Poder Gris. Capítulo 10: “Painus, el hijo de Jah, y otros seres sin esperanza”

Radcliff se sentó a mirar la noche, contempló tristemente el velo oscuro mientras una lluvia de estrellas cayó del cielo, este era un presagio más de los dioses, habría guerra y los hijos de la luz debían unirse inclusive si la oscuridad les cubría y les robaba la esperanza.

Esperanza, una palabra que mantuvo unida la cordura del niño mudo. Hacía un mes que mató a su padre en un enfrentamiento que no pudo ser evitado. Recordó los relámpagos con tanta intensidad, sintió que vivía todo de nuevo.

Su padre y su sonrisa de reconocimiento, una sonrisa tierna y después una mancha de locura que corrió con el machete levantado, las lágrimas no le dejaban ver bien aquél rostro, no lo deseaba. Recordó en esos breves instantes que le quedaban al padre amoroso, estricto en el campo pero tan suave como una caricia en el hogar, un padre que le cuidó y le abrigó, no se le hacía justo que aquél demonio ocupara su lugar.

Lo mató.

En honor a aquél hombre que amó y que fue su padre, decidió guardar silencio, ya no se permitía así mismo hablar a nadie y había descubierto que no tenía que poner mucho esfuerzo en hacerlo, ya que cuando intentaba hablar con alguna persona las palabras no salían de su garganta.

El niño se privó del placer y la necesidad de la voz.

Miró la lluvia de estrellas con fascinación, le gustaba la soledad de la noche, las tonalidades verdiazuladas del campo oscurecido, los sonidos y los susurros de estos que hacían con el danzar del viento.

Se limpió un par de lágrimas recién nacidas con la manga de su ropa y sin aviso alguno las lágrimas le ahogaron en un llanto solitario.

En la distancia, un hombre de cabello azul cerraba los ojos y lloraba como el niño.

El Orco Darun inició el trabajo por la nueva espada de Radcliff dos días después de la muerte de su padre, le prometió una espada maravillosa para tratar de animarlo. La forjó de metal usado por aquellos hombres convertidos, también utilizó algunas puntas de lanza y escudos dentados, había logrado hacer una espada mortal y de bella confección orca.

A las razas de la luz les parecía crudo su estilo, pero tendrían que aprender que dentro de la misma oscuridad podía nacer la luz, como era el caso del orco.

En fin, había puesto su corazón en la espada, apreciaba mucho a Radcliff y se sentía culpable por no evitar que el niño ocasionara la muerte de su padre, trató con todas sus fuerzas de deshacerse de aquellos dos humanos que se le pusieron en el camino, de veras lo intentó.

Hubiera preferido que la culpa recayera en si mismo, en Darun solamente.

Pero no fue así.

Darun platicó con Painus, sintió la necesidad de hablar con alguien y se le ocurrió que el joven de cabello azul podría ayudarle, al menos estaba seguro de que lo escucharía. Se acercó a él en un signo franco de ayuda.

Le platicó la historia de su vida, desde que escapó del campo orco porque la oscuridad de su raza le agobiaba, como mataron a los cuatro orcos que le acompañaban convirtiéndole en el único sobreviviente, como llegó a la villa nómada donde conoció al niño por primera vez y como lo capturaron.

Después le platicó del día de la muerte del padre.

Painus le puso una mano en el hombro y susurró un hechizo, después le dijo—: No te sientas culpable de algo que no pudiste controlar, además necesitamos la fortaleza en los niños que continuarán la guerra si esta llegara a durar generaciones. He establecido con este hechizo un lazo emocional entre tú y el niño, sentirás sus emociones y por lo tanto te podrás comunicar con él hasta cierto punto, aprende a entenderlo, comprenderlo y ¿por qué no? Amarlo. El no sabe de este lazo, así que aprovéchalo.

Darun continuó forjando aquella espada para el niño, usó las emociones que venían a él para darle forma al metal. Para darle vida. El martillo brilló a la luz del fuego candente, moldeó el metal, era como un juego, los sentimientos de Radcliff y el lazo de Darun combinados con el metal dieron como resultado una espada triste y poderosa. Era como si Darun tomara la fuerza de esos sentimientos y la incrustara en la espada orca.

Miró el arma por un momento, una lágrima era lo que le faltaba a esta espada, una lágrima que Darun podía sentir en el niño Radcliff.


—¿Mi Señor? —preguntó Spariden, en la noche era difícil distinguirlo por la tonalidad oscura de su piel, eso le daba ciertas ventajas, se consideraba un buen espía y un excelente guerrero—. ¿Qué sucede? ¿A qué me has llamado?

—Números, ¿cuántos somos ya? —preguntó Painus cansado, tamborileó sus dedos en la mesa suavemente, escondió sus ojos irritados con ayuda de las sombras y su cabello, la luz de una vela ayudaba bastante a esconder el llanto del cual había sido presa hacía un momento, no quería que se notara que había llorado. Estaba en una pequeña cabaña que se construyó con ayuda de varios campesinos y guerreros que se habían unido a la causa de Roca Viva, también se usó magia para acelerar su construcción, se podía sentir el poder vibrante de la luz, los magos y las manos trabajadoras que dieron su fortaleza para construir su modesto hogar.

—Con los minotauros y centauros que se nos han unido, hemos ascendido a más de dos millones de individuos, estamos construyendo ya la ciudad y el fuerte. Espías que han viajado al este a la isla de Martirus han detectado grandes masas de elfos oscuros, goblins, orcos y troles. Se hacen más cada día mi señor, pero estoy seguro de que…

—Suficiente.

—Si, mi señor.

—Puedes irte.

—Si, mi señor. Antes, ¿me permite darle un dato más?

—Adelante.

—Se ha confirmado que Greitel, el dragón violeta, ha decidido unirse a las fuerzas oscuras mi señor. Muchos de sus hombres estuvieron de acuerdo con la decisión, algunos se marcharon para unirse a nuestras fuerzas.

—¿Cuántos Caballeros y Alados Violetas tenemos a nuestro mando?

—Poco más de veinte mil hombres, señor.

—¿Eso quiere decir qué…?

—Son cerca de ciento cincuenta mil Guerreros Violetas los que Greitel tiene en su poder.

—La isla Triángulo, ¿cuántos son?

—Está casi llena mi señor, están construyendo un portal oscuro de la isla Triángulo a las montañas del Dragón Violeta para lograr comunicación.

—¿Se nos unió algún Maestro Violeta? —Painus alzó un poco la vista a raíz de su pregunta.

—No —negó Spariden triste. Al escuchar la respuesta Painus bajó de nuevo la mirada, susurró algo inaudible, dejó de jugar con la madera, estrechó el puño con fuerza y suspiró.

—Gracias Spariden, puedes irte, llama a Sinadar, Theor y Fag por favor.

—Si, mi señor.


—¿Mi señor Painus? —preguntó Theor. El centauro, la elfa y el minotauro entraron, todos eran líderes claros de la Guerra Gris listos para dar lo mejor de si y demostrar que podrían vencer a pesar de todo. Sonreían, se veían altivos, excepto el centauro que se mostraba un poco más pensativo.

—Nuestra ubicación no nos favorece, tenemos que abrir un portal a la isla del símbolo —insistió Painus, alzó la mirada y dejó que un rostro de piedra mostrara un fragmento de la desesperación que sentía.

—Es imposible Painus —respondió Fag tranquilo—, ya hay una masa de magia negra a nuestro alrededor, nuestro hechizo no sería efectivo, tenemos a Kainth, el demonio, en la isla triángulo y a Khan gor Math en el este.

Theor asintió y miró a Painus a los ojos.

—¡Me rehúso a morir! —exclamó Painus, se acarició la frente y miró la mesa con un mapa y supuestas estrategias militares.

Todos callaron.

—Déjenme sólo, por favor —susurró Painus exhausto.


—¿Padre? —preguntó Painus.

—¿Si, hijo? —contestó Jáh, amoroso, comprensivo, su silueta apareció a un lado de Painus.

—¿Por qué?

—Hijo mío, haz perdido la fe antes de tan siquiera alzar tu espada. Así no ganaremos.

