Killian y el público hicieron un grito comunal de la letra O cuando Arnulfo dio tres marometas para quedar frente a Killian, le pateo el estómago y dio dos vueltas de carro para alejarse. Al finalizar su acto, Arnulfo hizo una reverencia y hasta el coronel tuvo deseos de aplaudirle, como lo hizo el público presente.
El ojo del coronel estaba entrenado para encontrar debilidades y cuando observó que la pata de palo estaba temblando del esfuerzo, se limpió la sangre que salía de los labios y sonrío humillado.
—No deja de ser un lisiado —gritó Killian, algunos del público lo abuchearon, Arnulfo volteó a mirarle con la misma frialdad con la que iniciaron. Los duelistas sacaron sus cuchillos y se movieron en perfecta armonía alrededor del círculo.
—Yo he peleado hasta con Satanás, muchacho —dijo Arnulfo—. He perdido y por eso heme aquí. No pierdas la batalla que está ocurriendo no en el círculo, sino adentro en tu pecho. He venido a advertírtelo porque tu oscuridad todavía no es muy grande y aunque huele a podrido, todavía puede evitarse.
—¿De qué hablas? —preguntó Killian y sonrió—. Pelea, te trataré como un igual.
Arnulfo obedeció el mandato y se lanzó de nuevo con ligereza y agilidad. Blandió su cuchillo tan rápido que Killian apenas se dio cuenta que una mejilla ya le estaba sangrando. El coronel fue rápido en su decisión, en el momento que Arnulfo se descuido recibió una patada que le tiró la pata de palo muy lejos.
Sin embargo, Arnulfo por la experiencia de años y sus reflejos de gato viejo, alcanzó a tirar el cuchillo cual experto cirquero y una de las piernas de Killian resultó afectada, dejándola inutilizada para el resto del combate.
—Estamos iguales coronel.
—Eso veo teniente.
Arnulfo tenía facilidad para arrastrarse en el piso y utilizar las tres extremidades restantes con la escalofriante agudeza de una araña, se acercó a Killian con una tremenda velocidad para asestarle una serie de patadas en el estómago.
—Si eres listo, me dejarás matarte —dijo Arnulfo, tenía a Killian doblegado con la pierna restante y le sujetaba el cuello con toda la fuerza de sus brazos. Amelia de nuevo se llevó las manos a la boca y agrandaba sus ojos, sintió que su coronel no se salvaba de morir.
El cuerpo de Killian peleaba por aire y su mente pudo controlarse lo suficiente para utilizar un brazo y sacar el cuchillo que desangraba su pierna. Utilizando las pocas fuerzas que le quedaban, aventó su brazo e hizo que Arnulfo perdiera el otro ojo.
Sin titubear, Killian se aventó encima de Arnulfo y empujó el cuchillo en su garganta, matándolo instantáneamente. La ovación fue grandiosa, Killian sonrió a su público fiel y se tiró cansado a un lado del cuerpo. Amelia corrió a recogerle.
—Ya estoy viejo.
Boyselle le apretó la mano a Arlequín y recargó su cabeza en el hombro del anciano. Su frase hizo que el cuarto se hiciera silencioso, Matías y Jonás dejaron de jugar ajedrez en la mesa de la cocina y se acercaron para escuchar, Alicia y Pompadour abandonaron la vigilancia del domo, Ezequiel y La Muda bajaban de las escaleras sin causar sospecha alguna de su encuentro nocturno.
—Has envejecido diez años en un día, anciano —dijo Padre Taxi, que estaba sentado en un sillón.
