Resurrección II. Amar y Odiar.

Es mejor si lees primero El Mal e Isabel. Éste cuento fue escrito hace tres años en una tarde de reflexión fumada.

Dedicado a Itzia.

Isabel andaba paseándose en el reino interminable de Gaia. Le gustaba como podía elegir el paisaje dependiendo de su humor, a veces cuando se sentía contenta se paseaba en las enormes planicies dejando que el viento fresco jugara con ella, otras veces prefería la lluvia y refugiarse en una cabaña que Gaia había creado para ella. Otras veces podía ver todas las estrellas y jugaba a que ella era los ojos del Universo.

Algo extraño a lo que todavía no se acostumbraba Isabel era la desincronía entre el tiempo y el espacio, o sea, se había adaptado perfectamente a los cambios de espacio ya que era algo que ella hacía frecuentemente, cambiar de la Selva de Brasil en la Tierra a las montañas rojas de Marte o a las cascadas de agua purpurea verduzca del planeta Xyn era algo muy sencillo. Lo que no soportaba era dormir como una niña de diez años y despertar como una señora de cuarenta y a los diez minutos ser una adolescente de dieciseis o tener diescinueve una semana entera y tener luego cincuenta años durante cincuenta años enteros.

Vivir en el Reino de la Muerte era toda una experiencia, decidió Isabel un día. Le platicaba a Gaia sus aventuras internas, sus fantasías y los sentimientos que tenía al sentir cambios tan drásticos, Gaia escuchaba siempre de buen humor mientras tocaba su violín y daba vida a todo el Universo.

—Me gustaría… vivir el amor —dijo una vez Isabel, su físico el de una joven de 19 años.

Gaia le sonrió y siguió tocando su violín con los ojos cerrados.

—Yo lo viví una vez en la tierra —dijo por fin Gaia—, Es algo maravilloso

Isabel arrancó una flor y de dónde la arrancó nuevos brotes más grandes y fuertes surgieron agradecidos. Isabel llevó la flor a su nariz y la olió.

—¿El Amor es tan bello cómo el olor de esta flor?

—Eso y más.

—¿El Amor es más bello que mirar las estrellas nacer y morir?

—Eso y más.

—¿El Amor es más bello que observar a la humanidad crecer?

—Eso y más.

—¿El Amor es más bello que la melodía de tu violín?

—Eso y más.

—No puedo creer que haya algo más bello que tú canción de Vida.

—Mi canción de Vida es una copia del Amor.

—¿El Amor es Real?

—Si el Alma es Real, entonces el Amor es Real.

—Si… quiere decir qué… ¿Cuándo yo no existía el Amor no era Real?

—Así es.

—Pero, también hice al Odio Real, ¿No es así?

—El Amor y El Odio son una misma cuerda, ambos pueden estar tan separados cuando la estiras así como ambos pueden estar juntos cuando unes esos extremos. Son sinónimos y antónimos.

—Siempre creí que el contrario del Amor era el Odio.

—También es su igual.

—En el Reino del Señor de Todas las Respuestas… ¿Existen el Amor y el Odio cómo una presencia física?

—Camina y búscalos.

—¿Cómo sabré que ya los he encontrado?

—Cuándo aprendas de ellos.

—¿Cómo aprenderé de ellos si aún no los conozco?

—Ambos ya te conocen y te encontrarán si les buscas.

Isabel se puso de píe y caminó en el Reino Interminable de Gaia, escuchó como el violín subió su tono y la acompañó en el nuevo camino que estaba por recorrer. Gaia sonrió enigmáticamente, el cielo se oscureció y el espectáculo de una aurora boreal se hizo presente, la Muerte/el Señor de Todas las Respuestas caminó hacia Gaia con las manos en sus bolsillos, vestía una chamarra negra y la capucha estaba puesta, un cuervo parado en su hombro derecho miraba con interés a su alrededor sensible a todos los cambios por que esto no era natural en su tierra natal.

—¿Qué te propones con lo que acabas de insinuar Gaia?

—Que la niña conozca algo de lo que se ha perdido por venir aquí contigo.

—La vez que hiciste eso me metiste en problemas, ¿Recuerdas?, te fuiste al Mundo Humano para encontrarlos y originaste una escazes en la vida de los seres.

—Pero regresé y mi melodía se ha vuelto más hermosa gracias a eso.

—No lo niego.

—Además la niña, ¿Qué falta hace aquí?

—Si el individuo olvida las preguntas que se tiene que hacer, ¿Cómo va a continuar viviendo?

Gaia se mordió el labio inferior y se dio cuenta que en realidad la niña si hacía falta y no fue un capricho de La Muerte el haberla hecho Real, cerró sus ojos, cabezeó negativamente y luego sonrió.

—No tardará.

—Recuerda que para ti lo que es un segundo para ella pueden ser dos años o diez, que para ti lo que son diez años, para ella puede ser un segundo o dos, ¿Cómo puedes saber que en el tiempo que no esté no repercuta en la onda de vida de los hombres?

