Mis estimados y bien ponderados lectores que todavía me visitan. He de platicarles que la escritura más que un método de supervivencia, es un arte… así que he decidido compartirles este pedazo de mi vida y me ayuden, si ustedes gustan, por medio de sus comentarios y sus críticas a terminar este trabajo de una vez por todas. Se llama el Poder Gris y es una novela épica-fantástica que lleva ya cuatro años esperando que le ponga un punto final. ¿Les parece si cada lunes les escribo un capítulo? (Son 11 por el momento) Así me aseguraré de terminarlo o tal vez, extenderlo a más de lo que hay en mi mente ya preparado.
Sin más farfullería, les dejo la introducción y el primer capítulo. Quedo de ustedes, su incondicional remedo de escritor: Agustín Fest.
Primera Aparición de Pensante.
Hola, no temas, no me veas así… que a partir de ahora seré tu amigo, el mejor de ellos o si lo prefieres tu enemigo. El peor de ellos.
Escoge. ¿Amigo o Enemigo?
Elegiste bien, es exactamente lo que yo hubiese escogido de estar en tu lugar. te ruego por segunda vez que no me mires así, , no entiendo si es furia o compasión lo que dicen tus ojos, no hay nada que temer, ¿Qué no ves? Ahora somos buenos amigos. ¿Qué preguntas? ¿Quieres saber quién soy? Pues sólo porque soy tu mejor y nuevo amigo, te diré. Mi nombre es Pensante, aunque en realidad he tenido millones de nombres, pero Pensante es mi preferido, me describe mejor.
Solía crear fantasías, fantasías hermosas, ¿Y sabes qué era lo mejor? Que esos hermosos sueños se hicieron realidad. Antes mis sueños sólo eran fantasmas, héroes sin mundo, elfos sin bosque, enanos sin montañas, inclusive orcos sin hedor. ¿Cómo se hicieron realidad? Pues descubrí que si me soñaba con todo mi corazón, podría concebir un mundo propio. Me prometí esforzarme para que mis delirios dejaran de ser fantasmas y se convirtieran en seres de carne y hueso.
¿Un loco? ¿Me dices loco? Si amigo mío, tal vez así es, y a veces deseo que ese concepto de locura fuera cierto, desesperadamente real.
El mundo que diseñé tan meticulosamente, existió, tal como me lo había prometido. Se hizo tan cierto como que escuchas mis palabras. Fue maravilloso, logré hacer que todo lo que creara se hiciera realidad.
Castillos majestuosos, civilizaciones desconocidas, deidades cuidando de los que estaban en la tierra. ¡Mi propia utopía! Y aún no estaba satisfecho. Entonces nacieron mis fantasías horribles, la tierra se partió en dos y criaturas de terrible semblante ocuparon uno de estos pedazos de nueva tierra.
Lagrim se hizo la tierra de criaturas de la luz.
Hurton se hizo la tierra de criaturas de la oscuridad.
Ahora estaba más feliz, mi mundo tuvo una emoción de la que carecía antes, se hacían guerras, las enfermedades destruían pueblos enteros, los dioses se partieron en dos también, teniendo cada uno su lado bueno y su lado malo, ¡Logré problemas de una vida más real!
Sin embargo, yo Pensante, Ser Supremo de los Dioses y Todo, Loco, Lujurioso del Poder, sufrí un cambio inesperado. Tuve que pagar un precio.
El mundo que yo había creado tan cariñosamente se volvió en mi contra, ¿Puedes creerlo? ¡Mi propio mundo me hizo parte de él! ¡Me arrastró! ¡Se hizo dueño de mi!, al traer las fantasías horribles, mi mundo para conservar el balance me forzó a cumplir el papel del Segador de Vidas y al mismo tiempo, el Conservador de Almas. Dejé de ser el Creador para poder conservar a salvo el Poder Gris, el Poder Neutro, el Poder Único en el mundo que puede dar Muerte y Vida.
Extraño mi Poder Creador, nada se compara al privilegio de Hacer tu Voluntad en todo sentido. El tener el control de las almas de todo un mundo no se compara a SER todo el mundo. Esto no seguirá por mucho tiempo, aún tengo vestigios de mi Poder Creador y aunque me ha costado el infinito, pude traer un nuevo Creador a mi mundo.
Este Nuevo Creador morirá para darme su poder y todo volverá a ser como antes.
Como antes.
La llegada de un Nuevo Creador
El niño despertó, el rocío de la mañana y el trinar de los pájaros ayudó a que se sintiera cómodo en su pequeño pedacito de mundo. Había tenido sueños tranquilos y sonrió al despertar, se estiró y continuó acostado un momento. El niño observó complacido como el Sol jugueteaba con las plantas y las gotas sobre ellas.