—Y los que me faltan. Han sido pocos días los que me he reunido con ustedes señoras y señores, damas y caballeros. Pero han sido buenos días, me han gustado mucho las ocurrencias de su juventud, que aunque quieras negarlo Padre Taxi, nunca creciste más allá de los veinte años en tú espíritu. Jaramillo es rara y te ha dado la oportunidad de regresarte el cuerpo. ¿Por qué? No lo se. A mi no me la ha dado y no lo deseo. Mis años han sido buenos años y bien vividos. He tenido la oportunidad de hacer feliz a un pueblo y con su ayuda, espero lograrlo de nuevo —Arlequín tosió, Alicia se dio cuenta de un extraño humo casi imperceptible que salía de su boca—. Me da mucho gusto conocerlos y que me hagan creer que el futuro está en buenas manos, en muchachos buenos está el porvenir. Ya estoy viejo, y mis cansados ojos me piden cerrarse con el pasar de los minutos, pero como dice nuestra querida Cieguita, soy obstinado, terco y un payasito repetitivo que ha logrado entrar a sus corazones.
—Si parece que se está despidiendo chaval —dijo Jonás y sonrió. Se acercó a él y le dio un abrazo, al tenerlo cerca le preguntó en voz baja—. ¿Ya está cerca?
—Todavía le falta caminar dos pueblos más —respondió Arlequín, después separó a Jonás y a Boyselle. Taxi le cedió el sillón y Arlequín se sentó. Su rostro estaba mal afeitado, su saco de cuadros negros y rojos envejecía al devenir del tiempo, igual que su dueño y sus ojos eran el autorretrato de felicidad en tiempos pasados, nostalgia y melancolía unidos.
Alicia caminó a un lado de Arlequín y observó atenta que cada respiro significaba un poco de humo que los demás no veían. Pompadour maulló quedito en complicidad con la niña que la llevaba en brazos.
—Mi circo era bello, muy lindo. ¿Les he contado de él? Siéntense, sientan las vibraciones llevarlos al pasado. Es una historia que puede durar hasta tres días porque fueron tres días lo que duró mi circo en Jaramillo. Llegamos aquí yo y mi hermano, los Arlequín nos llamaban y optamos por convertirlo en nuestro apellido. Nuestra facilidad eran las vibraciones, en mi familia venía de sangre la capacidad para explotar los sentimientos y es por ello que un circo abrimos. Hacíamos felices al mundo y lo intentamos con Jaramillo, pero nuestra compañía entró en un muy desgraciado momento, Lurendberg entraba en el poder y Andrés Burgos era repudiado. Nosotros abrimos el circo en un sitio lejano de la ciudad sin saber que La Ciudad en realidad estaba en todas partes, se sentía en el ambiente la viscosidad del odio, que hace al aire tan espeso como la miel y tan amargo como la hiel.
Arlequín les platicó de los otros payasos, de los elefantes y los tigres. También platicó de la mujer serpiente y de una vieja ciega que llegó a pedir trabajo como adivina. Matías añadió que recordaba como el cielo abría las grises nubes y dejaba entrar al sol para iluminar los colores de la carpa. Arlequín continuó hablándoles del Mago Alí Roldán y del monociclo que utilizaba para correr alrededor de la pista y alzar los aplausos con su sonrisa. Las lágrimas se liberaban en el rostro sonriente del Payasito, se disculpó y les pidió perdón, suavemente calló las vibraciones y después el se quedó dormido. Y aún dormido, los que escucharon del circo no pudieron abandonarlo, siguieron caminando en el lote baldío, pudieron mirar un letrero que decía “El circo de los hermanos Arlequín” y olieron el heno que se les daba a los animales y el fuerte olor que despedían. Miraron a la gente que hacía cola en las diversiones de la feria mientras esperaban para el gran espectáculo nocturno. Los enamorados se acercaban a mirar a los elefantes y a los camellos. Los leones rugían demandando atención, pero siempre se quedaron abandonados por la amenaza de sus dientes y sus bocas, en las cuales se había visto a un domador meter la cabeza antes. En la fortaleza de la ilusión, no alcanzaron a mirar que de la boca de Arlequín salía un humo que hacía la habitación cada vez más espesa.
La Tía Yemita estaba sentada y se tranquilizó de que nadie viniera a visitarla, pronto vendría otro mensajero y necesitaba estar presente para recibirle.