—Tú sabes que esta ciudad y esta fortaleza que estamos construyendo es una causa perdida, si el ejército de Martirus al este y los hijos de Kainth atacan este fuerte, no lo resistiremos. ¿Por qué Greitel rechazó la luz? ¿Por qué precisamente él?

—Vamos Painus —interrumpió Sinadar, entró a la tienda, su figura sentimentalmente fuerte, grande e imponente, Painus sabía que Sinadar podía transmitir el sentimiento de esperanza con su sola presencia y pudo comprobarlo por primera vez. Painus estaba acostumbrado a dar esperanza, no a recibirla.

—¿Sinadar?

—Vamos a ganar, lo se aquí en mi corazón.

Painus sintió que era cierto, que todo saldría bien, que sólo era cosa de resistir, seguramente los Caballeros Verdes al norte enviarían apoyo en el momento crucial, seguramente los enanos de Kont Fantum tomarían la decisión correcta, seguramente Jáh pelearía con ellos a su lado.

—¿Verdad qué ganaremos Painus? —dijo Sinadar y sonrió, se acercó y lo abrazó sin sospechar que antes ahí estaba el padre de Painus. Painus asintió sonriente, dejó que Sinadar lo sanara, cerró los ojos y soñó con un mundo mejor.


Painus se soñó así mismo en una gran pradera verduzca, unos hombres cerca de unos grifos descansaban esperando ya pronto reanudar su viaje a las tierras oscuras, unos iban al bosque de Martirus, otro buscaba su destino como Avatar. Painus sonrió, miró a su viejo amigo Imanthal caminando hacia él y le saludó.

De igual manera miró a otros entes a su alrededor, disfrutando del mismo sueño, el duende de los sueños les había invocado, era hora de una reunión.

—Caballeros, es la primera vez que nos reunimos casi todos al mismo tiempo, creo que es hora de discutir unos puntos de esta guerra que se acerca, no falta mucho, el tiempo pasa rápidamente, déjenme presentarlos. Nuestro amigo de cabello azul es Painus, se encuentra en uno de los puntos de batalla más importantes que es el continente de la Roca Viva, como ustedes bien sabrán, tiene al oeste la isla del símbolo, la isla triángulo y al este se encuentra el país de Martirus, el punto más poderoso de Hurton. También presente está Trevan fong Dora y Gafrit el dragón, aunque está en su forma humana para hacer de esta comunicación algo más sencillo, ellos también están en el continente de la Roca Viva. En esta reunión también están presentes Wulfgar Fraitsen, líder de la resistencia en Martirus y Khallagan, enano lider de Kont Fantum, si Painus, los enanos de Kont Fantum han decidido unirse a la guerra.

—¿A qué nos has llamado Imanthal? —preguntó Wulfgar, limpiándose los dientes con un trozo de madera.

—Los Dioses al parecer han elegido como campo de batalla Roca Viva, continente vital de Lagrim y Martirus que es parte de las tierras oscuras de Hurton, pues así sea, sólo quiero mantenerlos al tanto de nuestra posición y nuestros planes.

—¿Qué hay con el territorio de Gansby?

—Está desierto. Verán, los que eligen a la oscuridad se están reuniendo en la isla Triángulo y en la isla del Símbolo así como en el reino de Martirus. Los líderes oscuros más importantes al parecer están ahí.

—¿Los hijos de la luz? ¿A dónde se dirigen si no pueden entrar al continente de Roca Viva?

—Sart Mornis y Cilia Mondros dejaron la Isla del Triángulo con casi todos los gnomos que ahí vivían, incluyendo Yall quien es otro de nuestros líderes. Tenemos un punto de reunión cercano al bosque de Martirus llamado Grisel, donde los hijos de la luz se están reuniendo —contestó Imanthal.

—Entonces no deben de tardar en llegar aquí, ¿Verdad Imanthal? —preguntó Wulfgar Fraitsen con esperanza. Imanthal le sonrió y asintió contento.

—Respecto a nosotros Imanthal —dijo el Dragón en forma humana, un humano parecido a Trevan nada más un poco más viejo y de piel un poco más tostada—. Iremos pronto a la ciudadela de Painus, estamos ayudando a los enanos de Kont Fantum a cargar provisiones y armas, en unos tres o cuatro meses prometemos estar con él.

—Así es —sonrió Trevan—.También tenemos buenas noticias, la villa de Donadir, los elfos de Gamur, los humanos de Gondros y los Minotauros Cafés se nos han unido la mayoría. Tendremos un buen ejército y si logras detener al ejército de Martirus para evitar la invasión a Roca Viva, Imanthal, podremos lidiar con la masa del Símbolo-Triángulo.

—Esperen, sólo sabemos de Kainth y Khan gor Math, ¿Qué hay de los demás líderes oscuros? —preguntó Painus.

—Ganad, Mindar y Windsor están en Fajiro, yendo ya a Martirus con su ejército de goblins, ogros y hombres lobo. El clan de orcos de Cynk y Gasthis, ya llevan en sus filas a Goth, Komestros, Gamanin y Konathos, estos ya están en la unión del Símbolo-Triángulo esperando fieles órdenes de Kainth.

—¿Qué hay de mi madre? —preguntó Painus.

Todos guardaron silencio.

—Fait Mornor está con Khan gor Math —respondió Imanthal.

—Fait, ¿Es tu madre, hijo de Jáh? —preguntó Gafrit.

Painus asintió y sonrió finalmente.

—Ya tengo más esperanza al saber que ustedes vienen Caballeros del Dragón Verde, ¿Los demás dragones? ¿qué hay de ellos, acaso sólo el Verde y el Purpura han tomado su decisión?

—Hay rumores de que el Dragón Negro ya está en Martirus con sus hombres, el Dragón Blanco está en camino hacia Grisel donde se reunirá eventualmente con Cilia Mondros y Sart Mornis, respecto al Dragón Azul, no se sabe nada de él, creo que cometieron el Último Juicio.

—Cobardes —susurró Trevan, Gafrit puso una mano en su hombro y siguió escuchando.

—¿Qué hay de ti viejo Imanthal? —preguntó Wulfgar sonriente.

—¡Ja! Ya vamos a llegar, no desesperes, llevo a Jayli y Erick conmigo, respecto a Argarath, llegará al oráculo de los dioses claros a tiempo para su entrenamiento y se nos unirá probablemente el segundo día de guerra.

—Argarath debe ser muy bueno si es que logra hacer el entrenamiento en tan poco tiempo —comentó Trevan—. No se que tanto haya mejorado desde la última vez que nos vimos.

Painus se asomó y miró a Argarath, Jayli y Erick platicando, no se daban cuenta que estaban ahí porque eran sus cuerpo espirituales los que tenían la reunión.

—Una cosa más, Argarath es decisivo en esta guerra, no se por qué y no se en qué sentido, sólo se que es un buen hombre, es un poco misterioso algunas veces —Imanthal recordó la vez en que vio el verdadero rostro de Argarath y se bloqueó un momento, miró hacia atrás y regresó a la conversación—. Es un buen amigo. Caballeros, creo que son todos los avisos que puedo darles por ahora, el duende de los sueños debe estar maldiciéndome en este momento por usar tanta de su energía, necesita descansar y nosotros aún tenemos mucho por delante.

Los presentes asintieron y uno a uno fueron desapareciendo, excepto Painus.

—Amigo, espero haberte devuelto la esperanza —dijo Imanthal.

—Lo has hecho aunque sabes que esto es un suicidio, no deberíamos estar peleando. ¿Qué pasó con la paz de antes? ¿No era mejor ser un simple y mugre tipo que va caminando por ahí disfrutando de la vida?

—¿No era mejor ser un ermitaño disfrutando de la vida con su mejor amigo a su lado, estudiando en su isla y mirando el mar en las noches de luna llena? Claro que si, si era mucho mejor, ¿qué te puedo decir?, ahora tenemos esta enorme responsabilidad que es el Poder Gris.

—Aún si ganamos, ¿no se perdería el balance?.