Se dio cuenta angustiado de que no recordaba su nombre y después de tranquilizarse enumeró las cosas buenas y malas del no tener uno. Sorprendido, sólo encontró un problema: Que no tenía como presentarse. Sin embargo las cosas buenas no dejaban de manifestarse, las que más le agradaban era que podía inventarse a sí mismo y que se liberaba de todas las responsabilidad que tenía su nombre anterior.
A un lado de la importante interrogante ¿Cuál es mi nombre?, yacían el ¿Qué hago aquí? y el ¿Dónde estoy?. Observó a su alrededor buscando algo más de vida aparte de los insectos y el ruido de las aves que volaban en el bosque.
Y así la encontró. Estaba vestida con una falda y un suéter azules, una camisa blanca, en una muñeca llevaba una esclava de plata con el nombre de Cilia, alrededor de ella, habían otros niños. Dos niños y una niña, vestidos con un uniforme similar al de Cilia. Curiosamente, los demás niños conservaban algún objeto que les daba un nombre: Giasu, Erick y Cenitia. Esto hizo pensar al niño: ¿Yo no tendré algo que me de un nombre?, buscó en sus bolsillos; una esclava de plata como la de Cilia, algún collar, en la camisa las iniciales bordadas en su ropa, cualquier cosa. Pero no encontró nada.
—Desde ahora, he decidido que mi nombre es Argoth ark Gorath —dijo el niño convencido de su decisión, desconociendo el hecho de que una voz externa le había dado su nombre.
—Y la versión corta de mi nombre será Argarath. —Se dijo satisfecho y sonrió alabando su inteligencia. Argarath era un niño que no tenía más de doce años, algo gordo y de piel muy blanca, su rostro casi carecía por completo de cejas, lo que dejaba ver que tenía una cicatriz en la izquierda, poseía ojos de color castaño oscuro igualando el color de su cabello, labios medianos y rojos, labios jóvenes que aún no perdían su frescura. Decidió que era hora de despertar a los niños que le acompañaban.
Primero despertó a Cilia, después a Erick, luego a Cenitia y por último a Giasu. Argarath dedujo que los 4 pertenecían al mismo lugar por que tenían la misma clase de uniforme, aunque ninguno de ellos recordaba de donde venían. Después de estirarse y bostezar un poco, los cuatro niños se miraron unos a otros de una manera extraña. Ninguno de los cuatro recordaba quienes eran y qué hacían en ese lugar.
—Como veo que los cuatro estamos en la misma situación —dijo Argarath tomando control de la situación—. He de presentarnos unos a otros, parece ser que el nombre de esa joven —Señaló a la niña que encontró primero al despertar—. Es Cilia, aquella morena es Cenitia, aquel flaco y alto es Erick, y ese gordito moreno es Giasu.
Después de unas miradas de curiosidad entre ellos, Argarath añadió:
—Yo no tengo en mi ropa, ni mis bolsillos algo que me de un nombre, así que me he nombrado a mi mismo Argoth ark Gorath, si quieren, me pueden llamar Argarath.
Los niños asintieron.
—¿Alguno puede recordar quién era antes de venir aquí? —preguntó Cilia.
—No, pero de alguna manera siento que es bueno estar juntos —respondió Cenitia—. Tengo la sensación de que estar juntos es buenos, que es lo correcto.
Cada uno lo sentía de igual manera, lo correcto era estar juntos. Decidieron recolectar manzanas y naranjas, las cuales abundaban en esa área del bosque.
Se mantuvieron unidos durante tres días felices, llenos de juego y risas, por que a pesar de todo eran niños. En esos tres días también hubo un aprendizaje mutuo, muchos recuerdos fugaces y la recuperación de pedazos de su identidad.
—Recuerdo algo Argarath —dijo una vez Cenitia—. Estábamos juntos en un homenaje donde llevabas un bonito traje azul e intentabas hablar para un público pero las palabras se ahogaban en tu garganta. ¿Viene algo a tú mente?
—A mi si —interrumpió Giasu—. Una persona más grande que nosotros ofreció disculpas por Argarath, éramos muchos niños en ese lugar, más que nosotros cinco. creo que éramos doscientos en total, todos vestidos con este mismo uniforme.
—También yo recuerdo algo —dijo Erick e hizo una breve pausa para mirar a Giasu—. Giasu estaba a mi lado y no sólo Argarath estaba vestido de traje, sino que Cilia llevaba uno parecido.
—Si —dijo Cilia—. Vestía de traje en el evento y también llevaba puesto algo así como un portador de cuero, llevaba algo pesado en él. ¿Qué era lo que llevaba?