—Los perros no, por favor —dijo Yasmín, fue entonces cuando escuchó un canto que venía del mar, imitadores de sirenas le estaban llamando por su nombre. La Ciega se levantó de su asiento y rodeó la casa para verse con el mar. Delfines de todos los tamaños y colores brincaban emocionados, uno de ellos, un delfín azul oscuro gritó desde lejos.
—Fuimos enviados y al llegar aquí entendimos que no es nuestro asunto —dijo el enorme delfín azul oscuro cuyos dientes eran perlas. Inclinó su cabeza en señal de reverencia—. Intuimos que algo bueno está sucediendo y queremos ayudarle, venerable anciana.
—Pidan ayuda a cangrejos, estrellas de mar y pulpos —dijo Yemita—. Y tráiganme redes y los más bellos corales. Adornen este bello domo en el centro de la calle para hacerlo el más hermoso sobre la tierra. ¿Puedo tenerlo para mañana antes de las seis de la tarde?
—Así sea venerable anciana —dijeron los delfines y nadaron rápidamente a buscar los tesoros escondidos bajo el mar. Al irse el último, Yasmín alcanzó a oler un olor decadente, un puro marchito ya hacía tiempo. Se olvidó del domo y caminó rápidamente de regreso a la casa.
La Dama Elegante despertó de un sueño agradable y al despertar, observó complacida que Von Lurendberg estaba leyendo una hoja blanca y tomando el tintero con sus manos. Se fijó que el puro estaba apagado.
—Otra vez tú corazón —sonrió La Dama Elegante—. Me da gusto verte tan seguido.
—No se que sucede —respondió Von Lurendberg, se puso de pie y admiró los cuadros del cuarto—. ¿Tú sabes? ¿Acaso mi alma está siendo perdonada por buscar mi tesoro?
—No amor, tu alma está lejos de ser perdonada y si nos va mal, la de ninguno de los dos tendrá salvación alguna —respondió ella, seguía sonriendo y movía contenta la cabeza hasta donde le daba la correa de piel. Le daba gusto ver al hombre que antes era Lurendberg.
—Debo advertirles.
—No puedes ya, es demasiado tarde. ¿Sabías que tienes una hija?
—¿Tengo una hija? Vagamente la recuerdo.
—Te quiere mucho a ti, no a éL. Tu hija ha aprendido los idiomas del mundo. Acuérdate de ella, no debes olvidarla.
—Creo que ya debo irme, viene éL de nuevo —dijo Lurendberg, caminó hacia su escritorio y encendió el puro, dio una fumada. Miró de reojo a la Dama Elegante y observó que esta se retorcía en la cama de dolor.
—Interesante, mi querida Dama, ¿qué está sucediendo?
—¡El Libro! —gritó ella. Lurendberg se quedó quieto y la observó ansioso como se retorcía en la cama, la sábana daba vueltas y siguió dándolas en el aire donde se partió en mil pedazos, la correa empezó a brillar forzando la magia para no romperse.
—Eso es, ¿lo sientes? ¿Dónde está? ¡Dímelo!
—¡El lo ha sacado! ¡Lo ha descubierto! —gritó La Dama Elegante, sus ojos fueron reemplazados por luz espiritual, su cuerpo giraba y se retorcía en el aire sin respetar las leyes anatómicas.
—¿Quién? ¡Dímelo ahora!
La Dama de repente se detuvo en el aire y cayó tranquila en la cama, juntó sus piernas y se abrazó callada.
—Quien va ser —dijo ella y sus ojos se llenaron de lágrimas—. Andresito.
El letrero de Libre se cayó de la sotana de Padre Taxi y se quebró.
Cuando Yasmín entró a la casa, abrió su boca en sorpresa por la energía que la estaba azotando, el humo del puro salía abundantemente como si hubiera un fuego que necesitaba ser prendido muchos años atrás, en el pasado. Las vibraciones se extendían como hilos finos de tristeza por toda la casa. Yasmín se sintió atraída, sus manos temblaron rápidamente igual que sus labios.
