Cuarto de Máquinas II.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 9 de 48


Before you slip into unconsciousness
I’d like to have another kiss
Another flashing chance at bliss
Another kiss, another kiss

The Doors, “Crystal Ship”.


…y la miró.

Translucida, con un vestido azul y veraniego, con los ojos de mujer y el cuerpo de niña de hace tantos años que una lágrima corrió su mejilla sin permiso. El dedo que estaba temblando en el gatillo dudaba si apretarlo o soltarlo. Simón Dor quería paz.

—Suelta esa pistola, este no es el momento —dijo el fantasma de ella. El fantasma de Beatriz, el fantasma de Cecilia. El Fantasma del pasado.

—Nunca ha sido el momento —susurró Simón.

Simón Dor medio despertó del trance y sintió la tibiedad de su rostro marcada por la lágrima. ¿Cuántas veces había inventado ese fantasma? De todas esas veces, ésta era la primera ocasión en que lo sentía tan intenso y tan marcado en su piel y su cuerpo que respiraba lentamente, a pesar del intenso temblor en la mano que sostenía la pístola contra su sién.

El fantasma se movió al centro tranquilamente y desafió la mirada media perdida en el trance de Simón Dor. Luego sonrió levemente y bajó un poco los ojos.

—Si te lo pido por favor… ¿bajarás esa pistola? Me asusta, me asusta un poco—repitió el fantasma de Beatriz.

—Es la primera vez que hablamos tú y yo —respondió Simón… bajó la pistola y se la ciñó al cinturón—. Porque está claro, que tú y yo nunca hemos hablado… lo has hecho con…

—Sé con quién lo he hecho —respondió Beatriz nuevamente con su sonrisa—, pero tú me inventaste e hiciste bien… intentaste ayudarlo, es todo. Ahora a quienes menos necesita, es a tí y es a mí.

—A ti siempre ha de necesitarte.

—¿Por qué le mientes?.

—Él hubiera podido abandonarte en cualquier momento.

—Pues no lo ha hecho y si seguimos así, no lo hará —respondió Beatriz y se acomodó el cabello largo… le había crecido bastante desde la última vez que la recordaba, con el cabello atado en una cola de caballo. Ahora lo traía suelto, ahora … era mujer. Un fantasma que había crecido como ellos dos lo hicieron.

—¿Es por eso qué te haz metido aquí? ¿Para abandonarle tú?

—Sabes que eso es una mentira, porque aún así, no nos ha abandonado… tú viaje y el de él, son paralelos. Dependen el uno del otro, porque son simbiotes. Si uno muere, el otro irremediablemente ha de morir.

—¿Entonces qué haces aquí?.

—¿Por qué navegamos en éste mar?.

Simón Dor.

—Por qué queremos morir Garrity, ¿por qué si no?, ¿por qué si no?.


The days are bright and filled with pain
Enclose me in your gentle rain
The time you ran was too insane
We’ll meet again, we’ll meet again

The Doors, “Crystal Ship”.


Estalló un relámpago que quebró los mares, las nubes, un pequeño pedazo del barco. La cabeza del Rottweiler ladró del susto que le propinó el escándalo y aún así… en el cuarto de máquinas, Simón y Beatriz sostenían la mirada como una cadena impenetrable.

—Pronto me harás daño —dijo el fantasma de Beatriz.

—Seguro no será intencional —respondió Simón Dor, sacó un cigarro sin filtro de la cajetilla que descansaba en su chaleco, después buscó una caja de cerillos que lamentablemente estaban húmedos. Después de siete intentos, encontró un cerillo que prendió medianamente. Apresurado, encendió su cigarrillo y sonrió con la primera bocanada.

—Y no te importa hacerme daño —dijo el fantasma de Beatriz y sonrió.

—Tú ya estás muerta, ¿qué daño puedo hacerte ya?

—Mantenerme en éste mundo de los vivos.

—¿Aunque sea en éste mundo ficticio?

—Es peor todavía, porque lo estás escribiendo en tu diario y no podrás dejarme descansar… nunca más. Cada vez que alguien lea esta parte, inevitablemente, ha de llamarme a su lado y existiré, otra vez… y otra vez… y otra vez… en éste pedazo breve de escritura.