—Pero lo que yo más recuerdo —dijo Argarath ignorando la pregunta de Cilia—. Es que las palabras importantes no salían de mi garganta.
Todos callaron un momento, después Argarath resumió:
—Y recuerdo algo especial, recuerdo que Cenitia me abrazó para consolarme y me dijo…
—…Eso nos pasa a todos alguna vez —dijo Cenitia sonriendo con lágrimas en los ojos, todos lloraban, por fin recordaban algo juntos, ya tenían un pedazo más de su identidad, de su historia.
Una semana después, encontraron refugio en una cueva y seguían sobreviviendo de manzanas, naranjas y el agua de un riachuelo cercano. Juntaban ramitas secas para hacer fuego aunque todavía no tenían la más mínima idea de como hacerlo, afortunadamente Erick salió al rescate, ya que escondía unos cerillos en su bolsillo trasero.
Pero el destino es cruel y decidió ya no darles más tiempo. Ninguno esperaba lo que les pasaría ese día. Los lobos rojos los habían detectado.
Los lobos rojos, como su nombre dice, son lobos que tienen un pelaje de color rojizo amarillo, cuando corren, lo hacen tan rápido que se cree que es una bola de fuego a punto de explotar. Son grandes, algunos alcanzan dos metros de largo y más de uno metro de altura. Una de sus más temibles características es que transmiten la enfermedad del lobo rojo. Cuando un humano o cualquier otra raza es mutado a un lobo rojo, no hay manera de revertir el proceso al menos que los dioses decidan el perdón de la enfermedad.
Los lobos rojos ya habían olido a los niños y sabían que no serían capaces de escapar a su velocidad y destreza, ya tenían un plan trazado.
—¡Recuerdo algo! ¡Recuerdo algo! —gritó Erick, inmediatamente, sus amigos dejaron sus quehaceres, y le prestaron completa atención.
—Tú —Erick señaló a Argarath—, llorabas mucho un día. Muy afligido, un día en que una mujer nos quitó un tiempo especial para decirnos algo importante, para hablar con nosotros.
—Yo recuerdo que intenté suavizar su llanto —dijo Giasu.
—Hablaba con un niño pequeño mientras llorabas Argarath, yo también lo recuerdo —dijo Cenitia.
—Yo no puedo recordar nada de ese día, ¿Por qué? –preguntó Cilia.
—Porque tú no estabas presente ese día Cilia. Si, recuerdo casi todo y no era el único llorando, también tú Erick. La mujer nos hizo llorar al demostrarnos que cobardes éramos, que una amiga necesitaba de nuestra ayuda y la habíamos abandonado. —La voz de Argarath había sido firme al principio y se fue apagando hasta ser un susurro. El rostro de sus amigos ensombreció. Un minuto después vino una serie de aullidos.
—¿Qué demonios es eso? —preguntó Erick asustado.
—¿¡Lobos!? —exclamó Cilia—. ¿Cómo vamos a protegernos de eso?
—¡No lo sé! ¡Busquemos escondite! —exclamó Giasu.
Los cinco niños corrieron apresuradamente, rogando a la suerte que les sonriera con su rostro bueno.
Erick, Cenitia y Giasu habían tomado un camino distinto al de Argarath y Cilia. Lamentaron el tomar caminos distintos porque deseaban mantenerse unidos, trataron de no distraerse con los pensamientos porque lo primero era mantenerse a salvo. Escuchaban a los lobos cada vez más cerca.
Un aullido en la distancia.
—¡Corre Erick! ¡Corre Giasu! —Les animó Cenitia, quien corría como gacela en el bosque, esquivaba hábilmente todos los obstáculos, no se dejaba vencer por ninguno y esperaba que Giasu y Erick hicieran lo mismo.
Cenitia miró hacia atrás para asegurarse de que sus amigos seguían su paso y no alcanzó evitar una pequeña piedra con la que tropezó.
Cayó y aulló de dolor, se fracturó el tobillo.
—¡Cenitia!
—¡Maldición Giasu! ¿Ahora qué hacemos? —chilló Erick mientras Cenitia acariciaba frenéticamente su tobillo y sollozaba desesperada.
—No podemos escapar si llevamos a Cenitia y uno de nosotros tiene que sobrevivir para avisar a Argarath y Cilia —dijo Giasu, quien miraba con fría determinación a los ojos de Erick.
Erick comprendió el mensaje.
—No me hagas esto Giasu, debe haber otra solución. Por favor —rogó Erick, se escucharon más aullidos a pocos metros de distancia.
—Vete y ya Erick —Erick sabía que perdería si discutían y el tiempo se terminaba, sin más que decir se echó a correr sin mirar atrás y se despidió gritando:
—Regresaré por ustedes, les prometo que lo haré.