—El Libro ya está en esta casa. ¡Arlequín! ¡Grita mi nombre!
Se abrió paso en el aire espeso y caminó directamente al sillón donde se encontraba Arlequín agonizando. Le sintió la cara y le tomó una mano. El temblor en el cuerpo de la vieja aumentó de intensidad y el aura azul empezó a salir como vapor.
—¡Muda! ¡Jonás! ¡Matías! ¡Boyselle! —exclamó Yasmín, se dio cuenta que estaban perdidos en la tristeza del pasado. Arlequín les había llevado ahí sin desearlo—. Payasito estúpido, nos metiste a una trampa que viene del pasado. Tu vicio no vino solo.
Yasmín se movió desesperadamente buscando el camino de salida pero su pesado cuerpo cayó y se perdió en un sueño intranquilo. Lilith formó su figura en el aura y buscó con ojos que lo miraban todo, aquello que ella deseaba. Su sonrisa dibujó placer cuando encontró que en una esquina alejada, estaba Taxi sentado en el suelo y entre sus manos se encontraba El Libro antiguo, de tapas de cuero, forrado de polvo estelar y tiempo infinito. El cuerpo dormido de Taxi lo cerró con fuerza y sus manos enrojecieron con la fortaleza con la que lo cerraba.
El soplo de un viento cálido acarició el rostro de La Muda, de Alicia y de Matías, caminaban entre las tiendas del circo, observando con atención los recuerdos del pasado como un elefante que era bañado por uno de los payasos. Se acercaron a él fascinados y se sorprendieron al observar su rostro que era liso y alegre.
—¡Rafael! —gritó un hombre que estaba detrás del elefante, lavándole las patas y el trasero. Olieron el jabón.
—¿Eres tú Arlequín? —preguntó Matías en voz alta, pero fue ignorado. Eran sólo observadores del pasado, no tenían la fuerza para intervenir en los recuerdos a los que eran arrastrados.
—¿Sí Joel? —respondió el joven Arlequín, dejó una escoba larga aún lado y detuvo su minuciosa limpieza de las orejas del elefante, quien alzó la trompa e hizo un ruido de alivio. Caminó hacia la parte de atrás donde se encontraba su hermano y los tres espectadores se apresuraron a seguirlo.
—Ayer estuve pensándolo y creo que deberíamos cerrar el circo —dijo Joel, se limpió el sudor de la frente, su cabello rizado estaba mojado con jabón y su panza se infló al estirar su espalda—. No creo que sea buena idea continuarlo, estamos luchando con fuerzas extrañas.
—¿Cerrar el circo dices? —preguntó Arlequín sorprendido—. Hasta pareces derrotado Joel, hombre perdido tus ojos me dicen. No Joel, no podemos dejar que este lugar se hunda en la tristeza, nosotros nacimos para hacer felicidad, no para negarla. ¡Por eso somos payasitos!
Arlequín rió contento, hizo un pequeño baile que contentó a Joel y se hicieron un coro de risotadas. Alicia caminó entre los dos hombres y tocó el rostro de Joel, pero fue ignorada como si no estuviera ahí. Le pegó al hombro y después le dio un pequeño golpe en la frente.
—Es inútil —dijo Matías—. No podemos reinventar los recuerdos de un hombre.
La Muda alzó una mano y les pidió silencio. Observó severamente a Alicia que cambió su esfuerzo en hacer reaccionar al elefante. Alicia bajó la mirada y sonrió inocente. Los dos hermanos se pusieron de pie y bailaron y rieron. El elefante hizo lo que pareció una sonrisa y alzó los pies.
—¡Recuerda mi hermano! Rafael y Joel, que somos nosotros por si no lo sabías, si no te habías dado cuenta nos llamamos Arlequín. Nacimos para reír, bailar, cantar y tropezar. ¡Dame tú mano y yo te doy la tras! Tutiri tutara pirrompom pam.
