1999: Anselmo y Susana.

Capítulo 1.
Cuatro Minutos.

El despertador sonó al cuarto para las seis. Anselmo automáticamente se levantó y lo apagó. Lo ajustó para que sonara a las seis de la mañana y regresó a su cama.


—Ti-ti-ti-ti-ti —repitió el reloj incesantemente.

—… hijo de puta —le respondió Anselmo. Se levantó pesadamente y con el cariño que tiene un león a un ratón, lo apagó. Se recostó y empezó a contar del uno al ochenta, así era su rutina—. Uno, dos, tres… cuando llegue al ochenta, me levanto.

Anselmo, el joven de dieciséis años, bostezó y cayó en un sueño intranquilo al son del cuarenta.


Inexplicablemente, al menos para Anselmo, dieron las 6:15, y 6:16 en lo que comprendía que había dormido de más. Cansinamente tomó su toalla y salió a prender el calentador.

—¡Que hueva! Solo tengo cuatro minutos para bañarme. Todos son unos hijos de puta, todos. Un día me consigo una pistola en Tepito y los mato. Mejor aún, me meto al metro con una escopeta y a ver cuantos caen… solo cuatro minutos.

Arrastrando chanclas, se metió al baño y abrió la llave. Rápidamente se enjabonó el pecho, la lonja, los brazos, la ingle, el culo.

—Si, ella solía decir: Para dar impresión, lávate bien el culo, un baño no lo es, si no te lo lavas con cuidado. Con el culo bien lavado, una camiseta limpia y sin mugre en las orejas siempre darás una buena impresión Anselmo.

“No se me olvida Abuela Rosa —pensó Anselmo—. No se me olvida”. Y así Anselmo, con el religioso cuidado de una virgen… se lavó el culo.

—Cuatro minutos… solo cuatro minutos —murmuró Anselmo.


Cuando hubo terminado su baño eran las 6:23, salió de la regadera con la misma disposición con la que había entrado. Se vistió rápido. No valía la pena gastar el tiempo en una apariencia (pero eso si, con una camiseta limpia) Revisó su mochila con cuidado y salió de su cuarto. Se preparó su licuado de plátano con Chocolate, se lo bebió rápidamente y salió a las 6:40 de su casa.

El cielo impresionaba con sus tonalidades rosas, moradas y azules, un magnífico óleo que algún ser superior había creado, si Anselmo hubiera estado optimista, entonces habría creído que ese cielo le pertenecía, sin embargo, Anselmo se enorgullecía de una nube negra que tenía siempre encima para protegerle de esas cursilerías y el cielo perdió importancia porque interfería con su malhumor.

—Puto frío —bramó Anselmo.

A las 6:43, mientras esperaba el Taxi, las fantasías homicidas se adueñaron de sus pensamientos.

—Ir a la escuela con un machete… aquí el factor importante sería la sangre… ¿cuánta sangre me llevo en tan sólo cuatro minutos? —Anselmo pensó en su pregunta—. No necesito de sólo cuatro minutos, ya me bañé, ya me lavé bien el trasero, ya no necesito contar el tiempo, tranquilízate Anselmo.

Hizo la parada a un taxi que pasaba y este se detuvo a recogerlo.

—Váyase todo derecho eje seis y en Gabriel Mancera se da su vuelta a la izquierda, por favor —ordenó Anselmo y se recargó cómodamente.

—Claro que si joven —respondió el taxista jovialmente.

Anselmo solo dirigió su mirada a la ventana para ver el infinito.

Capítulo Dos.
El Taxi.

—¿Vas al CUM? —preguntó el Taxista.

—Así es —respondió Anselmo

—Ya metieron viejas allí, ¿Verdad?

—Así es —repitió Anselmo con la mínima intención de empezar una platica con el taxista, pero este no detectó su apatía y…

—Que agasajada te vas a dar hombre.

—¿Por qué lo dice?

—Por que yo, cuando trabajaba en el banco, me daba un caldo con las viejas de ahí,. Puta, yo les hacía lo que quería y ellas no se acordaban.

—¿Cómo esta eso? —preguntó Anselmo ya interesado por la conversación, le interesaba mucho saber como manipular a una mujer que no tenía conciencia de qué sucedía.

