Lo que nos pasó en catorce años.
¿Qué fue lo que nos pasó en catorce años? Desde que Argarath y Cilia llegaron aquí para acompañarme… esa pregunta se ha vuelto uno de los espíritus traviesos de mis pensamientos y se que las respuestas están ahí, no puedo verlas con exactitud y solo tengo una vaga idea… con respecto a mí, casi enloquecí, el entrenamiento con Kainth me privó de muchas cosas, Crisidia fue una de ellas, no puedo darme el lujo de recordarla, no en este momento tan crucial. También me privó el Sol, yo era un simple humano que no se acercaba ni remotamente a lo que era un vampiro sólo por ese detalle, no se me permitía ver esa luz tan refrescante, tan purificadora. En Argarath y Cilia veo un crecimiento y un amor mutuo, me da envidia por ellos, de veras que si, esas miradas que se dan el uno al otro, esas caricias que mis nuevos sentidos vampíricos detectan, son hermosas. Y allá abajo se mantienen en píe dos de mis viejos amigos y puedo notar que ellos también tienen un lazo emocional que los une, no solo la amistad, algo más…
Algo que me parece impuro, sucio. Pensándolo bien, aún se tienen el uno al otro.
Creo que estoy fuera de lugar entre ellos. Aunque se podría considerar de manera perversa que el ángel Tanya es mi pareja, su rostro y su forma de ser me recuerdan tanto a mi Crisidia.
_¡Déjalo Erick! No seas estúpido, vuelve a ti, debes mantenerte alerta, tus sentidos al cien por cien._ Allá afuera están los dos amigos que yo creía muertos y tú aquí te haces un análisis que esta completamente fuera de lugar, por otra parte, creo que mi reflexión no es tan trillada ya que no se cuanto han cambiado mis viejos amigos, el que sean líderes de la manada solo me inspira desconfianza, tal vez demasiada, pero si algo me ha enseñado Kainth es… _a no ser estúpido_. Sus movimientos, - porque aunque son muy rápidos, capto sus movimientos -, el olor que el viento me manda, sus expresiones faciales, todo es diferente, fingido.
Están esperando una bienvenida con los brazos abiertos y se las concederé, porque los extraño. Son mis amigos y necesito saber que es de ellos, ¿no es así?, Casi puedo escuchar la voz de Kainth, casi puedo ver su sonrisa: _Anda Erick, acéptalos en tu vida… son tus queridillos amigos… a pesar de que apestan a… no lo sé… un añejo olor de “Voltea mientras saco mi arma, y confía en mi, por que aún crees que somos amigos, ¿eh?”._
-Sus ordenes, amo Erick -interrumpió con sutileza el Espíritu del Castillo, mis pensamientos.
-Sabes que Kainth von Arbanel ha muerto, por lo tanto, yo asumo tu control -respondí, no sabía que yo podía reclamar al castillo como mío, no entiendo porque mi voz articuló esas palabras, ¿me infundió ese recuerdo Kainth mientras dormía? ¿Manipuló mi mente?
-Así será, amo Erick, Tú que eres el No Muerto y que te convertiste en el Ladrón de Almas.
-Amo Erick para ti Castillo, no me vuelvas a llamar No Muerto y tampoco Ladrón de Almas. Abre la puerta principal y guía a nuestros dos invitados a mi posición.
-Si, Amo Erick.
Cilia y Argarath me miraron desconcertados, ellos no oyeron la voz del castillo y se sorprendieron un poco más al ver que efectivamente, el castillo obedeció mis ordenes, abrió la puerta principal, bajó el puente y les dio oportunidad a Cenitia y Giasu de pasar. Tanya flotó sentada con las piernas cruzadas, vi en su rostro que se estaba divirtiendo con el duelo de emociones dentro de mi.
_Ustedes los ángeles son tan… extraños,_ le dije mentalmente.
_Y ustedes los humanos son tan… fascinantes,_ me respondió con su voz juguetona, le sonreí y ella me sonrió de vuelta, vi el rostro de Crisidia en ella, posiblemente los dioses hicieron esto a propósito como un regalo afectuoso por haber matado a Kainth.
Cruel, tan cruel como La Sonrisa Kainth.
