Padre Taxi. Capítulo 7: “Pesadillas de Héroes”

Este post es parte de una serie, llamada “Padre Taxi”. Anotación 7 de 15


—¿Sabes qué nosotros los héroes tenemos pesadillas? —preguntó Matías, manejaba al coche y podía ver en el camino que el mar de Puerto Octay ya estaba en el horizonte, no tardarían. Todos en el coche dormían excepto él, miró de reojo y Jonás dormido abrazaba con más ahínco al cadáver del niño—. ¿Por qué? Se supone que los héroes como nosotros tenemos sueños, ilusiones e ideales. Por supuesto, blandimos nuestra espada cuando hay una guerra o sufrimos la tragedia de perder lo nuestro. ¿Por qué los héroes tienen también pesadillas en sus sueños? No lo comprendo Anciana, no lo comprendo. No me lo tomes a mal, utilizo el término héroes, porque nosotros fuimos elegidos para funcionar del lado del bienestar en esta Obra del Destino. Personalmente preferiría estar en el Club Araña, platicando con mi buen amigo Gorostiza, ¿sabías que es sensei de un dojo de Aikido al que nadie va?, el me dijo que promovían la paz, y que su uso fundamental es el uso de la energía, ja-ja. Quiero llorar la pérdida de mi madre. ¡Por favor! ¡Nadie quiere salvar al mundo en esta era moderna! Todos fuimos atraídos por causas circunstanciales, porque el mundo o el destino así nos ha forzado, no me gusta que el Olimpo juegue con nuestras piezas, soy un firme creyente de que soy amo de mi propio camino y que soy amo de mi forma de vida. ¡No me has dejado opción en ninguna, Vieja Bruja! No te me pongas violenta, porque se me ha acabado la marihuana y no tengo forma de bloquearte, no quiere decir que no pueda ignorarte. ¡Escúchame carajo! No me retes Bruja, que ya estamos llegando a Puerto Octay. Lo que me molesta es que no he dejado de tener pesadillas desde que te conozco, antes soñaba poco, y eran sencillamente quimeras del día. Me sentía dichoso cuando soñaba en Jaramillo. Seguro tienes algo que ver con que sueñe la muerte de mi madre todos los días. No te hagas la inocente. Por favor, no lo hagas.



Jonás. _Estoy soñando cuando yo era pequeño, mi papá trabajaba el campo arando la tierra, buenos días para la cosecha y había que trabajar cada segundo, su sombra se veía al sol y el sudor se podía oler a kilómetros. Mi madre estaba muy ocupada preparando la comida. Molía el maíz para las tortillas, los frijoles aún lado en una cazuela de barro, hirviéndose en el horno de piedra. El molcajete estaba recientemente usado, tenía la salsa todavía, es re-buenísimo cuando puedes oler el chile y penetra las fosas nasales de una manera rica. Recuerdo las trenzas de mi madre y su rebozo olía a tierra mojada. Ese día tenía yo la edad de Billy, y a medida que los años pasaban, poco cambiaba. Mi padre trabajando, mi madre cocinando, trenzas, molcajete, salsa re-buenísima._

_Mi madre ya no pudo tener más hijos, fui el único. Y me puse a trabajar la tierra como mi papá, quien murió pronto. Cuando yo cumplí los quince, le picó un alacrán en el tobillo cuando araba el campo. Mi padre hervía igual que los frijoles cuando mi mamá lo encontró, sudaba y sudaba como cuando trabajaba, cerró sus ojos prontos y se murió. Lo enterraron en el cementerio de la Parroquia de la comunidad. El pueblo miraba con lástima a mi madre y a mi. Pero yo les demostraría, por eso trabajé mucho la tierra. Mi mamá se sentía orgullosa pero a veces alcanzaba a mirar las lágrimas escondidas en sus ojitos negros._

_Mi mamá murió cuando yo cumplí los dieciocho. Fue enterrada junto a mi padre. Entonces yo me conseguí una buena muchacha y me casé con ella, se llamaba María del Carmen y tuvimos un hijo juntos. Yo veía al sol en kilómetros de distancia mientras sudaba y sudaba, buen clima, había que aprovecharlo. María del Carmen hacía la salsa similar a mi madre, pero su olor no era tan bonito. Tuvimos un hijo que al principio se veía sanito. Ella cuidaba al escuincle y yo trabajaba todos los días, mi vida había regresado._

_El doctor me dijo que les dio tifoidea y los dos murieron. No muy poco después de haber parido, a los dos meses. Mi mujer trabajó mucho, aún enferma. Yo le pedía que se recostara y no se me moviera. Pero no me hizo caso, decía que si ella no trabajaba que seguro me iba a conseguir otra muchacha y la iba a dejar sola, pobre María del Carmen, tan insegura. Pobre de mi hijito, tan chiquito, aún era un pedacito de nube cuando nació. Un pedacito._

_Y dejé el pueblo, dejé mi tierra, dejé a mi gente. Nada quedaba para mi. Adiós a mi Matamoros querido. Me puse un morral a la espalda y caminé lo que parecieron siglos. Me encontré con una pareja de negros viviendo aquí en México, negros ambulantes, de esos músicos y bohemios. El hijo ya aprendía a tocar el saxofón, el negro siempre tan listo y despierto. El padre sabía español, la madre no, el hijo lo hablaba un poco. William Irvine, Celine Boujean y William Irvine Jr. Tenían estilo y clase. Lástima que se quemó su humilde casa. Llegábamos William padre y yo de tomarnos unas cervezas. Yo me despedía ese día y les agradecía el tiempo que me dieron refugio. Los negros son una raza perseguida, tal vez por eso se sintieron en confianza conmigo, yo era un perseguido del destino._

_Ahí estaba, su casa quemándose, William entró y yo lo seguí, me sentí muy valiente antes y ya adentro, me estaba miando del miedo. Pero les debía y Jonás paga sus deudas. William salió de una habitación en llamas, más negro que de costumbre y me dio a Billy en brazos, yo lo recibí. Estaba sudando ríos y las flamas se extendían como garras para alcanzarnos. William me pidió que me encargara de su hijo en lo que buscaba a Celine. Yo hice caso y me quedé afuera, esperando a que saliera mi amigo. Mis esperanzas fueron inútiles cuando se derrumbó la casa._

_El niño lloraba y lloraba. Era chiquito, tenía cuatro años y medio. Ya cuando por fin durmió, lo dejé a un ladito y me quedé en silencio, a ver si no de repente nos caía un rayo encima. Me acerqué a los restos de la casa, hubo una atracción poderosa, no lo puedo decir. Me acerqué a los restos quemados y entre ellos, encontré un estuche negro, casi intacto. Lo sostenía una mano. Me dio miedo pensar de cuál de los dos padres era la mano, tal vez de Celine, por eso no la encontraba William. Acerqué mis dedos al estuche, estaba seguro de lo que había dentro, el saxofón del cadáver que ahora traigo en mis brazos. Pobre familia, estaba igual de maldita que la mía. Cuando tomé el estuche, la mano se hizo polvo que viajó como las semillas de los girasoles. Y así Billy y yo empezamos a caminar y a caminar, y a tocar jazz y a pedir limosna. Hubiera sido un buen trabajador del campo, fuiste como mi hijo, mi negro, mi Billy._

_Si te hubieras quedado dormido, si no hubieras caminado más allá, si me hubiera yo despertado antes, si yo no me hubiera quedado dormido, si hubiera corrido más rápido. Mi Billy, tu carita te la dejó irreconocible, mi negro, eras mi hijo carajo. Por algo Papá Dios hace las cosas mi negro, no puedo perder la fe ahora. Tengo a tanta gente a quien responderle en el cielo. ¿Tus papás qué dirán de mi? Tengo que recuperarte de esa bestia inmunda que te tiene en sus garras. Se que todavía no descansas mi negro, no te apresures, voy por ti. Voy por ti._


Jonás se despertó con la brisa del mar. Matías le puso una mano en el hombro.