—Painus, ¿piensas en ganar?, el propósito de los Hijos de la Luz en una guerra por el Poder Gris y tú bien lo sabes ya que eres Hijo de Jáh, es dar la vida en sacrificio, balancear el Odio de la Oscuridad con el Amor de la Luz —sonrió Imanthal.

—Entonces moriremos.

—Si así debe ser, ¿Qué podemos hacer?

—Te salió un verso sin esfuerzo —sonrió tristemente Painus.

—A mi, cómo tú, no me gusta la idea de morir. Tenemos una esperanza si logramos controlar a los Hijos de la Oscuridad lo necesario. Ya que así podemos regresar las cosas a un balance, si lo logramos a tiempo entonces acabará la Guerra y los dioses decidirán después.

—Pensé que eras inmortal.

—Hay muchas maneras de morir, antes que la física, ahora regresa con los que dependen de ti Painus, dales tu esperanza, tu poder interior.

Painus sonrió y desapareció.


Cuando Darun entregó la espada terminada a Radcliff, éste se encontraba en una de sus visitas al árbol donde se inclinaba para mirar el cielo. Otra lluvia de estrellas, tan comunes se habían vuelto ya. La mano de Padre Jáh ofreciendo belleza para calmar el corazón del perdido pensó con tristeza Darun.

—Rad, ¿estás ahí? —preguntó Darun con suavidad, observó al niño recargado en el tronco del árbol y hurgando en el cielo esperanza. El niño dirigió la mirada a Darun y sonrío tímidamente, sus ojos brillaron con luz de estrellas. Aquí estoy Darun, a mi pesar. Sintió el orco en el niño, Darun se mordió el labio superior con uno de sus colmillos y sacó su regalo envuelto en piel. Lo miró por un momento, su creación envuelta en piel de venado, atada con cuerdas de cuero, una presentación cruda y solemne al mismo tiempo.

—Aquí está por fin tu regalo, se que te la prometí terminada unos días antes —el orco sonrió—. En fin, lo que cuenta es la intención.

Darun guiñó el ojo, lo que hizo que todas las arrugas de su rostro se presentaran ante Radcliff quien se sorprendió al ver a Darun más viejo de lo que pretendía, después rió quedamente, se puso de pie, caminó hacia el orco y recibió el paquete. Radcliff abrió la funda de piel y admiró su espada, era muy extraña y a la vez hermosa, jamás había visto metal tan bien definido, observó con atención protuberancias doradas que más tarde definiría como lágrimas de oro, le dio vueltas, sopesó la espada y se asombró de lo ligera que era, adoraba la curva en la que terminaba y el mango que se ajustaba perfectamente a su mano hecho de bronce. Cerró los ojos y sintió como la propia espada emitió vestigios de si mismo, como si él y la espada fueran uno solo.

Hizo una mueca y miró al piso.

Con esta espada vengaré la muerte de mi padre, con esta espada haré que la Luz se sienta orgullosa de mi. Darun puso una mano en el hombro del niño, Radcliff dejó caer la espada a un lado, más tarde se conseguiría una funda, abrazó al orco agradeciéndole y dejó que unas cuantas lágrimas de oro mojaran la piel verde de Darun.


Los cuervos volaron alrededor de un gran árbol y se posaron en él. Graznaron ruidosamente, miraron a todas partes y ninguna, parecían sonreír malévolamente y al dejar en claro su malevolencia picotearon al árbol sin misericordia.

Y ocurrió algo inesperado que sin duda los cuervos esperaban.

El Árbol agitó fuertemente sus ramas, hizo a los cuervos a un lado golpeándolos y continuó caminando. Llevaba siglos o milenios (al Árbol le daba igual) andando, desde que existía sabía que su destino era caminar hasta el final de los tiempos o hasta que descubriera su verdadero nombre. En su corteza había miles de nombres grabados y de una forma constante, las letras de esas palabras cambiaban de lugar y formaban otras palabras, más nombres. La corteza jamás estaba quieta pero si una persona normal la viera no notaría su verdadera naturaleza, era un placer reservado sólo para seres mágicos.

Arebelt, Abolrette, Abalrette. Tal vez.

El Árbol movió pesadamente sus ojos de lado a lado, sintió con placer la humedad del bosque oscuro, un rayo de luz iluminó momentáneamente al personaje revelando su forma física. No era un árbol del todo, sino una forma humanoide, su piel era madera y en esta madera estaban los nombres grabados, el cabello y la espalda tenían pequeñas ramas con hojas alrededor. Los píes se componían de grandes raíces que cuando era necesario se clavaban firmemente en el piso para simular que era de verdad un gran Pino, o tal vez un Olmo, pero su favorito era el disfraz del Sauce Llorón. Sus manos eran varillas largas que cuando quería se hacían ramas inmensas forradas de hojas y frutas del sabor que se le antojara en ese momento.

—Avanza —se ordenó el Árbol, una voz profunda que hizo eco en los espíritus del bosque—. Sigue caminando, debes encontrar el nombre.

El Árbol recordó con renuencia como durante años se había dicho esa misma frase sin importar la circunstancia, estaba cansado de caminar tanto. Los cuervos se posaron en su amo y bajaron la vista. El Árbol recordó divertido numerosas ocasiones en la que diversos seres le habían visto caminar, hubo una vez que un rey elfo persiguió su rastro hábilmente, hasta que ya no encontró ni una pista gracias a que el Árbol se disfrazó en un manzano. Cansado, el rey se posó en su corteza y el Árbol tuvo que contener la risa.

Otra ocasión le recordó un grupo de magos que necesitaban un ingrediente especial para completar un rito, el Árbol se disfrazó de un baobab gigantesco y se encargó de dejar en la rama más alta el ingrediente que estos magos necesitaban. Cuando los magos utilizaron sus hechizos fracasaron, cuando usaron sus animales entrenados entonces el Árbol usaba a sus cuervos para confundirlos y lo mejor de todo, era cuando estos viejos magos intentaron subir usando piernas y manos.

¡Cómo se había reído en esa ocasión!

También recordó la broma que le jugó a un dios enano llamado Cemio, esa broma era de oro ya que originó mitos populares entre la raza enana y el Árbol se enorgullecía de ello. Sonrió, nadie podía tocarle, ni siquiera los dioses, al menos no permitiría que nadie lo tocara hasta que encontrara su nombre verdadero.

El Árbol frunció el seño, recordar a Cemio le hizo recordar a este otro enano, un pequeño que estaba jugando en el bosque de Garth Turan. Una banda de orcos había llegado ahí por casualidad y encontraron al pequeño tierno, inocente, jugando con los árboles y con el pasto. El Árbol iba a pasarse de largo, no le interesaba un grupo de vidas mortales.

Hasta que escuchó los gritos.

El Árbol temió regresar, sintió como los cuervos le picotearon y le urgieron para seguir caminando e ignorar la situación. Algo se movió en el corazón y en el alma del Árbol, debía regresar y salvar al pequeño. Se movió con agilidad en dirección a los gritos y presenció una atrocidad. Los gritos habían sido ahogados por el objeto de la perversión de los orcos. El niño con la ropa desgarrada y los ojos bien abiertos, tratando de pedir auxilio.

Los cuervos se detuvieron y esperaron ordenes, El Árbol los mandó a picotear a los orcos, salió de su escondite rápido y furioso, los orcos se asustaron ya que jamás habían visto algo tan grandioso. Fue tras ellos.


—Y yo recuerdo —dijo Jayli a Erick quien escuchó atento sin mostrar ningún sentimiento—, que cerré mis ojos muy fuerte y al abrirlos, los orcos se habían convertido en cuervos, graznaban y revoloteaban por ahí, escuché gritos, vi a un ser enorme que aparentaba ser un árbol dar de saltos hacía una parte del bosque.

El rostro de Jayli cubierto de sudor y lágrimas. El dolor de la niñez aflorando de nuevo, su cuerpo se sentía sucio, vil. Se abrazó así mismo y miró al cielo.

—Mi padre vino y me encontró, le rogué a Cemio que no me castigara, que no me convirtiera en Árbol, que sería buen niño. Jamás entenderé por qué los orcos se transformaron en cuervos y jamás entenderé por qué me hicieron eso, Casteo me iba a convertir en Árbol, algo hice mal… seguro algo hice mal —dijo Jayli.