Las puertas se cerraron y los lobos se mantuvieron firmes en su posición, estaban esperando una señal, lo sentía. Y también sentía el miedo y anticipación de ver a mis amigos de nuevo, aunque diferentes de lejos, sé que cuando los mire sabré si son realmente ellos, los amigos que perdí hace catorce años.
Escuché sus pasos con mi oído vampírico, silenciosos para el oído humano, el Angel Tanya dirigió su mirada a la entrada, ella también los escuchó, me miró con un rostro serio, escuché el cuchicheo de Argarath y Cilia: “¿No entiendo, qué hacen los lobos aquí?” “Pudieron ser atraídos por el mismo castillo, o Giasu y Cenitia encontraron una manera de manejarlos” “¿Lo crees así?” “Es una posibilidad” “No lo sé Cilia, todo esto me da mala espina”. Argarath ha dicho algo coherente, así que no solo eres músculos amigo sino que también conservas el cerebro, me alegro por tí.
Tengo miedo. Estoy temblando, muy nervioso. No soy el único, todos tienen miedo, inclusive el ángel Tanya tenía un olor similar al miedo. Inclusive el maldito espejo desprendía miedo. _Calma Erick, si algo aprendiste conmigo, es a no ser estúpido, relájate y concentra tus sentidos al cien por cien,_ dijo La Sonrisa Kainth.
-Lo importante es que por fin estaremos juntos como hace catorce años -dijo Cilia a Argarath quien sólo sonrió.
¿Juntos?, eso aún no lo sabemos y ella ya lo da por seguro. Yo no se si sea lo correcto, recuerdo que durante catorce años de mi vida, yo me dije a mi mismo que estaríamos juntos los cinco, pasase lo que pasase, que después de destruir a Kainth, yo los encontraría, muertos o no.
Ya vienen. ahora puedo oler la corrupción, el mal que hay en Cenitia y Giasu, ellos no son mis antiguos amigos, lo acabo de descubrir, son extraños con el mismo cuerpo, la misma cara, pero otra alma. _Ves, yo te enseñe a NO ser estúpido, algo aprendiste, No Muerto._
Cilia y Argarath detuvieron su plática y miraron hacía la entrada, Tanya los imitó. Un hombre moreno, con cabello corto y una nariz ancha se paró en mi puerta, sonríe de una manera muy empática. Mis sentidos vampíricos me alertaron.
Estaba ante un traidor, no un amigo perdido.
El traidor vestía una armadura sin guantes ni antebrazo, no usaba casco y no tenía armas.
La mujer a su lado expresó también una gran sonrisa, su cabello largo y rostro de sinceridad combinado con su cuerpo desnudo ante los ojos de su vestido rojo la hacían totalmente irresistible, peligrosamente seductora. Mis sentidos vampíricos volvieron a actuar.
Estaba ante una manipuladora, no una amiga perdida.
Decidí esperar su jugada. Supe que sus objetivos éramos yo, Argarath y Cilia, como hace catorce años nos persiguieron los lobos rojos. Ahora ya sé defenderme, Claro, yo te enseñé, y también se defender la vida de mis amigos, no dejaría que estos dos monstruos los atraparan con sus garras y los regalaran a la oscuridad.
_No críe a un estúpido, ¿Ves? Nada estúpido._
Nada.
No había nada… solo humo y cosas que paseaban y bailaban alrededor, no se les podía llamar zombies porque carecían de cuerpo físico, no se les podía llamar fantasmas por que carecían de cuerpo espiritual, tenían un rostro, un rostro de un material blanco que parecía tan moldeable como el barro y este rostro tenía dos grandes agujeros como ojos y uno más grande aun llamado boca, esa boca que ululaba y gritaba y sollozaba y reía y cantaba. Estas cosas eran llamadas las almas perdidas y su reino era uno de tantos en el plano astral.
Aquí en este reino, acababan los pobres ilusos que decidían “Enemigo” ante el Caballero Gris. Era la codicia y corrupción la que terminaba con sus almas en el momento justo de decidir, en vez de acabar en el Reino del Alma Completa, donde estaban los que decidían que su vida había llegado a un fin justo y respondían “Amigo”.
-El Reino de las Almas Perdidas, ¿Por eso se llama así? ¿Por qué uno nunca encuentra el camino a casa? -pensó un alma en particular que deambulaba por ahí, hacía tres días que había llegado aunque cuando uno se volvía un alma perdida el sufrimiento era eterno.