—Vamos, los otros nos esperan —dijo Matías, sus ojos estaban rojos, no había dormido en toda la noche. Jonás asintió y abrió la puerta del coche, abrazando al cadáver de Billy, caminó hacia un grupo de personas, entre ellas, dos que no había visto antes. Un viejo canoso, delgado y ligeramente encorvado, llevaba un saco de cuadros negros y rojos con parches en los codos. Sus ojos tristes, como los de todos. Y a su lado, estaba una joven de cabello negro, muy hermosa, llevaba un vestido flojo que en algún momento había sido blanco.
Jonás abrazó con fuerza a Billy.


Alicia von Lurendberg. _Letras, palabras y oraciones. Desde que nací mi destino ha sido leer cualquier cosa que me proponga. Idiomas. Mi papá cuando era bueno y aún tenía rostro se dedicó a enseñarme muchos idiomas, incluso idiomas perdidos. Aunque procuraba porque yo me divirtiera y tuviera una educación normal, la insistencia de aprender a leer estaba ahí. Lo guiaba como una forma destructiva._

_Viajábamos a todas partes, Roma, París, Egipto, Rusia, Grecia. En sueños espíritus me hablaban en su idioma y les comprendía, al despertar mi padre misteriosamente lo sabía y sonreía. Me abrazaba y me regalaba un chocolate. Muy bien hecho mi niña, muy bien hecho. A medida que pasaba el tiempo, su vicio con el puro se hacía más fuerte y su rostro dejaba poco a poco de ser reconocible. Mi padre se perdía gradualmente y se volvía más lejano. Extraño, ya no puedo recordar el rostro del hombre bueno. Mi papito, el que me llevaba a los parques y jardines después de leer el Gorgias de Sócrates en latín._

_Latín, Griego, Azteca y Otomí. Los conozco todos. No puedo pronunciar ninguna palabra correctamente pero al leerlos, entiendo lo que dicen, así como estas frases que vuelan en mis sueños._

_Se ha ido la sombra, ya puedo estar más tranquila. Hacía unos momentos pude sentir como mi alma se deslizaba gota a gota. Me salvó un espíritu del viento._

_Me sentí atraída poderosamente al demonio que me robaba. Me susurraba en un idioma extraño el cual comprendía perfectamente. Déjate venir, déjate caer, ríndeme tu alma, decía. Tan suave y tan despacio. Como cuando llegué a Jaramillo la primera vez, con mi padre y el Ejército._

_Una compañía de dos mil quinientos hombres que era forzada a caminar día tras día, por temor y respeto a el Hombre sin Rostro. Mi papá siempre consciente de ello hacía las marchas largas. Los dejaba descansar lo necesario y luego les hacía caminar. Cuando tenía cara, no tenía ejército, solo buenos amigos._

_Alejó a los amigos y los cambió por fuerza de trabajo, por hombres que se le juntaban uno tras otro, pueblo tras pueblo era arrasado con su presencia. En las iglesias no había Dios cuando él entraba. En las casas no servían los santos cuando él hablaba. La gente se le unía, con y sin resistencia. Atraídos a él, como cuando me sentí al llegar a los límites de Jaramillo. Cuando entró el Ejército a la ciudad, creo que me sonrío, o al menos me miró dulcemente y me dijo. “Estamos a punto de llegar a Jaramillo mi niña, todo por lo que hemos luchado”._

_La Dama Fortuna estaba a su lado, callada y con ojos de miedo. Yo todavía en ese entonces quería mucho a mi papá y para él me sentía importante, estudiaba y repasaba todos los días los idiomas, pero no era necesario. Ya no, mi cerebro los distinguía y asumía con dificultad. Era como aprender a andar en bicicleta. Se volvieron parte de mi._

_Letras, palabras y oraciones, que escriben la sangre de mi cuerpo, abren y curan heridas. Puedo leer con absoluta precisión todo libro que se me presente y escuchar a los espíritus sin necesidad de que ellos me hablen en mi idioma. ¿Por qué te soy importante Papá? ¿Quieres que te lea un cuento?_


Alicia abrió los ojos antes de llegar a Octay, observó que todos dormían excepto el conductor quien hablaba solo. Miró por la ventana y luego observó tranquila que Ezequiel aún le abrazaba, se pegó más al pecho del militar y escuchó al conductor.

—No quiero dormir hoy, no quiero tener pesadillas y si no te callas Bruja —dijo Matías y guardó silencio—. Es inútil, seguramente tú también duermes. Estoy hablando conmigo desde hace horas y liberando el inconsciente. Despilfarrando mis valiosas palabras en nadie.

Alicia alzó un poco la vista y observó espantada que el hombre en el asiento del copiloto cargaba un cadáver. Cerró los ojos y calló el grito de sorpresa.

—Ya llegamos —dijo Matías. Ezequiel se despertó de golpe y Alicia se hizo la dormida, quería que alguien la despertara. Ezequiel obedeció al llamado y la movió levemente, ella fingió y gimió molesta. Ezequiel la movió aún más.

—Parece que ya está bien —dijo Taxi adormilado, abrió la puerta de su lado y se bajó del coche.

Ezequiel hizo lo mismo y si Alicia no hubiera estado despierta, hubiera caído, en vez de ello estiró sus brazos y sin mirar el cadáver de adelante, se bajó del coche con los ojos entrecerrados.

—¡Nos volvemos a ver! ¡Ya nos estamos viendo otra vez! —gritó un viejo con un saco de parches rojos y negros. Taxi alzó una mano saludando. Alicia miró insegura y continuó caminando un paso atrás de Ezequiel, miró atrás y se fijó que el conductor aún seguía en el coche esperando a que el cargador de cadáveres se levantara.

Cuando volvió la vista adelante, sonrió. Observó al espíritu del viento que la había salvado y no pudo evitar correr a abrazarle.


Ezequiel Montes de Oca. _El Rostro me observa. No puedo olvidarle. Me persigue. Me atemoriza. Se ríe de mi. ¿Cómo llegué a esto? ¿Por qué tenía que verlo precisamente yo? ¿Quién es El Hombre sin Rostro en realidad? Como una masa de barro, su rostro se hace líquido y se escurre y surge un rostro nuevo, más espantoso que el anterior y dentro de sus ojos belleza, discordia, soberbia y vanidad. Él no es un hombre, tiene carne y hueso, pero no es un hombre. Es un animal rabioso y yo fui observado como una migaja que tenía que comer._

_No puedo dejar que me alcance._

_Es curioso, yo no me consideraba especial de ninguna forma. No lo deseaba, me gustaba ser el tipo al que nadie observaba o llamaba la atención, prefería ser la sombra escondida. Estar lejos y ser un observador paciente, sin participar del todo. Observa, busca el momento apropiado y aléjate. Ese soy yo. Jamás pensé en formar parte de un ejército ni mucho menos llegar a teniente._

_Cuando caminaba el Hombre sin Rostro con su Ejército, me sentí con la labor de unírmeles. Escalé pronto, protegía a su hija y la vigilaba, me volví un protector y además, sanguinario para que mi General se fijara en mi y respetara mi buen juicio, mi criterio y mi sed de sangre. Maté a mucha gente, no lo niego. No es mi culpa, yo aprendí a vivir de guerras que no me pertenecían y las hacía mías. Tomé mujeres, muchas, con el ejemplo de mi General. Maté niños, unos cuantos, eran niños con armas y ya habían perdido su inocencia. Soy una excusa, me convertí en grande por medio de la muerte._