Los hermanos se dieron un abrazo fraternal, después miraron al elefante que bufó burlón, le abrazaron las patas y rieron. La Muda, Matías y Alicia se abrazaron y tenían lástima a dos hombres que no conocían el destino.
Cuando Ezequiel observó el rostro del General quiso salir corriendo, estaba dentro de una de las tiendas del circo. Se quedó callado y miró al General sacar la pistola de Villa, apunto hacia un hombre de cabello rizado y rostro jovial.
—¡Aquí no se admite la felicidad! —exclamó el General—. ¿Creían que les íbamos a dejar con ella mucho tiempo?
Las llamas rugían a las afueras en las carpas. Se escuchaba la caída del circo de antaño, los gritos de las personas que fueron sorprendidas se daban por miles. Ezequiel observó al hombre del cabello rizado alzar las manos, era igual de gordo que El General y contrario totalmente en su mirada, que era bondadosa.
—No señor, es obvio que aquí se resiente todo lo que cause risa —dijo tranquilamente—. ¿Por qué no detiene todo esto? Prometo que mi hermano y yo nos iremos tan pronto y salga el sol.
—Eso es una estupidez porque de aquí nadie sale. Jaramillo está maldita —respondió El General, Ezequiel salió silenciosamente de su escondite y se aventó contra el General, en el momento de chocar contra él salió despedido contra una caja.
—¿Qué me está pasando? —preguntó Ezequiel y se limitó a observar. Se abrió la entrada de la carpa y entró un hombre más joven, delgado y sus ojos alegres brillaron de enojo.
—¡Le ordeno salir de aquí de inmediato! ¡Abandone este lugar y déjennos en paz!
—¡Ahora Rafael! —gritó el hombre de cabello rizado al ver que El General volteó por la interrupción. Joel se aventó contra el General y Rafael hizo lo mismo. Ezequiel observó como los dos payasos pelearon contra la imponente presencia de un verdugo, quien accionó el gatillo y mató a uno de los payasos. Después tomó al otro y le apuntó en la cabeza, cuando la bala que faltaba no salió, gruñó de coraje y le golpeó con la culata de la pistola, dejándolo inconsciente a un lado del cuerpo de su hermano.
Ezequiel revisó a ambos hombres y descubrió que sus esfuerzos eran inútiles. Se asomó por la entrada de la tienda, miró que El General gritaba órdenes y señalaba los lugares que faltaban por destruir. A su lado estaba von Lurendberg, que tenía una mano en la bolsa del pantalón blanco y fumaba un puro. Cuando Ezequiel miró las llamas crecer cuando éL reía, no tuvo duda que estaba ante el ángel desterrado.
Jonás caminó en el paraje desolado y quemado del circo de antaño, sin dejarse inundar por la tristeza arrastró sus pies con el saxofón en una mano. El espíritu de Billy lo guiaba por las tiendas destruidas y quemadas, las cuales se habían apagado por una lluvia cruel y fría.
Solo sobrevivía una choza en la que un hombre arrastraba un letrero, Jonás corrió hacia él, reconoció el saco de parches negros y rojos y gritó su nombre, pero éste no volteó.
—¡Chaval, no me deje aquí solo!
Al acercarse notó que la figura transparente de Boyselle los acompañaba, su rostro estaba carente de emociones y en los brazos cargaba al gato persa.
—¿Señorita Patricia? —preguntó Jonás, el fantasma volteó a mirarle y después volteó hacia el hombre que arrastraba el letrero y luego lo dejaba caer. Jonás caminó más lento y rodeó el letrero, había en él pintado la caricatura de dos payasos y con letras rojas y hermosas decía “El Circo de los Hermanos Arlequín”.
—¿Esto fue lo qué pasó manito? —preguntó Jonás, pero nadie le respondió. Arlequín se sentó en la entrada de la choza y se llevó las manos al rostro ennegrecido por el fuego. Jonás se sentó junto a él y con el saxofón tocó una canción que se le hacía vagamente familiar, podía asegurar que era clásica. El fantasma de Boyselle se quedó de píe y estático detrás de Rafael.