Y así, con ese sufrimiento presente, Kainth olvidó su pasado excepto por una cosa, el rencor a un vampiro llamado Erick, ese rencor era un sentimiento tan fuerte, que los dioses oscuros lo sintieron y fijaron su mirada en aquella alma tan valiosa.
Cenitia corrió a abrazar a Cilia, como niñas amigas.
¡Qué falsedad!, había algo en Cenitia, algo extraño por que se movía demasiado rápido, no era humana, pude notar por un fragmento de segundo como me miró con una mueca de animal asustado. Ella abrazó a Cilia y se dieron un beso en la mejilla la una a la otra. Cilia y Argarath no vieron la mueca que me hizo. Dioses… ¡Cenitia intentaba morder a Cilia!
Yo actué rápidamente interponiendo mi dedo índice entre la yugular de Cilia y los colmillos de Cenitia, el dolor fue exquisito, ella me miró a los ojos con sorpresa y satisfacción, yo con mi mano izquierda extendí mi dedo índice y le señalé que no lo volviera a hacer, retiró sus dientes de mi dedo y terminó de abrazar a Cilia. Todo fue tan rápido que Argarath y Cilia solo notaron movimientos a medias, nada que pudieran identificar como hostil.
Pero yo, el vampiro inmortal y los dos hombres-lobos, ya habíamos puesto nuestras cartas sobre la mesa y tal como lo predije… ellos ya no eran amigos.
-Tenemos que contarnos tanto, por favor, tomen asiento -Giasu y Cenitia escucharon la hostilidad en mi tono de voz pero su fachada no se cayó, _Como ves no son estúpidos Erick… pero tú tampoco, yo no críe ningún estúpido, ¿recuerdas?_, su sonrisa siguió tan deslumbrante como si nada hubiera pasado.
-Castillo, transporta asiento para todos.
-Si, amo Erick -respondió la mecánica voz en mi mente. Miré a Tanya, me había olvidado completamente de ella. Pude ver que se estaba ?divirtiendo?, se limitaba a observar la escena bizarra con fascinación en su rostro. _Y ustedes los humanos son tan… fascinantes_, me pregunto si… ¿Detectaría mis movimientos y los de Cenitia?, debió hacerlo, ella es un angel. _Ustedes los ángeles son tan… extraños_, Tanya era muy extraña.
Argarath platicó con Giasu, este aún no intentaba nada contra él. Cenitia se divertía conmigo y atacaba invisiblemente a Cilia, me forzó a detener sus constantes ataques, miré sus ojos y había cierta coquetería en ellos, sus labios dibujaron placer mientras saboreaba la poca sangre que había en mi cuerpo. Repentinamente dejó de atacar al escuchar la pregunta de Argarath.
-¿Y bien? ¿Qué pasó con los lobos? Creí que los habían matado.
Giasu y Cenitia lo voltearon a ver con agradecimiento en sus ojos, como si esperaran esa pregunta. Giasu dejó la sonrisa idiota atrás y se puso serio, una expresión que todavía seguía siendo parte de su fachada.
-De alguna forma los burlaron -dijo Cilia adivinando, no sabía lo equivocada que estaba, observé a Argarath y… …no lo había notado antes, había algo extraño detrás de su postura. El se escondía tras su rostro también, así como esos dos, ¿Por qué? _Nada estúpido_, me sentí confundido, todos tenían mascaras, excepto Cilia, la miré buscando algo de…
-Los lobos no nos hicieron nada malo -escuché a Cenitia decir con esa sonrisa de placer, Giasu asintió con los ojos muy abiertos.
_…Cordura_. Dijo Tanya en mi mente, yo le miré sorprendido.
-Mi nombre es Hersst - dijo un demonio que caminó pesadamente en el reino de las almas perdidas, abriéndose paso entre los pobres infelices y la neblina verdosa -. Y busco un alma con el nombre de Kainth von Arbanel.
El demonio gritó el nombre de Kainth varias veces y prosiguió en su camino. El demonio estaba cansado de caminar por el interminable camino etéreo y ya estaba harto de los rostros de barro de los espíritus que flotaban y lo observaban suplicantes.