_Entonces sucedió lo de Chucho Fernández y la Muda. Volví a ser un observador, buscando el momento apropiado para alejarme. A mi General no le importo que no participara en la violación, un extraño sentimiento de malestar me llegó hasta los huesos. Estaba presenciando la muerte del amor puro. Debo admitir que soy un cobarde._

_No me refiero por detener la atrocidad, sino por no fui capaz de matarle por completo y evitar el sufrimiento y agonía de ese animal rabioso que llamamos amor._

_El Rostro me observa, me espera._


Ezequiel cerraba y abría los ojos, sentía que había perdido la capacidad de dormir. No deseaba soñar con él, ni con el humo de su puro penetrándole el alma. Miró la noche tranquilamente, se distraía con la belleza de Puerto Octay. Pasó una mano por la frente de Alicia y suspiró aliviado, cualquier cosa que hubiera tenido parecía lejana. No tanto como sus días en el ejército, habían sido las noches más largas de su vida, empezando en el momento que mataron a Chucho Fernández. Casi podía jurar que habían sido años y deseaba olvidarlos. Se imaginaba por momentos que su pasado era como una sábana con las imágenes bordadas, que la jalaba y la dejaba caer, abajo había una sábana limpia y blanca, como lo deseaba.
La sábana no podía estar blanca, porque estaba ahí. El Rostro estaba ahí, observándole y manchando de sangre la expectativa de su futuro.

—Ya llegamos —dijo Matías. Ezequiel se estremeció, se estaba quedando dormido, movió levemente a Alicia y esta gimió molesta, Ezequiel lo intentó una vez más y siendo un hombre que gusta de hacer las cosas rápido cuando observó que Taxi se bajó del coche, hizo lo mismo olvidando a Alicia. Se sintió mejor cuando ella se despertó en el momento que su hombro había dejado de servir de almohada, se alegró de que Alicia ya se encontrara mejor.

Con sorpresa se dio cuenta de que La Muda estaba a un lado de un viejo con un saco de parches rojos y negros. Hizo una mueca ya que La Muda no pareció reconocerle, tal vez era mejor así, se dijo, era una esperanza para empezar con la sábana blanca.

—¡Nos volvemos a ver! ¡Ya nos estamos viendo otra vez! —gritó el viejo. Ezequiel caminó cauteloso y se guardó la sorpresa cuando Alicia corrió hacia La Muda para abrazarle. Se veían unos pocos rayos de sol en la distancia, estaba amaneciendo.


Padre Taxi. _Andresito, ¿seguro que quieres ir más allá en tus recuerdos? ¿recuerdas a tu papá y a tu mamá? Si los recuerdo. A mi papá vagamente, él se fue de la casa cuando era chico, era aventurero y decía que debía buscar un tesoro. Cada semana llegaba una carta de él diciendo que estaba cada vez más cerca, a mi mamá le daba gusto leerle. Mi mamá tan buena conmigo. Se le rompió el corazón cuando llegó la última carta de papá, manchada de sangre e incoherente, mi mamá alcanzó a comprender que estaba a unos pasos de obtenerlo, que nunca regresaría._

_Mi mamá me cuidó y la Dama Elegante también lo hizo a su modo, cuidaron mi corazoncito. Hasta que ella se fue y mi madre murió de cáncer. Me críe con ayuda de mi abuela, me dio muchas cosas, pero nunca el cariño y la comprensión que me dieron las dos mujeres de mi vida._

_Me hice rico, me adueñé de Jaramillo y todas las noches miraba en mis sueños a la Dama Elegante que me pedía perdón con ojos que clamaban compasión. Yo no comprendía que decía acerca del libro. ¿Esos son los recuerdos qué buscas Andresito?_

_Yo hice a Jaramillo. Yo levanté la maldición el día que ella se fue. ¿No fue así?
Yo soy el culpable, es mi rencor y es el rencor de toda la gente que vive aquí. Jaramillo es mía y El Libro. ¿El Libro? ¿Qué es El Libro? De niño cuando ella se fue estaba El Libro ahí. ¿En dónde ahí? ¿En mis manos? Sí… pero sus páginas estaban en blanco, no comprendía cómo El Libro podía ser más bonito que mi Dama Elegante del todo. ¿Entonces qué fue lo qué hice con él? ¡Socava los recuerdos Andresito! Ella me pidió perdón y me dio El Libro. Era un Libro que brillaba y sus páginas estaban en blanco. Un libro en blanco es sinónimo de creación y me permití escribir en él. Escribí mi maldición._

_Se liberaron mis sentimientos de rencor y furia, me perdí en un vacío y dejé de escuchar, mirar, saborear y oler. Sólo sentía para escribir. ¡Qué todos me odiaran porque yo me odiaba a mi mismo! ¿Y entonces qué sucedió con el libro? Yo lo solté espantado y se escribió sólo, instintivamente. ¡Recuerda más! ¿Qué pasó con El Libro de mi Dama Elegante? ¿Dónde lo puse después? ¿O se fue, El Libro se fue?_


Taxi abrió los ojos y recordó los sentimientos que le golpearon al escribir en El Libro. Por un momento volvió a ser Andrés Burgos, el dueño de Jaramillo y deseó regresar ahí. Ser el dueño completo y absoluto de su Ciudad y de su destino. Voces que le pertenecían y algunas extrañas le platicaron de tentación y acariciaron su corazón roto.

—Ya llegamos —dijo Matías. Taxi sonrió y se bajó del coche. Quería reír y volverse loco de poder.
Cuando miró que un anciano a unos pasos le saludó, hizo una breve mueca y saludó de regreso.

—¡Nos volvemos a ver! ¡Ya nos estamos viendo otra vez! —gritó el viejo.

Padre Taxi aún se sentía ebrio por su sueño y respiró profundamente el aire olor a mar, olvidó sus sentimientos de grandeza, pasó la intoxicación de tener El Libro en sus manos, aunque hubiera sido en sueños, y se sintió confundido. Estaba consciente que no quería volver a ser Burgos, el hombre poderoso y sin escrúpulos que continuaba con vida en alguna parte profunda de su ser.


La Tía Yemita acarició su rostro empedrado, estaba curtido por años de sabiduría y vida robada. Se mecía rápidamente, más de lo normal. Su cuerpo estaba teniendo una extraña sensación de cansancio. Necesitaba dormir y lo estaba prolongando. Cuando dormía, se perdía y tardaba en encontrarse de nuevo con la realidad.

—¡Rafael! —gritó Yemita. Esperó unos segundos más y volvió a gritar su nombre que hizo temblar a toda la casa. Escuchó los pasos apresurados del anciano que se dirigían a su cuarto, gritó Rafael una vez más para empujarlo.

Arlequín entró a la habitación y miró boquiabierto a Yasmín. Se estaba meciendo tan rápido que la silla se estaba rompiendo, una aura azul oscuro la estaba rodeando y se evaporaba al aire, como una cascada inversa. Observó que el aura formaba la silueta de una mujer y en espasmos esta se desfiguraba y se volvía a formar.

—¿Qué te pasa? ¿Estás bien? —preguntó Rafael, se acercó unos pasos para tocar a Yemita y está se quedó estática.

—No me toques Rafael, voy a dormir. Antes quiero que salgas a recibirlos porque ya están llegando. ¿Está despierta La Muda?

—Ella no ha dormido, dormir no ha podido —respondió Arlequín. La silueta de la mujer era más persistente. Arlequín sintió las vibraciones y tuvo una revelación, las vibraciones en este cuarto eran similares a las de Von Lurendberg. El mismo sentido negativo, positivo y grandioso; el fractal del caos y el orden que se perdía en un espacio de colores y extremidades.

