Después de la Libertad.
Catorce años de aventuras y magia pasaron rápidamente, Argarath pensó en lo efímero del tiempo, suspiró al recordar los momentos de triunfo y fracaso desde que conoció a los tres viajeros y se sonrió nostálgicamente.
Acarició el cabello de Cilia, ella siempre estuvo con él en esos momentos.
—Recuerdo esas miradas discretas que nos dábamos el uno al otro, Jayli y Trevan auguraban nuestro amor con sus burlas infantiles —susurró Argarath para sí, Cilia se fingió dormida para escuchar—. Tú risa cuando te hacía reír. Eres siempre tan seria, es todo un honor para mi sacarte una risa.
—Siempre sabes como hacerme reír Argoth —Cilia se volteó y beso los labios de Argarath, él correspondió el beso y con un gesto pidió su atención.
—Jáh vino a mi a petición de Sart, habló conmigo. ¿Te imaginas Cilia? ¡El mismo Jáh! ¡El padre de los dioses claros! Y me pidió que continuara mi camino como Avatar, ¡quiere que sea un santo guerrero de Jáh! ¡quiere que sea una de sus resurrecciones!
—Argoth, tú siempre has debido ser un Avatar.
—¿Lo ves Cilia? —sonrió Argarath con sus ojos iluminados.
—Quiero saber una cosa y quiero que la sepas tú antes de decidir, ¿Es la decisión de Jáh o de alguien más? Argoth, noche tras noche, desde que éramos niños, te he escuchado hablar en sueños, ¿quién es aquél con quien hablas Argoth?
—No puedo decírtelo Cilia, puedes pedirme todo el mundo menos eso —respondió Argoth, oscuro, sombrío, como un recuerdo doloroso de antaño.
—¿Qué es eso qué se pone enfrente de la mujer qué amas? ¿Quién es, Argoth? —preguntó Cilia triste, casi silenciosa. Callaron y la luna miró triste las lágrimas de la pareja ocasionadas por el triunfo de la muerte y los lobos le aullaron, acompañándola en una escena siniestra.
—Erick, mira la luna, mírala Erick, te proclama a ti y no a mi —sollozó Kainth—. ¿Cómo sucedió? ¿dónde está mi bello cuerpo? ¿por qué soy transparente? ¿morí?
Kainth miró a su alrededor, estaba dentro de un enorme cráter, miró el humo que se desprendió por el calor de los hechizos al chocar, sin embargo, no podía sentir ese calor porque su cuerpo estaba hecho polvo.
Sonrió (Si es que puede sonreírse en ese estado), no parecía que Erick hubiese sobrevivido, miró a lo lejos en el horizonte y miró un ángel volando en los alrededores, miró que el Ángel llevaba en brazos a Erick y se enfureció.
Y Kainth se reconfortó en que aún podía sentir odio.
Una figura se apareció ante el espíritu de Kainth envuelta en una toga gris oscura, sujetando en la mano izquierda una hoz con una capucha cubriéndole el rostro. No tenía rostro, sólo un par de ojos que parecían más bien llamas azules. Kainth intentó sentir un escalofrío y recordó que no tenía cuerpo.
Algo que desconcertó a Kainth fue el cambio de color en la toga que parecía iluminarse y oscurecerse, cambiando los tonos de gris constantemente, oscilando entre el blanco y su opuesto, el negro.
—¿Vienes a recoger mi alma? —preguntó Kainth.
—Lo entrenaste bien —dijo la voz antigua de la Muerte, señaló al ángel en el cielo, ambos seres miraron a esa dirección un tiempo y luego La Muerte preguntó a Kainth—: ¿Amigo o Enemigo?
—¿Qué?
—¿Amigo o Enemigo?
Kainth se negó estar frente a su destino, recordó una leyenda antigua que más bien pensaba era un rumor, esta leyenda decía que cuando La Muerte hacía esa pregunta uno podía cambiar su destino de manera radical, se hablaba de un premio que otorgaba un poder más allá del bien y el mal.
Sólo podía haber una cosa así y esa era La Capa de la Muerte, el Trono del Poder Gris, la Hoz del Poder Neutro. Kainth sabía que si se declaraba su enemigo y enfrentaba a la Muerte a Duelo tendría la oportunidad de heredar el nombre de Caballero Gris, eso significaba conocimiento y poderes que nunca podría obtener en una eternidad de inmortalidad.