Erick cerró los ojos.

Argarath, quien estaba escuchando también, susurró un encantamiento para dejar que el cuerpo, la mente y el alma de Jayli, agotados por los recuerdos, descansaran.


Y el Árbol los despedazó, jamás había sentido tanto, fue la primera vez que rompió su principio de no inmiscuirse en asuntos mortales hasta haber encontrado su nombre. Hizo pedazos a cada uno de aquellos malditos orcos y no se arrepintió. Ocurrió que al terminar con los piel verde sintió en su corteza un pedazo de su nombre verdadero que se grabó en lo más profundo de sí.

T-T.

La primera pista de su nombre verdadero, lloró, carcajeó de alegría y caminó más contento que antes a buscar su identidad.

—¿Sabes por qué se te reveló esa parte de ti? —preguntó una sombra, el Árbol detuvo su reflexión y su caminata, buscó a la silueta la cual estaba sentada en una piedra, lo único que logró distinguir eran unos ojos que parecían brillar de sabiduría.

—Eres tú, hace eternidades que no nos vemos —asintió el Árbol.

El Ciego sonrió en respuesta.

—Desde antes que Pensante creara este mundo.

El Árbol bufó.

—No me menciones a ese hijo de perra —gruñó el Árbol.

—El hizo lo que creía que era correcto, así como tú cuando recuperaste esa parte de ti, Teté —sonrió el Ciego—. A ti te castigó escondiendo tu identidad, tu castigo es ser caminar hasta que la encuentres, y a mi me castigó robándome la vista profunda del alma.

—Aún la ves veneradísimo anciano —contestó el Árbol.

—Intuyo, Árbol Teté, intuyo —corrigió el Ciego—. Y hasta ahora mis intuiciones han sido las indicadas y el poco poder que aún corre por mis viejos y gastados huesos hace el resto. Sin duda, en tus viajes has de haberte enterado de mi plan. Teté o el Árbol asintió.

—He visto rastros de tu trabajo ya dar frutos. Aún no se lo que intentas. ¿Acaso será destronar a Pensante? ¿Recuperar el Poder Creador?

—No, no, el Poder Creador murió hace tiempo, eso Pensante lo sabe y está tan obsesionado con recuperarlo que no ha abierto los ojos a la verdad, este mundo que Él creó está latiendo y cambiando constantemente, tanto así que tiene su propia fuerza creadora así como fuerza destructora. Luz y Oscuridad, bah, Blanco y Negro, otra patraña, si te das cuenta el mundo está pidiendo colores, está rogando por una libertad en su creación y destrucción, tanto así que se da una excusa con la llamada Guerra Gris, significa que el mundo está jugando al mismo nivel de Pensante. No, mis planes no son destronar a Pensante, su propia creación lo hará a su debido tiempo y el Poder Creador ya no existe, es inútil recuperarlo.

—Entonces, ¿qué haces? —preguntó el Árbol.

—Fomentar la Guerra Gris y ocuparme de hacerla lo menos dolorosa posible, es la única forma de acabar con la dictadura de Pensante sobre las creaciones que desde hace tiempo ya tienen vida propia —contestó el Ciego y dejó de sonreír.

—Al costo de millones de vidas, no importa cuanto dolor disminuyas, te culparán de muchas pérdidas —añadió el Árbol. El Ciego miró al Árbol sin responder y sostuvieron la mirada durante un largo rato.

—Aquél enano que salvaste, su nombre es Jayli —reanudó la conversación el Ciego—. Y es uno de los líderes claros en la Guerra Gris que está por venir.

—Hace un momento me preguntabas si tenía conocimiento de el por qué recibí parte de mi nombre y la respuesta es que no lo se, ¿te importaría decírmelo?

—Al haber hecho lo que tu sentiste era lo correcto, ganaste las primeras letras de tu nombre Teté, si hubieras sentido que lo correcto era unirte a esa orgía igual lo hubieras ganado, si hubieras continuado caminando, jamás sabrías lo que sabes ahora.

—Tiene sentido —asintió el Árbol—, me temo que no es todo lo que viniste a decirme. ¿Qué es lo qué te aqueja en realidad Ciego? ¿Algo respecto al extranjero qué se hace llamar Argarath?

—Tienes que entrenarlo y si el entrenamiento no funciona, debes matarlo.

El Árbol negó lentamente, se sentó en la hierba como pudo y dejó que su cuerpo absorbiera la humedad de la tierra. Respiró profundamente, los cuervos vigilantes y atentos a todo.

—Creía que los dioses claros se encargarían de entrenarlo.

—No deben, o si no corromperán más a Argarath. El ya está demasiado agobiado con la personalidad que le impuso la doctrina de Pensante y la personalidad que presta atención a la insistencia del mago blanco que comparte su cuerpo, si dejamos que los blancos lo entrenen se haría una catástrofe, manejaría el poder destructor del mundo de forma tal que…

—…Ya no habría mundo —completó Árbol.

—Ya no habría mundo —confirmó el Ciego—. El tal Argarath me da miedo Árbol, la Conciencia que está evolucionando en su interior es poderosa y guarda mucho rencor, es todo lo que se de él, me es difícil leer a Argarath porque es diferente a los demás, ¿De dónde lo trajo Pensante?, ¿A ti se te ocurre alguna idea de su origen?, ¿Sus amigos, qué hay de ellos?

—No tengo ninguna respuesta y es muy temprano para hacer conclusiones —afirmó Teté—. Realmente me da igual, entrenaré al muchacho, Ciego, y haré que descubra su verdadera identidad, haré que la Conciencia sea libre a tiempo para que aprenda y por fin, Argarath sea uno mismo y dueño de su propio destino, espero que en su descubrimiento introspectivo pueda yo descubrirme a mi también. Si es necesario, habré de matarlo como has pedido.

—Gracias —sonrió el Ciego y desapareció. El Árbol cerró sus ojos y meditó la situación, la búsqueda de su identidad podría esperar, caminó lentamente y vio sus cuervos adelantarse marcando el camino.


El Caballero del Dragon Verde y su Amo ya llevaban varias semanas de viaje en esperanza de unirse pronto con Painus, cargaban con ellos la responsabilidad del Clan del Dragón Verde y el cuidado de los enanos de Kont Fantum, los humanos de Gondros, los elfos de Gamur y además, los minotauros cafés. La comitiva calculó una semana más de viaje y caminaron felices esperando aminorar el tiempo con un paso más enérgico.

Hasta que se encontraron al Dragón Azul.

A contrario de lo que creían los demás dragones, en vez de haber efectuado el Ultimo Juicio, este vivía y nuestros personajes se enteraron de una manera lamentable al ver los cuerpos empalados de diversos guerreros, caballeros, alados y magos, vestidos con una armadura o saya de escamas azul grisáceo. Testigos silenciosos de lo que había sido una pequeña confrontación. Trevan observó callado, escondiendo evidencia de cualquier sentimiento.

—¿Crees que esto ha sido obra de algún ejército oscuro que se haya establecido en Roca Viva? —se atrevió a preguntar, una niebla fría nubló su corazón y su vista, miró con detalle los cuerpos torturados, meditando un sin número de posibilidades que llevaron a esos cuerpos ahí y pronto se avergonzó de molestar a los muertos con lo que juzgó había sido morbo descarado y grosero.

—Si, un ejército oscuro se estableció aquí, ¿Reconoces esas runas, Trevan? —señaló Gafrit quien se encontraba en su forma humana, Trevan dirigió su mirada a una lápida que sin duda antes no se encontraba ahí, se preguntó así mismo dudoso e inseguro de qué alcances tenía la magia y temió.

—Creo que es escritura de dragones, no tengo idea de su significado Maestro Gafrit, si no es un atrevimiento, ¿Podría explicarme qué dice?

Gafrit asintió sombrío, la muchedumbre de Soldados Verdes y demás multitud se juntó para curiosear y mirar, ver si podían captar la razón de su repentino alto. Khallagan, líder claro y el enano padre de Kont Fantum se unió a Gafrit y Trevan.

