Querido Diario.
He entrado de nuevo al Cuarto de Juegos y me he quedado largo rato mirando el Ajedrez… me han estado llamando de nuevo: el sacro-santo alfil, el caballo de pura-sangre, los ilusos peones que quieren convertirse en nobles… las hermosas damas utilizando su abanico mientras ríen del poderío que poseen, el paciente, hábil y viejo rey, que sólo puede moverse tantito o si no, se le podría romper la columna.
Las torres… sobre todo, son las torres. Ellas me recuerdan mucho a un personaje que escribió Fest, llamado Piedra. Son como niños con alma de guerreros… niños que están dispuestos a espantar a los caballos, a quitarles el gorrito a los alfiles, mirar debajo de la falda de la dama o… jalarle los bigotes al paciente rey. Niños de piedra. Niños tristes o juguetones… interprétenlo como quieran.
Al estar absorto mirando el ajedrez, curiosamente, tomé asiento del lado de las blancas y moví mi peón de rey dos cuadros adelante… practicando mi Ruy López. Es la única salida que me sé… oh, y también medianamente la inglesa… y bueno, la variación de Capablanca…
El ajedrez negro se movió sólo entonces. Correspondió con su caballo de lado de la reyna para amenazar a mi solitario peón que deseaba apoderarse del centro, me sonreí, eso les pasa por querer brillar en sociedad, mis queridos peones… pero no se preocupen, yo soy el rey. Y como rey, decidí que el caballero o más bien, el caballo pura-sangre, respaldara con su defensa a mi peón.
El juego se detuvo y apareció una carta en el tablero… una carta del Sr. Fest que ha de ser leída y escuetamente comentada por mí. “Mi querido y estimado Simón Dor:
O señor Dor. Como prefieras…
Señor Dor, por favor… o Simón, para mis amigos… como tú.
Esta carta que te escribo, es una carta para mi muerte. Creo que es la segunda que escribo… la primera la escribí cuando era niño, agradeciendo a todas las personas ciertas circunstancias… pero eso cambia, ¿no crees? A medida que uno crece, cambian los agradecimientos. Es por eso que he decidido escribir una, porque es cada vez más insistente, más poderoso, ese sueño de mi muerte joven… tan es así, que temo que un día hasta pudiese infiltrarse a mi inconsciente y así buscar un suicidio muy accidental.
No creo que suceda así y espero ser un abuelo como tú, un día de estos. No tengo todavía por qué morir, pero sé que si muero, no he dejado en claro a las personas que debo agradecer… ni tampoco he dejado en claro la respuesta a muchos enigmas. En ésta carta no lo haré, pero tal vez pueda señalar a las personas que puedan resolverlos o dar una pieza, para que así… al curioso y ocioso que pueda interesarse en mi vida (esperanzas vanas), pueda juntar una pieza y la compare con otro curioso que tenga piezas distintas.
Toda mi vida he dicho que soy un libro abierto y eso sabes que no es cierto, ¿verdad, viejo Simón?”
No, no eres un libro abierto… señor Fest, pero te gusta pretender que lo eres. Te gusta pretender que eres sencillo, te gusta pretender que eres humilde, te gusta pretender que estás ahí para el otro. Te gusta creer que creen en ti. No entiendo lo que buscas con una carta para tu muerte, ¿estás justificando algo que puede suceder en cualquier momento? No se te ocurra, porque es así… que yo debo terminar mi viaje antes de que tú decidas algo. Y sería injusto que tú lo rompieras por satisfacer una necesidad egoísta como el fin de tu existencia por medios no naturales. Recuerda, mi joven amigo, recuerda… un Evento de Caos, nunca algo premeditado.
“Te repito Simón, que no es algo premeditado ni mucho menos. Viviré lo que tenga que vivir y así me doy cuenta, que necesito escribir una carta para mi muerte porque no sé cuando se me puede acabar el tiempo. Antes no me preocupaba, antes no estaba enamorado… cuando estás enamorado el tiempo llega a ser increíblemente asfixiante y al mismo tiempo, te das cuenta en un parpadeo que apenas ha pasado. Es una manera consciente y terrible de ver como cae cada pedazo de arena en ese reloj que tiene nuestro nombre.