—El adagio de Albinoni es lo que siento ahora, me había prometido no escucharlo hasta que se detuviera mi felicidad y mi felicidad se ha detenido —dijo el joven Rafael Arlequín—. ¿Podrán mis vibraciones detener a ese monstruo antes de que haga más daño? No debo perder tiempo llorando, ya lo habrá después. Tengo que detenerlo, se lo debo a mi hermano.
Jonás quiso poner un brazo al sentir la tristeza del payaso, pero supo que no haría diferencia de cualquier manera, así que continuó con el jazz del payaso triste y el adagio de Albinoni, acompañando a Rafael que se fue caminando y susurrando Tutiri tutara pirrompom pam con la luz de luna siguiéndole por todo el camino a aquel horizonte industrial y contaminado.
Pompadour maulló.
Padre Taxi llevaba el Libro en su pecho, sabía que no debía abrirlo. Caminó por las tiendas del circo y encontró una particularmente humilde y opaca, tenía un letrero que decía La Gitana. Cuando entró a la tienda, encontró una mesa con una bola de cristal, al otro lado de la mesa estaba una anciana de pie y cabizbaja con ojos adormilados, a su lado, sentada en una silla modesta, observó a una hermosa gitana de piel apiñonada con una pañoleta morada en la frente y llevaba joyería dorada en abundancia. La Gitana levantó la vista y Taxi, al mirar sus ojos, se sintió inevitablemente atraído.
—Acércate, veo que llevas un libro en las manos. ¿Te interesa saber tú futuro?
Se escuchó una canción cirquera y la gitana volteó molesta. La canción se calló y ella recuperó su sonrisa mística y misteriosa como la profundidad de sus ojos. Taxi no supo que responder, tuvo un presentimiento. Quiso salir y dejar la tienda, pero descubrió que ya no había camino de salida y los ojos le seguían mirando.
—Siéntate, dame el Libro y podré darte un futuro lleno de dicha —dijo La Gitana, la voz envolvió el corazón de Padre Taxi, cerró los ojos y apretó El Libro con más fuerza.
—¿Quién eres?
—Soy yo —dijo una voz familiar. Taxi tenía miedo de abrir los ojos y encontrarla a ella, pero su curiosidad fue más fuerte y al abrirlos se quedó boquiabierto, era La Dama Elegante, con su vestido flojo que dejaba entrever los muslos, su cabello corto y claro, sus ojos grises que tenían una chispa de malicia que antes no había visto. Ella se levantó y se sentó en las piernas de Taxi y con una suavidad del movimiento inexistente puso sus manos alrededor de él y recargó su cabeza en la suya.
—¿No me recuerdas? —preguntó ella. El Libro se le estaba yendo de las manos y estaba desesperado por corresponder el juego de caricias que ella estaba proporcionándole. Deseaba sentirla, olerla, acabar con ella de una manera voraz e incrustarla para siempre en su corazón. La necesitaba y la deseaba, la respiración se le dejaba ir y los ojos no tenían control de su dueño al llorarle.
—Dame el Libro y haremos eso que quieres —ella movió su cadera lentamente y separó las piernas para sentarse frente a frente con él. Ella le acarició el rostro y lo tentó con sus labios, bajó las manos a las suyas y las separó lentamente—. Dámelo y se buenito, mi pequeño Andrés. No me dejes esperando, es lo que siempre quisimos mi chiquito. ¿No lo recuerdas? Acuérdate de mi, mi querido.
Taxi quiso apartarla y deshacerse de ella, aunque su cuerpo no le obedecía. El deseo era más fuerte e implacable con sus sentimientos, acercaba los labios a su cuello de deseo, repasaba sus ojos con intensa fiereza, recorría con manos imaginarias su cadera, su sonrisa.