—¿Sucede algo? —preguntó el Padre Enano preocupado, su rostro era uno lleno de arrugas y bronceado por herencia de su raza que no acostumbraba salir de las cavernas, su cabeza llena de cabello gris y lacio, una nariz prominente y respetable que comunicaban más que sus labios.

—Las runas dicen —explicó Gafrit ignorando la pregunta de Khallagan—, que la gloria de los dragones azules siempre viva por la sangre seca en sus oscuras armaduras, el eclipse eterno de la luz empieza aquí y ahora. Se apagó la actividad y el silencio se hizo evidente, éste no sólo selló los labios, sino los espíritus. Algunos rezaron por las almas de los difuntos y otros acariciaron las empuñaduras de sus espadas esperando la oportunidad de vengar a los suyos.

—No podemos regresar Maestro Gafrit —susurró Khallagan.

—Si tan sólo hubiéramos mandado alados a cubrir la región —lamentó Trevan.

—No lo creo, este es un obstáculo que no podemos dejar de lado y hubiéramos enfrentado tarde o temprano, es mejor así porque evitamos la sorpresa. Tenemos que luchar contra los hombres restantes y asegurarnos de no vernos rodeados ya estando con Painus, sabes que un Soldado Dragón es diez veces más poderoso y por lo tanto valioso que un guerrero común y mucho más que un campesino.

Khallagan aspiró ruidosamente y concedió la razón, no le gustaba la idea de que Gafrit estuviera insinuando que sus enanos no eran más que recursos en un momento de desesperación pero era sabio y comprensivo y sabía que el Dragón había ganado un punto.

—Khallagan, haz que la gente acampe aquí, despacharé diez mil de mis hombres a tu entera disposición, Trevan y yo guiaremos a los restantes y destruiremos al enemigo, si en dos días no hemos regresado, avanza y busca venganza. El Dragón Azul no debe llegar a Painus.

—Así sea —respondió el enano padre, hizo una reverencia y gritó órdenes a su gente mientras Gafrit contactaba a los Maestros Verdes y daba instrucciones de quienes debían ir y quedarse, de cómo manejar las provisiones y finalmente, de orar por que Jáh los acompañase.

Trevan, ocupándose de lo suyo, miró la continuación del camino rocoso y vislumbró más allá, albergando y fomentando en su corazón la excitación que se da antes de una batalla, miró de nuevo los cuerpos empalados con asco y juró venganza a los espíritus.


Más de noventa mil soldados pertenecientes al Clan del Dragón verde avanzaron con cautela. Trevan y Gafrit al frente del ejercito, Trevan odiaba la sensación de igualdad entre él y el Dragón Verde ya que la mayor parte de su vida había aprendido que a los dragones se les merece respeto, detectó miradas de enviada o frustración entre sus propios compañeros y eso acrecentó el sentimiento de inseguridad, se preguntó por qué los dioses no habían elegido mejor como líderes a los ángeles o a los dragones o a los reyes o cualquier otra posición importante.

¿Sería acaso que en estas crisis se unían los más sencillos y más nobles como iguales y por lo tanto, basaban en esto su decisión los dioses?, eso lo explicaría todo, Trevan bufó y continuó caminando a lado de su Maestro y camarada en armas.

Miró hacia atrás y su mirada encontró la de la Maestra Alada, Dafne fong Gafrit, detrás de ella se encontraba el Maestro Mago, Gandos fong Gafrit.

Dafne vestía una armadura ligera compuesta de un peto hecho de escamas de dragon, su espalda lucía unas largas alas del mismo material, caminó para ahorrar la energía mental y la voluntad que requería volar, sus piernas largas forradas con unas botas de piel verde que le llegaban hasta los muslos, su cabello estaba suelto y largo hasta los hombros, su expresión era una dura, reflexiva e impenetrable.

Trevan jamás la había visto sonreír y al juzgar por lo que había escuchado de ella entre los Soldados Verdes, no era algo para sorprenderse. Sin importar lo que dijeran, Trevan sentía una especial atracción por esta mujer. Sostuvo la mirada un momento, se encogió de hombros y la mujer enarcó una ceja en respuesta. Trevan regresó a su postura y cambió sus pensamientos al Maestro Clérigo.

Gandos era un hombre viejo, lampiño, su piel blanca, muy blanca y sus ojos igualmente correspondían a una blancura total, tenía una nariz aguileña y disfrutaba de abundantes ojeras que se veían raramente oscuras contra su piel blanca. Gafrit le había explicado que Gandos no era ciego, (Trevan tuvo una extraña sensación al escucharle hablar de ciegos), sino que su entrega a la Magia Clara había sido tal que su cuerpo cambió para reflejar su alma. Al conocer más a Gandos le dio la razón a Gafrit, el Maestro Mago era un hombre siempre sonriente y dispuesto a ayudar.

Trevan tuvo recuerdos de Kenneth, sonrió y emitió un leve suspiro de nostalgia. Su semblante cambió y se oscureció. Pensó en Kainth y lo olvidó al ver que un joven guerrero se adelantaba para llevar el paso a su lado. Palmeó al joven guerrero en la espalda y este le devolvió una mirada de admiración y sorpresa, su nombre era Lamus, el joven que le invitó a la asamblea de Soldados Verdes en aquella ocasión que había escapado del embrujo de Kainth, Lamus apenas era un novato y uno muy prometedor. Trevan se hizo amigo del joven de veintitrés años muy pronto, quien estudiaba para ser Paladin y hacía poco consiguió el rango de guerrero clase dos.

Lamus tenía ojos verdes, astutos y sagaces por su juventud, una nariz afilada y recta, cabello corto y espinado que combinaba perfecto con su rostro cuadrado y moreno. Atrás de Lamus caminaba su hermana mayor, Trevan no estaba seguro si esta era mayor por cinco años o más, parte de su inseguridad se debía a que no se notaban estos años de diferencia con su hermano, cubierta por una toga de escamas verdes, su rostro moreno y divino, no muy diferente al de Lamus, entonaba una sonrisa confidente. Su nombre era Susiel y practicaba la magia oscura, prueba de ello eran sus ojos negros en su totalidad y tal vez un poco la diferencia de tonos en la piel de los hermanos, ya que la hermana tenía la piel un poco más oscura.

Gafrit movió el hombro de Trevan y éste omitió sus pensamientos para escuchar a su Maestro.

—Allá están, esperándonos —profetizó Gafrit.

—¿Esperándonos Maestro? —preguntó Trevan.

—Si, es un duelo de Clanes, hace mucho que no se hacía uno, desde que se acabó la Primera Guerra y Pensante formó parte del Mundo —Gafrit sonrió y rezó una pequeña plegaria en silencio. Levantó una mano y Dafne alzó vuelo inmediatamente para gritar ordenes a sus alados, Gandos agrupó a los magos y todos, claros y oscuros, ocuparon la retaguardia, los alados se colaron por encima de los magos para ocupar su espacio aéreo.

—Tu y yo, ocupamos las primeras filas Trevan, si la suerte lo decide es nuestro deber morir primero, guía a los soldados teniendo en mente una victoria segura pero sin sacrificar tus principios —susurró Gafrit y escuchó a sus espaldas el movimiento de las armaduras acomodándose.

—Hay una pequeña diferencia Maestro, entre usted y yo —respondió Trevan serio, Gafrit lo miró interesado y un poco irritado por el desafío.

—¿Y esa es…? —preguntó al fin.

—Que si alguien me cae mal, no puedo freírlo y después tragármelo —sonrió Trevan y Gafrit carcajeó de buena gana con la broma antes de dar la orden a su gente para avanzar.


Caballeros, Guerreros y Arqueros (en ese orden, por filas) de los dos bandos se vieron frente a frente, Trevan miró al Dragón Azul en su forma humana, tenía la apariencia de un hombre maduro en sus cuarenta años, cabello casi rapado en su totalidad, canoso, expresión dura, rostro fuerte y cuadrado, una cicatriz rajaba una de sus mejillas. Trevan descubrió un símbolo en la frente del Dragón Azul que tintineaba.