Callaron para escuchar mejor, Cenitia se hizo la promesa de no llorar mientras Giasu le abrazara.
—Vamos a morir, ¿Verdad? —preguntó una Cenitia asustada.
—No lo sé linda —respondió Giasu, su voz entrecortada, por un momento se arrepintió de quedarse y todo arrepentimiento se fue cuando Cilia le dio un beso en la mejilla y le dijo:
—Gracias.
Escucharon pisadas suaves en la hierba, vieron a los lobos rojos a su alrededor y ambos empezaron a derramar lágrimas de miedo y frustración, se abrazaron el uno al otro con más fuerza para aminorar su temor. Sabían su destino, se miraron a los ojos y Giasu le besó la frente a Cenitia.
Erick corría rápidamente sin parar.
Un, dos, un, dos. No te detengas Erick.
Erick escuchó dos gritos.
Un, dos, un, dos. ¡No!
Erick pensó en los gritos y los identificó.
—Giasu, Cenitia —Erick se tiró al piso sintiéndose perdido y sollozó, volteó a su alrededor con ojos cristalinos. Los lobos lo alcanzaron; su porte era tenebroso, sus músculos se movían suaves y pausados, gruñían, babeaban, su pelaje rojo y amarillo hacía que la noche brillara a pesar de ser una escena tan terrible.
Erick chocó sus puños contra el suelo y se dijo:
—Maldición.
Los lobos empezaron a caer muertos uno por uno.
La silueta de un hombre se dibujo gracias a la luz de la luna, Erick alzó su vista confundido, más asustado que nunca.
—¿Quién eres? —preguntó Erick.
De respuesta solo recibió una sonrisa sardónica. Una sonrisa que nunca olvidaría por el resto de sus días.
Argarath y Cilia corrían tomados de la mano; escucharon los gritos de sus amigos alcanzados por los lobos y solo pudieron imaginarse lo peor. Tenían miedo, mucho miedo.
Argarath empezó a recordar que alguien le dijo alguna vez: No tengas miedo, los perros pueden olerlo. Después recordó, inoportunamente, el temor que le tenía Cilia a los perros por que uno la había mordido.
—Espera Argarath, espera —dijo Cilia, respiró para recuperar aire, se había cansado de tanto correr—. Te aseguro que nuestros tres amigos están muertos, me duele pensar que ahora son comida de lo que sean esas cosas.
Argarath frunció el ceño, suspiró triste.
—¿Crees que valga la pena vivir nosotros dos, solos? —preguntó ella finalmente.
Argarath le dio una mirada preocupada.
—¡Claro que sí! ¡No digas estupideces! Sigue corriendo. ¡Aún no es tarde!
Pero ya lo era. Argarath se dio cuenta del sonido de una respiración grave, escuchó los gruñidos casi burlones de sus cazadores.
—Los lobos están aquí… —observó Argarath molesto.
Cilia se paralizó de terror y sólo pudo decir un si con la cabeza.
Un lobo dio varios pasos al frente, olió a Argarath y después a Cilia. Ambos estaban muy aterrados para moverse o no dejarse mover. Argarath se preocupó más por su amiga Cilia, no imaginaba el horror que ella estaba viviendo por su fobia a los canes. —Tienes una energía vital extraña niño, energía vital nueva —Habló el oscuro lobo—. Serás parte de nuestra manada. Un líder para nosotros.
El lobo miró a Argarath a los ojos y Argarath sostuvo su mirada, fue entonces cuando este intercambio de voluntades se vio interrumpido por un hacha que atravesó el cuello del lobo, haciendo rodar su cabeza y dejando que la sangre fluyera libremente de la herida mortal.
Argarath se manchó de sangre el rostro y sintió una presencia en el lugar que estaba más allá de todo.
—¡Oye niño! Ve por tu amiga y llévala a un lugar seguro —Exclamó una voz áspera pero jovial. Un hombre pequeño de un metro cuarenta de estatura dio un paso al frente. Era fortachón de brazos gruesos y largos, piernas fuertes y cortas, tenía una gran barba índigo de la cual estaba orgulloso, poseía una nariz grande y redonda. Vestía una armadura de metal forrada de pieles, botas de cuero y era el dueño de la enorme arma que había diezmado al lobo.
—Jayli —dijo un guerrero más—, encárgate de esos tres, mientras que Sart y yo nos encargamos del resto.
—Bien Trevan —replicó Jayli.
