Entradas escritas en Julio, 2003 ↓

Asomado

Aquí estoy.
Hoy voy a escribir…
oh si, preparense…

¡Cierto! ¡Dije descanso de una semana!
Con su permiso…
…iré a hacer más titulitos…

ya llevo quinientos dieciseis…

Relatos

Saludos…

Recopilé los pequeños escritos (4) que hicé en la iniciativa de Relatos que organizó el weblog de DCpcion.

Espero les agraden.

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Dumas y Domingo

Dumas y Domingo eran amigos, solían salir juntos todos los días a jugar y hacer hoyos en la tierra con varitas de madera. A veces iban a un mercado cercano, compraban unas frituras y un par de refrescos en bolsa en y los bebían mientras se columpiaban suavemente en los columpios. Observaban a las personas y hacían los comentarios pertinentes.

Reían, reían juntos. Las personas que les conocían sabían que eran uña y carne, que era imposible que el uno anduviera sin el otro. Una amistad estrecha que se unía más gracias a la inocencia de la niñez.

Hubo una ocasión en la que Dumas andaba sólo de casualidad, jugando por ahí, un niño más grande le retó. Ambos se dieron de golpes, obviamente Dumas salió lastimado, antes que nada era un niño intelectual y torpe que no sabía meter el puño en el lugar indicado.

Afortunadamente Domingo si sabía, aunque menos intelectual que su amigo tenía un gran corazón, cuando llegó y miró a Dumas tirado en el piso quejándose por la falta de aire, escupió a un lado y no le importó romper uno de sus dientes por dos del enemigo y más importante, por el honor de su amigo.

Nadie volvió a desafiar a Dumas de nuevo.

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Respecto a Simón.

Si tienen alguna pregunta de los diarios de Simón Dor, háganla con gusto. Esto es para responder dudas o encontrar fallas.

Respecto al blog, descansaré una semana. No puedo escribir más, me ha secado el cerebro.

Un saludo y disfruten su vida, ya está el mismísimo Agustín Fest de regreso.

Final del Viaje de Simón Dor y Epílogo.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 48 de 48


La magia del niño me inundó los poros y la mente, de nuevo pude ver mariposas amarillas en el aire, que buscaban y luego se besaban con cuervos azules y adquirió sentido como nunca antes lo había hecho, veía los escenarios en tonalidades más brillantes y me di cuenta, ya solo faltan seis días, con sus seis noches. Salí a la proa, donde el rostro del sol me sonrió y me señaló hacia el otro lado, donde las nubes todavía eran grises y el mar de Yunén seguía contaminado. Alcé mis manos creyéndome Dios y tomé las nubes grises entre mis manos y las apreté para dispersarlas, abrí la noche con todas sus estrellas y hasta creí escuchar grillos, soy el Inventor.

El delfín saltó y dibujó su silueta a la luz de una luna completa. Esto es la magia y la magia ha cambiado mi entorno. Sin embargo, no ha completado mi destino. Ahora que soy Magia y Ciencia, Espíritu y Materia, debo preguntar a la Anciana. Soy un ser completo.

Caminé a la popa, donde busqué a la anciana y me encontré su mecedora, moviéndose sola, iluminada en azul por la luna. Caminé a la proa donde los rayos del sol le daban vida a mi barco Mojalnir y después, me metí a mi habitación. Siluetas de cuervos y mariposas parecían seguirme, me sentí mareado. Todavía no me acostumbraba. Soy Dios.

Tambaleándome en el pasillo de los Cuartos descubrí que El Cuarto de Juegos había desaparecido, el niño ha cumplido su destino. Seguían escuchándose gritos en el Cuarto de Trofeos: Yasmín todavía no ha terminado de hacer lo que hace con el súcubo. Toqué la puerta y grité el nombre de la ciega, ella no me respondió pero los gritos cesaron.

—¡Ya fue suficiente, Yasmín! ¡Es hora de que me respondas! —grité. ¿Qué me respondiera qué? Estaba confundido, la magia no acababa de adentrarse en mi sistema.

Yasmín entreabrió la puerta un poco, se veía algo de su rostro que estaba manchado en sangre, su ojo blanco de ceguera se veía siniestro y las arrugas, marcaban el espacio donde piel que no era suya, estaba ahí enterrada.

—Todavía no termino, Simón —dijo la adivina seria y cerró la puerta. Los gritos regresaron en cuanto lo hizo, busqué en los bolsillos de mi pantalón y descubrí la tercera llave de Beatriz. ¿Debía usarla? ¿Debía aceptar que todo terminara? No, Beatriz no es el fin de éste viaje… de haber sido así, entonces el Árbol Tsef Thaed no hubiera evitado que me colgara.

Hubiera muerto hace mucho tiempo, si todo fuera por Beatriz.

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Niño 0.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 47 de 48


Día 80

Querido Diario:

Restan siete días, con sus siete noches… curioso, es el número de la perfección, según decían los católicos. O tal vez divago. Los cristianos, los católicos, los budistas, los islamitas y los mormones, ninguno de ellos me cae bien. Así es, querido Diario, estoy haciendo trampa y estoy diciendo que no me cae bien el noventa por ciento de la población. ¿Por qué habría de mentirte? Tampoco me caen mal, sólo me son… manchas borrosas, gente que quiere aventar sus incompatiblidades a otra gente y viceversa, entes amorfos, llorantes pensantes. Por supuesto, no me excluyo, pero al menos soy discreto y no busco molestar a los demás, son los otros si decidirán si molesto.

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Diario de Simón Dor. Día 79.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 46 de 48


Querido Diario:

Ocho días, con sus ocho noches.

Ya me morí.

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