Hersst era un demonio con su cuerpo hecho de piedra, color azul oscuro, su boca era una línea en zigzag (lo que eran los dientes) que rajaba lo que supuestamente llamaba cabeza, sus ojos eran un par de pequeñas cuencas oscuras, la nariz era un par de pequeños orificios. Su cabeza era dentada, como una sierra y esos dientes seguían todo su camino hasta la mitad de la espalda donde desaparecían. Hersst antes de ser demonio, fue un ángel de la luz que fue vencido por las fuerzas oscuras.
Cuando un ángel es vencido pierde todos sus poderes y privilegios, en ese caso tiene dos opciones: morir e ir pacíficamente a la tierra de los muertos o prometer a las fuerzas oscuras sus servicios.
Hersst le tenía miedo a la muerte en ese entonces, ahora la añoraba, adoraba la destrucción y la sangre de los inocentes. Nunca se arrepintió de su decisión. En ese momento, uno de los espíritus chocó contra el pecho de Hersst, este enojado la tomó del cuello y lo alzó por encima de su cabeza.
-¡Espera! ¡Espera! - rogó una de las almas -. Yo soy Kainth von Arbanel.
-Fíjate bien dónde caminas idiota. No vengo de humor.
-Sólo busco el camino a casa
-¡Calla! -estrelló Hersst a la alma en pena contra el piso hecho de humo y Kainth soltó una pequeña protesta como un reflejo de su vida pasada.
-Escucha, los dioses oscuros me han enviado para prestarte mi cuerpo, quieren que tu sobrevivas y decidieron que es sabio que tu y yo nos volvamos uno solo para un mejor desempeño, ellos creen que eres un agente oscuro importante… YO te veo muy débil y me repugna la idea de prestarte mi forma física - el demonio se calmó y añadió -. Debo cumplir mi misión y dejaré que mi mente se combine con la tuya.
De repente, el cuerpo casi muerto del demonio cayó pesadamente y Kainth prestó lo que quedaba de su vida para reanimarlo nuevamente.
En ese instante Kainth recordó todo su pasado, recuperó su maldita sonrisa, susurró un hechizo y adquirió la forma de su cuerpo bien formado y esbelto, la del hombre apuesto, con cabello rubio y largo en una trenza, su nariz afilada y sus ojos… ¿verdes?, esos ojos producían una extraña sensación, como si cambiaran de color dependiendo del ángulo. Las almas perdidas lo miraron con envidia y quisieron arrancarle el cuerpo con los dientes. Kainth se dio cuenta de su desnudez, conjuró otro hechizo en un susurro y una armadura de plata empezó a cubrirle periódicamente, en su mano derecha apareció una espada, y en la izquierda un escudo completamente negro.
-Es cierto, el color de la plata no me sienta bien -susurró Kainth y al tronar sus dedos, su armadura cambió radicalmente de color, de un plata destellante a un negro sin final.
-Erick… el no muerto… te extrañé.
Las almas perdidas bailaron alrededor de él, cantando sin palabras. Kainth alzó los brazos extasiado por la locura del momento.
-¡TE EXTRAÑÉ!
Tanya presintió el renacimiento de Kainth - ahora era Kainth el demonio - y los dioses blancos le pidieron intervenir, ella tendría que retirarse, por mucho que quería observar el desarrollo de la velada.
Miré a Tanya, una vez más, ella me regresó la mirada con un temor latente en sus ojos. _Tengo que irme Erick, los dioses blancos así lo requieren,_ dijo ella en mi mente, yo le sonreí y ella a cambio me regaló una de sus expresiones más bonitas, dioses… Crisidia, ella cerró los ojos y se perdió con la escena… como si ella nunca hubiera estado ahí. Se esfumó. Solo yo noté su ida, Argarath y Cilia prácticamente nunca conocieron a Tanya.
-Erick, ¿Por qué te llaman el No Muerto? -preguntó Giasu de repente.
-¿El ladrón de almas? -añadió Cenitia a la pregunta.
Tuve el presentimiento de que esos dos malditos ya lo sabían y querían demostrar a Argarath y Cilia la clase de monstruo en la que me convertí durante mi entrenamiento con Kainth. Cilia tomó mi mano y me miró esperando mi respuesta, ello no tenía ninguna máscara puesta, vi en su rostro honesto palabras: _A pesar de lo que digas, no dejarás de ser mi amigo._
-Me nombré a mí mismo el No Muerto - dije -, no porque me portara como un vampiro, ni mucho menos porque esperara ser uno, sino porque el día que Kainth me trajo al castillo me di cuenta de que todo a mi alrededor carecía completamente de Energía Vital. No había vida en nada, a pesar del lujo y la elegancia me di cuenta que…
-Erick era lo único con vida, lo no muerto en lo muerto. Erick era diferente -Kainth sonrió, sonrisa que ya no era cruel y sádica y que se había convertido en una mueca de locura -. Lo recuerdo bien, el chiquillo irradiaba vida, una vez casi no me resisto a mis impulsos oscuros por la sangre, y casi bebo su vida. Su elixir rojo.