Trevan era un humano de uno ochenta de estatura y vestía una armadura roja hecha de un material extraño, Argarath pensó que parecían escamas gigantes, la armadura le protegía todo el cuerpo, su casco tenía como adorno dos dragones rojos, enfrentándose el uno al otro, su escudo estaba hecho del mismo material que la armadura y tenía grabadas unas letras negras que decían Dora, su espada brillaba, pero lo que era aún más sorprendente, es que el metal de su espada era escarlata como el color de la sangre. Sart, por otra parte, era un hombre ya viejo, tenía largo cabello grisáceo y una barba completamente blanca, vestía una túnica blanca con una capucha gris. El cetro que tenía en la mano era de igual manera blanco y la punta de éste era una esfera de plata.
Los lobos olieron sangre y sonrieron.
Tres lobos rodearon a Jayli. Podía olerlos, su aliento a carne cruda recientemente obtenida penetraba sus fosas nasales y sentía el calor que emanaba de su denso pelaje rojizo.
—¡No merecen vivir animales asquerosos! ¿Por qué comerse a unos niños? ¡Se muy bien que ustedes son animales racionales y saben que están fuera de sus límites de caza! ¡Estos no son su dominios! –dijo Jayli.
—El plan del líder de la manada no era comérselos —respondió un lobo—.El presintió, así como nosotros, el poder interno con el que cuentan estos niños. Nosotros lo sentimos por instinto, su energía nos condujo hasta ellos.
—¿Qué sintieron, ah? ¡Dime, demando una respuesta!
—Acércate enano, te lo diré al oído —Los lobos rieron.
Jayli aceptó su reto y enfurecido, el enano saltó y con su hacha por encima de su cabeza atacó al primer lobo, partiéndole en dos el hocico, Los otros dos se exaltaron por un momento, un momento que Jayli aprovechó muy bien, ya que le metió a uno de ellos una patada en las costillas, con tal fuerza que hizo que se estrellara contra un árbol, mientras que al otro le golpeó en la cabeza con el mango del hacha.
—Lobos estúpidos, ¿Necesitas ayuda con aquellos, Trevan? —preguntó Jayli.
Trevan y Sart observaban a los cuatro lobos restantes con indiferencia; por alguna razón, los lobos no se movían. Trevan se irguió con su espada apuntando hacia el cielo y Sart se arrodilló tranquilo. Argarath y Cilia observaban estupefactos el rito, un rito hipnotizante.
—¡Niños! Vengan acá. —ordenó Jayli y estos le obedecieron sin apartar los ojos del guerrero y el mago.
—¿Qué hacen? —preguntó Cilia.
—Lobo frito, bonita —contestó Jayli guiñándole un ojo.
Un aura azul se formó alrededor de Trevan y Sart, sus contornos se volvieron de un azul brillante que despedían chispas de luz que jugueteaban con el aire.
—Luz, mis ruegos se dirigen al cielo y la tierra, te pido que mandes uno de tus relámpagos purificadores para desechar a la oscuridad en estos hijos de la naturaleza —conjuró Sart y con una de sus manos dibujó un símbolo en la tierra, después clavó su cetro y susurró— Ahora.
Trevan, con un grito de guerra clavó su espada en la tierra; rayos de luz surgieron del metal, destruyendo y quemando completamente a cada uno de los lobos.
El guerrero bostezó y el mago sonrió satisfecho.
—La edad no importa cuando se trata de magia, ¿Eh, viejo? —bromeó Jayli, Sart rió educadamente y respondió:
—A mis sesenta y cinco años aún me siento como de veinticinco, además los 3 sabemos muy bien que cuando se trata de lobos rojos no hay reto ni diversión.
—Amén —contestó Trevan, observó a los niños—. Estos son los que hemos estado buscando, ¿no es así Sart?
—Así es, pero en mi visión había cinco.
Argarath y Cilia se miraron el uno al otro y ella rompió a llorar, Jayli la tomó en su brazos y le susurró que se calmara mientras le arrullaba en ellos. Argarath intentó explicar sollozando:
—Éramos cinco amigos, es cierto, yo soy Argoth ark Gorath, pero pueden llamarme Argarath, aquella es Cilia y los otros tres eran Erick, Giasu y Cenitia.
—¿Eran? —preguntó Trevan y después se dio cuenta de su error.
—Me imagino que los lobos se los comieron, idiota —contestó Argarath, que no pudo contener más sus lágrimas. El rostro de Trevan enrojeció un poco de la vergüenza y decidió callar para no empeorar el asunto.
—Luz… mis ruegos se dirigen al río de los sueños, te pido que una suave lluvia calme su fuego de emociones —conjuró Sart.
Argarath sintió como el peso de mil años se derretía, todo se volvió confuso y el sueño se apoderó de su mente. ¿Era el efecto de un hechizo?
Argarath durmió.
—Hora de despertar Cilia —escuchó Cilia en sueños, se levantó gritando, sujetándose de la voz que le llamaba para salir de su pesadilla, el sudor frío recorrió su frente y su espalda, jadeó y luchó para recuperar la respiración.