A su lado, una hermosa joven semi desnuda y con una sonrisa diabólica flotaba orgullosa y altiva, sus ojos del color del fuego, cabello largo hasta los hombros y castaño, había una extraña familiaridad, ya la conocía. Estaba a punto de cuestionar a su maestro, sintió una tensión poderosa en el ambiente y captó murmullos de desaprobación, se sintió de acuerdo con sus compañeros, debía ser un gran error desafiar al Dragón Azul y sobre todo a su hermosa acompañante. Cuando Trevan volteó para iniciar su protesta encontró a Gafrit formulando un gesto de tristeza.

—¡Gandos! ¡Hechizos de protección contra súcubos y demonios!

El murmuro de los magos no tardó en alzarse y pronto el ejército entero se encontró rodeado por una aura de luz que se hizo invisible paulatinamente, los murmullos cesaron y la tensión fue remplazada por el deseo de los jóvenes de pelear y de los viejos de sobrevivir, Trevan miró que la joven hermosa por la cual estaba dispuesto a rechazarlo todo se había convertido en una nube oscura y sin forma.

—¿Qué sucedió con la joven? —preguntó Trevan admitiendo horrorizado que despertaba de un ensueño lujurioso.

—Es un súcubo muy poderoso, probablemente tenga ayuda oscura, no se puede tentar así a un dragón, es increíble que le pertenezca prácticamente todo el ejército del Dragón Azul así como el mismo Lagras, el Dragón del Clan. Mira los símbolos en la frente de todos eso soldados. El hechizo de protección nos permite ignorar la forma que el súcubo nos quiere presentar o más bien, le pedimos en nuestros deseos. El hechizo durará poco.

Trevan se dio cuenta que era la imagen de Dafne la que había visto en el súcubo, se ruborizó avergonzado. Gafrit se dio cuenta del gesto y alzó una ceja medio sonriente.

—Tu misión es matar al súcubo, hazlo rápido, utiliza a mis hombres para protegerte y para cualquier necesidad que se ofrezca. Escúchalo bien: tienes poco tiempo y si el hechizo se acaba antes acabaremos mal, muy mal. No importa si matamos a estos hombres, el súcubo utilizará su energía vital sea que estén vivos o muertos, su fuerza no disminuirá, al contrario, podría ir en un aumento terrible —Gafrit flotó y Trevan observó de reojo que el Dragón Azul hacía lo mismo—. Confío en ti. Gafrit voló y cambió a su forma original de Dragón para combatir contra su hermano Azul.


Darun salió de la tienda de campaña que compartía con Radcliff, había madrugado por culpa del mal sueño y pesadillas generadas gracias al vínculo emocional que mantenía con su compañero. Pesadillas del día de la muerte del padre. Escupió para deshacerse de un sabor metálico que persistía en su boca, respiró profundamente y se negó a bostezar.

Notó que no había sido el único en madrugar, a unos cuantos metros Painus y el centauro Theor miraban el cielo en un embrujo abrumador. Darun entonces se dio cuenta que algo no marchaba bien del todo, su piel se mantenía erizada, le temblaban las manos, el sabor metálico en su boca no era natural, el ambiente en si tenía una tensión extraña que ya no soportaba.

—Es por la gran concentración mágica que está recibiendo el lugar —dijo Painus, como adivinando su pregunta. Darun caminó hacia ellos y se paró a un lado.

—¿Y eso? ¿Concentración Mágica? —preguntó, sintió que la pregunta lo haría quedar como tonto, prefirió arriesgarse a quedar en la ignorancia.

—Allá —señaló el centauro—, a lo lejos están peleando.

Darun pudo notar la situación incómoda del centauro siendo mitad caballo, chocaba los cascos contra el suelo una y otra vez. Su conciencia humana controlaba con trabajos la mitad animal.

—Es un duelo de órdenes —añadió Painus.

Darun iba a preguntar otra de esas preguntas que temía hacer, cuando él mismo recibió la respuesta del cielo. Dos dragones a varios kilómetros de distancia: uno azul, el otro verde, se lanzaban bolas de fuego el uno al otro, chocaban las cabezas y se cortaban las alas con las zarpas.

—¿Qué… demonios? —logró preguntar Darun, fascinado observaba la pelea—. ¿Quién es el bueno?

—El verde —respondió Theor—. El es el nuestro. Su nombre es Gafrit, iniciaron su pelea hace como una hora.

—Luz, protégenos —susurró finalmente Painus, se inclinó al piso y se puso a rezar, Theor hizo lo mismo a su manera, Darun hizo una mueca, se arrodilló avergonzado de no saber orar como ellos lo hacían, se reprochó su ignorancia pero pronto lo reemplazó por un deseo franco de pedirle a padre Jáh su ayuda. A sus espaldas, los que despertaban, rezaban, junto a su líder Painus. Así el Fuerte de Roca Viva oró por el bien.


Jayli alzó su hacha e hizo su grito de guerra, bajó su arma con violencia y se fijó decepcionado que su contrincante ya no estaba en el punto dónde había golpeado. Odiaba la agilidad del vampiro, gruñó al sentir una suave brisa en su cuello y sirvió como advertencia del ataque que detuvo con su propio ataque logrando con éste herir el vientre a Erick y sacarle el aire antes de que pudiera hacer algún movimiento.

Erick se dobló con el impacto y respiró aprisa, observó dolido como el enano giraba completamente y lo tomaba del cuello para alzarlo con fuerza, en ese instante, Argarath había logrado recuperarse de un ataque anterior, tomó impulso y se lanzó con fuerza contra el enano, ambos rodaron por el pasto y gruñeron por el fuerte impacto.

Erick se acarició el cuello y sonrió tenazmente. Corrió hacia el humano y el enano. Uso su agilidad y su fuerza de vampiro para separar a Jayli de Argarath, levantarlo y aventarlo contra el tronco de un Árbol. Jayli sintió el mundo dar vueltas, cuando se dio el golpe abrió ampliamente los ojos de dolor, pero no gritó.

Jayli se acarició la cabeza aturdido y se tiró un momento.

Argarath aprovechó para tirar a Erick por atrás quien no tuvo ni tiempo para poner las manos. Argarath sin tiempo que perder y sabiendo que la agilidad de Erick era mucho mayor, tiró su rodilla en la espalda del vampiro y desenfundó su espada para poner la punta en la nuca de Erick.

Erick carcajeó.

—Eso fue muy bueno.

—Lo siento, ya no confío en vampiros inmortales, me has demostrado que con ellos no hay que fiarse para nada —dijo Argarath y sonrió.

—¿Sabes? Desde aquí puedo hacer un hechizo y acabar con esta charada —dijo Erick. Argarath carcajeó e iba a responder cuando escuchó a Imanthal decir:

—¿Y por qué no lo haces? —dijo el gnomo, serio. Caminó hacia ellos con un paso seguro y firme. Argarath y Erick lo miraron sorprendidos, el gnomo se veía enojado y cansado, era la primera vez que lo miraban así—. ¿Creen qué estos entrenamientos son un juego señores? ¿La Guerra Gris será igual de divertida? ¿Me pregunto que es más grande, si sus egos o sus huevos?

Argarath y Erick se separaron avergonzados y guardaron sus espadas. Jayli se les unió y suspiró triste, él había dado lo mejor de si mismo en esta pequeña batalla, Jayli se sentía sin oportunidad de ganar cada vez que peleaba con ellos.

—Confiaba en que ustedes entrenaran seriamente —continuó Imanthal—. Veo que es inútil. Así que he de unirme a los entrenamientos. Tres contra uno, si me vencen entonces podrán lucir sus egos todo lo que quieran.

Argarath y Erick se miraron, sonrieron levemente y desenfundaron sus espadas. El enano se angustió más al escuchar la propuesta, tomó su hacha firmemente y rogó a Cemio que guiara sus brazos, sus manos y su cabeza. Los tres amigos se juntaron hombro con hombro, el silencio se hizo presente y observaron atentamente a Imanthal quien permaneció con los ojos cerrados y el cuerpo relajado.

—Sería injusto que yo hiciera el primer movimiento —susurró Imanthal—. Ataquen, los estoy esperando.