Kainth negó el pasado con la cabeza.
-Hubiera sido mejor no buscar al maldito niño.
-Sé que Kainth resentirá haberme enseñado todo, en los infiernos debe estar maldiciendo mi existencia.
Suspiré triste, los recuerdos se me aventaron furiosos, uno contra otro.
-Antes al este de aquí había un pueblo de humanos - el rostro de Crisidia vino otra vez a mi mente, pero no, aún no era hora de ese relato -. Kainth me dejó ir algunas noches hacia allá… el sabía que ya no me iba a escapar, que no tenía forma y tenía razón. Los aldeanos de ese lugar también se dieron cuenta que irradiaba vida a lo muerto y lo tomaron a mal, me temieron y me temieron aún más cuando supieron que era el ‘hijo de Kainth’, también me llamaron Erick el No Muerto. En mi adolescencia, se mofaban de mi, me hacían burlas crueles, pero yo seguí yendo hacia allá por que me gustaba la compañía. Oh, dioses, si hubiera dejado de ir, no hubieran sido víctimas de mi odio.
-Continua Erick -dijo Cilia, ella tragó saliva en señal de temor.
-Fue entonces cuando Kainth se dio cuenta -continué.
-Yo podía aprovechar ese rencor para hacerlo más fuerte, el sería el primero de mis hijos que pelearía conmigo y quería asegurarme de eso - recordó Kainth, rió un poco, su cara se descompuso completamente al hacerlo, el rostro bien parecido de Kainth cambió de una manera drástica, deforme -. Y triunfé. ¡Si qué triunfé!
Las almas perdidas a su alrededor bailaron más rápido, ulularon de sufrimiento. En la escena había cierto sentido teatral en lo que Kainth decía y el baile de los espíritus.
-Y de ese odio… nació Erick, el Ladrón de Almas.
-Y de ese odio… nació Erick, el Ladrón de Almas.
Cilia me prestó su completa atención, Argarath tenía una expresión muy extraña en el rostro, como si el hubiera anticipado todo lo que yo iba diciendo. Como si ya lo supiera.
Giasu y Cenitia tenían una máscara de sorprendidos, yo sabía que sentían placer, lo podía captar con mis sentidos vampíricos. _Deberías agradecerme._ Querían que demostrara el monstruo que soy, mi mitad oscura, para que ellos se pudieran apoderarse de Cilia y Argarath. No se los iba a permitir.
-Así que un día - continué -, vino Kainth a mi cuarto y me dijo: ‘Siento el sufrimiento dentro de tu existencia’, yo naturalmente desconfié, no podía ser que mi maestro Kainth fuera tan vulnerable, tan preocupado por mí de repente. Y Kainth me habló con palabras dulces y con tanto sentido para él que está nublado por el odio. Me prometió un hechizo que ayudaría a reconfortarme y yo, ingenuo, le escuché.
-Y así yo, Kainth, el Gran Vampiro de ochocientos años, el más viejo de las tierras de Gansby, le enseñé a Erick el hechizo más corrupto de la oscuridad, el más vil y básico entre nosotros los agentes oscuros - dijo Kainth con una amplia sonrisa y empezó a danzar alocadamente con las almas, gritó y aulló con ellas -. El hechizo de robar almas. Un hechizo de Khan gor Math, que sirve para drenar la energía vital de cualquier ser vivo, cuando aquella persona lo utilice por primera vez, jamás podrá dejar de hacerlo y si lo intenta, este hechizo funcionará por si solo, drenando al primer ser vivo que se encuentre en el camino del infectado.
Kainth extendió los brazos una vez más.
-¡Así yo obtuve otra victoria sobre Erick!