—Mira… yo me las llevaba a chupar, que una piña colada, bebidas alcohólicas que no apesten a alcohol y ellas solían decir: “¿Qué me diste? ¡Está rico! y yo les ofrecía otro, y uno más, y así te la llevas, mira que con cinco ya están bien fumigadas y cachorras…

—¿En serio? —preguntó incrédulo Anselmo.

—Te juro que si hombre y ya te hacen y les haces lo que quieras. Te las llevas a tu depa y ¡Madres! Como venga, sólo que recuerda tomar poco para que te las lleves al baile más sabroso.

—¿Neto? ¿Si funciona?

—Te juro que si, y ya al siguiente día te dicen: “Oye perdóname, pero yo no recuerdo que pasó”, y pus yo: “Pues yo tampoco, así que mejor no decimos nada a nadie”, y ya, todo en paz, y al siguiente fin de semana todo otra vez.

—Wow… voy a intentarlo alguna vez.

—En serio hazlo, no te vas a arrepentir.

El silencio se hizo, Anselmo observó con atención los coches que pasaban con jovencitas adentro y se preguntó si podría “fumigar y domesticar” a alguna de esas “cachorritas”.

El tema favorito de Anselmo (después de las tendencias suicidas y lavarse bien el culo) era el sexo, como todo adolescente sano, saludable y con hormonas.

—Esa vieja… tiene buenos senos, y que piernas las de aquella —pensó Anselmo mientras viajó en el Taxi. Se dio cuenta de lo vulgar que era y lo disfrutaba, ya que eran sus pensamientos y nadie jamás los leería.

—A esa me la podría coger… —y esa frase en particular desencadenó una serie de reacciones y fantasías que le llevaron a Anselmo a un mundo lésbico de dominación y sumisión, su fantasía preferida.

Una erección.

Y acababa de llegar a la escuela.

—Son 16.50 joven.

Anselmo se acomodó, ya que su situación no le permitía sacar dinero de sus jeans con facilidad. Su malhumor acrecentó al ver que seguía rozando su ropa.

—Aquí tiene, y gracias por el consejo, buen día.

—Buen día joven.

Se salió del taxi con mucho cuidado, respiró profundo, esperó a que su problema del momento se calmara pensando en cosas asquerosas para asistir el proceso, pero no funcionó.

La fantasía lésbica era más fuerte.

—Puta madre… —pensó Anselmo cansado—. Vale madres, a caminar.

Capítulo Tres.
El largo camino al Salón.

Maravillado por su suerte. No sabía si maldecir o bendecir. Con mucho cuidado de caminar para que no se notara tanto y para que la situación no fuera tan incómoda.

—¿Qué pedo Asnelmo?

—Deja de decirme Asnelmo.

—¡Que pedo! ¿Tan contento estás de verme? —dijo Olmedo y carcajeó.

Asnelmo, o Anselmo sonrió, sabía que la Señora Suerte no le permitiría pasar por alto la firmeza de su posición y menos a sus amigos perdedores que le saludaban todos los días.

—Huevos pinche Olmedo. Vete a joder a tu madre con vibrador rotor de doble propulsión.

—Puta, ¿Pues tan caliente estás Asnelmo? —carcajeó de nuevo Luis.

—Imbécil.

—Huevos, puto.

Se distrajo en camino al salón, 6:57 AM. Tenía tres minutos para calmar su vergonzosa postura. Se despidió de Olmedo (tengo que hacer una tarea), así que se desvió en el frontón, se sentó en las gradas y empezó a silbar para calmar la situación.

Fue entonces cuando la Suerte le jugó otra carta, Susana “La del ratoncito”, le vio en su camino. Gritó Anselmo, Anselmo y corrió a saludar a Anselmo. Para buena o mala suerte. Susanita “La ratoncita”, no era nada horrible, una buena muchachita, muy guapa, de finas piernas y pechos bien formados. Vestía una blusa café oscuro y una falda arriba de las rodillas, lo que empeoraba (o mejoraba en tal caso) su situación. Susanita llegó a abrazarlo. Y como era de esperarse, Susanita sintió el “Ratón chiquitín” de Anselmo.