—Entonces ya vete —dijo Yemita—. Yo quiero dormir un rato.

—Sí Yasmín —fue todo lo que respondió Arlequín, sabía que no era el momento de preguntar, salió del cuarto donde la esperaba La Muda, Rafael le sonrió falsamente y le dijo que tenían que irse. Mientras tanto Yemita derritió su conciencia en un sueño profundo, platicándose de nuevo la historia de su pasado. La silueta de la mujer, el ángel guardián o el demonio, tomó asiento a un borde de la cama.


Yasmín Molina de Jesús. _Sueño con mi infancia, de nuevo presencio los campos en los que crecí. Mi madre sonríe mientras me mira como juego, brincando y saltando como una niña de piedra en piedra, persiguiendo ranas y bichos, aquellos tiempos eran buenos tiempos. _

_Mi madre, Citlalli o Carmen de Jesús como le llamaron los religiosos, fue recogida por un conquistador español, un hombre religioso y estricto que definitivamente amaba a mi madre. Su nombre era Juan Fernando Molina._

_Mi papá se especializó en la cría de ganado y de caballos. Recuerdo aún los olores de aquellos animales como si fuera ayer, ¿cuántos años han pasado? ¿mil doscientos? ¿mil trescientos? Apenas puedo recordar. Recuerdo haber escuchado a los amigos de mi padre decir que la Iglesia por fin establecía una presencia en la Nueva España._

_Mi nombre… mi nombre verdadero es Yasmín Molina de Jesús. No siempre fui la tía Yemita, no siempre fui una desgraciada ciega y anciana._


—¿Estás aquí? —preguntó el ángel o el demonio. La silueta de energía caminó de un lado a otro haciendo tiempo, cuando un cuervo se paró y graznó, la silueta dirigió su mirada a una esquina oscura de la habitación. En ella estaba un hombre de chamarra negra con la capucha puesta y jeans. El cuervo voló y se paró en su hombro.

—Esa es una respuesta que puedo darte —respondió el misterioso hombre.

—Creí que nunca llegarías a Jaramillo, tú, El Hombre de Todas las Respuestas, el Segador de Almas, La Muerte.

—He estado en Todo desde el inicio de Todo. Porque yo lo soy Todo, mi querida Lilith.

La silueta fue adquiriendo forma y se transformó en un monumento a la mujer, era la más bella que cualquier hombre hubiera deseado y que jamás sería vista por uno. Su piel era oscura y clara, sus ojos verdes y negros, su cabello rubio y trigueño. Yemita abrió los ojos y dejó de estar ciega, sin embargo aún soñaba.

—¿No estás orgullosa de ella? —preguntó Lilith, señalando a Yemita—. Es casi como mi hija.

—Ten cuidado —respondió La Muerte—. Podrían revertirse los papeles.

Lilith respondió con su risa.


Yasmín Molina de Jesús. _Mi madre no tardó en descubrir un don, mi don… el don que me ha traído todo. Yo siempre conocí a La Muerte, desde que nací pude mirarla a los ojos, pero nunca le di importancia. Jamás supe que ésta sería una vaca malparida conmigo._

_La mayoría de nosotros sufre por la pérdida de algún ser querido o la certeza de abandonar la vida en cualquier momento. Yo sufro porque la Muerte se niega a llevarme. ¿No es hilarante?_

_Con solo ver a la persona podía saber como la Muerte habría de llevársela y también sabía cómo esta persona podía evitarlo, convirtiéndola en inmortal._

_No solía platicar con la Muerte, aún sabiéndome capaz de hacerlo, pero mi madre me educó al respecto, me dijo que uno de los grandes honores de su pueblo era el poder aceptar la Muerte como un premio, como el logro final de una larga vida de trabajo y esfuerzo, como el pago y como el precio de una vida llena de acontecimientos que valían la pena. Entonces decidí que mi trabajo debía ser convencer a las personas que aceptaran a la muerte como un regalo. También tenía el don de tranquilizarlas en su último suspiro._

_Ilusa… fui una Ilusa._


—Ella aún no lo sabe —dijo Lilith—. Pero ha de codiciar El Libro.

—No lo dudo —respondió La Muerte indiferente. El cuervo graznó en su hombro. Entonces se alzó el poder de ambas entes en formas monstruosas, haciendo temblar la casa y tirando las cosas, la silla que sujetaba a Yemita acabó por romperse y las astillas de madera se suspendieron en el aire. Como anticipando esto, Yemita se había levantado y se quedó de pie, con la vista fija al suelo.

—¿Te gustó mi cachetada? —preguntó Lilith.

—Tú no puedes escribir y leer en El Libro, Lilith. Tampoco lo puede hacer éL. ¿Qué nombre lleva ahora?

—Goethe von Lurendberg —respondió Lilith—. Yo se que éL no es capaz de lograrlo. Sin embargo, sabemos quién puede. ¿Verdad Yasmín?

Yasmín no respondió, cabeceaba.

—Lo sospechas, que es diferente —dijo El Hombre de Todas las Respuestas—. Aprovecha tu oportunidad, no puedo quedarme aquí mucho tiempo. En Jaramillo no existe la muerte, solo vengo de visita como el día de hoy que me hiciste el honor de llamar.


Yasmín Molina de Jesús. _En ese tiempo no era extraño que la gente muriera. Había grandes epidemias de influenza, tuberculosis y otras enfermedades originadas por la mala higiene y sobre todo por la ignorancia de la gente. Afortunadamente mi familia estuvo bien, hubo ocasiones en que se enfermaron o yo misma me enfermé de gravedad, pero logramos sobrevivir juntos._

_Le platiqué a mi madre de mi Don y ella se limitó a escuchar con una sonrisa. Me dijo que no era raro que yo lo poseyera, que su madre y su bisabuela lo habían poseído._

_—La Muerte es un viejo amigo de la familia mi niña, y nos cuida a cambio de que nosotros cuidemos el regreso de sus almas —Me dijo mi madre y me abrazó. Ese día me dijo todo lo que tenía que saber._

_—Tu deber es reconfortar almas, salvarlas y sobre todo guiarlas por el buen camino. El propósito es regresárselas a la Muerte purificadas, para que la energía de estas almas esté filtrada y no necesite ser reutilizada. Esto ayudará a que la Muerte alcance su descanso final._

_—Tus dones no sólo incluyen el sanar las Almas y su conocimiento, puedes también vislumbrar parte del futuro, puedes comunicarte con almas de las que tengas conocimiento desde otro lugares y así trabajar en ellas._

_—Puedes recuperar almas que se creen perdidas si estás en el lugar y ubicación correctas. Inclusive, podrías llegar a las Almas que están en el Pozo Infinito de la Muerte. Mi madre no me dijo mucho de eso, es un ritual que se perdió hace mucho tiempo porque no había ninguna de nosotras que pudiera darle uso._

_—No debes confiarle a un alma como evitar su regreso, o podría jamás regresar a las manos de Aquél que posee todas las respuestas. Nunca intentes salvar a nadie por beneficio personal, nunca. ¿Me oíste? Hacer inmortales no es ningún juego chiquilla._

_Perdóname mamá._


—¿No es tierna? —dijo Lilith y se echó a reír.

—Lo era hasta que me robaste su alma. Ahora la has convertido en un monstruo —respondió La Muerte.

—No hice nada que ella no quisiera hacer.

—Eso puede que sea cierto. Nunca te lo perdonaré mi querida Lilith, nunca te perdonaré que te hayas llevado a Yasmín. La corrupción es un precio grave que pagar.

—Tenemos muchas eternidades que vivir antes de que alguno de los dos pague al otro. A menos que consiga El Libro y te haga pagar todo lo que me has hecho.