-Primero utilicé mi hechizo contra una pequeña rata y funcionó bien, la rata se fue secando y sentí como esa energía que ella tenía me daba ciertas habilidades compensatorias y al final, me dio algo más importante: llenó el vacío que sentía por la pérdida de mis amigos y una satisfacción de falso poder, me podría vengar de los humanos que se burlaran de mi y yo les enseñaría que era poderoso - hablé con dificultad, había repudio en el rostro de todos, Giasu y Cenitia disfrutaron plenamente lo que yo confesaba -. Los aldeanos desaparecían misteriosamente, sospecharon de mi por ser ‘el hijo de Kainth’, pero no tenían pruebas y mi aspecto desnutrido y patético los cegaba, preferían burlarse de mi antes que temerme. Un día, vieron como yo le robaba la energía a una niña de trece años y me llamaron el ladrón de almas. Mi furia creció ese día y me robé el alma de tantos como pude, hicieron canciones de mis asesinatos, los sobrevivientes huyeron.
Lágrimas, ¿Yo llorar?
-Robé almas inocentes en su nombre, espero que puedan perdonarme.
-Tanya… ¿A qué debo su visita? -preguntó Kainth sarcásticamente, Tanya se había transportado al reino de las almas perdidas, ella sabía que Kainth el vampiro no era un adversario difícil para un ángel y ahora que se había fusionado con el demonio Hersst, no sabía que tanto poder había adquirido.
-Nos volvemos a ver, Hersst, veo que te has complementado con Kainth.
-Yo ya no soy Hersst… mi nombre es Kainth, puedes usar Kainth von Hersst para no perder la costumbre de mi vida pasada -contestó el demonio, Tanya comprendió, Kainth estaba luchando por dominar completamente a Hersst.
-No dejaré de pelear Kainth -contestó Tanya sorprendida y asustada por el poder que crecía en Kainth.
-¿A quién defiendes? ¿A quién adoras? Tus ojos han cambiado -recitó burlonamente Kainth.
-Yo, defiendo a la santa luz y a Erick el vampiro inmortal. Es el mandato de los dioses blancos.
-Te mataré niña, como lo hice con la otra. Son igualitas, par de putas.
-Como ya te he dicho Kainth, no dejaré de pelear -respondió Crisidia, sin perder su compostura.
El demonio se encogió de hombros y sonrió, cambió su expresión a furia loca y su hermoso rostro volvió a desfigurarse, Kainth sufrió una horrible transformación.
-Luz -susurró Tanya.
-Por eso me llaman Erick el No Muerto, el ladrón de almas -Me sentí aliviado, después de todo, había tirado la pesada carga de más de diez años, el rostro de Argarath me enseñó confusión, se que esa confusión va más allá de mi relato. Cilia me expresó compasión, lástima, eso no me gustó. Al menos no huyeron de mí, que creo era lo que Giasu y Cenitia querían, o tal vez no, porque Cenitia aun no se agotaba de su sentimiento de placer detrás de esa fachada de sorpresa. ¿Cuál era su plan al obligarme a descubrirme? Creo que va más allá de ellos dos.
Giasu estaba tranquilo.
-Sólo queríamos Erick, que tuvieras la oportunidad de irte en paz a la tierra de los muertos, venimos por Argarath y Cilia, son nuestros amigos y tendrán un lugar de honor en la manada. No opongan resistencia, todo será más fácil así -dijo Giasu, él y Cenitia se acomodaron en su asiento, sus caras se congelaron, ya no había máscaras, de hecho, no había nada, sus cuerpos huecos ya no eran capaces de demostrar amor, odio, miedo. Cuerpos sin alma. Escuché fuertes golpes afuera, intentaban tirar la puerta.
Argarath se asomó por la ventana.
-Los lobos atacan el castillo -dijo.
Yo y Cilia nos asomamos, vimos como todos los lobos se aventaban en contra de las fuertes paredes de mi castillo, no les importaba romperse los huesos o destruir su cráneo. Los lobos juntos poseían una fuerza tremenda.
-Debemos escapar -dijo Cilia calmada aun, estuve de acuerdo con ella y volteé, para mi horror, Giasu y Cenitia se habían transformado en lo que eran en realidad, hombres lobo. Ya no tenían su forma humana, ahora eran dos bestias que esperaban por nosotros. Giasu se lanzó contra mi, mientras Argarath y Cilia apenas se daban cuenta de lo que yo había descubierto hacía unos momentos. _Por supuesto. Yo te críe._
Él un traidor, Ella una manipuladora.