De otra forma, podía elegir ser su amigo, lo cual le otorgaría el paso a la Tierra de las Almas, un lugar donde se prometía tranquilidad y paz, estaría sentado todo el día en algún cómodo sillón victoriano, viendo a los hermosos ángeles pasar por la ventana y disfrutar de la compañía de algún alma femenina que estuviera dispuesta a pasar una eternidad con él.
A Kainth no le gustaba la segunda opción, significaba renunciar al poder.
—Enemigo, quiero ser el dueño del Poder Gris.
El Señor de los Muertos levantó su hoz y la dejó caer en la cabeza de un sorprendido Kainth. El espíritu del Vampiro de Gansby se partió en mil luces que desaparecieron casi de inmediato, se escuchó un llanto de ochocientos años.
Un chillido como el que se da cuando uno se aferra a la vida al nacer y después al morir.
—No puedo llevar tu alma Kainth, me desafiaste —susurró la Muerte—. Hay un lugar para ti y se llama Perdición. Es una lástima, siempre pensé que serías un buen amigo.
La Muerte dejó caer una lágrima, recordó cuando creó el Mundo, siempre lo recordaba cada vez que se llevaba a una de sus amadas creaciones.
Erick sintió una presencia pacífica a su lado, se llenó de orgullo y de paz interior y una euforia repentina se apoderó de él. Abrió los ojos emocionado, feliz.
—¿Quién eres? —preguntó, se creyó muerto, se sintió dichoso al pensarse liberado del sufrimiento—. ¿Estoy muerto?, ¿soy libre? Tu luz, que hermosa es tu luz. ¿Crisidia?
—Soy un ángel —respondió la luz. Erick entrecerró sus ojos para mirar mejor y descubrió que lo cargaba una mujer desnuda con alas y que estaban volando en el cielo nocturno.
La mujer despedía un aura de tranquilidad que Erick identificó como Magia Blanca pura.
—Puedo sentir que lo eres, Kainth me enseñó a no ser estúpido —Erick se sonrió y miró a los ojos al ángel que lo cargaba tan maternalmente, había compasión en sus ojos, algo que Kainth jamás le enseñó—. No respondiste, ¿estoy muerto? ¿Llevarás mi alma al cielo o la juzgarás y tirarás al infierno?
—Calma tu ímpetu Erick, a mi no me corresponde juzgar tu alma, los dioses ya lo han hecho y no estás muerto, sobreviviste a la pelea de Kainth, eres libre, ¡qué dulce es la libertad! ¿No es así?
Erick intentó moverse y su esfuerzo fue inútil. Sintió los huesos rotos y estaba cansado, tosió algo de sangre y sintió como su energía se drenaba en cobro de los conjuros que hizo durante la pelea, decidió cerrar los ojos y meditar, así podría recuperarse más pronto. Escuchó la suave voz de el ángel cantándole una canción sin palabras.
—Los dioses blancos han juzgado. Te hicieron inmortal Erick el no-muerto, por haber derrotado a uno de los agentes oscuros más terribles en la historia, por haberlo hecho con el ideal de la libertad en tu corazón y por haber modificado un hechizo oscuro por medio de tu voluntad para el beneficio de la luz.
Erick tosió más sangre, estaba cansado y no quería saber de inmortalidades. Sólo quería cerrar los ojos y descansar. El ángel como ayudándole continuó su canción sin letra, arrullando a Erick.
—Duerme Erick el No-Muerto, mañana será otro día, ¡Mirarás la luz del sol de nuevo! ¿No te emociona?, serás un vampiro que sea tan fuerte tanto con el sol como con la luna, no necesitarás dormir de nuevo, no necesitarás alimento, ni beber sangre. Serás grande Erick el No-Muerto.
Erick medio sonrió con el sólo pensar en mirar la luz de día. Hacía mucho que no la veía.
Ocho lobos rojos llegaron al lugar del cráter que hizo en la pelea de Kainth y Erick. Olieron el lugar, buscando.
—Ya no percibo su olor —dijo uno, los demás asintieron y prestaron su atención a dos sombras que avanzaron tranquilamente hacia ellos.