—Ya regresé—, dijo Isabel quien se apareció de la nada, ambos Gaia y la Muerte voltearon hacia ella. Ahora era una mujer de sesenta años, con un rostro diferente y una expresión más pulida, sus facciones eran todavía las de una niña que bien podía hacer berrinche pero la habían educado para ser una jovencita correcta y educada, su cabello negro y largo dejó de serlo siendo y fue reemplazado por un cabello canoso, de un gris plateado.

Un segundo más tarde, la vieja se convirtió en una niña nuevamente.

—¿Y bien? —preguntó sonriendo Gaia, La Muerte se limitó a mirar como si estuviera imitando a su fiel cuervo.

—Me engañaste Gaia, pero no lo lamento… me hiciste ir al Mundo de los Humanos, ¡Un poco más y no regreso!

—Regresarías aquí tarde o temprano, recuerda que todas las Almas me responden a mi —interrumpió la Muerte.

—El Alma de la Muerte, ¿puede responder a la misma Muerte?

La Muerte frunció el ceño.

—No, mi misma Alma no, pero tú lado humano y tú alma propia hubieran venido a mi y regresarme mi alma.

Isabel sonrió.

—¿Buscaste a Caronte? —preguntó la Muerte.

—Si, te manda los más afectuosos saludos y mira… ¡Me traje un Osito igual a Cliqo Jerio! este se llamará Tothel Eir —sonrió la niña Isabel y besó a su osito, sus acciones regresaban a ser las de una niña poco a poco, pero la Muerte sabía en sus ojos que la experiencia vivida en el Reino de los Humanos jamás la olvidaría.

—Gaia, aprendí a amar y odiar en el mundo de los humanos, gracias, ¿quieres qué te platique lo que viví?

—Me dolería si no lo hicieras —susurró Gaia a la par con su violín, La Muerte también tomó asiento en el jardín que Gaia hacía crecer con su canción.

—Conocí a un chico, era huerfano cómo yo, el tiempo… creo que era después de la segunda guerra en Francia, estaba algo destruída por culpa de ésta. Ambos huerfanos crecimos juntos en el orfanato de Lyon… ¿Por qué se me olvidan los nombres Señor de Todas las Respuestas? ¿Tú los estás borrando?

—Así es, no podemos arriesgar que conviertas el mito en realidad.

Isabel frunció el ceño.

—No te preocupes, recordarás cuando quieras hacerlo, pero si hay riesgo de convertir algo en real entonces tu mente se bloqueará.

—Eso suena extraño.

—Lo es, continúa.

—Conocí a este chico, su nombre… olvidé el nombre, bueno, no importa, ambos unos niños en el orfanato aquél de algún país, era después de una guerra… me cuesta tanto recordar. Sus facciones, las de un hombre varonil y seguro de si mismo, nariz recta… ¿O era chata?, su cabello negro… ¿O era rubio?, este decidió cuidar de mi el tiempo que fuera necesario y así lo hizo. Recuerdo a un gran árbol en el orfanato…

Gaia y la Muerte observaron como un gran Árbol creció de la nada en el jardín, La Muerte se acercó fascinado a él, miró sus grandes ramas y hojas con respeto, jamás había visto criatura tan magnífica. Tocó la textura rasposa del Árbol e identificó un par de marcas, eran una I y una R encerradas en un corazón. La Muerte miró hacia Isabel, esta había dejado de platicarles y se dedicaba a hablar con el Osito.

—Tothel Eir —sonrió Isabel— ¿Qué crees qué signifique ese árbol osito bonito.

—No lo sé, soy sólo un oso de peluche qué tiene la función primaria de ser tierno, me has traído a un lugar muy extraño, me frustra el poder hablar, pero al mismo tiempo me gusta.

—¿Sabías que tienes un hermanito llamado Cliqo?, claro, ya dejó de ser un osito de peluche, ahora es un Dios de Bien.

—¿Qué es un Dios? —preguntó Tothel Eir.

—Yo soy la que hace las preguntas aquí.

—Oh, mira… ese árbol, yo lo conocí querida Isabel, en ese árbol fue dónde Remi te regaló el oso de peluche, en ese árbol se dieron su primer beso, en ese árbol perdieron la inocencia una noche de primavera, con el orfanato medio destruido aún y las personas recuperando la esperanza después de la guerra.

—Lo recuerdo bien Osito Bonito —Isabel había cambiado a una jovencita de diescinueve años de nuevo y miraba con ternura su árbol.

—En ese árbol mataron a Remi —dijo el Oso también.

—También lo recuerdo Osito Bonito —cerró los ojos Isabel.

—Los celos de Gerard y la guerra hicieron que terminara así, aprendiste a odiarlo Isabel, tenías el arma en tus manos, ¿Por qué no lo mataste? —preguntó el Oso.