—Calma niña, estamos a salvo —dijo Jayli y acarició su cabello en un gesto de consuelo.
—Soñé que los lobos nos comían —de repente, el rostro de Cilia se iluminó y volteo mirando a su alrededor.
—¿Qué pasa? —preguntó Jayli con una ceja arqueada.
—¿Dónde estamos? ¿Dónde está Argarath?
—Oh —Jayli pensó un momento como explicar antes de hacerlo—. estamos en una cueva creada por Sart, la magia blanca hace maravillas como puedes ver, lo malo es que tendrá que dormir otra semana entera para reponer sus energías. En esta cueva hay cinco habitaciones, una para cada uno de nosotros, esta es la tuya y vine a despertarte ya que es hora de tu desayuno.
—Gracias ser tan bondadoso, Jayli. ¿Ese es tú nombre, verdad?
—Si niña. ¿Sabes? de alguna manera Sart sabía que ustedes llegarían y también nos comentó que ustedes venían de otro lugar muy lejano. ¿Cómo es ese lugar?
Cilia denotaba frustración en su rostro, se encogió de hombros.
—Lo único que se acerca de mi es que mi nombre es Cilia y que Argarath era mi amigo antes de llegar aquí.
—Entonces, ¿No recuerdas nada en absoluto?
Cilia relató a Jayli los recuerdos que ella y sus cuatro amigos habían descubierto.
—Así que no tienes ni la más mínima idea de tu pasado.
Cilia asintió triste, la charla la había abatido, estaba a punto de llorar otra vez.
—Cuando te sientas con ganas de comer o quieras platicar, baja. Te estaremos esperando —Jayli se levantó y se fue por la desfigurada entrada de la habitación.
A Cilia no se le había ocurrido observar el cuarto donde estaba hasta que miró la puerta irregular por la que había salido el enano. Se encontraba en una cueva hecha de barro o algún material parecido. La cama era dura y fría, pero extrañamente cómoda, había una ventana, era de madrugada, el sol empezaba a asomarse lentamente. A su izquierda vio una pequeña figura de madera puesta sobre una rudimentaria mesa de noche, la figura era la de un ratón, lo abrazó y le dijo:
—Tú nombre será Sol —Sonrió, miró al Sol naciente y decidió que era hora de bajar.
Hora de enfrentar un nuevo día.
Sombras de confusión, veo a alguien detrás de ellas, ¿La silueta de quién? Se me hace conocido, tan conocido como mi mismo, ¿Seré yo?, me da la sensación de que estoy viendo un reflejo.
Las sombras se disipan, mi corazón late ansioso por descubrirlo (¿o descubrirme?) estoy a punto de conocer al extraño visitante, a la sombra, a un paso de preguntar quién es, quién será y quién fue.
Tal como había imaginado en un principio: soy YO el que me está observando…
…y no soy YO del todo.
Mi macabro reflejo sonríe y sus ojos reflejan planes eternos y también un sentimiento añejo, un sentimiento que me quema la piel, siento lástima por él. Respóndeme extraño visitante, ¿Qué sientes realmente? ¿furia? ¿deseo? ¿odio? … ¿amor?
—Despierta dormilón —Cilia acarició al ratón de madera, llevaba rato esperando a que Argarath le respondiera. Cilia en sí era una muchacha obstinada, molestaría y esperaría el tiempo necesario para que Argarath despertara.
—Vamos, ¿Vas a hacer que baje yo sola? —presionó Cilia, esperando que el niño tuviera la compasión de acompañarle en el desayuno, empujó suavemente a Argarath.
Argarath gruñó y Cilia sonrió.
—No te hagas tonto, sé que estás despierto porque te acabas de delatar. —Dijo ella y le cerró la nariz con dos dedos. Argarath buscó aire, empezó a toser y abrió los ojos.
—Eres una malvada —tosió Argarath, se sentó en su cama y observó a su alrededor curioso igual que Cilia hiciera hace un momento—. ¿Cuánto tiempo dormí?
—Según Jayli, Sart tiene que dormir OTRA semana para recobrar energías. Así que por lo menos hemos dormido una Argarath asintió, miró el ratón de madera y alzó una ceja, ignoró la pieza de madera y recordó pedazos de su sueño anterior, trató de ordenar sus ideas lo mejor que pudo para contarle a Cilia.
—¿Sabes? Soñé que me veía y no me veía —dijo Argarath, que fue lo mejor que pudo pensar en tan breve tiempo.
—No te entiendo.
—Si mira, soñé que estaba frente a mi mismo —Argarath hizo una mueca de que lo que había dicho no era correcto—. O alguien parecido, no lo sé.