—Quiero que cada uno de ustedes elija una dirección. Buscaran durante dos días el rastro de Erick, el no-muerto, si no lo han encontrado en ese tiempo regresarán aquí para informarme, el que no regrese, obviamente, habrá llegado a nuestro objetivo y entonces toda la manada irá hacia esa dirección. ¡Ahora anden! ¡Búsquenlo, busquen a Erick el no-muerto! —exclamó la sombra, su voz era un tanto ronca, y casi gruñía en vez de hablar.
Los lobos obedecieron de inmediato, cada uno de ellos tomó una dirección: norte, este, oeste, sur, noroeste, noreste, sudeste y sudoeste.
La luz de una luna tenue iluminó a las dos sombras durante un breve instante. Uno de ellos era un muchacho de alrededor de uno setenta metros de estatura, esbelto con cabello castaño oscuro que le llegaba a los hombros. Vestía una armadura de plata bastante simple, con sangre seca salpicada que no era suya, no usaba ningún arma, ni guantes, ni antebrazo, ni casco.
La otra sombra era una dama, también joven, era morena, con muy buen cuerpo, su vestido rojo se acoplaba bien a sus delicadas curvas, su cabello largo y lacio llegaba hasta media espalda, usaba un cinto en la cadera donde una daga descansaba, pero esta arma daba una impresión de que solamente era un adorno.
—Pronto los encontraremos a el y a los otros dos querida —dijo él.
—Muy bien esposo —respondió ella con una expresión gatuna y sensual en su rostro.
Ambos se besaron de una manera salvaje.
—Siento que la energía de Erick ha cambiado… —dijo Cilia quien después añadió—¿Crees que sea prudente que establezca un lazo con el o nos transporte hacia allá?
—Como quieras, ¿Acaso no estas cansada… por lo de hace un momento?
Ella lo besó y lo miró a los ojos.
—No… —dijo ella y al ver la expresión de Argarath en el rostro se corrigió—: Bueno, un poco, pero mi necesidad de saber como está Erick es más importante.
Argarath dejó aún lado su ego y le sonrió a Cilia.
—Bien, nos transportaremos donde Erick —Cilia tomó la mano de Argarath y con la mano izquierda hizo ciertas señas, hizo el conjuro en su mente y desaparecieron.
—Desaparecieron —dijo Sart, Jayli estaba ocupado dándole filo a su hacha, Trevan dormía una siesta con su armadura roja puesta, nunca se quitaba la armadura del Clan del Dragón Rojo.
—Estarán bien Sart, ya no son unos niños —dijo Jayli despreocupado, aún conservaba el mismo rostro de hacía catorce años, los enanos envejecían de una forma muy lenta, inclusive podían pasar de los doscientos años y aún trabajar con fiero vigor en las minas. Un enano podía vivir hasta los doscientos cincuenta años máximo, en un enano era deprimente llegar a los doscientos diez años y ya no poder trabajar o levantar una hacha con la misma velocidad de antes, es entonces cuando entran en crisis y adelantan subconscientemente su hora de partida. Jayli apenas tenía ciento veintinueve años.
—Debemos seguirles… no me gustaría que algo les pasara —El rostro de Sart viejo y sabio se desfiguró un poco por la preocupación, luego suspiró y carcajeó—: Lo siento, lo siento… a veces, pienso que aún son unos chiquillos necesitados de protección.
—Lo se Sart, crecieron muy rápido —sonrió Jayli, miró a Trevan esperando a que este comentara algo pero aún seguía dormido.
—Estoy muriendo Jayli —murmuró de repente Sart.
—No digas eso —sonrió Jayli—. Si inventas un buen hechizo, mequetrefe, entonces los dioses te regresarán tu juventud y te regalarán la inmortalidad.
Sart se rió discretamente.
—¿Para qué? Mi vida ya está hecha viejo amigo. Sólo espero que ellos regresen con bien para despedirme.
—¿A dónde vas? —preguntó Trevan aún medio dormido, se frotó los ojos y se incorporó—. A dónde vayas, vamos todos juntos.