—Yo no te debo nada. Tu maldición la has conseguido tu solita. No te metas en cosas que no conoces Lilith. Tanto tú, cómo éL, se decepcionarán al conseguir El Libro.

—¿Y qué me dices de Andrés Burgos? ¿Él se decepcionará? Es un alma sencilla de atrapar. Tan solo hoy estaba soñando que lo volvía a tener en sus manos, eso bastó para que deseara el poder de nuevo. Le da miedo, pero le encanta. ¿No crees que me sería sencillo llegar hasta él?

—No lo creo. Primero tendrías que vencer a Yasmín.


Yasmín Molina de Jesús. _Mi madre y yo salíamos al pueblo a buscar a los moribundos, yo me sentía dichosa de poder ayudar en tan magnífico y grandioso plan. ¿Cuántos tienen el placer de ayudar en el descanso final del Todo? Mi padre no lo consentía, pero cambió de opinión cuando llegó uno de sus más queridos amigos, León Abasolo, para agradecerle por mi ayuda._

_Recuerdo bien al chiquillo Abasolo, un niño lleno de vida, de energía, de chispa, pero estaba enfermo de lo que nosotros hoy en día conocemos como cáncer, sus padres ya no sabían que hacer, no había doctor ni curandera que pudiera ayudarle._

_Yo sabía como evitar su muerte, era fácil, sólo tenía que permaneces acostado durante tres días consecutivos aún conservando la salud suficiente para correr, jugar y brincar, sin embargo en ese tiempo yo tenía una idea muy concreta de mi trabajo. Debía salvar almas, no vidas._

_Además, no me podía permitir robarle sus últimos momentos de juego. Era una niña como él y sabía que sería muy doloroso si de repente le decía a sus padres que lo acostaran para siempre. La condición era que debía permanecer acostado durante toda su inmortalidad._

_Así que visité al niño Abasolo varios días para platicar con él, para sanarlo, supe que mis palabras surtían efecto al momento que sentí la vibración especial de su alma, que aún habiendo sido más pura y blanca que las demás, creció cuando yo cumplí mi trabajo._

_Curé su alma._

_La hice florecer._

_Y sus padres lo notaron, también pude sanar sus propias almas al hacerlos aceptar tan dolorosa pérdida._

_¿A poco no era una santa?_


—¿Yasmín? ¿Este viejo saco de huesos? Si tú sabes mejor que yo que ahora me pertenece.

—Entonces está claro que no sabemos lo mismo —respondió La Muerte—. Ella siempre se ha pertenecido así misma. Deja de engañarte Lilith, ven conmigo y descansa tu alma eterna. Eventualmente Yasmín ha de dominar tu poder y entonces no habrá forma de salvarlas a ambas.

—No me confundas y no la confundas. ¿Por qué nos desterraste aquí si no es para quitarte la responsabilidad de El Libro?

—Ella se desterró sola, te trajo consigo y por su voluntad. Precisamente, vino porque quiere regresarme El Libro —dijo La Muerte.

—No es cierto, lo quiere para ella, para nosotras.

—¿Estás segura de ese “nosotras”?


Yasmín Molina de Jesús. _Entonces crecí, cada vez más conciente de mi responsabilidad como una sirviente del Señor de los Cuervos. Me dedicaba todos los días a reconfortar a pobres y ricos moribundos, sin querer, sus seres queridos me pagaban de alguna forma haciendo de esto un trabajo más que una caridad. Me la pasaba salvando almas, vaya que me la pasaba salvando almas. Mi padre, un hombre muy bueno, veló por mi bienestar. Me buscó un prometido, un buen prometido. Un hombre que me quiso mucho desde el momento que me conoció y teníamos una afinidad peculiar en nuestras almas. Le compartí mi secreto y lo aceptó desde el principio…_


—Aún me tiene lealtad, no deja de ser una Sanadora de Almas —dijo La Muerte.

—Espera, viene la parte del sueño que más me gusta. Yasmín, ¿me escuchas?

—Sí —respondió Yasmín cabizbaja y con el cuerpo relajado.

—Tu marido nunca te aceptó —mintió Lilith—. Es más, cuándo se enteró de tu poder te trató como un fenómeno. No eras más que su sirvienta y su mujer a la que podía violar todas las noches, ¿Ya recuerdas?

—Deja de cambiarle la historia —susurró La Muerte—. Deja de lastimarla.

—¿Eso hizo él? —preguntó Yasmín, alzó la mirada, sus ojos estaban al borde de las lágrimas y su rostro titubeaba—. No es cierto, él no hizo eso. El me amaba, me quiso hasta el último suspiro de su cuerpo, cuando yo guíe su alma a un descanso tranquilo. Me quedé yo sola, ¿no?

—No mujer, deja de engañarte —respondió Lilith—. Lo que pasó es que conociste a otro hombre que te daba el cariño que necesitabas. Tú marido se enteró y te buscó para matarte, ¿sabes qué hiciste?

—¿Qué?

—Te arrancaste los ojos para obtener tu inmortalidad. Te escondiste y no podías comprender lo que sucedía, después de una larga vida al servicio de Aquél Que Responde Todo, no entendías como no podía dejarte ser feliz en vida.

—Y surgieron muchas preguntas —completó Yasmín.

—Así es, por eso nos hemos dedicado a robar almas.

—Robo almas para exigir respuestas.

—¡Muy bien! ¿Repíteme qué queremos entonces?

—¡Respuestas! ¡Todas las Respuestas!

Lilith se carcajeó y su silueta perdió forma, de nuevo se convirtió en aura que rodeo a Yemita y la cubrió por completo, encerrando sus ojos y convirtiéndola en ciega, el cuerpo de Yasmín tembló y se levantó en el aire. El cuervo graznó desesperado y voló sin dirección. Se hizo un temblor de energía que estremeció los cimientos de la casa, las astillas de la silla volaron en el aire y se juntaron como cuando se junta un rompecabezas, completándola de nuevo. Yemita cayó suavemente en la silla y alzó la cabeza.

—¿Lobo, estás ahí? —preguntó ella.

—Aquí estoy —respondió La Muerte.

—Ella vino, mi ángel o demonio. ¿Hablaste con ella?

—Como siempre.

—Y como siempre no me dirás de qué hablaron, hijo de vaca malparida. ¿Nos volveremos a ver?

—No se cuando, tal vez cuando llegues al final de tu camino. No me queda mucho tiempo, mi visita se ha prolongado más de lo que debía. ¿Aún piensas en recuperar el alma del Músico?

—¿No puedes tú?

—No, nunca podré vivir en Jaramillo.

—¿Y por eso piensas que voy a recuperar ese Librito por ti, verdad?

—Haz lo que quieras —respondió La Muerte.

—Por mis ojos que lo haré, desgraciado —respondió Yasmín, sin embargo no fue escuchada. El Hombre de Todas las Respuestas y el cuervo habían desaparecido abandonándola en la casa de Boyselle. Yemita sonrió triste.

—Perdóname mamá —susurró ella, luego se echó una carcajada y dijo entre risas—: ¡Pero qué sensible me he vuelto! Es hora de ir con el Payasito y recuperar al Músico, que linda soy, un amor de mujer.


—Muy bien, esto va excelente —dijo Arlequín, alzó los brazos contentos, por alguna razón se sentía de nuevo en su circo, dejó que su poder se distribuyera levemente acariciando con alegría las vibraciones de los reunidos, inclusive Jonás sonrió, se sentó en el suelo y acomodó a Billy en su regazo. Los presentes se reunieron en un círculo a unos cuantos pasos de un arrecife que daba al mar de Puerto Octay—. Estamos casi todos. Me da mucho gusto verlos y finalmente conocer a varios. Mi nombre es Rafael Arlequín. ¡Contenten sus corazones porque todavía hay esperanza! No dejemos que se pierda nuestra esencia en las profundidades de aquél demonio sin rostro y sin nombre verdadero. No permitamos que su sombra nos cubra el corazón de temores y de dudas, ¡Ya que de nosotros depende!