Argarath decidió pensarlo mejor antes de seguir contando cualquier cosa, cambió el tema con una pregunta.
—¿Has recordado algo nuevo?
—Si —Cilia levantó al ratón de madera—, a Sol.
—¿Sol?
—Antes tenía una mascota llamada Sol, creo que era un ratón como este.
—Yo no lo recuerdo
Cilia le sonrió para tratar de levantarle el ánimo por su memoria fallida y le dio un beso en la mejilla. Bajó las escaleras para ir a desayunar no sin antes mirar atrás para pedirle a Argarath que se apresurara.
Argarath parpadeó, se sonrió a si mismo y acarició su mejilla tibia por el beso recibido.
—Tu debiste ser un cocinero, no un guerrero Trevan —dijo Jayli, engulló con uno de los bocados preparados por el hábil guerrero.
—Cuando pertenecí al Clan del Dragón Rojo tuve que aprender a cocinar, estaba entre mis obligaciones el proporcionar un exquisito alimento a más de setenta hombres —dijo Trevan orgulloso.
—Yo más bien creo —empezó Jayli con un tono de voz alegre que Trevan esperó que terminaría en un cumplido—, que eres un marica.
—Calla, bola de grasa —Trevan pretendió estar ofendido, pero muy al fondo sabía que su hermano de alma, más no de raza, le hacía un cumplido.
—Ni me quiero imaginar que otras obligaciones tendrías en aquél Clan del Dragón Rojo —sonrió Jayli—. Consolar a más de setenta hombres ¿Quizá?, Como no tenían mujeres…
—¿Acaso el señor desea algo de afecto y por eso se explaya tan libremente conmigo?, no Jayli, deberé declinar tu lúbrica oferta.
Jayli calló, dio una última mordida a su bocado e hizo su comentario final:
—Un hombre no puede cocinar tan delicioso.
Trevan no tomó el doble filo del comentario y más bien sonrió agradecido hasta que Jayli rió y Trevan decidió hacerle coro desconociendo por completo el triunfo del enano.
—Hola Trevan —escucharon ambos hombres, cesaron su risa y miraron hacia las escaleras, la niña había decidido bajar después de todo.
—Espera a que este cocinero te preparé un desayuno y sabrás lo que es estar en el cielo —dijo Jayli y le guiñó un ojo a Cilia.
—Buen día mi niña —Saludó Trevan—. ¿Y tú amigo? El tal…
—Argarath, su nombre es Argarath. Ahora baja.
Cilia se sentó a la mesa y puso el ratón de madera a lado de su plato, el enano lo observó y sonrió.
—Hice el ratoncito para ti Cilia, Sart me pidió que lo construyera. Seguramente hará algún truco mágico con él cuando despierte.
Cilia se emocionó tanto que ya no podía esperar a que Sart despertara. Un hombre que podía hacer magia tan maravillosa como ya había visto, ¿qué planes tendría para Sol? Y más importante, ¿aprendería ella algo?
—¿Y qué va a pasar con nosotros dos? —Se aventuró a preguntar, deseando secretamente que incluyeran la enseñanza de las artes mágicas.
—En una semana discutiremos con Sart nuestros planes, mientras tanto no pienses en ello chiquilla, disfruta de tu desayuno que está por venir, si es que puedes con ese enano miserable y lleno de grasa babeando sobre él —contestó Trevan mientras jugaba con la masa para hornear pan, Jayli carcajeó y Cilia rió con él.
En ese momento Argarath apareció.
Jayli le hizo las mismas preguntas que hizo a Cilia y obtuvo respuestas iguales con diferentes palabras. Cilia miró la destreza del guerrero en la cocina e hizo una que otra pregunta al respecto; Trevan se sintió halagado e inició los cursos de sus artes de cocina con Cilia.
Luego de una hora, los cuatro comieron carne frita (tal vez de lobo, susurró Argarath a Cilia, ella hizo una mueca de asco, se rieron y no tardaron en entristecerse de nuevo por sus amigos), queso fresco, pan recién horneado y de tomar algo de leche y vino para el guerrero y el enano.
Al termino del desayuno, Cilia se quedó un rato más con Trevan y continuaron en el curso de cocina; Jayli le platicó a Argarath de numerosas aventuras increíbles; a Argarath le brillaron los ojos al escuchar la diversidad de criaturas, conjuros y situaciones que le platicaba Jayli.
Así trascurrió una semana, no hubo diferencia de un día al otro, excepto que en las noches el sueño de Argarath se hacía persistente, más claro. Aquél ser que veía en el espejo de sus sueños e imploraba por su compasión le platicaba historias que en lo único que se asemejaba a las de Jayli, era que hacían brillar sus ojos y su imaginación.