—Por qué… tenemos que aprender a Vivir y Morir, sólo así las almas alcanzarán la felicidad máxima. Aprendí a perdonar a las personas qué odio osito bonito. El Oso miró tiernamente a Isabel en un tono de franca confusión.

El cuervo de La Muerte voló hacia una de las ramas del árbol, esté abrió los ojos, ambos Gaia y el Señor de Todas las Respuestas se sorprendieron al ver esos ojos tan profundos y al mismo tiempo tan confundidos. Un corte en la corteza que se presumía de ser boca se abrió también.

El Árbol muy lentamente movió los ojos a la izquierda y a la derecha, recopilando información básica para contestarse así mismo dónde estaba, qué hacía ahí y quién era. Movió sus ramas lentamente, Isabel tocó una canción para éste árbol y frutos crecieron de las ramas, peras, manzanas, duraznos, naranjas, el Árbol de la Vida.

—Isabel… ven —llamó la Muerte.

—Aquí estoy Señor de Todas las Respuestas.

—Este será el Árbol de la Sabiduría, el que tome de su fruto conocerá plenamente lo que es el Amor y lo que es el Odio.

—Los Humanos, ¿Cómo tomarán de su fruto?

—Ya lo están haciendo, ¿No ves la sonrisa en el Árbol? ¿Su tranquilidad?

—Las otras razas, ¿También tomarán de su fruto?

—Por supuesto, este Árbol es Real ahora Isabel.

Una de sus ramas bajó para acariciar la mejilla de la niña, otra se torció en una silla dónde Gaia se sentó y tocó su violín contenta, parecían complementarse, parecía que este era el símbolo de la vida. Una mujer tocando el violín a un árbol que daba frutos de todos los sabores. El Árbol se mecía contento con la melodía, una sonrisa lenta y unos ojos profundos mirando universos enteros, otorgando el Amor y Odio a los seres.

—¿Por qué todos los frutos del Árbol son dulces? —preguntó Isabel.

—Para ti lo son, por qué has aprendido a Amar antes que Odiar —contestó La Muerte.

—Pero… ¿Qué pasa con aquél que aprende a Odiar antes que Amar?

—Entonces verá un árbol marchito y sus frutos podridos.

—¿Qué pasa con aquél que no Odia ni Ama, si no qué no siente nada?

—Verá un árbol marchito sin ningún fruto.

—Corrígeme si me equivoco, ¿Acaso esta es una analogía de la vida de los seres?

—Este Árbol estaba destinado a existir, así cómo tú y todos los que estamos aquí estabamos destinados a existir, hemos hecho al Amor y al Odio reales Isabel, ¿Sabes lo que esto significa?

—¿Debemos destruir una vez más y volverlo a crear?

—Así es.

Isabel se mordió el labio, ahora no sólo las almas debían aprender a Vivir y Morir, si no a Amar y Odiar, e Isabel había impuesto el parámetro de Amar antes que Odiar para que la Muerte pudiera descanzar.

—Estoy lista, bien vale la pena. Una pregunta más, ¿Por qué Gaia no había creado este Árbol antes? Ella también bajó a la Tierra de los Humanos para descubrir lo que es el Amor y el Odio.

—Ella creó otra cosa con su visita y esa fue su Violín, conoció a un humano llamado Albion o Albaini.

—Albinoni —corrigió Gaia con los ojos cerrados y distraída en su eterna melodía.

—Vamos Isabel, debo ir por mi Hoz de la Destrucción y el Libro del Nuevo Universo —La Muerte caminó e Isabel le siguió con su oso de peluche en mano.

—Isabel, ¿Qué es Destrucción? —preguntó Tothel Eir.

—Es el inicio de todo, es borrar para Construir.

—¿Qué es construir?

—Es crear todo, para después destruírlo.

—¿Qué caso tiene el Construir si luego vas a Destruir?

—Esa es muy buena pregunta, se la haré al Señor de Todas las Respuestas, pero ya es hora de dormir Osito Bonito, lo que puedes ver no es muy agradable para alguien tan tierno y bonito cómo tú, duerme, así chiquito así, cierra tus ojos, mañana será un nuevo año, un nuevo minuto, un nuevo siglo, no lo sé… lo importante es que estés conmigo. Eso, eso, shhh, shhh… duerme precioso, duerme.

4 comentarios ↓

#1 DuVeth el 06.06.03 a las 2:02 pm

Sin palabras.

Sigue soñando… yo seguire soñando detras de ti.

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#2 jozue el 06.06.03 a las 5:43 pm

:aywey: … es tuyo ??

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#3 Casy el 06.06.03 a las 8:15 pm

Genial :chido: me encanto el mal e isabel, creo que te falta muy poco para dejar de ser un intento de ser escritor

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#4 arboltsef el 06.06.03 a las 11:03 pm

Si Jozue :) es mío.

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