Matías renovó su espíritu, la mala noche sin dormir se deshizo y enalteció su espíritu. Se lo debía a su madre que la esperaba en su crucero espacial.

Ezequiel cerró los puños, tal vez para él no era necesario huir, tal vez podría enfrentar el Rostro.

Alicia se puso las manos en el pecho, probablemente podría recuperar a su padre antes que no hubiera salida.

La Muda olvidó a sus muertos. Hasta creía que podría hablar de nuevo, que su espíritu tranquilizaría el de Chucho Fernández.

Padre Taxi miró hacia atrás, al Burgos ya enterrado, tenía esperanzas de no codiciar el poder y las riquezas de nuevo. Pensó en la Dama Fortuna y miró al cielo.

Jonás se rió de buena gana, el alma de su negro estaría segura en sus manos, solo tenía que estirarla y alcanzarla.

Rafael Arlequín sonrió de gusto, extendió las vibraciones e hizo reír a los presentes, exceptuando a La Muda que hubiera querido tener voz para hacerlo. Había logrado construir una cadena de armonía entre ellos desde el primer momento, con eso le era suficiente.

—Nos tenemos los unos a los otros, somos un grupo. No hay nadie más en qué podamos confiar —dijo Arlequín—. Pronto iremos al refugio, donde habrá comida, techo, ropa limpia y duchas bien frías. Antes, hay que esperar a Yasmín para recuperar el alma de nuestro querido amigo. Ven Humilde y pon a nuestro Músico en el centro del círculo, dame tu saco militar Valiente, hemos de cubrirlo en lo que esperamos. Eso es, muy bien. Tomen asiento, hay que guardar energías para cuando le corramos al Caos. ¡Saca el tequila Pensador! Bebamos de la botella y usted beberá con nosotros también Princesa, ya que ahora forma parte de este singular grupo y aun no sabemos que tan importante es usted, antes de descubrirlo tratémonos como familia vieja. ¡Nuestra Muda ha de cantar para nosotros! No se rían, podría apostar que su voz es hermosa, está cohibida ante tanto hombre guapo presente. ¡Destruido, pásame la botella! No pongas tus miserias como excusa para acabarte nuestro único elixir. Ya, ya, perdiste una ciudad ¿y qué? ¡No me hagas pucheros que esto es cosa seria! ¿Por qué se ríen? ¡Ah! Delicioso agua ardiente, hacía tiempo que no dejaba que el alcohol calentara mi corazón. ¡Música maestro! Lo olvidaba, aún nos falta nuestro querido Músico. No llores Jonás, ríete con nosotros. ¡Ya verás que todo estará bien! Tan pronto llegue nuestra Cieguita para auxiliarnos. Te lo promete este humilde Arlequín, tu Payaso de confianza.

El paraje era solitario y nocturno, prendieron una débil fogata cerca del cuerpo de Billy. Había unos cuantos mechones de pasto en la tierra erosionada, ahora se daban cuenta de lo triste que era Puerto Octay, con su melancólico mar profundo y oscuro. El aire húmedo les rejuveneció los rostros y Arlequín suavizó las vibraciones de euforia a una comodidad insoportable. Bebieron en silencio el tequila, una botella que parecía no terminarse. Alicia tuvo trabajos para acostumbrarse al aguardiente, a diferencia de La Muda, que estaba acostumbrada por sus largas horas de prostituta en el Ejército. Cuando terminó el silencio, comenzaron las pláticas vanas y sin rumbo. Jonás les platicó del día en que llegó a Jaramillo, una historia repetida en varios de ellos, observaron con respeto el saxofón de Billy, temiendo que este aún tuviera poderes mágicos y despertaran a La Ciudad dormida. El temor no era comparado al deseo de escucharle tocar el Jazz mágico, que alejaba el rencor de La Ciudad a costa de que se perdiera uno mismo. Arlequín entonces evocó al circo de antaño, platicando los numerosos números que incluían elefantes, malabaristas y mujeres barbudas. Las largas horas que pasaba con su hermano planeando los números para que estos fueran diferentes cada vez que se presentaba una función estelar en el circo. Los ojitos tristes de Arlequín le arrancaron una sonrisa a La Muda, la cual recordó los campos girasoles, las clases de pintura y de costura de su pueblo. Ezequiel la miró durante este tiempo, al encontrarse sus ojos no estaban ya en Puerto Octay, sino en el bosque, observando con brutal pasividad el asesinato del amor puro. La Muda se sentó aún lado de Ezequiel y le acarició la mejilla en un momento de hermandad. Alicia no tuvo nada que decir, silenciosa y callada observó, maldijo a su padre por destazar sueños y promesas, era su culpa el que estuvieran en ese círculo reunido buscando los motivos para ir tras su cabeza y se sintió confundida. Repasó en su mente los idiomas y leyó el odio y el amor que le tenía a su Papá sin Rostro. Al inicio de otro silencio, Matías lo asesinó platicando a nadie en particular, recitó su promesa de llegar en una nave espacial hacia el cielo para estar con su madre tan pronto terminara todo. Cuando Arlequín miró unos ojos parecidos a los suyos en el Pensador, le preguntó como la había perdido y éste contestó que sucedió cuando hubo un incendio en su circo. Los hombres estrecharon vínculos al enterarse que había sido El General el culpable de la muerte de un hermano y una madre. Entonces Padre Taxi se soltó a llorar y les pidió perdón, los presentes le observaron en una mezcla de asco y compasión. Matías, con ánimos de incorporarlo, le preguntó acerca de su pasado antes de ser Andrés Burgos. Taxi accedió por remordimiento, al hablar pudo ordenar muchos de los recuerdos que había tenido los últimos días, empezando con su padre y su madre, quienes eran de los primeros fundadores de Jaramillo, inició con la historia de la búsqueda de una Ciudad de Esperanza, donde los hombres pudiesen vivir alejados de las guerras y la maldad del ser humano. Algunos sonrieron torcidamente con este comentario. Jaramillo empezó como una ciudad de sueños. Se hizo un gobierno tranquilo donde todos hacían lo que querían y como la gente que vivía en Jaramillo era esencialmente buena, se utilizaban de manera ornamental las fuerzas de policía. Su padre trajo mucha tecnología a Jaramillo, construyendo las primeras fábricas donde procesaban algodón y agave azul. Trajeron semillas de Francia, para cultivar viñedos. Inmediatamente se abrieron escuelas y se trajeron a algunos de los mayores promotores de la ciencia en los años cuarentas para educar a los maestros. Jaramillo crecía. En esos tiempos, cuando Burgos tenía siete años, su padre se embarcó en la búsqueda de un tesoro, o así le decía su madre, ella pensaba que seguramente era una maquina más de la era moderna. A Burgos le agradaba la idea de tener un padre aventurero, que viajaba de África a Europa y lugares recónditos, en donde buscaba un tesoro escondido en un cofre, admiró a su padre durante un tiempo, cuando el encanto pasó y le dejaron de importar las cartas que llegaban cada semana, Burgos conoció a la Dama Elegante. Cuando él salió un día a los pasillos de su casa, ella caminaba con una tranquilidad fuereña, que no parecía de este mundo. Él la convirtió en su diosa y se hizo su admirador; le idolatraba los ojos y la sonrisa. Platicaban, generalmente de cosas sin importancia: de su papá, de su mamá, de la fundación, de que traerían los gringos una nueva fábrica, de que pronto habría carretera que llegara a Jaramillo. Los días se fueron haciendo grises y más intensos, entre más pasaba el tiempo, Burgos sentía que la perdía. Ella se hacía lejana y solitaria en un lugar profundo, su corazón se hacía más inalcanzable a medida que pasaba el tiempo por el secreto que ella callaba. Fue en ese tiempo cuando las fábricas empezaban a contaminar más, la lluvia era más frecuente y llegaban ladrones y saqueadores que todavía podían ser controlados. Su mamá parecía estar a cargo de una manera eficaz de los menesteres gubernamentales, a Burgos de niño eso le tranquilizaba porque le daba más tiempo para platicar con su diosa quien aparecía de la nada cuando no pensaba en ella. La Dama le confesó que debía irse, que Jaramillo había dejado de ser segura, debía llevarse un Libro que era más bonito que ella. Cuando los demás escucharon acerca del Libro, se miraron los unos a los otros.