Simón Dor entrecerró los ojos y sonrió cinicamente, a pesar que en su interior se estaba derrumbando.

—Yo no elegí que estuvieras aquí, si te metiste tu solita. Adquiriste una independencia poderosa y lo has hecho dependiente a tí. ¿Qué te propones, acaso, al venir a llorarme tu desgracia? ¿Qué yo también me haga dependiente a ti?

El fantasma dio media vuelta.

—No se cuál de nosotros dos sea peor —dijo ella casi en voz baja.

—Yo, naturalmente.

—Estás hecho a su imagen y semejanza. Tú también me amas… límpiate esa lágrima que te ves patético.

—¿Te han hecho enojar mis palabras, señorita de los ojos negro infinito? —respondió Simón sardónicamente y lentamente, con un dedo, marcó el camino que había seguido esa lágrima solitaria al momento que su sonrisa se hacía más grande—. No has debido estar aquí, desde el principio, deberías estar con él, cuando más te necesita.

—Es un viaje paralelo, Simón… estoy contigo y con él. Y si somos afortunados, dejaremos de existir.

—Me niego a abandonar mi existencia, estaré en éste mar oscuro… en éste barco… hasta que se estrelle o se consuma, pero yo seguiré vivo en algún lugar… Yo estaré siempre vivo, ¿me entiendes? —la mirada de Simón se encendió y dio una fumada fuerte a su cigarro—, ¿Me entiendes?

Mindar continuaba ladrando.


Oh tell me where your freedom lies
The streets are fields that never die
Deliver me from reasons why
You’d rather cry, I’d rather fly

The Doors, “Crystal Ship”.


El fantasma se abrazó así mismo y se meció un poco.

—¿Por qué te decidiste a hacer el viaje? —preguntó Beatriz y Simón sintió que le saltó el corazón.

—Él así lo ha escrito.

—Respóndeme lo que quiero, no más enigmas.

—Ni yo sé… porque estoy aquí, con lo que me resta de tu fotografía, ni con esa pistola, ni con Mojalnir, ni en Yunén —dijo Simón—. Ni yo sé porque estoy aquí.

Beatriz se rió, y la risa fue dulce y tierna, movió a Simón Dor a reirse con ella.

Se escucharon el grito de mil almas con el movimiento del mar.


The crystal ship is being filled
A thousand girls, a thousand thrills
A million ways to spend your time
When we get back, I’ll drop a line

The Doors, “Crystal Ship”.


—Bien lo sabes Simón y es por eso que estoy aquí. Soy la tentación del hombre, lo que puede apartarlo del camino… porque yo, como tú presupones… no deseo ser olvidada. Y es por eso que haré mi tentación más poderosa… ten, son tres llaves. Cada una de éstas llaves abre éste cuarto y sólo podrá ser usada una vez —dijo Beatriz y volteó de nuevo a encarar a Simón Dor, en el rostro se podían ver arrugas de descontento y tristeza, pero los ojos… inexpresivos—. Tómalas… sólo tres veces Simón.

Simón Dor observó la mano de Beatriz, que aún incorporea, sostenía las llaves sólidas. Él las tomó suavemente y después le volteó el dorso de la mano para besárselo.

—Me harás daño y ni siquiera te importa —dijo Beatriz con una sonrisa enigmática, ella le acarició la mejilla al anciano y se miraron a los ojos durante un largo rato.

—No soy ningún héroe —dijo él y tiró su cigarrillo que después aplastó para apagarlo. Soltó a Beatriz y se fue del cuarto de máquinas, cerrándolo con un poco de inseguridad… después se sentó en el pasillo, recargó el antebrazo en sus piernas.

Durante un largo rato, estuvo Simón Dor reflexionando, mirando las llaves con cierta inocencia y contándolas de una manera irreal.

Y se hizo el silencio, en esa noche número treintaocho para dar paso al día número treintaisiete.

Un comentario hasta el momento ↓

#1 NuEz el 06.13.03 a las 10:22 am

esos son fantasmas (o presencias o como espectros o voces o o o…) los dos :chillon:

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