Tanya extendió su mano y una espada se materializó, esta era de plata al contrario de la enorme espada de Kainth. Era larga, tenía un poco más de un metro de longitud y delgada. Alzó su antebrazo y un escudo brillante empezó a tomar forma en él, este era pequeño, pero al entrar en contacto con la piel de ella la brillantez del escudo le rodeó. Un escudo protector.
Kainth no dejó de sonreír, lo que a Tanya le dio una desconfianza enorme. Para darse confianza así misma se hincó y empezó a rezar una plegaria.
-Tal vez nos podamos divertir después de arañarnos y jalarnos el pelo -Kainth se mojó los labios con una lengua reptilezca que cambió de forma constantemente: se achicaba, se hacia más grande, más gruesa, más ancha, unos momentos parecía seca, otros derramaba líquido constantemente; su quijada creció, su cabello se transformó como el resto de su cuerpo, su cráneo se ensanchó, sus ojos se escondieron en el vacío infinito y la nariz se aplastó dejando un par de hoyuelos vulgares en su lugar.
Tanya fingió no sorprenderse, sus alas se extendieron y esperaron el primer golpe de Kainth, el demonio.
-Oscuridad y luz, convierte el cuerpo de Argarath en algo más de lo que es, dale uñas y dientes de lobo, la fuerza de veinte enanos y la agilidad de quince elfos -susurró Cilia, sin embargo no completó el hechizo al escuchar el aullido de los hombres lobos. Argarath no estaba preparado para el cambio en su cuerpo y la furia animal extinguió a la luz de la conciencia humana de sus ojos. En esos instantes, mis sentidos vampíricos me advirtieron que estaba viendo al verdadero Argarath, una sensación muy extraña. _Lo siento Erick, el no muerto, no tengo ni la menor idea, ¡piensa en algo!_
No es momento de divagar Erick, regresa a tus cabales. Observé que Argarath ya tenía un oponente, eligió a la mujer loba que lo estaba provocando.
Así como Giasu me provocó a mi.
Argarath el monstruo gritó y se lanzó contra la mujer loba, su furia me distrajo, sus movimientos fueron tan rápidos que mis sentidos dirigieron mi atención hacia él, ahí fue donde descubrí que tenía que aprender a controlar mi nueva forma corporal. _Estúpido, no olvides que están esperando a que te distraigas, no lo hagas._ Demasiado tarde, Giasu aprovechó la oportunidad, me aventó contra el piso e intentó morderme, sus uñas me desgarraron. Sabía, con alivio, que su mordida no me transmitiría la enfermedad del hombre lobo. Argarath tal vez estaba protegido por el hechizo de Cilia.
-¿¡Cuál es su propósito!? ¿Matarnos? -escuché a Cilia gritar, tenía que controlarse o no podría enfocar su energía para conjurar hechizos. Los lobos, naturalmente, no le contestaron.
Entonces ella empezó a susurrar:
-Oscuridad… oscuridad… y luz -Cilia intentaba un hechizo de teletransportación, estaba muy nerviosa, me acerqué a protegerla para darle seguridad y continuara. Giasu también captó el intento de Cilia y sonrió, me hizo a un lado violentamente e impotente observé como él hombre-lobo se aventó corriendo hacia ella.
Oh no… demasiado tarde… _Eres un estúpido Erick_, Hice un último esfuerzo por levantarme y alcanzarlo, casi lo alcancé, casi.
Argarath se me adelantó, jaló el píe de Giasu un segundo antes de que este chocara contra Cilia, Cenitia gruñó furiosa porque la habían hecho a un lado. Rápidamente, tomé a Giasu por la cintura, lo levanté por encima de mi cabeza y con toda mi fuerza, lo aventé contra Cenitia.
-Ahhh…. Urg… A Cilia… urgggg… no me la tocan -dijo Argarath, vi en sus ojos que ya estaba consciente de sus actos y me di cuenta de que era el mismo de antes otra vez. El Falso.
Mis sentidos me volvieron a advertir, yo les ignoré.
-Oscuridad y luz… ruego, si… ruego a la brisa -la voz de Cilia cortada y aún así parecía un murmullo suave para tranquilizar el alma, rápidamente me fui a lado de Argarath, hombro con hombro, ambos haciendo una barrera para protegerla. Los lobos rojos siguieron arremetiendo contra el castillo. Ojalá hubiera podido decir algún conjuro para mejorar nuestras expectativas de vida, _Recuerda vampiro… ya eres inmortal, a tal grado que ni la luz te puede matar, ¿Acaso no hizo eso el ángel Tanya? ¿Ehhhh?_ Si, si, si, pero mis amigos no poseen esa ventaja que yo sí.