El Libro se caía de sus manos hasta que escuchó una música de circo que le despertó de su sopor, se puso de pie como pudo, empujó con extraña fortaleza y tiró a la falsa Dama.
La Dama se convirtió de nuevo en La Gitana, sus ojos cambiaban a todos los colores y su piel también. Su cabello sufría una serie de transformaciones engañosas que iban de lo lacio, a lo quebrado, a lo rizado y a las serpientes. La pañoleta se derritió en la cabeza y bajó como líquido por el rostro enfurecido del demonio Lilith.
—¡Calla esa música! —gritó ella a nadie y después miró a Taxi—. ¡Y tú! ¡Dame ese Libro que ya no necesitas!
—No es para ti —dijo Taxi y se fue a dónde estaba la vieja cabizbaja susurrando una historia pasada en voz baja. Lilith suavizó su rostro y los ojos volvieron a atraerle, aún cuando Taxi cerró los suyos y apretó El Libro hasta que le dolió el pecho.
—Podemos jugar toda la noche —dijo Lilith—. Y acabarás por dármelo.
La música de circo volvió a escucharse y Lilith gritó herida. Se llevó las manos a la cabeza y un aura de luz crecía alrededor de su cuerpo. Un payaso de sonrisa pintada de negro y una roja nariz grande, abrió una entrada en la tienda. Caminó jocoso con sus zapatos gigantes y bailó con sus caderas.
—¡Despierta Yasmín! —dijo el payaso alegre— ¡Yasmín Molina de Jesús! ¡Tía Yemita! ¡Adivina Ciega! ¡Vieja Brujita! ¡Niña Amargada! Te habla tu querido payasito de confianza, tu querida vaquita sacrificable. ¡Yasmín!
—Cállalo —dijo Lilith con las manos en la cabeza, se transformó en aura y mientras se hacía vapor azul que regresaban la ceguera a la anciana cabizbaja dijo por última vez:—. Cállalo ya.
El payaso alegre abrazó a la Anciana Ciega y rió de alegría. Una explosión de luz sucedió en el interior de la carpa. Taxi y Yasmín vivieron los recuerdos de Arlequín, conocieron la fraternidad de los hermanos junto con La Muda, Alicia y Matías; viajaron al momento del incendio y tuvieron el miedo que tuvo Ezequiel al descubrir al General y a Lurendberg; acabaron en el lote baldío, sufriendo en silencio con Boyselle y cantando el Adagio para hacer coro a Jonás, observaron al Payaso Triste bañado de noche caminando a hacer frente a un monstruo que no entendía.
Yasmín y Taxi fueron los primeros que despertaron para ver que Arlequín ya no abría los ojos y solo respiraba, con una expresión tranquila en el rostro.
—Esto ya no es seguro para mi —dijo Yasmín y señaló El Libro que llevaba Taxi en sus brazos con la cabeza—. Me iré con Rafael a su cuarto. Taxi, si vienen unos perros no les abras la puerta y yo les contestaré desde la ventana.
Yemita cargó sin trabajos el cuerpo de Rafael y los demás abrieron los ojos a tiempo para verla subir las escaleras y escuchar después el portazo, el humo del puro se hizo una nube oscura que siguió a los dos ancianos.
Boyselle miró triste las escaleras y también subió por ellas, soltó a Pompadour como si no le importara y este correspondió de igual manera al irse a los brazos de Alicia.
—¿Está muerto? —preguntó Alicia en el momento que Pompadour saltó a su regazo, los demás miraron callados hacia ninguna parte, evocando el circo de antaño.
—Se estaba muriendo de tristeza —dijo Jonás—. Pero el chaval ha hecho bien y ha compartido la tristeza con nosotros, ya no tarda en cerrar los ojos y descansar para siempre. No quiere cargar sus lágrimas el sólo.
—Eso es injusto —dijo Matías—. Yo tengo mis propias tristezas.
—Y yo las mías —añadió Ezequiel reprochando al adolescente—. También recuerda que nos dio sus alegrías y si podemos hacer algo por ese hombre, aunque sea escuchando sus recuerdos, no veo la razón para no ayudarle.
