Cuando me subo a mi camión, o en cualquier lugar en general. Guardo silencio y me pierdo, olvido por completo con quien voy. Me gusta mirar el camino y sobre todo, observar las ventanas abiertas.
Debe ser una fijación mía, no lo sé… pero mis ojos se van a las ventanas abiertas, sin luz o sin esta, y tratan de saber de otras personas, gente desconocida, observando sus posters, sus libreros, sus escritorios, qué plantas tienen en el balcón.
Hace tiempo, cuando hacía esto, mire una mujer cuya silueta era la de una diosa, piernas largas y desnudas en la noche, recargada y fumando un cigarrillo, el pelo lo llevaba recogido y vestía tal vez la camisa de su novio/marido. Tan tranquila, mientras la luz que pasaba por la ventana oscurecía más su silueta…
Son regalos que nos ofrecen los dioses.








Un comentario hasta el momento ↓
Jeje, de vez en cuando los dioses se acuerdan de los hombres ¿no?
A mí lo que me ha gustado es ver el reflejo de las personas en las ventanas del camión. Se miran tan serenos, otros no tanto, pero como que uno adquiere una personalidad distinta al viajar así.
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