Debía protegerles.
-Y a un, un, un río tempestuoso -demasiado nerviosa, demasiado preocupada, Argarath percibió esto, la miró para apresurarla y lo único que logró fue ponerla bajo más presión. Los lobos se pusieron de píe y atacaron frontalmente, su fuerza era tal que me hicieron a un lado, Argarath era más rápido y fuerte y con eso pudo contener a las dos amenazas. De alguna manera logró que los dos se estrellaran contra sí, dándole un respiro.
Estaba dispuesto a continuar peleando cuando Argarath, me empujó con el antebrazo por la puerta y me sacó del cuarto. De igual manera, pero más gentil, sacó a Cilia. Sus ojos se tornaron de un extraño color gris.
-No es posible -dijo Cilia incrédula, vi como Argarath me dio la espalda, volteó a mirarme a los ojos… esos ojos demenciales, locos, me pregunté si sabía que yo era su amigo, este… este era el verdadero Argarath, sus ojos grises… se aclararon y oscurecieron de una manera peculiar, una gran sonrisa en su rostro, una sonrisa que parecía tan compasiva… y tan hipócrita. Una fuerza invisible cerró la puerta estruendosamente.
-¿Quién cerró la puerta? -preguntó Cilia asustada, desesperada.
-No lo sé -contesté francamente.
Al sentir miedo correr por todo mi cuerpo, mis sentidos me sugirieron algo breve y tajante: Argarath, tiene que morir. _Haz caso a tus sentidos Erick. No olvides este momento._
Cilia y yo decidimos esperar en silencio. No hablamos, ella estaba demasiado confundida para decir palabra y yo estaba descifrando toda la situación, buscando soluciones, haciéndome preguntas sin respuesta, por ejemplo, los ojos grises de Argarath y también su máscara, ¿Quién es Argarath Falso Verdadero? ¿Qué le obliga a actuar de tal forma?
Los lobos aullaron tristemente.
La puerta se abrió, un hombre herido salió del cuarto, ya no estaba transformado por el hechizo de la humana, los jirones de su traje colgaron y mecieron torpemente en respuesta a sus movimientos torpes, varias heridas de garras adornaron su pecho y sus piernas. A sus espaldas, una escena lamentable, lo que parecían ser dos cuerpos, un hombre y una mujer, decoraban completamente el cuarto de un bello rojo carmesí. El vampiro detectó el olor a sangre que penetró placenteramente en su organismo.
El rostro del hombre estaba totalmente derrotado. Se dejó caer pesadamente al piso, donde una humana y un vampiro lo inspeccionaron al instante.
Él sonrió, cerró sus ojos y susurró: ‘Quiero ser un Avatar, maestro, es mi destino?.
Argarath se entregó a un sueño de muerte.
El Caballero Gris, o La Muerte como era mejor conocido, observó complacido la fuerza física y espiritual de su alumno y se enorgulleció con el resultado de su constancia en los sueños de Argarath. La toga gris que vestía cambió constantemente de un gris oscuro a un gris claro y viceversa, tenía puesta la capucha.
Ahora, su problema principal era Kainth el demonio, si el ángel Tanya no vencía ese obstáculo, todo su plan estaría en peligro. No podría absorber a Argarath y por lo tanto: No volvería a ser El Creador. El Caballero Gris frunció el ceño pero después sonrió, era hora de visitar a su muchacho.
Su querido muchacho.
Sart, Trevan y Jayli caminaron intranquilos entre los lobos rojos aunque estos no daban ni la menor importancia a su presencia. Jayli hizo una expresión de horror e incredulidad al ver la plasta de sangre y pelaje rojizo que se había aventado contra las paredes del castillo. La puerta del castillo se abrió.
Jayli empezó a delirar, de alguna manera la escena le causó tal impacto que la realidad se torció e imaginó que los lobos rojos se transformaron en cuervos, cuervos que permanecían inmóviles y le observaron insistentemente.
-Los cuervos vuelan -pensó Jayli, quien sentía una fascinación extraña por los cuervos.

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