—Vamos todos juntos, cómo en los viejos tiempos —repitió Jayli para alzar los ánimos del mago blanco, Sart sonrió y con ojos vidriosos se alejó para meditar. Jayli y Trevan se miraron el uno al otro, sin saber como llorar su tristeza.
La Ángel acarició con mucha delicadeza la frente de Erick, tenía una sonrisa de ternura que solo se comparaba con su bondad y la luz que le irradiaba sanó las heridas de Erick.
—Tu no perteneces a este lugar —dijo la ángel asombrada.
—Gracias por lo que haces, ¿Cuál es tu nombre? —preguntó Erick, evitando responder las preguntas del ángel.
—Tanya
—Bonito nombre, ángel Tanya —después Erick cayó inconsciente.
Tanya siguió curándolo, cuando escuchó que alguien se quejó detrás de ella. Tanya volteó de inmediatamente y se alzó dispuesta a defender a Erick.
—Me pegué con el mueble —gruñó un hombre.
—Tranquilo, ya estamos aquí…. ¿Acaso es una ángel? Nunca había visto una —dijo Cilia embelesada a Argarath. Tanya extendió sus alas para cubrir completamente el lecho donde dormía Erick.
—Demando saber sus intenciones —exigió Tanya, su luminosidad reaccionó violentamente en contra de los no invitados. Argarath adoptó una postura defensiva y buscó con sus ojos un arma olvidando su espada que descansaba en el cinto. Cilia continuó pasiva y sorprendida por la visión de Tanya.
Cilia parpadeó y se dio cuenta de la inquietud de Argarath, así que contestó a Tanya—: Tranquila, hemos venido buscando a nuestro amigo Erick desde hace tiempo, desde que fuimos separados y sólo hasta ahora pude sentir su energía vital para poder llegar aquí y reunirnos de nuevo.
La ángel supo que ella no mentía, envolvió su cuerpo con sus extensas alas y dejó de brillar, lentamente sus alas se transformaron en un vestido blanco, Argarath no evitó ver que ella estuvo desnuda por un segundo.
Cilia no evitó darle una mirada fulminante al guerrero.
Tanya, además de su vestido blanco, corto y con escote prolongado, tenía como cinturón un lazo dorado, su cabello rubio y largo estaba recogido en una cola de caballo, su rostro completamente simétrico reflejando belleza y perfección, lucía unos ojos dorados o esa impresión daban y una nariz respingada, labios no tan carnosos pero llamativos. Usaba una tiara dorada en la frente y tenía unos zapatos de tacón alto que eran sujetados por correas en forma de cruces que le llegaban hasta la pantorrilla. Su cuerpo carecía de error alguno, indudablemente, un ángel representaba la imagen de la perfección inalcanzable.
Argarath no podía cerrar la boca y observaba la pequeña falda que llegaba arriba de los muslos. Cilia lo notó y se acercó al ángel para susurrarle unas palabras:
—Ese es un vestido muy llamativo para un ángel de la luz, ¿No crees?
—Bueno, siempre me he caracterizado por ser llamativa, ¿te gusta mi vestido?
—Precioso —contestó Cilia entre dientes.
Tanya sonrió halagada por el comentario ignorando la mala fe, se acercó a Cilia y le dijo al oído:
—Tranquila, no tengo ningún interés por tu pareja —sonrió Tanya y siguió caminando para retirarse del cuarto.
La habitación era la misma donde Kainth trajo a Erick hacía catorce años. El Gran Espejo, la cama lujosa con cobertores de seda, el mueble donde descansaba el diario maldito, las telarañas dentro del armario (y por supuesto, sus habitantes) y… un reloj despedazado y mordido.
—Luz… ¿Qué le pasó al reloj? —preguntó Argarath asqueado, el reloj estaba totalmente hecho trizas, Cilia no evitó soltar una pequeña exclamación de sorpresa.
—El maldito… no se callaba… —tosió Erick con dificultad, se recostó en la cama y Cilia rápidamente se sentó a su lado, él instintivamente buscó su mano—. Siento… cambios… en mi… cuerpo…
Erick luchó por mas aire.
Argarath abrió la boca para responder cuando Cilia se le adelantó.
—¿Te refieres al ángel? Salió, no se adonde, pero creo que regresará.