—No se si llamarte cerdo por cerdo, o alegrarme por tu cochinada —dijo ella en voz baja.

Capítulo Cuatro.
El Abrazo.

El Abrazo, como Anselmo le llamaría a partir de ese momento, duró 43 segundos, incluyendo desde que Susanita lo vio, corrió a abrazarle y le dijo su parecer. Anselmo siempre estuvo enamorado de ella. Y ella a pesar del cerdo que era, del pesimismo enorme, del excesivo uso de palabras como ‘cagante’, ‘mierda’ y del estúpido exceso de limpieza, había aceptado a Anselmo como su mejor amigo.

Una amistad que le permitía dar a Susanita una sonrisa al asunto, y dar un último apretón (sin hacerlo a propósito, claro) a Anselmo antes de soltarle e irse muy ‘ofendida’ a clases.

Pobre Anselmo, que no comprendía (como todo hombre en la tierra) a las mujeres, ¿Estaba ella enojada? ¿Qué fue esa sonrisa? ¿Qué había pasado exactamente en ese momento?

Un abrazo, si, lo sabía. Y la tensión del momento hizo que su pequeño problemita desapareciera en el acto. Tan repentino se fue como vino.

La campana.

Dejó el asunto a un lado y corrió a su clase.

—AAAAAAAARBOL

—PAAAAAANOOOO

—Ese par de imbéciles—susurró para sí Anselmo—. ¡Cómo joden con sus gritos. Un día les voy a partir su madre, cortarles el rabo con un machete sin filo —Anselmo sabía concientemente que se estaba desviando del tema.

Le tenía miedo a El Abrazo.

—AAAAAAARRBOOL

—SOOOOOOTOOO

“Que hueva me dan esos tipos, en serio que si.” Pensó Anselmo en el camino, subió las escaleras, y con una cara que asustaría al mismo diablo, vivió su día.


—¡Asnelmo!

—Déjame en paz Olmedo.

—Mira imbécil, yo sé que eres el ser más negrero del mundo. Pero ya me tienes hasta la madre. De plano ve a ver un psicólogo por que estás completamente trastornado, tus mamadas de entrar un día con una escopeta a un lugar público para ver que pasa son absolutamente castrantes y pendejas, unas fantasías guajiras que nunca vas a cumplir por tu cobardía, y por que solo es una manera más de, de, de…, de despegarte de la realidad.

—¿Ya acabaste?

—Me temo que ya, pero me tienes hasta aquí —Olmedo hizo un gesto de ‘agua al cuello’.

—Perdón Olmedo, hoy me pasó algo extraño, algo que realmente me ha dado en que pensar.

—¡Por fin! ¿Qué fue?

—Bueno, venía yo de mi casa, tomé un Taxi, tuve una fantasía sexual en el camino lo que…

—A ver, a ver…, —interrumpió Olmedo—, ¿el taxista provocó esto? Entiendo que de viejas no sabes ni madres… ¿Pero marica Anselmo?

—No imbécil, el taxista lo provocó de otra forma.

—¿Bisexual? Si me sales con que te violó en el Taxi y te gustó…

—Olmedo.

—¿Qué?

—Corazón, siempre me has parecido un macho semental.

Olmedo guardó silencio.

—¡¿Cómo crees?! No, no, no, bueno, lo que pasó es que el taxista platicó de viejas y luego vi una muy sabrosa en el camino y todo esto originó que me pusiera a fantasear, ¿de acuerdo?

—Oh… entiendo, ¿y de qué era la fantasía?

—Un par de lesbianas, cuerdas… no, espera, ese no es el punto, el pedo es que entré a la escuela en una situación algo incómoda.

—¡Ah, es cierto!

—Pues tú lo viste, y bueno… poco después me aparté para calmarme un poco, pero Susana me vio, y corrió a abrazarme.

—Oh, oh. ¿Te abrazó fuerte?

Anselmo asintió

—¿Y sintió algo?

—Eso es lo que me preocupa, que lo sintió, dijo que era un cerdo, pero ¡juro que la vi sonreír un poco! Yo… bueno, no lo sé, a lo mejor no era una sonrisa… después me dio la espalda ofendida y eso fue todo. Silencio.