Aunque estés enamorado de una imagen o de un sueño que no se ha cumplido, duele y sabes que en todo momento, puedes dejar de sentirlo. Lo sabes tan bien como yo lo sé. Has sufrido igual o peor que yo, Simón y lamento dejarte esta carta para mi muerte, que aunque no sea escrita con el afán de pronunciar algo que está cercano, bien puede derrumbar ánimos tan sólo por llevar la palabra “Muerte” escrita… me imagino que debes estar muy feliz en tu viaje, viaje en aguas cristalinas y el sorprendente azul cielo bronceándote más la piel. Te pido una disculpa si esta carta significa un cambio para mal en tu ánimo.”
Naturalmente, me reí. Si supieras señor Fest en qué viaje nos hemos metido.
“Lo primero que me preocupa… es que no pienso en nadie que pueda completar todas las historias que he dejado inconclusas, si llego a olvidar mi nombre y nadie se aproxima a mí para ayudarme en ésta colosal tarea, todo lo que he escrito en éste weblog se irá al olvido… que digo del weblog, de mis novelas, mis cuentos a medias… todo aquello.
Al menos quedará un resto de mí, si yo llego a irme… un resto cibernético que quien sabe cuánto durará. Es obvio que quedan aquí registrados la mayoría de mis agradecimientos y mis inspiraciones. La gente que ha estado detrás de mí para no abandonar el arte.
- María Rojas. Mi abuela. Ya está muerta, a ella nunca tuve el tiempo para agradecerle.
- Cecilia.
Beatriz.
Mi primera crítica. Ese primer amor que jamás se olvida. También ya está muerta y nunca tuve tiempo de agradecerle… a ella estuvo dedicada la primera carta sobre mi muerte y a ella le dejé, en su tiempo, la tarea de concluir las pocas historias que tenía. Que egoísta fuí.
- A mi hermano Hugo. Deben conocerlo… tan sólo platicar dos minutos con él, los haría felices y les haría olvidar a todos sus muertos.
- Rosendo Salazar. Mi bisabuelo. Por ser poeta y haber olvidado o dejado a manos del destino, misteriosamente, su libro “Ilapso”, donde trató de instituir la poesía obrera… este libro llegó a mis manos y dejó en claro donde está el gen del escritor en mi sangre.
- Mi familia. En general… mi madre, mis tres tíos y a mis dos tías. A ellos les he agradecido a medias y nunca tendré el valor de agradecerles por el impacto enorme que han tenido en mi formación.
- Mi padre. Por haber donado su esperma.
- Mi abuelo por parte de mi padre. Por haberme conseguido un apellido interesante.
- A mi profesora Hortencia. Ella no me permitía poner su nombre en mis historias de primaria.
- Los amigos de todas las épocas… trataré de numerarlos todos. Primaria: Jesús Dominguez, Félix, Juan Manuel, Berenice, Cynthia Langarica (el primer apellido interesante que escuché en mi vida), Nancy, Héctor… amigos de la primaria Noruega. Secundaria: Pedro Cancino -sencillamente inolvidable, Dafne, Jessica, Georgina y había este enanín que no recuerdo su nombre, pero me hacía pasar ratos amenos. Preparatoria: Irwin Martinez, Mauricio Bonilla, Itzia Zepeda, al grupo de Castores ‘99, Zamudio que está al pendiente, Carlos Fuentes (no el escritor coleguilla), Agustín Padilla, Merino, fue una buena época. Unimex: Claudio Canacascov, Dario Andrew, Christian Zaldivar, Karen y Sofía.
- A Jorge Carrillo, más que un jefe, es un padre y un amigo. Obviamente, a todos los compañeros de trabajo que lenta e inevitablemente, se han convertido en mi segunda familia… la gente con la que sufro, respiro y vivo todos los días.