—Bien… si quieren… si necesitan… saber que me… ocurrió… durante todo… —Erick tosió un poco— todo este tiempo… pueden leer mi diario.
Erick sonrió a Cilia y se giró sobre si mismo para dormir.
Cilia miró como Argarath caminó con paso lento y cansado hacia el diario, lo tomó y empezó a leer unos cuantos fragmentos de él en voz alta.
Documento: Fragmentos del Diario de Erick. El no muerto. El Ladrón de Almas.
12 de Octubre de 1213 d.P.G.:
Hoy fue mi primer día de entrenamiento. Kainth me ha dado varios libros los cuales debo leer. ‘Empezaremos con teoría’, fue todo lo que me dijo.
He iniciado con un libro llamado ‘Magia Oscura’ escrito por Khan gor Math, ‘el hechicero más creativo e influyente en la historia de la magia negra, según unas anotaciones que hizo Kainth en la primera hoja.
La verdad, estoy divagando acerca de lo que realmente quiero escribir. Me siento SOLO y con mucho miedo, extraño a mis amigos… quisiera saber que pasa con ellos… o sea, sé que Cenitia y Giasu están muertos. ¿Pero Argarath y Cilia? Quiero tener fe en que ellos continúan con vida, tal vez los salvó alguien misterioso como Kainth.
11 de Diciembre de 1213 d.P.G.:
He terminado de leer el libro llamado ‘La Creación’ y siento algo peculiar acerca de este mundo ahora que lo he leído. Extraño, es como si en mi pasado alguien lo hubiera diseñado, inclusive Kainth ya existía mucho antes de existir.
No lo sé.
Ojalá alguien me pudiera explicar eso. Tal vez Argarath o Cilia han recordado algo crucial respecto a esto. Quisiera volver a verlos…
—Yo también he sentido eso con respecto a todo. —interrumpió Cilia.
Argarath guardó silencio y sus ojos se tornaron silenciosos y lejanos. Como si alguien más le estuviera hablando al oído y diciéndole como comportarse.
—Yo no sabría decirte, Cilia —dijo Argarath al fin. Cilia miró hacia Erick, avergonzada de saberse menos importante que aquél personaje que le hablaba en el alma.
Argarath mentía.
Cilia lo sabía.
Argarath escondía algo.
6 de Junio de 1218 d.P.G.:
He cumplido quince años, recordé que esta es la fecha de mi verdadero cumpleaños.
Ayer diseñé un plan para escapar del castillo de día, las amenazas de Kainth me tienen sin cuidado. Sé que si intento escapar podré lograrlo, le pido a los dioses blancos que me ayuden… que me apoyen… DEBO ESCAPAR, TENGO QUE HACERLO.
7 de Junio de 1218 d.P.G.:
¡Fracaso! El Castillo, efectivamente esta vivo. No sé… como me descubrió, pero hoy cuando me proponía a abrir la puerta de mi cuarto… no había tal puerta… ¡No había ni puerta ni ventana! Era mi cuarto de siempre, sólo que sin manera de escapar…
Y el reloj siguió cantando para torturarme, maldito reloj.
‘Oh, reloj, ¿por qué no te detienes reloj?
¿disfrutas torturándome con tu lento caminar?
¿con el sonido profundo de tu voz?
que maldito eres reloj, que maldito eres en verdad.’
Mañana lo intentaré de nuevo, debe ser algún capricho o jueguito de Kainth.
8 de Junio de 1218 d.P.G.:
Pasó lo mismo que ayer… no puedo anhelar ningún otro tipo de esperanza más que… matar a Kainth. Si lo mato, seré libre al fin. Hoy finalmente me cansé del Reloj de Kainth. Lo destruí por completo.
Argarath miró el reloj antiguo de nuevo así como Cilia. Ambos comprendieron el sufrimiento de su amigo Erick y las difíciles pruebas que había tenido que pasar a través del tiempo. Lo comprendieron.
Lo admiraron.
Lo amaron.