Capítulo Cinco.
Susanita.

—Anselmo, hola… soy Susana.

—Hola Sus… —contestó Anselmo en el teléfono—. Acerca de lo de hoy… te pido disculpas, nunca fue mi intención alguna el…

—Esta bien, no te preocupes. Entiendo que es una reacción natural.

—Oh si.

—Pero eso me ha puesto a pensar… ¿Somos amigos verdad? Tu y yo…

—Cierto.

—A pesar de lo idiota que eres a veces, siento que hay algo más en ti —dijo Susana.

La palabra idiota sonó tan dulce en los oídos de Anselmo, que le hizo dudar por un instante si era realmente un verdadero idiota o no. Tal era el poder que ella había adquirido sobre el.

—¿Anselmo?

—Oh, disculpa. He comprendido, que has cambiado en mi rango de importancia.

—¿Rango de importancia?

—Si, bueno, tu has cambiado de amiga a que te veo como algo más importante —dijo Anselmo.

Susana guardó silencio ahora y después contestó—: Eso que sentí hoy en la tarde, perdón, en la mañana… ¿Fue por mi? ¿Pensabas en mi? Realmente quisiera saber eso.

—¿Cómo que pensando en ti?

—Si, algo, no se… erótico, sensual. ¿Has pensado en mi de esa forma?

—Si, ha pasado —contestó Anselmo, sabiendo que su respuesta no debía, no, no podía ser la correcta. Anselmo se caracterizaba por responder la verdad y su falta de sutileza al hacerlo.

—Wow… ¿Y pasa eso cuándo piensas en mi? O sea… tú sabes.

—No lo sé, me estas sacando de onda. Además la curiosidad mató al gato.

—Pero la satisfacción lo trajo de vuelta, en buen plan Anselmo, prefiero que tu respondas mis dudas en ciertas cuestiones masculinas antes que otra persona.

—¿Pero todo en plan de amigos?

—Tú también has cambiado en mi, ¿Cómo le llamas? Oh, si, rango de importancia. Es posible que algo más suceda entre nosotros.

—Entiendo… bueno, ¿Y cuáles son esas ‘Cuestiones Masculinas’? Tu has tenido novio, creí que tu y el…

—Nada pasó entre nosotros.

Anselmo sonrió.

—Bueno, pues pregunta entonces.

—¿Has notado tu uso común de la palabra ‘bueno’? Y creo que es contagioso, por que lo he usado un par de veces.

Anselmo no recordaba.

—Estoy nervioso, así me tienes.

—¡Qué lindo!

Anselmo odiaba esos ‘que lindo’, pero ese le parecía grato en particular.

—Hoy es viernes —dijo ella.

—Oh, ¡cierto! ¿Tus papás se fueron a lo de la canonización, verdad? —fue cuando Anselmo tuvo la ligera sospecha de lo que ella pensaba.

—¿Puedes venir?

Anselmo no lo pensó dos veces.

Capítulo Seis
Cuestiones.

—Ding-dong —cantó el timbre musicalmente.

—Ya voy, ya voy —respondió Susanita y abrió la puerta corriendo, vestía jeans y una camiseta gris azulada.

—Pasa Anselmo.

—Hola —Anselmo le besó el cachete y dijo—: Gracias por invitarme.

—Vamos, vamos, bien ambos sabemos a que estamos aquí, ¿No? ¿Responderás todas mis dudas?

—¡Vaya! ¡Qué directa!

Susana le dedicó una mirada fulminante.

—¡Bien! ¡Bien! Ya no digo nada… —apresuró Anselmo.

—Entonces… ¿Qué hacemos?

Anselmo se encogió de hombros.

—¿Un beso? —sugirió Anselmo

—¿Para qué?

—¡Rómpeme el romance!

—¿Tú? A ver… romántico el que aspira detonar un puente del periférico solo para ver que pasa.

—Créelo o no, has despertado cierto lado de mi, que no estoy acostumbrado a mostrar.

—Que giro tan inesperado han tomado los acontecimientos —comentó ella asombrada.

Y luego callaron, cuando Susana rompió el silencio con una pregunta que hubiera roto muchas palabras: —¿Cómo hacemos que se levante otra ves?