En Puerto Octay estaba amaneciendo ya.

Taxi sonrió y pidió un cigarrillo que Arlequín le ofreció gustoso. Sin prenderlo, platicó de lo que sucedió, La Dama Elegante le pidió que cuidara El Libro, ella debía prepararse para su viaje. Al platicar del Libro el rostro de Taxi obviaba confusión, se hizo una batalla mental que debía ganar, al menos hasta dónde se le había revelado al bajar del coche de Matías. Hizo hincapié en que él recibió El Libro y cuando lo abrió, las páginas estaban en blanco, al esperar a que su Dama viniera a reclamarle le fue fiel y lo conservó escondido, cuando ella nunca llegó entonces hizo esfuerzos por tratar de entender que quería decir El Libro con su blancura espesa, el vacío confuso. No podía entender como lo no escrito podía ser más bello que ella. Su madre murió a los pocos días del comienzo de su frustración, entre sus últimos recuerdos, ella conservaba una carta de su padre que estaba escrita en enigmas y manchada de sangre seca lo que hizo pensar a Andrés que su padre había muerto. La muerte fue rápida y certera, no hubo tiempo para hacer dramas y eso le enseñó a Andrés a olvidar escrúpulos y ser consecuente con sus acciones. Las noches siguientes fueron duras para él, El Libro le llamaba y lo tentaba, le rogaba que escribiera las palabras que necesitaban ser leídas.

—¿Qué palabras escribiste? —preguntó Arlequín.

—Mi necesidad por verla —respondió.

El Libro se convirtió en un diario de frustración que en poco tiempo se convirtió en ira, odio y resentimiento. Cuando escribía, La Ciudad se hacía más intensa y propensa a los sentimientos de Andrés, hasta que Burgos descubrió que con ello había roto los sueños, su osadía había levantado una maldición en Jaramillo la cual adquirió un alma propia y que no permitiría escapar a nadie, ni siquiera en la muerte. Asustado regresaba a revisar El Libro para descubrir que no había forma en que detuviera las palabras que ahí se escribían. Noche tras noche, Jaramillo empeoraba y su gente también, hasta que la perdición fue tal, que Jaramillo se perdió en el mapa y sólo los desafortunados, los perdidos y los malditos podían entrar. No había tregua, la gente se alimentaba del propio odio y solo el podía detenerlo haciendo que su furia fuera más grande que la propia Ciudad. Fueron veinte años de descontrol y caos. Burgos se alzó entonces en el poder y se declaró el gobernador, alcalde, general máximo y dueño de todo poder gubernamental de La Ciudad. Fue una lucha de voluntades entre lo que escribía El Libro por su cuenta y lo que hacía él, una lucha terrible que culminó cuando Burgos escondió El Libro, cumpliendo la promesa que había hecho a su Dama Elegante y olvidando todo acerca de éste y de Ella. Así adquirió el deseado control absoluto en La Ciudad.

—Tuviste que pagar con tus recuerdos felices —dijo Alicia.

—No hubo de otra.

Se perdieron veinte años, hasta que llegó Goethe von Lurendberg y la Dama Elegante, se abrió el candado de odio y dio paso la nostalgia, la cual puede ser la destrucción del hombre, recalcó Arlequín.

—Yo siempre creí que era el amor la destrucción del hombre —dijo Matías.

—¿Y qué crees que la nostalgia no parte de ahí? —sonrió Arlequín.

—Espera, entonces la solución a todo esto es El Libro —dijo Alicia, ignorando la conversación de la nostalgia y observó a Taxi—. ¿Dónde se encuentra?

—¿No has escuchado nada de lo que dijo este hombre? —contestó Arlequín—. No podemos utilizar El Libro de ninguna forma, porque el riesgo corremos, hay peligro de que este se escriba solo.

—¡Debe haber una forma de controlarlo! —replicó Alicia—. O si no, mi padre no lo estaría buscando.

—A decir verdad Alicia, yo soy el único que sabe donde se encuentra y ese recuerdo está tan olvidado, que aún no puedo alcanzarlo —dijo Taxi—. Además, esta misma noche recordé la tentación, la ebriedad de poder. Si logro ponerle mis manos encima, no podré soportarlo. Le tengo miedo y respeto al Libro, si Jaramillo se hizo con facilidad por él, será igual de fácil deshacerlo. ¿Qué no seré capaz yo de construir y sobre todo de destruir? ¡Y tu padre! Me disculpo de antemano, se que tu padre lo quiere para algo peor que lo que yo jamás podría desear en mi vida.

—Lo quiere para reconstruir el universo —dijo una voz carrasposa, todos voltearon a mirar, a poca distancia se encontraba Yasmín, caminando lentamente con su jorongo. Les inspiró temor y respeto—. Lurendberg tiene la ambición para lograrlo. ¿Quieren que les cuente por qué están aquí o todavía quieren festejar y decir chistes toda la mañana?

Matías respiró profundamente y sus ojos se agrandaron, finalmente conocía a la Bruja Vieja que le hablaba y le hacía pensar que perdería la razón en cualquier momento. Sus manos temblaron incontrolablemente.

—Tranquilo Matías, así es, yo soy la Vieja Bruja, la Anciana Ciega, la Hija de Puta o bien, la Tía Yemita.

—Uno de esos nombres me agradó —respondió Matías rápidamente.

—Te faltó Niña Amargada —añadió Arlequín.

Yemita se acercó al círculo y se impuso.

—Basta ya —dijo, los demás no dudaron—. Ya tendremos tiempo de platicar en la casa, ahora estamos reunidos para recuperar un alma. El niño negro que llamamos el Músico.

—Se llama Billy Irvine —dijo Jonás—. Si usted puede hacer algo por mijo, no dude en pedirme el alma a mi para recuperar la suya.

—Más tarde me pagarás con ella —dijo Yemita y fue la única que se tomó a broma el comentario y su respuesta—. Ahora ven y dame el saxofón. Arlequín, usa tu poder para relajarlos y tú Muda, vas a caminar de nuevo entre sombras. No me pongan jetas, que aquí la que sabe soy yo. El único que conoce donde está parado es Jonás, a pesar de humilde, está muy consciente de la sabiduría que corre por mis decrépitos huesos. No te rías Rafael.


El rito comenzó a las seis de la mañana, con un alegre viento frío que se complacía de congelar cuerpos vivos y muertos por igual. Yemita se colocó a un paso del cuerpo que sostenía el maletín del saxofón y la fogata apagada por el viento, al igual que Jonás en un extremo superior izquierdo y que La Muda en un extremo superior derecho. Formaron un triángulo que si un matemático hubiera medido, habría gritado que era sorprendentemente equilátero. Matías, Ezequiel, Alicia, Taxi y Arlequín se mantuvieron a raya y en silencio. Una armonía perfecta que Arlequín cumplía con su manejo de vibraciones como se le había pedido.

Yemita rompió el triángulo al acercarse a Jonás y darle el saxofón.

