angel perdido, que ha regresado de una larga visita en la tentación del infierno, Simón Dor alzó sus brazos y sintió que la presencia de Beatriz le inundaba, como sol que toca el cuerpo de una persona que ha estado encerrada en el cuarto de las sombras o como árbol que reverdece con el toque de agua nueva. Lágrimas cayeron de su rostro, sin control alguno y las recibió con agrado cuando inundaron su boca de agua salada. Le crecieron alas, las alas de un fénix que está a punto de morir y renacer de nuevo, las olas de calor se expandieron hacia la frialdad de la sabiduría de Beatriz, que le miraba desde el otro extremo del cuarto. La figura fantasmal silenciosa, de ojos profundos y cabello largo, que caía como una cascada de cocoa deslizándose para rozar su espalda por encima del vestido veraniego azul que Simón jamás podría olvidar.

—Beatriz era Magia y Ciencia, Espíritu y Materia, Razón y Fé.

Simón se arrodilló al suelo y puso una mano en el rostro, se echó a llorar. Todo lo que había sufrido en el viaje le cayó como un saco de ladrillos, el sufrimiento de las personas que llevaba consigo, le caló todo el cuerpo. Se arrodilló, abrió su boca y sus ojos, y extendió sus manos hacia la silueta incorporea del espíritu tranquilo que le miraba sin inmutarse. Las alas de fénix se disolvieron en el ambiente y no había otro ruido, más que los sollozos de Simón y el suave murmurar del Cuarto de Máquinas.

—¡Abrázame! ¿No ves que me estoy muriendo? ¡Abrázame ya, qué he esperado tanto tiempo! ¡Abrázame y llévame contigo, ahora que podemos! No me mires hoy, no me reproches, ni me cuides desde el cielo, sólo abrázame que lo necesito tanto, tanto. Tanto.

El espíritu de Beatriz le miró y entreabrió los labios, se acercó a Simón y después le tocó la frente, la mejilla… se arrodilló y le correspondió el abrazo. Un abrazo incompleto porque ella era un fantasma y cuando Simón trató de apretar su cuerpo contra el suyo, sólo consiguió abrazarse así mismo. Los dos sollozaron, porque estaban tan cerca y de nuevo, tan lejos. Los quejidos de Simón se escucharon como los de un niño y se apretó el cuerpo tan fuerte, que la piel enrojeció aún a través de la tela.

—Abrázame por favor. ¡Es tan asqueroso que hayas muerto! Tan ruín, tan despreciable. ¡Tú me conociste! Nunca hice algo de mal, sólo quería escribir historias para tí. ¡Pude atravesar mil infiernos tan sólo por recuperarte! Ahora sólo me la paso recorriéndolos para olvidarte y enterrarte, ¡Y no te dejas! ¡Qué mentira, la verdad es que yo no quiero dejarte! Y la vida es tan irreal ahora, porque es cierto, escúchame bien Beatriz, es cierto que la vida no es un cuento de hadas. El hada madrina se durmió a la hora de escribir nuestro final feliz. La Muerte decidió, firme y contundente, este destino que está trazado, que habría de perderte a tí, el ser imperfecto que era perfecto, el ideal hecho carne, la mujer que sus imperfecciones llenaban las mías. ¿Sabes cuánto me gusta esa canción? pensé que tu sonrisa era inagotable como el agua hasta que casí se fué… es porque pienso que así debió ser nuestra historia. No te voy a mentir… ¡No puedo mentirte! ¡A ti nunca pude mentirte! ¡Ni siquiera me pasó por la cabeza!. ¿Recuerdas cuándo de niños, nos enfrascamos en esa discusión estúpida por el verdadero nombre de Dios? Tengo tanto que decirte y tan poco tiempo… Son mil pensamientos y mil recuerdos los que pasan por mi cabeza, cállame Beatriz, cállame ya. No quiero desperdiciarlo así, no quiero que se me vaya el poco tiempo que tengo contigo.

Beatriz le sollozó sin decir palabras, intentaba sonreír para animar al viejo pero no podía, al final caía también con el rostro deshecho.

—No me hagas esto Simón, no me hagas esto. Nunca quise que fuera así. De veras nunca quise que fuera así, yo no lo pedí Simón. Si pudiera entregar veinte de mis vidas para que tú fueses feliz, lo haría gustosa y tan sólo he perdido una y mira a dónde nos has traído. Perdóname, perdóname por sólo darte tres llaves. ¡Entiende que es por tú bien! Yo ya no importo, yo ya estoy muerta.

Simón se limpió las lágrimas con el puño.

—Yo tuve la culpa, he perdido una de las llaves en el Laberinto.

Beatriz le sonrió dulcemente, aun con lágrimas ensombreciendo sus mejillas y luego se echó a reír.