—¡Lamus! ¡Hagas lo que hagas no te despegues de mi! —gritó Trevan, movió su espada ágilmente y cortó la cabeza de un Guerrero Azul que se había lanzado torpemente contra él. Lamus avanzó rápidamente obedeciendo las órdenes de Trevan. Trevan alzó la vista al cielo, el cuál estaba cubierto de Alados peleando ferozmente y de flechas que volaban de un lado a otro. Más allá vislumbró a los dragones peleando entre si.

—¡Frigartas, Mahog, Grenetas, Masteiros! ¡Rápido, contra el súcubo! —gritó Trevan. Sintió un aura de luz que le cubrió el cuerpo, los clérigos hacían su juego. El aura se deshizo rápidamente cuando una Maga Azul rompió los hechizos, los ataques mágicos lucían y hacían del lugar un ambiente pesado en el cual a los guerreros novatos les costaba moverse.

Trevan miró a Frigartas que moría por una lanza que un Alado había lanzado, había llegado a tan sólo unos pasos del súcubo que sonreía sensualmente. Trevan se movió a su derecha rápidamente, Lamus le seguía cual fiel sombra protegiendo su retaguardia. Masteiros, un Paladín Verde, se unió a la derecha de Trevan e hizo a lado dos guerreros con su poderoso mazo. Trevan se cubrió con su escudo, dos Caballeros Azules iniciaron un ataque contra él. Trevan hizo gala de sus armas evitando el ataque de ambos guerreros, dio un paso atrás y pisó torpemente el tobillo de Grenetas, quien había muerto por una flecha atravesada en su ojo. Masteiros se ocupó de uno de los Caballeros Azules, atacó magistralmente con su mazo rechazando los potentes ataques del Caballero. Trevan se encargó del segundo rápidamente, sabiendo que no había tiempo que perder, su espada emitió un brillo especial, los magos otra vez actuando a su favor. Con su espada aumentada de poder, pudo atravesar la armadura del Caballero Azul matándolo.

Trevan buscó a Mahog con la mirada, y al hacerlo, vio que Masteiros caía por una multitud de Alados que se concentraron y atacaron su cuerpo ya muerto. Lamus seguía a sus espaldas, fría determinación en sus ojos la cual agradeció Trevan secretamente. Esa determinación le permitiría sobrevivir más tiempo.

—¡Lamus! ¡No te despegues de mi! ¡Samas, Migeur, Richaod, Lambaret! ¡Al súcubo! —gritó Trevan. Los guerreros se desocuparon rápidamente. Las flechas cayeron del cielo, llovían como un aguacero.

—¡Trevan, a tu derecha! —gritó Mahog. Trevan giró a su derecha, usando su espada sin dudar. La cabeza de un Paladín Azúl rodó por el piso. Trevan buscó a Mahog para agradecerle y este yacía en el piso con su propia espada clavada en la espalda. Samas y Migeur estaban heridos y fueron rematados cuando una bola de fuego se partió en dos para quemar a cada uno.

Trevan avanzó, Lamus a su derecha, Richaod a su izquierda. Un pequeño grupo de Alados Azules viraron hacia ellos. Trevan alzó la mirada y miró una lanza que se proyectaba en su dirección. La lanza rebotó milagrosamente cuando otra lanza interceptó su trayectoria. Trevan miró de reojo a Dafne, quien sacó un cuchillo y dio ordenes a sus Alados Verdes de atacar a los Azules.

—Gracias al cielo —murmuró Richaod, y los tres guerreros avanzaron. El aura blanca de protección volvió a cubrirles y por la misma cuestión de suerte, esta se conservó intacta. Richaod alzó su espada y corrió al frente para despejar el camino. Trevan se dio cuenta que el súcubo estaba cada vez más cerca, solo era matar unos cuantos Caballeros y Paladines más. Lamus continuó en su retaguardia, una flecha voló cerca de su cabeza y le zumbó el oído. Lamus cayó, un Alado Azul lo tiró con su lanza, éste mismo Alado alzó su lanza amenazando la vida de Lamus. El joven Guerrero Verde rodó instintivamente y escuchó el golpe seco de la lanza contra la tierra, Lamus tomó su espada y aprovechó la distracción para cortar una de las piernas del Alado y después lo mató al caer.

El joven guerrero miró hacia Trevan. Se asombró al verlo tan preparado y tan profesional; más que un humano, Trevan parecía una máquina de guerra.

Trevan tenía dos espadas en su poder y con ellas hacía maravillas funestas. Dos Caballeros Azules intentaron bloquear el camino al Súcubo, el cuál su imagen permanecía difuminada por el hechizo de protección. Trevan se movió ágilmente a pesar de su pesada armadura y rajó el cuello de uno.

El Caballero Azúl restante logró rasurarle un poco el bigote a Trevan.

—¡Por Jáh! ¡Qué deshonor! —exclamó Trevan y con ambas espadas hizo una tijera para partir en dos al Caballero. Trevan giró a su izquierda. Los gritos de guerra, los gritos de dolor rezumbaron en sus oídos.

Una bola de Fuego le rozó el brazo, el aura blanca que le protegía se dispersó un poco. Trevan miró hacia el Mago Azul que le atacó y vio como era asesinado por Richaod. Trevan y Richaod se sonrieron a lo lejos y se saludaron con un movimiento de cabeza. Trevan regresó a la guerra que le rodeaba y suspiró aliviado.

El súcubo estaba sólo, era cuestión de unos pasos.


—¡Jayli! —gritó Erick al ver que Jayli era electrocutado por un hechizo. Erick saltó hacia Imanthal y se estrelló con una protección invisible. El gnomo sonrió, sus ojos cerrados enarcaron levemente las cejas.

Erick se levantó rápidamente y de la tierra surgieron varios pedazos de piedra que le golpearon sin piedad. Sintió su brazo izquierdo crujir, Erick se enojó y empuñó con más fuerza su espada oscura.

Argarath peleaba con la mano izquierda de Imanthal, de sus dedos surgían esferas de luz que al llegar a su cuerpo estallaban para alejarlo más. Argarath utilizó su espada para desviar los destellos, apretó sus dientes por la fuerza de los impactos, aún al desviarlos, sentía dolor de la energía que se liberaba.

Erick forzó sus poderes de vampiro para acercarse al gnomo, los pedazos de piedra se hicieron más grande y flotaron como cuchillas contra él, el vampiro aprovechó y saltó sobre estos meteoritos en miniatura, saltando de uno a otro para acercarse al gnomo.

—¡Argarath! ¡Imanthal no puede forzar su magia protectora en dos lados a la vez! ¡Intentemos atacar los dos flancos al mismo tiempo! —gritó Erick. Argarath gritó afirmativamente en respuesta, ambos guerreros se la ingeniaron para acercarse a Imanthal al mismo tiempo.

Jayli cayó, el hechizo de Imanthal se había apagado. El enano se levantó con esfuerzo y levantó su hacha con dificultad. El dolor estaba presente en todo su cuerpo por el hechizo de electrocutación, su vista desenfocada le mostró a Argarath y Erick que intentaron acercarse al gnomo.

El vampiro inmortal y el guerrero cortaron el aire con sus espadas al mismo tiempo emitiendo su destello particular. Saltaron contra Imanthal y se quedaron estáticos.

Imanthal los detuvo en el aire con ambas manos y los manejó como títeres, los chocó uno contra otro, les forzó a atacarse entre si. —Así es como deben de pelear —murmuró Imanthal. Hizo que la espada de Argarath rozara el cuello de Erick haciendo una leve cortada.

—Y así como deben defender —añadió el gnomo. Manipuló la espada de Erick para repeler la espada de Argarath. Ambos se miraron a los ojos consternados, sencillamente no podían vencer al gnomo.

Jayli se enfureció.

—Yo te enseñaré como pelear y como defender —gruñó el enano. Imanthal le sonrió en respuesta y abrió los ojos.


Trevan atravesó con su espada el pecho de un arquero que pretendió defender a la súcubo. Sin otra barrera más que unos pasos de distancia, Trevan se lanzó hacia ella con ambas espadas. El súcubo evitó el golpe.