—Mientras no le grites…

—¡Hablo en serio Anselmo! —ella sonrió gatunamente—. ¿Y si te abrazo otra vez?

Anselmo se encogió de hombros nuevamente. El no conocía otra forma de goce más que la masturbación. Ella se acercó a él y le dio un abrazo suave y cálido, el cual estaba consiguiendo el efecto deseado, la respiración profunda que ambos sentían en el cuello del otro, el calor corporal que aumentaba a medida de la situación. Anselmo buscó torpemente los labios de ella. Y Susana le facilitó el acceso otorgando así un beso apasionado y largo.

Susana se despegó de él.

—¿Ya?

Anselmo asintió.

—Bien pues… ¡Quiero verlo!

—¿Aquello?

Susana asintió nerviosamente.

Anselmo frunció el seño, y pensó: “Millones de años de evolución, el hombre antes tenía a los animalotes más grandes a su merced, era ágil, veloz… poderoso. Esa evolución que le ha hecho ser el más grande entre los grandes… todo eso para que yo llegara a este momento, el ser usado como un vil conejillo de indias para responder las dudas de una mujer. ¡Qué degradación! ¡Humillación de las Humillaciones! ¡Toda la evolución, de hombre cazador de mamuts a joven hormonal mostrador de penes!”

Anselmo se rascó la cabeza.

—¿Y bien? Estoy esperando Anselmo

—Al diablo la Evolución —y Anselmo se bajó los pantalones, como todo joven hormonal mostrador de penes.

Capítulo Siete.
Y La Evolución cayó y cayó y cayó y cayó…….

—Oh… así se ve uno —dijo Susana, y sin decir nada empujó a Anselmo hacia el sillón, obligándole a sentarse.

—Si, no es la gran cosa, ¿No?

—Bueno, es que yo no había visto.

—Si, es contagioso.

—¿Perdón?

—Oh, no, nada.

Susana tomó asiento junto a Anselmo y lo miró durante un tiempo, Anselmo también hizo lo mismo haciendo de la escena algo totalmente bizarro.

—¿Lo puedo tocar?

—Oh, si, por supuesto.

Con la yema del dedo índice, Susana tocó la punta del órgano de Anselmo, quien en respuesta sintió un estremecimiento en todo su cuerpo. Nunca antes había estado tan cerca de una mujer en un plano sexual como el que estaba viviendo en ese momento.

—Wow… —suspiró Anselmo.

—¿Sentiste algo?

—Si, se sintió bien —fue cuando Anselmo se puso a pensar la situación como el viejo Anselmo, ‘A ver imbécil, te estas tirando (o a punto de…) a tu amiga de la infancia, simplemente dile que no quieres que la escala evolutiva se degrade, recoges tus pantalones, guardas tu lanza cazadora y te vas’

—¿Lo puedo maniobrar?

Anselmo—: Claro.

Viejo Anselmo de su mente: “¡Espera! ¡Espera Güey! ¡La Evolución!”

Susana lo sostuvo con un puño y lo movió como palanca, adelante y atrás.

—Es arriba y abajo, ¿no?

Anselmo—: Así es.

Viejo Anselmo de su mente: “¡Vamos ya lárgate de ahí! —y chilló—: oh Dios… la Evolución… se cae la Evolución”

Susanita empezó a masturbar a Anselmo torpemente. Fue cuando Anselmo decidió retirarse por el bien de todos.

—Oye Sus… —de pronto el viejo Anselmo habló en un tono diferente: “Calla Anselmo, amigo, amigo mío, mira, ya que estamos en esta situación, ¿para qué salirnos de ella?, Ya mejor siéntate, disfruta, y no dejes que el pobre animal de la evolución agonice, sino que muera completamente, ¿A quién le gustan los animales que sufren?”

—¿Me decías?

—Calma un poco tu tensión, por que me esta doliendo un poco —respondió Anselmo.

—¿Así?

—Así esta perfecto.

—Oye…

—Dime Sus.

—¿Lo puedo besar?

En ese momento, Anselmo casi se caga en los pantalones.

Capítulo Ocho.
La Mamada más grande del Mundo.