—Hagas lo que hagas, no lo sueltes —le dijo. Jonás asintió, a pesar de cansado y temeroso, tenía la férrea determinación de no dejar ir el saxofón de su negro.

Yasmín regresó a su vértice y presintió la ansiedad de La Muda que observaba insegura, esperando que algo sucediera. La Anciana alzó una mano y la bajó, con ese gesto La Muda cayó en un sueño profundo. Yasmín caminó hacia ella recorriendo una línea recta imaginaria y le tomó las manos.

—No podrás hacerlo tu sola, estaré contigo Mayela y más vale que no nos estemos arriesgando por nada.
La Muda como escuchando, relajó su rostro y suspiró dormida.


_¿A esto se refería con caminar entre sombras? Aquí no las hay, solo veo luces de todos los colores, sigo en el mirador de Puerto Octay. Puedo ver mi cuerpo acostado y a Yasmín tomando mi mano. Jonás sigue apretando el saxofón con todas sus fuerzas y Arlequín mantiene a los demás callados para que en mi cuerpo corra su energía. Yasmín y Arlequín me están dando fuerzas, ¿pero para qué? El cuerpo sigue en el centro, cubierto con el saco militar de Ezequiel. Pobrecito Ezequiel, como ha de haber sufrido. Yasmín aprieta mi mano y me apresura, hay algo que debo hacer, me acerco al cuerpo y le quito el saco, una sombra gigantesca aparece, sus ojos son grandes y su boca es redonda y maligna. La sombra ha crecido desde la última vez que la vi, debo quitarla, la sombra parece amenazadora pero no es ella la que me preocupa, sino La Ciudad. Escucho la respiración agitada de Matías, ¿me estarán viendo o qué sucede? Escucho unos cantos lejanos en el viento, son tan familiares, si pudiera reconocerlos._

_El viento ha empezado a silbar, La Ciudad ya viene y me está sintiendo. Corre más rápido que un caballo salvaje con su vanidosa crin al viento. Pongo mis manos sobre la sombra y esta no opone resistencia, solo me observa, ahora entiendo que su aspecto es una ilusión o todavía no es una sombra madura. Jalo con todas mis fuerzas pero no me es suficiente, La Ciudad se está acercando y grita de dolor, ya no estoy en el mirador de Puerto Octay, ahora me encuentro en un lugar oscuro y muy frío. Todavía puedo sentir a Yasmín y a Jonás, la energía de los demás sigue corriendo pero se está haciendo débil. Los cantos han aumentado de volumen._

_La sombra que trataba de jalar con mis manos se transforma en muchas y estas corren a rodearme, escucho la respiración jadeante de La Ciudad, sus gritos y sus rugidos de bestia infernal. ¿Cuál de todas estas sombras es la que tengo que jalar? Las aparto con mis manos y se aprovechan para morderme con dientes irreales y rasguñarme con garras falsas. El canto se hace más fuerte, es una hermosa voz femenina. Creo haberla escuchado antes, cuando rescaté a la niña Alicia de una sombra no tan oscura como estas._

_Los cantos son una guía y confunden a La Ciudad. Me abro paso entre las sombras que destilan petróleo y son de negrura brillante. Alcanzo a ver una pequeña luz en el camino, es un niño abrazándose así mismo. La bestia ruge más fuerte, me tapo mis oídos y tarareo la canción de la voz fantástica, no debo dejarme vencer, esa luz es el niño negro. Extiendo mi mano y él asustado se retrae, me observa sin creerlo. Por favor, no me niegues ahora, tarareo la canción más fuerte, violando mi juramento de silencio._

_Hablaré por ti mi niño, cantaré por ti._

_Billy, me llamo Billy dice el niño y cuando toma mi mano, se alzan las sombras y desaparecen. Nuestros espíritus regresan a Puerto Octay._

_¡Jonás! Exclama él, ríe alegre y acerca sus manitas espirituales para abrazar a Jonás. Yo sonrió y volteó hacia atrás para darme cuenta que la pesadilla aún no termina. La bestia se abalanza sobre mi y me hace aún lado, observó impotente como La Ciudad corre a toda velocidad hacia el niño._


La Muda entrecerró los ojos y observó aterrorizada la expresión tranquila de Jonás, se sentía demasiado cansada para advertirle y cabeceó antes de desmayarse. Yasmín soltó su mano, se quedó arrodillada y silenciosa, esperando.

—¿No qué era muda? —preguntó Matías sorprendido, volteó a mirar a Ezequiel buscando apoyo y no supo que pensar cuando miró su rostro deshacerse de todo color.

—El corazón entero de La Ciudad está con nosotros —dijo el militar.

—Y con nuestro espíritu —susurró Arlequín.

Jonás de repente sintió un jalón, alguien estaba intentando arrebatarle el saxofón, por un momento creyó estar alucinando al observar unas manos pequeñas que con gran esfuerzo se aferraban al saxofón, trató de ver más allá, buscó con desesperación los ojos de Billy y los ojos de la bestia que lo estaba haciendo sufrir.

—¡NO dejes ir el saxofón Jonás! —exclamó Yemita—. ¡Eres el único que puede salvarlo ahora!

Alicia alzó sus manos y los demás consintieron en hacer lo mismo, Arlequín controló las vibraciones ahora en dirección de Jonás, buscando otorgarle fortaleza, sin embargo su espíritu estaba tan agitado que no podía ayudarlo más de lo que se podía ayudar él mismo.

—No sirve de nada Rafael —le reprochó Yemita—. Todo depende de él.

—No mi negro, esta vez no hay hubieras —jadeó Jonás sin hacer caso a lo que decía Yemita en otro lado del mundo, su concentración se iba a el saxofón que pesaba toneladas y era su voluntad la que evitaba que sus brazos se desgarraran. Jonás al no darse por vencido, escuchó voces que le susurraron tentaciones.

_Déjalo ir ya, tendrá una cama en dónde descansar y un saxofón que tocar. Lo reuniré con sus padres._

Jonás hubiera querido jamás escuchar a la tentación que le prometía dejarle descansar y cuando se dio cuenta de ese otro hubiera, su voluntad se transformó en acero y sus brazos en oro, su corazón se hizo el espíritu más humilde de la tierra cuando respondió:

—Mejor mátame —El Humilde hizo uso de todas sus fuerzas y se llevó el saxofón a los labios. Las pequeñas manos que hacía un momento se aferraban al saxofón ahora lo sostenían con gusto y le pertenecían. Jonás en ese momento tuvo visiones de una casa quemándose, miró a Celine Boujean aventarse sobre la cuna de su hijo antes de que una viga le cayera encima. Se partió la espalda de Celine y William aún la alcanzó con vida. El saxofón dijo ella, un hilo de sangre se salió por un extremo de sus labios y sus ojos se tornaron sobrenaturales. William apartó el cadáver de Celine y recogió a su hijo en brazos.

Jonás tuvo más visiones y con ayuda de Billy, construyó la misma melodía que se escuchó en Jaramillo cuando llegaron. La casa de los Irvine se destruía a los ojos de William. Antes de que una estructura de madera cayera sobre su cabeza, abrazó el cuerpo de su mujer con su brazo izquierdo y alzó el brazo derecho con el saxofón en manos, venciendo con sus últimas fuerzas la muerte inevitable. Ese era el momento que había sellado el destino.

Arlequín descubrió que su poder armonizaba con las notas de la canción. La Muda inconscientemente abrió los ojos y cantó sin palabras la misma melodía. No detuvieron la canción hasta que la bestia huyó despavorida, maldiciendo la mala suerte y mirando hacia atrás, con una mirada que prometía regresar.

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#1 emily el 10.31.07 a las 1:42 pm

jugar

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