- A K.
- A Mario Romero. Por estimular mi simpleza.
- A Fernanda Hernández. Por ser el primer hombro en el que he llorado.
- A Itzia Zepeda. Está en el momento justo para escucharme.
- A Patricia Farias Delano. El amor no es lógico.
- A Ariadna, Astrid y Natalia. Que me han conocido domado por las circunstancias y con una aceptación ridícula del destino. Me conocen como el payaso, el divertido, el tierno y el tonto… y eso es bueno.
- A Claudia. Por obvias razones.
- A la “comunidad de weblogs”. Que más bien, mi comunidad serían: don Arturo, Gabo, Yushe, Sikanda, DuVeth, Nuez. Gente con la que platico o me identifico a diario y que entre líneas, dejan una enseñanza… aunque ellos lo duden.
- A mis lectores.
- A Simón Dor. Porque me hace reflexionar y pensar acerca de lo que otros no se atreven. Espero que regreses pronto de tu viaje, para que me des tu diario y lo publique.
Esta gente puede variar con el tiempo… es innecesario decirlo, pero el día de hoy, hasta este momento… esa sería la parte de agradecimiento.
Lo que pediría el día de mi funeral es:
Tres canciones en español: Cenit - La Castañeda. La Balada - José Fors. El satánico Dr. Cadillac - Los Fabulosos Cadillacs. Tres canciones en inglés: Pixies - Where is my mind?. The Coral - Dreaming of you (Y que bailen, por favor, con esta canción). Queen - Bohemian Rhapsody. Cajas y cajas de tequila. No vistan de negro. Que alguien lea uno o varios de fragmentos de mis cuentos o hasta del diario de Simón Dor, para mi vanidad.”
Hasta crees que te donaré los derechos, cabrón.
“Cuatro personas para que cada una lea un fragmento o varios de
- Rayuela - Julio Cortázar.
- La cándida eréndira - Márquez.
- La historia sin fin - Michael Ende
- La Larga Marcha - Richard Bachman.
Y después… cinco o diez poemas. Es más, hagan una lectura de poesía para que mi funeral parezca una reunión cultural. Claro, yo ya estaré muerto pero los escucharé seis metros bajo tierra.
Para terminar… otras dos cancioncitas, esas son para que chillen mi ausencia.
- La riva bianca, la riva nera - Iva Zannichi
- Adagio - Tomasso Albinoni.
Luego bébanse todo el tequila, brinden por sus seres queridos y den gracias que un muerto les dio oportunidad de reunirse. Ya después… por favor, se van a sus casas y cenan algo rico. A mi me gustaba mucho la comida.
Eso es, claro… si les da la gana saber que me he muerto y se presentan en mi funeral…”
¡Excelente final! Bravísimo maestro y ahí estaré, no te preocupes… ahí estaré.
“Les extrañaré horrores, pero sepan, que mis ojos les estarán vigilando en el cielo. Agustín Fest”
Y lo has echado a perder. Pero bueno… estaré ahí, para echarte una rosa azul o un pedazo más de tierra. Todavía me faltan treintaicuatro días y treintaicuatro noches en éste viaje.







5 comentarios ↓
Y no dejare nunca de preguntarme, como es posible…
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Sigo preguntándome cómo voy a enterarme… Pero si me entero a tiempo… yo quiero hacer una de las lecturas… Y espero que hagas lo mismo por mi.
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Mi carta de un suicidio accidental que jamas se llevo acab por penosas circunstancias esta paradojicamente en mi libreta de recuerdos y no se porque pero no quiero deshacerme de ella de algo me servira algun dia..
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Señor Fest…si usted se muere antes de lo que pudiera considerarse “sano”, le juro que le parto el alma a punta de poesías. Aún así…me tomaría un tequila por usted. Un Saludo
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me parece buenisimo,
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