10 de Junio de 1218:
Me arrepentiré toda la vida por intentar escapar. Kainth ayer me llevó muy enojado al Segundo Sótano del Castillo, me dio un mazo y un escudo de acero. ‘Con que intentando escapar, ¿Ehhhh?’, ese tono de voz, la primera vez que escuché al maestro Kainth así y ahora lo escucho en mi cabeza todo el tiempo…
Mi imaginación… nunca se habría extendido para crear a las maldiciones que habían allí adentro. Era la parte más oscura del castillo, lo recuerdo bien, porque mi hechizo para crear una fuente de luz casi no funcionaba. Allí adentro escuché sollozos, súplicas, risas. Tuve miedo, mucho miedo. Kainth me dejó allí adentro, sólo, se burló de mi porque no creyó que sobreviviría la noche. Pero yo le demostré… a ese maldito hijo de puta.
No olvidaré los sucesos de allí adentro, nunca. Kainth me empujó hacia la oscuridad y dijo, ‘Si encuentras la salida, vivirás para nuestro duelo’ y desapareció. ¡Qué error, el creer que por la puerta que habíamos llegado era la salida! Esa puerta era la entrada a la locura. Cuando la abrí, seguí adelante por el pasillo y me di cuenta que mientras más caminaba, más me perdía. ¡Estaba en un maldito laberinto! ¡Todos los pasillos iguales! La misma estructura, fetidez y humedad a donde fuera. Y lo peor de todo… eran los esclavos que estaban allí adentro, ese maldito minotauro gris, pero él no era la única amenaza, había ratas del tamaño de perros; perros del tamaño de humanos; enanos, elfos, orcos, goblins, trolles, humanos, locos por culpa de su prisión, una prisión que tenía un segundo nombre el cual era locura, ¡Luz! A veces pienso que es mejor no haber salido vivo.
Debo ser libre a toda costa, Libertad.
Kainth von Arbanel, tiene que morir.
Fin de Documento: Fragmentos del Diario de Erick. El no muerto. El Ladrón de Almas.
Cilia sintió tristeza por Erick. Argarath sintió admiración sin igual.
—Creo que es hora de dejar dormir a Erick —interrumpió Tanya. Ni Argarath ni Cilia sintieron cuando entró al cuarto—. Les encontré una habitación para ustedes dos, se ven cansados y necesitan dormir.
Al escuchar la palabra ‘cansados’, sintieron todo ese cansancio como si Tanya se los hubiera infundido o recordado. Asintieron y siguieron al ángel quien amablemente los dirigió a un lugar donde descansar.
Erick despertó, era de día, preocupado se dio cuenta de que el Sol no lo lastimaba como supuestamente debía hacerlo, de hecho hacía mucho tiempo que no veía al Sol, desde que se acostumbró a su nuevo horario nocturno con Kainth. Ahora que era libre, podía disfrutar del sol como nunca había hecho, se arrodilló derrotado, por que así se sintió con respecto a su rencor y odio, lágrimas de sentimientos escondidos brotaron de sus ojos.
—Es bonito, ¿verdad?
—Si Tanya, lo es —Erick se puso de pie y se limpió el rostro con su camisa.
—¿Ya viste a tus amigos?
—¿Quiénes? ¿Argarath y Cilia? yo creí que solo fueron parte de mi delirio.
—Eres inmortal como te dije ayer, ¿no?, pero no pude hacer nada con respecto a tu condición de vampiro, aunque pude levantar el hechizo del ladrón de almas, los dioses te dan su perdón. En cuanto a tus amigos, ve a verlos, ayer se preocuparon mucho por ti.
Erick asintió y salió del cuarto, apresurado se dirigió a una habitación con la puerta entreabierta asumiendo que ahí se dormían y los encontró: la pareja dormía en una sola cama, estaban desnudos y su vestimenta yacía tirada por todo el lugar. Los dos cubiertos por una sola sábana arrugada.
—¿Quién iba a pensarlo? —sonrió Erick, observó a Argarath, el ya no era el niño gordo, sin cejas y con una cicatriz en la izquierda, ahora era diferente, cabello largo y lacio que le llegaba a los hombros, cejas espesas que aun dejaban ver la cicatriz, barba y bigote en cierta forma elegantes, había desarrollado músculos, lo cual Erick nunca creyó que pasaría.
Cilia continuaba siendo la belleza que era cuando niña, rostro inocente y jovial, nariz respingada, ojos café oscuro y muy profundos, tenía un cuerpo precioso.