Argarath debía crear.
Sart abrió los ojos contento, estaba descansado, se levantó de su cama hecha de barro y piedra, estiró sus viejos huesos y empezó a silbar una cancioncilla que los magos aprendían para memorizar sus primeros conjuros.
—Es hora de despertar a la niña, tu cu tu cu tu —Se dijo a si mismo con el ritmo de la tonada, salió de su cuarto en dirección al dormitorio de Cilia y la encontró dormida, aferrándose a Sol, su ratón de madera.
—Luz, este hechizo es de Sart Mornis Nanth, y te pide a ti fuego, aire y tierra que le des un lugar a la madera entre tus niños —Una esfera de energía blanca se hizo en su mano y con ella tocó a Sol.
La madera brilló tan intensamente que despertó a Cilia.
—¿Qué pasa? —preguntó adormecida, sintió el calor de sus manos, miró al anciano mago y después a su ratón de madera, el muñeco de madera dio signos de vida durante un instante, Sol movió su cabeza, sus vivos ojos negros brillaron intensamente.
—Quiero que me escuches niña, este hechizo le tomó a mi padre veinte años crearlo y para aprender nociones de magia, debes estudiarlas por lo menos cinco años, quizá menos, depende de tu dedicación y esfuerzo —Sart apartó la mano de Sol y este regresó a su estado inerte, la niña suspiró decepcionada, Sart añadió:
—Si estas dispuesta a unirte a nosotros, te enseñaré el hechizo para que puedas darle vida permanente a Sol, además de otras cosas un tanto sorprendentes señorita. Sólo cinco años y aprenderás, después harás lo que quieras de tu vida. ¿Qué dices?
—¡Claro que si!
Sart se enterneció al sentir el abrazo de la niña.
Te entiendo, de verdad te entiendo, haré lo que tú me pidas, no quiero verte sufrir, recuerda que tu sufrimiento es el mío. No necesitas agradecerme, no mojes de lágrimas mi pecho o yo también lloraré, haré tu voluntad para que juntos podamos crear lo que tanto deseas.
—¡Despierta Argarath, tengo algo importante que decirte! —exclamó Cilia contenta. Argarath abrió un ojo y lo cerró, hizo una mueca de molestia y prefirió declararse despierto antes de que Cilia acudiera a sus métodos inquisitivos de convencimiento. Se incorporó y bostezó.
—¿Qué quieres contarme?
—¡Sart me enseñará magia!
Argarath se alegró por ella, con la magia podrían sobrevivir más tiempo.
—Que bien, ¡Fabuloso! ¿Pero entonces que pasará conmigo?
—Tú —interrumpió Trevan con voz estridente quien se encontraba en la entrada de la habitación junto con Sart—. Te entrenarás en el arte de la espada con uno de los mejores maestros.
—¡Y también es maestro de cocina! —gritó Jayli en el pasillo contiguo y rió.
—Le he pedido a Jayli que les enseñe principios básicos de nuestro mundo y las artes básicas de cómo sobrevivir en el bosque y en situaciones de peligro. —añadió Sart.
—Trágame Tierra —se dijo Argarath en silencio, quien al sentir tantas responsabilidades en un momento, tuvo un impulso infantil por desear que el sueño durara un poco más.







8 comentarios ↓
me gusta, me gusta, quiero seguir leyendoooo!!!, anda si??, otro otro otro.
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Ahhh!! Me gusto mucho! Esta muy bien la historia y los personajes!! -snif- Ya quiero que sea lunes!! jiji
Saludos!
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ay dios… que no tengo espacio suficiente en mi cabeza pa tanta información! agh!! hehehe, no mentira, seguro estaremos leyendote, pero cuanod te de con un bate no me digas que no querias críticas ok
hehe
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…me encanta, me encanta! el asunto del creador como presentador de la historia le da un giro completamente nuevo al genero de fantasia. realmente estoy impaciente por ver a donde vas con esto.
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chales, es bueno, pero… tienes unos errores de redacción, al menos eso creo, ya que en mi vida he tomado clases de eso… pero en fin… no se si ‘postearlos’ sería correcto, o mandartelos a tu mail… espero tu respuesta y que de verdad estes mal, sino que osote para mi por criticona!
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Jejeje, no te preocupes
El Poder Gris es un borrador, cuando realmente esté terminado, prometo pasarle la limpia de la redacción.
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O.k., hasta ahorita pude leerlo completo y bien, debo decirte que sí me atrapa y me hace leer el siguiente párrafo impaciente. Pero de repente no me quedan claros los tiempos, bueno, a lo mejor soy solo yo.
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:aywey:esta chidisimo el relato de esta historia, me gusto mucho, sigue escribiendo asi.
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