—¡Caray! ¿En serio harías eso?

—¿Lo hago si o no?

—¡Si, Si!

—¿No me pasa nada si lo hago?

—La verdad no lo sé, pero he leído que esta es la parte más limpia de todo el cuerpo humano.

—¿Entonces no estaría mal si lo beso?

—No lo creo.

Y con eso ella llegó, se agachó y le dio un beso a la punta. Anselmo se estremeció otra vez, con la textura de los labios de ella y viendo como lo hacía, mató a todo viejo Anselmo en él.

—¿Nada más un beso?

—Bueno… puedes lamerlo, como si fuera una paleta.

—¿Me crees una puta?

—Uy, perdón, es lo que yo he visto en revistas… no se.

Susana lo pensó un momento y luego dijo:

—Está bien.

Tomando a Anselmo desprevenido, tomó su “paleta” sin rechistar, de una forma agresiva, sensual, algo torpe pero divina para Anselmo y no le molestó para nada aquella inexperiencia. Anselmo escuchó una voz divina en su cabeza, unos ángeles bajaron en espíritu, lo cargaron, y le dieron un paseo por todo el cielo (una sensación increíble y desconocida para él), saludó a la Abuela Rosa y le avisó que tenía una camiseta limpia, jugó ajedrez con Jimi Hendrix, descubrió el sentido de la existencia humana.

—¿Así esta bien Anselmo?

—Excelente… —y le empujaba su cabeza más abajo.

La lengua de Susana jugueteaba y lamía, buscando los puntos más sensibles en su víctima.

—¿Te vas a venir?

—Si, estoy a punto…

—Hazlo en mi boca…

—No, no se… he escuchado que sabe horrible

—De todo hay que probar en esta vida.

Susana continuó lamiendo y Anselmo jadeando. El final estaba cerca. Anselmo se tensó y liberó su carga dentro de la boca de ella. Se separaron, se vieron a los ojos.

—¿Y bien?

—Sabe horrible —dijo Susana—. Pero más me valía tragármelo todo… no podemos manchar los muebles de mis padres.

Capítulo Nueve.
Consumación.

Anselmo se puso a pensar nuevamente: “Susana es una enferma… pero entonces, yo soy aún más enfermo por orillarla a esto, ¿No?, pero es justo pensar que ella ha hecho esto con plena voluntad de sus actos, entonces, ambos somos un par de enfermos”.

Anselmo pensaba todo esto mientras la desnudaba lentamente. Sus pechos descubiertos eran todo un acontecimiento, haber jugado con ellos había sido el néctar divino y tuvo otro viaje astral hacia el cielo en el proceso.

Anselmo pensó: “Pero… ¿Cómo puede ser algo tan bello, tan íntimo, enfermo? O sea… estoy enamorado de ella, y… creo que ella de mi. Una demostración de amor no puede ser enferma.

El ya estaba trabajando en los incómodos y tortuosos jeans de ella, ella lo veía con anticipación, se mordía los labios nerviosa. Anselmo nunca antes había visto un cuerpo tan… sutil, tan perfecto. Sutil porque siempre solo daba una pequeña muestra de si a primera vista, pero cuando se descubre se ve todo y de una manera inesperada.

Ella acarició el cabello de Anselmo. Finalmente, después de haberse desecho de los jeans, solo quedaba la última barrera. Una que no tardaron en romper, todo estaba listo.

Anselmo bajó a besar el sexo de Susana, pero esta le detuvo.

—No… sexo oral aún no. Quiero ya hacerlo.

Anselmo asintió. Y con la mejor disposición del mundo cumplió su deseo.

La penetró.

Es no solo significaba la vida, el nacimiento de una relación, sino la muerte de un Anselmo, un Anselmo que estaba devorándose así mismo como un cáncer.

Ella gimió, tan fuerte que asustó a ambos.

—¿Te estoy matando o qué pasa?

—No, no, no, estoy bien.

—Pero si…

—¡ESTOY BIEN! Ya, síguele en lo que te corresponde.

—Oye…

—Dime Anselmo.

—Te Amo.

Ella sonrió, se movieron juntos, cantaron al amor, se fusionaron haciéndose uno solo, y durmieron juntos esa noche.