Veo mi reflejo, como ha sido durante 14 largos años, cada día de mi vida. Antes podía soñar, lo recuerdo bien, pero ahora no me lo permite, su rostro esta vez refleja nuestro sufrimiento, ahora lo sé…
‘No queremos sufrir, por lo tanto, haré lo que tu me pidas.’
El sonrió tan bonito, tan amablemente.
‘Gracias Argoth ark Gorath, primero, debes convertirte en Avatar’
Avatar…
—AVATAR —gritó Argarath en sueños y despertó, repitiéndose a si mismo la palabra una y otra vez, tenía un propósito en la mente y estaba dispuesto a cumplirlo.
—Buenas noches, Argarath —Erick le aventó unos pantalones al rostro.
—¡Erick! —Argarath rápidamente se puso los pantalones y después abrazó a Erick con fuerza, levantándolo del piso—. ¡Estas vivo! ¡Te extrañamos!
Cilia gruñó molesta, después entreabrió los ojos, observó la mancha borrosa de Argarath abrazando a alguien, escuchaba gritos y palabrería sin sentido. Algo importante pasaba, de tal manera que tenía que despertar.
Así que despertó, se frotó los ojos y pudo ver al fin.
—Erick… —susurró Cilia y se levantó, cubriéndose el cuerpo con la sábana y lo abrazó mientras lloraba, susurraba su nombre continuamente, asegurándose de que no era un sueño.
Erick la sujetó también y no evitó derramar una o dos lágrimas. Argarath también lloró un poco, sintió celos pero los apartó de sus pensamientos, era ridículo tener celos del apuesto amigo perdido.
¿Acaso pensó la palabra ‘apuesto’?
—Señor, no pude encontrar al No-Muerto —dijo uno de los lobos rojos, habían pasado dos días por lo que regresó, reportándose debidamente al llamado de su líder.
—No ha regresado Skunx, eso quiere decir que se encuentran al noreste —el lider apuntó su dedo hacia esa dirección—. Debe estar en el Castillo de la Razón… ¿Por qué no lo pensé antes?
Líder rió de su propia estupidez y falta de sentido común. La mujer se colocó al lado de él, pasó una mano alrededor de su cintura y reposó su cabeza en su hombro.
Líder aulló, y los demás lobos rojos aullaron en respuesta a su orden, se reunieron alrededor de Líder, en total eran casi ochenta lobos. Líder y su amante corrieron hacia el noreste, todos los lobos les siguieron aullando salvajemente, destruyendo todo a su alrededor como una plaga.
Un día después seguían el rastro del lobo ‘Skunx’, la procesión de lobos la cual sería conocida en los libros de historia como: “El Cometa Rojo? tenía alrededor de quinientos lobos unidos. A la mañana del día siguiente, habían más de mil lobos postrados ante Líder, quien caminaba con decisión a la entrada del Castillo de la Razón.
Y se registró en los libros de historia el día veintitrés de Octubre de mil doscientos veintisiete d.P.G. como el día de los lobos rojos.
Tanya despertó a los tres amigos preocupada ya que veía a una manada de proporciones guturales de lobos rojos a la entrada del castillo. ¿Por qué? Y a ella le asustaba el hecho de que los lobos no hablaban entre si, no gruñían, no aullaban… ¡Por la luz! Posiblemente ni respiraban.
A Tanya le sorprendió aún más la pareja humana que estaba al frente de los lobos.
Los tres, a pesar de sus protestas, fueron despertados. En dos días que pasaron después de su breve encuentro no pudieron platicar mucho, la condición de inmortal de Erick aún estaba inestable y enfermaba constantemente. El ángel aplicó su magia curativa intensamente y por ello Erick al despertar se sintió mejor.
Tanya, Cilia, Argarath y Erick se asomaron por una ventana de la torre sur del castillo. El ángel pudo ver en la expresión de ellos franca sorpresa y no por los lobos, sino porque…
…Giasu y Cenitia estaban con ellos.
3 comentarios ↓
eres muy malo :P, no deberias poder dormir tranquila, con el pensamiento de tenerme asi, a cuenta gotas :’(.
jejeje, no es cierto, pero anda un capitulo mas si?????
Dale otro capitulo más porfavor!
Buen final de capítulo ¿eh?
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