—Sólo una espada con magia blanca puede matarlo Trevan —dijo Gandos en la mente del Guerrero Rojo. Trevan alzó ambas espadas y brillaron gracias a la magia del Maestro Clérigo. Trevan observó de reojo que Richaod y Lamus cubrieron la retaguardia de Trevan haciendo a un lado a los Azules, quienes frenéticamente atacaron para proteger a la Súcubo. No tardaron en llegar los refuerzos de los Verdes, concentrando en una pequeña área el Duelo de Clanes. Unos árboles se incendiaban, el Dragón Azul distraía su atención para matar a Trevan. Gafrit rápidamente respondió atacando con más fiereza al Azul para desviarlo de su objetivo.

El Súcubo cada vez se hacía más visible, el hechizo se estaba terminando, Trevan tenía que apresurarse.

—No dejes que sus uñas se acerquen a tu corazón Trevan, no sabemos si pueden afectarte —dijo Gandos en la mente del Guerrero Rojo.

Trevan atacó fieramente al Súcubo con sus espadas, miró brevemente el rostro de Dafne aparecer en el súcubo, Trevan desvió su ataque confundido, cerró los ojos y al abrirlos miró al Súcubo como la imagen difuminada.

—¡Trevan! ¡Hazlo! —gritó el Dragón en el cielo.

El Súcubo se acercó a Trevan, de nuevo el rostro de Dafne apareció un segundo, sin embargo los instintos del Guerrero atravesaron con espadas de luz el cuerpo del Súcubo, el grito de Dafne-Súcubo resonó a varios kilómetros a la redonda, pero antes de desaparecer por completo, una uñas oscuras rozaron el corazón de Trevan.

Inmediatamente los miembros del Clan Azul cayeron muertos, al igual que su líder Dragón.

El Clan del Dragón Verde gritó de alegría por su primera victoria en la Guerra Gris, excepto uno de ellos, que miró al súcubo deshacerse en sus manos.


Soy culpable del triunfo de Kainth.
Soy culpable de la muerte de Dora.
Soy culpable de la muerte de Kenneth.
Soy culpable de la muerte de Jaziel.
Soy culpable de la muerte de Sart.
¿Podrán perdonarme?
Dafne, soy culpable de tu muerte, te miro deshacerte en el viento, tu fino aroma recorriendo el bosque, tus cabellos volando a través de las hojas, ni mil poemas podrán expresar la tristeza que siento en este momento por ser culpable de tu muerte. Tu rostro tan fino.
Soy malo, soy oscuro. No debo guiar a nadie. Nunca me perdonarás Dafne, nunca me perdonarás.


La Maestra Alada, Dafne, bajó del aire y observó a Trevan que tenía una mirada perdida y las manos abiertas, como alcanzando algo que se le perdió en el aire. Éste despertó confundido de un ensueño y miró de vuelta a Dafne con un alivio que ninguno de los dos podía comprender. —Perdóname, no quise matarte —susurró él. Se acercó a ella y pegó sus labios con los de Dafne, ella se sorprendió de la muestra tan repentina de afecto y se dejó llevar por él, regresando con cariño el beso proporcionado. Las uñas oscuras dejaron de rascar el corazón de Trevan.


El Ciego sonrió. Todo marchaba bien.


Jayli observó como la tierra se levantó a sus pies, brincó evitando los pilares de tierra que surgían para evitar estar en las alturas, no despegó sus ojos de los ojos del gnomo. Erick manipulado se aventó contra Jayli con la espada empuñada. Jayli se protegió con su hacha del golpe y miró al vampiro.

—Libérate del hechizo, estúpido —susurró Jayli. Erick miró avergonzado hacia el gnomo, evitando la mirada del enano—. Yo creo que estoy va muy en serio, el gnomo enloqueció y pretende matarnos. Libérate por favor.

Jayli aventó al vampiro con todas sus fuerzas hacia una de las columnas de piedra para evitarlo, levantó su hacha en señal de ataque y corrió hacia Imanthal.

—¡Oscuridad, Kamistras! —gritó Imanthal, una gran bola de fuego surgió de la nada y fue lanzada a toda velocidad hacia el enano. Jayli rodó en el piso e hizo un giro para evitar la bola de fuego, que quemó levemente su hombro, Jayli no se ocupó en sentir el dolor.

Argarath fue controlado y puesto frente a Jayli.

Jayli atacó sin dudar y el filo de su hacha peligrosamente se acercó al pecho del guerrero, éste respondió con su espada y el golpe fue tal que aventó el hacha del enano muy lejos.

—No insistas —dijo Imanthal.

Argarath continuó atacando a Jayli, el enano no sabía como lo lograba pero evitó cada ataque del guerrero quien era veloz y certero. Jayli pateó a Argarath en las costillas cuando tuvo oportunidad y se movió rápidamente hacia su hacha. Erick saltó de la nada y alcanzó al enano con su agilidad de vampiro, puso el filo de su espada rozando su cuello, el enano por instinto permaneció inmóvil.

—Esto si que es un entrenamiento señores —dijo Imanthal—. Arriesgar la vida y provocarla hasta que no quede otro movimiento más que el desesperado. Los líderes oscuros son muy poderosos y esto es un juego comparado a lo que nos espera. Erick tiene la ventaja de ser inmortal, ustedes dos no, la inmortalidad no sirve de nada si no tienen el corazón para pelear y el único que se ha desempeñado con el corazón es Jayli, quien por su voluntad no me permitió manejarlo como un títere como hice fácilmente con ustedes. El único problema es que Jayli se siente inferior a lado de ustedes, el podría asestarme un buen golpe y no lo hace por inseguridad. Esto fue para demostrarles que son un trío de imbéciles. Necesito a los mejores guerreros, no los mejores arrogantes.

—Punto demostrado —susurró Erick.

—¡A mi nadie me controla! —exclamó Argarath, sus ojos se volvieron grises y se liberó del hechizo del títere. Jayli y Erick relajaron su tensión y miraron hacia el guerrero que con rapidez se acercó al gnomo.

—¿Qué…? —preguntó Jayli. El gnomo alzó rápidamente un escudo de protección mágico, el que hizo que Argarath se estrellara, sin embargo éste se levantó y volvió a embestir el escudo sin descanso. Jayli y Erick avanzaron rápidamente hacia Argarathquien alzó su espada y atacó al vampiro y al enano con furia renovada. Sintieron como la espada les rozó más de una vez.

El gnomo lanzó una bola de fuego hacia Argarath que repelió con el hechizo de partición, hizo que los sobrantes del la bola de fuego pegaran contra Erick quien gritó dolorido. El gnomo miró asombrado el rostro de Argarath y volvió a sentir miedo.

—El es la muerte… —susurró—. Tiene que ser la muerte misma…

—¡Detén esto Argoth ark Gorath! —gritó una voz, Jayli miró un Árbol que caminó hacia ellos y abrió la boca como queriendo decirle que se alejara.

Erick aplicó hechizos de curación mientras se arrodilló en el piso, el gnomo también miró hacia el Árbol. Argarath giró hacia el Árbol caminante y empuñó su espada con fuerza, corrió hacia él y le atacó. El Árbol hizo crecer sus ramas y con ellas amarró al humano, haciéndole soltar su espada, después abrió su corteza y depositó al humano adentro, los ojos grises de Argarath brillaron con intenso fervor y desaparecieron en la oscuridad del Árbol al cerrarse su corteza.

—Argoth ark Gorath ya no es su responsabilidad —susurró el Árbol, una parvada de cuervos voló en círculos por encima de él, y descendieron suavemente para posarse en sus ramas. Jayli cerró la boca, intentó por todos los medios espirituales controlar su temor y darse una explicación.

—Me da gusto verte de nuevo Jayli Axecrew, has crecido —dijo el Árbol, unas rajas que parecían ojos y boca sonrieron y le dieron un rostro, sus ramas recogieron la espada de Argoth y sus raíces después lo llevaron al interior del bosque—. Espero que no volvamos a cruzar caminos.

El Gnomo se recuperó de la sorpresa y siguió el Árbol a los adentros, descubriendo que éste había desaparecido.


La Muerte se sentó en su trono cansado. Las cosas habían escapado de sus manos completamente.

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