Epílogo.
“Cuatro Minutos”

Acabaron en la habitación. Anselmo despertó, el reloj decía 10:56 AM, Sin preocuparse por llegar a casa, se acomodó, la vio a ella dormida, le besó la frente, y volvió a sumergirse en un sueño placentero.


Anselmo pensó: “Wow, ¡Qué noche caray! le voy a destruir la confianza a Olmedo, por ¡PUTO! ¡No!, no podría hacerlo. Sería abusar de esta noche, sería degradarla, entonces si hubiera sido enfermizo. Lo que me sorprende, es como ella ha destruido todo mi dogma, vio a mi Abuela Rosa y la mandó al infierno con su sonrisa, escuchó mis locuras seudo-psicópatas y les exprimió todo sentido. ¿Pero no es maravilloso cómo la amo? ¿Pero ella me amará también? ¿O me habrá utilizado simplemente? ¡Dios! ¿Cómo lo sabré?… SI le doy alcohol… ¡No! ¡No! ¡Esa es para otra cosa!

Ella despertó y le besó de buenos días.

—Oye… —dijo ella adormilada.

—¿Qué pasa Sus?

—Te Amo.

Anselmo Finito.

16 comentarios ↓

#1 Remis el 02.16.03 a las 8:19 pm

Notable, tan notable como de costumbre, señor… sin embargo este en especial me gustó mucho…

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#2 patricio el 02.16.03 a las 9:35 pm

que quiere que le diga maestro… nada que agregar, nada que quitar, un cuento presiso para quienes no alcanzamos a vivir la buenaventura de Anselmo.. (ganas me dieron de volver a los 16 y aprovechar esas oportunidades que como dijo ud “El Anselmo de adentro” me hizo perder, quizas otro gallo me cantaría)

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#3 YUSHE el 02.16.03 a las 10:35 pm

vaya vaya mi querido Arbol, que con este cuento en particular te has lucido.

Me encanto!!! =D.

Besos

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#4 vaLar el 02.17.03 a las 8:16 am

Excelente!!!

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#5 DonArturo el 02.17.03 a las 11:45 am

Ohhhh si, este cuento cambió mi vida para siempre… “La Evolución Arturo! La Evolución!” Ohhh si.

En Fin, un saludo camarada.

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#6 Shivaa el 02.17.03 a las 1:09 pm

Te felcito man! eso estuvo cabroncisimo!

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#7 demonio estepario el 02.17.03 a las 1:17 pm

Sublime

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#8 Casy el 02.17.03 a las 4:37 pm

DE LUJO! Esta vez te luciste…

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#9 Ariadna el 02.18.03 a las 12:05 am

Sr. Fest… que divertida historia… me ha hecho acordarme de mí misma! Saludos

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#10 DuVeth el 02.18.03 a las 10:10 am

A mi tambien me gusto mucho. Al principio crei que iba a ser algo mas negro pero me agrado mucho mas el rumbo que tomo.

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#11 gabo el 02.18.03 a las 11:09 am

Inmenso, una fantasía llegar a ese punto. ¿Ves cómo sí puede llegar a exister eso?

Hasta ahorita tuve tiempo de leerlo completo, estuvo genial.

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#12 bycho el 02.19.03 a las 10:28 am

no habia dado tiempo de leerlo, esta muuuuy bueno. Saludos!

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#13 Rosa Negra el 02.20.03 a las 4:12 pm

Me recorde tambien de Lorena, cuando se las presentas?

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#14 addy el 07.20.03 a las 8:23 pm

oye, tener 16 o 28, de todas maneras quedan en el tintero frases hechas y hechos sin frases, anselmos y susanas que se encuentran en cualquier cuento y al final siempre acaban con un te amo que justifica cualquier cosa… me gustó tu cuento, voy por los demás.

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#15 Viper el 12.07.04 a las 9:14 am

Pues este cuento estuvo perfect!!! La verdad yo tengo 16 y quisiera ser como Anselmo… uno nunca sabe ;)

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#16 Seifil el 02.07.08 a las 12:03 pm

Vaya, te saliste del esquema al que estaba acostumbrado con tus historias, excelente, ¡me gusto mucho!

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