Simón le miró perplejo, pero la risa contagiosa de Beatriz, que siempre fue demasiado difícil de sacar… le hizo reírse también. Se dieron cuenta que se estaban culpando así mismos, como una pareja enamorada donde los dos seguían con vida. Una pareja en cualquier otro lado de éste mundo real.


Simón Dor y Beatriz hablaron durante horas de lo que había sucedido en el viaje hasta ese día. Simón Dor platicó de los juegos de ajedrez, de los súcubos, de la teoría de los mundos paralelos de Fest, de lo sucedido con el árbol y con el niño. Beatriz escuchó con ojos muy abiertos y siempre haciendo gestos discretos, gestos que Simón conocía muy bien: cuando sonreía y cerraba los ojos es que le agradaba algo, cuando ella alzaba los ojos y reía, es que realmente le gustaba mucho. Cuando miraba hacia el suelo, podían ser dos cosas: que ella hubiera preferido que sucediera otra cosa o que le dejó profundizando.

—Suena como algo que hubieras escrito, Simón. —dijo ella al terminar, y pasó su mano incorporea por la mejilla de aquel viejo amargado.


La noche llegó rápido. Beatriz caminó hacia la ventana y miró el mar sucio. Simón observó la silueta del fantasma y se dio cuenta que la extrañaba tanto.

Tanto, tanto.


—¿Sabes bailar tango, Simón? —preguntó Beatriz sonriente.

Simón negó.

—Entonces tendré que enseñarte en tres rápidas lecciones, ven acá.

Simón se acercó tímido.

—Tú mano alrededor de mi cintura, eso es… espera, recuerda que soy aire, no me quieras sostener. Tendrás que imaginártelo querido.

Simón sonrió, a pesar de que le dolía la realidad de las cosas.

Por una cabeza de un noble potrillo
que justo en la raya afloja al llegar
y que al regresar parece decir:
no olvides, hermano,
vos sabes, no hay que jugar…

—Un pie para adelante… otro para atrás, siente la música. Mírame a mí, Simón, como me complemento contigo… ahora bailemos en silencio. No queremos saber más, que el amanecer se acerca, pronto sólo serán veinte días con sus veinte noches, mi querido. Shhh, shhh… deja de llorar, abrázate a mí, como si mi cuerpo fuera carne. Abrázate a mi y déjalo todo salir. Bailas muy bien, Simón, o es eso, o es que no puedo sentir tu píe encima del mío.

Beatriz sonrió coqueta y Simón Dor dejó escapar una risita nervioso.

Por una cabeza, metejon de un dia,
de aquella coqueta y risueña mujer
que al jurar sonriendo,
el amor que esta mintiendo
quema en una hoguera todo mi querer.

Por una cabeza
todas las locuras
su boca que besa
borra la tristeza,
calma la amargura.

Por una cabeza
si ella me olvida
que importa perderme,
mil veces la vida
para que vivir…

Cuantos desengaños, por una cabeza,
yo jure mil veces no vuelvo a insistir
pero si un mirar me hiere al pasar,
su boca de fuego, otra vez, quiero besar.

Basta de carreras, se acabo la timba,
un final reñido yo no vuelvo a ver,
pero si algun pingo llega a ser fija el domingo,
yo me juego entero, que le voy a hacer.

Y al amanecer, Simón Dor se encontró en su cama. Sólo veinte días, con sus veinte noches, mientras él miraba en la ventana un horizonte que no existía.

5 comentarios ↓

#1 DuVeth el 07.11.03 a las 8:52 am

Duele. Duele ahora, duele entonces y duele cuando vuelves a recordarlo. Sin embargo la solución no estriba en aprender a vivir con ese dolor.

Tú confía. Yo espero que llegues a sanar completamente y sonrías cuando piensas en ella.

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#2 Mariposa el 07.12.03 a las 1:04 am

Se posa una mariposa en una de las ramas…

El tesoro màs grande que podemos conservar son los recuerdos…. asi que pasa adelante te van a estar esperando

Abre las alas y parte volando…:satisfecho:

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#3 Extended_Play el 07.12.03 a las 10:33 pm

muy buenas tus historias… sin complicarte tanto has armado unos personajes muy solidos… me recuerda a las narrativas del buen morfeo (sandman)…

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#4 carmeliya el 07.14.03 a las 1:38 am

he escrito en URL ¿ Por qué lo acepta? Decía que hay mucha literatura: La Beatriz de Dante, con sus tres círculos- tres llaves-; el viaje de Ulises, la imposibilidad del retorno; Eneas arrastrando pasado y futuro…

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#5 Casy el 07.21.03 a las 3:33 pm

El estar vivo y amar a alguien siempre implica el riesgo de salir heridos, el dolor es parte de la existencia humana, pero tb lo es la alegria, todo en esta vida es una eleccion. Los recuerdos son para eso revivir los momentos que queramos y cuando queramos, no para vivir eternamente en ellos

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