La Muda se quedó pensativa, después miró brevemente a cada uno de los presentes y subió las escaleras, siguió el rastro de humo y caminó al cuarto de Rafael, intentó abrir la puerta que estaba con seguro, miró que el humo continuaba saliendo levemente por los orificios de la puerta. Se sentó aún lado de la entrada, juntó las piernas con los brazos y descansó su cabeza, quería por lo menos acompañar en sueños al hombre que la había salvado.
Yasmín acarició la frente de Rafael, lo peinó y le arregló el saco, buscó en un bolsillo y encontró junto a un paquete de cigarrillos y la carta que le había regalado, una corbata de moño y una nariz roja que les puso en el rostro. Boyselle la observaba desde una esquina.
—¿Tienes maquillaje? —le preguntó Yasmín.
—Sí, déjame buscarlo —respondió Boyselle—. ¿Por qué lo quieres tanto?
—No lo se. No te pongas celosa, de todas maneras pronto estará más contigo que conmigo.
—Hay algo que entiendo mejor que tú, Yasmín.
—¿Qué?
—Un payaso no le pertenece a nadie, solamente a su circo.
Yasmín guardó silencio y recibió en sus manos el maquillaje que le trajo Boyselle, con mucho cariño se dedicó a pintarle la sonrisa oscura y la lágrima azul, en su rostro enteramente blanco. El humo seguía saliendo y se iba por la ventana.
—¿Por qué no deja de salir?
—Porque es mucha tristeza con la que lo maldijo el Hombre sin Rostro —respondió Yasmín, se lamentó de no tener una peluca rojo chillante que ponerle, ni los zapatos grandes con que le escuchó correr por el circo para hacer a la gente reír. Pasó sus manos amorosamente para fijarse de no equivocarse en los lugares donde maquillaba, en segundos se aprendió el rostro del payaso que la había hecho reír tantas veces y sonrió de tristeza.
—No te me mueras Rafael, hasta que termine tu regalo. Todavía detendrás a Lurendberg, de eso me encargo yo.
En las horas de la noche, La Muda dejó de esperar afuera de la habitación y se fue a dormir esperando que en sueños pudiera encontrar a Rafael. Y lo hizo, ya que cuando caminaba podía mirar el espíritu del joven Arlequín apareciendo y desapareciendo de la casa. Deseaba confirmar con Yemita sus sospechas, que las apariciones significaban la agonía de Arlequín, y prefería no hacerlo del todo.
Lo persiguió por la cocina donde pedaleaba velozmente con un monociclo, lo perseguía por los baños donde con sus flores pintaba de colores las paredes, después se iba corriendo por los sillones haciendo ruido con sus zapatos gigantes, también lo miraba jalándole la cola a Pompadour y corriendo tras de él para molestar al gato fantasmal. La aparición que más tiempo duro, fue cuando lo encontró estupefacto en las escaleras de la entrada observando boquiabierto y con ojos infantiles el enorme domo que estaba esplendorosamente adornado, en el domo había cangrejos cargando piedras, atando y cortando redes con las tenazas, y dos pulpos de por lo menos quince metros, usando corales y minerales preciosos para adornarlo con sus inmensos tentáculos.
La Muda, ya más tranquila, dejó sólo al payaso, dejándose despertar por las tiernas caricias nocturnas de Ezequiel.







2 comentarios ↓
diferentes denominaciones o nombres de elefantes (locales)
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hola que tal un saludo antes que nada el motivo de este e-mail es que queria saber o mas bien hacerte una pregunta..
bueno hace poco escuche una cancion mas bien una opera en donde se escenificaba a un payaso y me gustaria saber si tu sabes el titulo de esa cancion buscando en internet me aparecio tu pagina. espero no molestarte o que me puedas ayudar de verdad me gustaria saber mas hacerca de la cancion. por el momento es todo gracias y espero tu respuesta.
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